La lluvia había parado a los republicanos. Pero el mismo día 25 llega a Sabiñánigo la II Brigada de la División 51, dos batallones de la I Brigada de la misma división, un grupo de artillería y un grupo de ingenieros. Con estas fuerzas y las ya desplegadas anteriormente, el coronel Caso organizó su frente en dos sectores, extendiendo el primero desde la frontera a Sabiñánigo y el segundo hasta el pueblo de Ayerbe y, constituyendo, además, una columna de maniobra. El sector norte quedó bajo el mando del teniente coronel Gorgojo, con unos efectivos correspondientes a cinco batallones, un grupo de artillería de 77 milímetros y una sección de zapadores. Del mando del sector sur se encarga el coronel Cayuel, con seis batallones, un grupo de artillería de 100 milímetros y otro grupo de Ingenieros. La columna de maniobra, a las órdenes del teniente coronel Galera, constaba de una Mehal-la de Tetuán, II y XV banderas del Tercio de la Legión, batallón C de Ceriñola, un grupo y una sección de artillería de 105 milímetros y una sección de zapadores. Aún con todo, no eran fuerzas suficientes.
Los republicanos habían perdido su ímpetu inicial y no son capaces de seguir su primitiva dirección de ataque para atenazar Jaca. Por eso, se dedicarán en los próximos días a intentar ganar terreno y a consolidar sus posiciones en la orilla derecha del Gállego, donde han conseguido cortar las comunicaciones perpendiculares con Sabiñánigo. El mando nacional organiza un ataque secundario pero no se llevará a la práctica. El que si se realizará será una variante en el ataque republicano tendente a estrangular el entrante en su frente que suponía el macizo de Santa Orosia, cuyos flancos habían quedado muy estrechos por el avance de los días anteriores.
Con intención de distraer fuerzas enemigas en el extremo sur del teatro de operaciones, los republicanos lanzan un ataque paralelo a la sierra de Monrepós. En el vértice de Presín es atacada la posición del "mogote" defendida por un sargento y nueve falangistas de la X bandera de Falange. Tras una preparación con fuego de mortero, los falangistas son rodeados, pero rechazan varios asaltos. Cuando consiguen entrar los republicanos en el blocao sólo quedan vivos dos falangistas y el sargento, aunque éste, gravemente herido; le faltaba una mano por la explosión de una granada lanzada contra ellos y que quiso devolver. Al sargento Sebastián de la Riva le fue concedida a título póstumo la Medalla Militar Individual por Orden Circular de 19 de julio de 1944.
El día 26 de septiembre comienza el ataque para aislar Santa Orosia por el noroeste, aunque las inclemencias del tiempo castigan todo tipo de movimientos. Se producen nuevos asaltos sobre el monte Güé, el Pueyo Mayor y Paco Asún, que son rechazados, quedando Senegüé a salvo. Los nacionales cañonean durante todo el día las posiciones republicanas de lbort, que son las más próximas que amenazan Sabiñánigo.
El 27 de septiembre es ahora la artillería republicana la que bombardea Sabiñánígo, amparándose en los excelentes observatorios de San Pedro. Por lo demás, es un día de calma impuesto por el clima. El 28 y, en pleno temporal de lluvias, vuelven a la carga los republicanos, pero la desconexión de sus ataques es manifiesta, presionando en puntos aislados del frente e intentando morder aquí y allá. En la zona sur del sector de Orna se produce el avance más significativo y, hasta cierto punto, inesperado, pues se toman los pueblos de Latrás, Layés y San Vicente avanzando hasta el kilómetro 22 de la carretera de Jaca a El Grado. En Ibort, lo republicanos conquistan la ermita de Santa Ana y Paco Matrás, como posiciones más importantes.
Los días 29 y 30 también son de relativa calma y, dado lo incómodo del tiempo, las actividades se reducen a duelos artilleros. En el primero de estos días, las baterías nacionales cañonean las posiciones de Paco Matrás, lugar importante tácticamente. También, y con fuego de mortero, los nacionales baten la incómoda posición de San Pedro. Los republicanos, en esta fecha, sufren el revés del bombardeo del aeródromo de Sariñena. El día 30, partiendo de Oliván y de Berbusa, los republicanos logran entrar en Susín. Los nacionales siguen con su actividad artillera bombardeando los asentamientos enemigos en el Ventorrillo y nuevamente con mortero la Ermita de San Pedro.
En este último día parece que el temporal amaina y el mando republicano se decide ahora enérgicamente a tomar Sabiñánigo, atacando frontalmente todas las posiciones de las inmediaciones. Pero, la batalla, como tantas otras de la guerra civil, ha dejado de ser una lucha de movimientos para convertirse en una batalla de desgaste, con continuos ataques y contraataques, que producen el estancamiento de las operaciones.
Se renueva con más ímpetu el ataque para intentar aislar Santa Orosia. Los republicanos se plantan ante Casbas de Jaca que queda cercado, aunque refuerzos nacionalistas logran romper el cerco. También Osán, por el suroeste de Santa Orosia, sufre un ataque, aunque resiste. El día 1 del mes de octubre y con el cielo despejado, pero por poco tiempo, la aviación republicana bombardea Senegúé y Sabiñánígo teniendo como objetivo principal las fábricas, que desde que comenzó la ofensiva, con el corte de la energía eléctrica, están paradas. Sigue el combate durante todo este día en las orillas del Basa, donde la artillería republicana realiza un fuego de preparación sobre la selva de Osán, asaltando las coronas de Allué. En la orilla derecha del Gállego, por sorpresa, los republicanos rebasan Rapún y retoman la Ermita de Santa Águeda que habían perdido, comenzando a descender las lomas al norte de Rapún en dirección al Puente de Sabíñánígo y Sabiñánigo Pueblo. La alarma en la capital serrablesa es general y las reservas acuden inmediatamente logrando controlar la infiltración con un fuego potente de artillería de barrera. Los nacionales presionan en este día sobre lbort, donde consiguen adueñarse de algunas posiciones. El contraataque nacional en la noche del uno al dos sobre las lomas de Rapún es muy violento, recogiendo al día siguiente los franquistas cincuenta y dos cadáveres del enemigo y apoderándose de 47 fusiles. El día dos continúan los combates en las trincheras de estas lomas, encharcadas de agua, y los nacionales presionan sobre el mirador del Abuelo, intentando asaltar estas posiciones republicanas tras una fuerte preparación artillera, aunque sin éxito.
El día tres, los republicanos intentan abrirse paso por enésima vez en el Pueyo Mayor, aunque los nacionales, fuertemente parapetados, no se ven sorprendidos por la tentativa de asalto amparada en la sorpresa de la noche. Los republicanos son detenidos definitivamente y las brechas abiertas en los primeros días de la ofensiva han sido totalmente taponadas por las reservas nacionales; el mando republicano tiene problemas precisamente por ahí, por las reservas, lo que no le permite seguir adelante. La 202 Brigada de Carabineros, reserva del X Cuerpo del Ejército Popular de la República ya ha sido embebida en la lucha. Se desiste de proseguir la ofensiva en las direcciones iniciales y se modifica el plan de ataque, lanzando una última ofensiva para tratar de copar las posiciones franquistas en Santa Orosia y en Yebra de Basa. El tiempo les ha jugado una mala pasada y ha sido un enemigo casi tan importante como el que tenían en frente.
Reorganizados los republicanos, el jefe del sector, mayor de Milicias Del Barrio, va a planear su último intento para tomar Sabíñánígo. El objetivo será nuevamente el estrangulamiento de la península de Santa Orosia, embolsando a las fuerzas nacionales de este puerto y reduciendo la guarnición de Yebra de Basa. Para ello se intenta repetir la estratagema utilizada varios días antes, lanzando ataques convergentes desde el norte y el sur, contactando las puntas de flecha del ataque en el centro de la base de la meseta, a la altura aproximada de Lárrede.
El 6 de octubre de 1937, tres batallones de carabineros se abren paso entre Osán e Isún, dejando el primer pueblo a la izquierda, ocupando el segundo y llegando a Latas, que ocupan igualmente. La columna norte rodea la importante defensa nacional de Casbas de Jaca y penetra hacia el sur, apoderándose de las alturas de San Martín, sobre Lárrede, tomando contacto con los que llegan del sur; se ha logrado completar con éxito la bolsa de Santa Orosia. La columna sur ocupa igualmente los altos de San Quilez, con lo que los defensores de Casbas quedan totalmente copados. El día 7 los pueblos de Osán y Casbas se rinden. En Osán se hacen doce prisioneros y se coge una ametralladora: en Casbas, se encontraba la tercera compañía del batallón de ametralladoras nº 52. Cercada. cuando se iba a iniciar el asalto, se conmina al capitán que mandaba la compañía a rendirse con la promesa de respetar sus vidas; el capitán, para evitar derramamientos de sangre, se rinde con toda su compañía. En total 112 hombres con sus respectivos fusiles y dos fusiles ametralladoras. Pasando por el campo de concentración republicano de Carmona, el capitán rendido, que sobrevivirá a la guerra, será tratado duramente por sus compañeros y expulsado del Ejército.
La situación se hace muy delicada para los nacionales por lo que contraatacan con fuerza, logrando apoderarse, al entrar la noche, de las alturas de San Martín, sobre Lárrede, y de posiciones importantes sobre Isún y Latas. Más al norte, la columna de maniobra del teniente coronel Galera logra con dificultad pasar el Gállego frente a Senegúé y entra en Javierre del Obispo, con lo que logra establecer la comunicación con Santa Orosia. El día 8 otro fuerte contraataque hace que los nacionales reconquisten Osán y fuercen el paso de la carretera, expulsando a los republicanos a la otra orilla del Basa, donde se refugian bajo el bosque. La vía con la guarnición de Yebra queda, nuevamente totalmente expedita. Ahora han sido los sorprendidos los republicanos. En este mismo día se recupera el pueblo de Casbas y San Quilez, quedando limpia de enemigos la zona al este del río Gállego entre Casbas de Jaca y Sabiñánígo.
La artillería republicana vuelve a tronar sobre Sabiñánigo ocasionando abundantes desperfectos. mientras que la artillería nacional bate intensamente la carretera entre Biescas y Senegüé.
Pero Del Barrio no se da por vencido y lanza su ya maltrecha 27 División en un ataque al sur de Sabiñánigo con el fin de alcanzar el desfiladero de Navasa. Las fuerzas se infiltran al sur del pueblo de Rapún llevando a cabo dos penetraciones: una hasta la Ermita de Santa Águeda y, otra muy profunda y hacia el oeste hasta la loma Pierrefunda y la Pardina de Fatás. Más la rápida llegada de reservas nacionales hace fracasar la segunda penetración, obligando a retroceder a los atacantes hasta la loma Pierrefunda. Aún con todo, los republicanos han capturado cuarenta prisioneros.
El día 12 de octubre, las 3ª y 4ª compañías del batallón Cinco Villas intentan un último golpe sobre la punta Gúé, Paco de Asún y la Cruzota, alcanzando su objetivo. Pero, nuevamente, la reacción nacional es violenta y, la artillería, en un intenso bombardeo sobre las cimas peladas, seguida por el asalto de la infantería, logra desalojarlos. Días antes, en la toma de Casbas, se había encontrado un emisor que mantenía contactos con elementos infiltrados en el mando de la 43 División. Los supervivientes republicanos de esta acción creen haber sido traicionados. Para un posterior ataque encargado a miembros del Cinco Villas, éstos se niegan a realizarlo; la indisciplina es manifiesta y urge un acto ejemplar que la reafirme con o sin razón. El comandante Castillo, ahora jefe del batallón Cinco Villas. ordena el fusilamiento de 9 soldados de su tercera compañía en el cementerio de Biescas.
Tras días de intenso temporal, en el que caen las primeras nieves por las cimas, controlada por los nacionales la penetración en Pierrefunda, se lanzan sobre estas posiciones desalojando a los republicanos. En Orna, un ataque de estos últimos se había rechazado con graves pérdidas para ambos: el parte nacional, durante estos días, anuncia haber recogido 98 cadáveres, ocho ametralladoras, tres trípodes, 150 fusiles y gran cantidad de municiones, además de varias camillas.
Los republicanos han perdido la iniciativa y pasan de una actitud ofensiva a una defensiva. Tras los combates de Pierrefunda se suceden unos días de tensa calma, donde el mal tiempo ha obligado a los dos Ejércitos a mantener una relativa tregua.
El día 13 de octubre afluyen nuevas reservas del lado nacional; en concreto, cinco unidades de la División nacional nº 13, al mando del coronel Rodrigo, procedentes de Zaragoza. Son las banderas I y IV de la Legión, V tabor de Larache, VI de Melilla y I batallón de Mérida. El día 12 se había embebido en la lucha la última reserva del sector: el 282 batallón de la División 151. Estas fuerzas son las que, divididas en dos columnas, mandadas por el coronel Cayuela y por el teniente coronel Arreondo, se encargan de ocupar Pierrefunda y el Mirador del Abuelo, la primera, y la segunda avanzar desde Rapún sobre la Ermita de Santa Águeda. La columna del teniente coronel Arreondo estaba integrada por el V tabor de Larache, VI de Melilla y un grupo de artillería de 100 milímetros; la del coronel Cayuela por las I y II banderas de la Legión, un batallón de Mérida y un grupo de 77 milímetros.
El día 17 de octubre, el general Ponte y Manso de Zúñiga da una nueva orden de operaciones cuya finalidad es expulsar al enemigo más allá de la orilla izquierda del Gállego, asegurando los saltos de agua que suministran energía a las fábricas de Sabíñánígo, e impidiendo, además, que su fuego moleste las industrias.
La operación tendría tres fases: en la primera se operaría al sur de Sabiñánigo, con el fin de liberar el ferrocarril y la carretera y cerrar la carretera que desde Jabarrella lleva a Jaca; en la segunda se liberaría la carretera de Sabiñánigo a la frontera francesa por Biescas, estableciéndose las fuerzas al este de este río y barreando la carretera de Biescas al Valle del Ara; finalmente se operaría de nuevo al sur para alcanzarse una línea sensiblemente definida por el pueblo de Aquilué, "caseta de las Brujas", al norte de Serué, espolón al sur del kilómetro 7 de la carretera que sigue el curso del Guarga, Pueyo de Atós, cotas 1.026 y 1.200 y pueblo de Allué. En todo caso se eludiría el ataque frontal buscando el envolvimiento del adversario.
Las tres maniobras no pudieron desarrollarse dada la férrea defensa republicana de las posiciones alcanzadas y, debido también al tiempo, que si bien había sido un importante aliado para los nacionales durante la. primera fase de la batalla, se convertía ahora en un potente enemigo. El temporal de agua y nieve nuevamente paró las iniciativas en varias jornadas. Lo avanzado de la estación iba a hacer entrar prematuramente uno de los inviernos más fríos en la reciente historia de España.
Para conseguir la finalidad de la primera fase de la contraofensiva nacional era indispensable expulsar a los republicanos de sus posiciones en la ermita de San Pedro, pues eran las que cerraban el paso, en el estrecho de Bailín, de la carretera y el ferrocarril, aunque éste había sido ya cortado por los republicanos. Además disponían en San Pedro de un puesto de observación principal en el sector, merced al cual, podían hacer funcionar su artillería con perfección sobre las fábricas de Sabíñánigo. La posición principal en la misma ermita había sido cuidadosamente fortificada y estaba protegida a su alrededor con tres densas líneas de alambradas.
Para el ataque el mando nacional organizó dos columnas a las órdenes de los tenientes coroneles Arreondo y Ruíz Soldado, que sustituía al coronel Cayuela. La jefatura suprema de las fuerzas asaltantes recaía en el coronel Rodrigo. Las dos columnas, en total, contabilizaban cuatro batallones, en gran parte moros, y uno más en reserva; baterías de acompañamiento inmediato y dos agrupaciones artilleras de apoyo directo que formaban una gran potencia de fuego, estando instaladas en una loma próxima a Sabiñánigo Pueblo y debajo de los Capitiellos, junto al río Tulivana. Hacían presencia también los consiguientes servicios de ingenieros para apoyar en el paso del río Basa, que llevaba una crecida en su caudal no vista desde hace años.
El asalto estaba previsto que comenzara el día 21, pretendiendo ocupar los nacionales la ermita de San Pedro, Selva de Osán, cota 1.190 y las Cucullas, partiendo de la línea Sardas-Osán-Corona de Allué-El Coronazo.
La preparación artillera durante todo el día 21 de octubre fue muy intensa. Los republicanos, amparados en la espesura del bosque, estaban perfectamente camuflados, lo que hacía que la artillería contraria tirase casi a ciegas, intentando machacar todas las lomas. Con abundantes armas automáticas. los republicanos las habían enfilado sobre los claros del bosque y sobre las vaguadas por donde obligatoriamente deberían de subir los atacantes, dado lo quebrado del terreno. Por la noche, moros y legionarios cruzan el Basa. La sorpresa es relativa ya que sobre ellos cae un intenso fuego que los deja clavados al suelo. La acometividad de estos hombres hace que vayan avanzando poco a poco y luchen por cada palmo de terreno con la bayoneta sobre la boca del fusil. La primera línea defensiva republicana, en la falda del monte, cae a las nueve de la mañana, pero ésta es una pérdida menor. Los muertos quedan sobre el terreno y los moros y legionarios que no han logrado cruzar el río son arrastrados por éste. A los muertos por los fusiles contrarios se suman los que, en su intento de cruzar, se han ahogado debido a la fuerte corriente. Los nacionales, en esta jornada del día 22 no logran pasar de aquella primera línea tomada y bastante hacen con defenderse. Durante todo el día ha llovido torrencialmente y el mando da orden de esperar a que claree. A las siete de la mañana del día 23 todo está listo otra vez para el ataque y comienzan a sonar los primeros disparos. A las doce, aprovechando unos minutos de visibilidad, vuelve a la carga la artillería lanzando otro diluvio de metralla. La niebla cubre las cimas, pero los cañones no callan y están así hasta las tres, hora en que el coronel Rodrigo ya no decide esperar más y manda a sus hombres camino arriba. Mientras moros y legionarios suben, la artillería bate las, crestas. Los republicanos, reforzados por un batallón de Carabineros oponen una resistencia tenaz, pero a finales de la tarde se ven obligados a abandonar su posiciones. En las trincheras y refugios recogen los nacionales más de 100 cadáveres del enemigo. Ellos han dejado probablemente más para llegar hasta allí.
Inmediatamente y, caída ya la noche, los carabineros de la República contraatacan violentamente durante una hora, con abundantes combates cuerpo a cuerpo.
Buena idea de la gran cantidad de agua caída en estos días y de la enorme crecida de los ríos es el dato que nos da el diario "El Noticiero" de Zaragoza, que informa que las aguas han rebasado en más de un metro el muro de contención del pantano de La Peña.
Dos días más tarde los nacionales se apoderan de la Selva de Osán, evacuada por los republicanos. Los días siguientes son de escasa actividad hasta el día 5, en los que tras una preparación artillera, los nacionales atacan las alturas de las Cucullas donde tras duros combates logran echar a sus defensores que sufren numerosas bajas. El día 6 los republicanos pierden el pueblo de Rapún, ocupando los nacionales Campo Corona. En las últimas horas del día los republicanos se repliegan en este sector abandonando el Mirador del Abuelo y Casa Batanero, posiciones atacadas durante todo el día. El día 8 los franquistas toman la cota 958 a un kilómetro de Ibort. En la orilla izquierda del Gállego ocupan la cota 955 del Pozal de las Cañas, al oeste de Leciñosa haciendo tres prisioneros. Los contraataques del día 10 de noviembre son fortísimos, reconquistando los republicanos la cota 925 al suroeste de Santa Cruz, logrando entrar nuevamente en la jornada del 12 en Casa Batanero. La artillería republicana bombardea la estación de Caldearenas, incendiando alguno de sus pabellones. Los días siguientes se centran en la pugna por Casa Batanero, con duelos de artillería intermitentes.