Actividad fronteriza en el pirineo aragonés

La intensa relación existente entre el norte de Aragón y la zona del Bearne francés no es algo de este siglo. Desde siempre ambos territorios han mantenido estrechos lazos económicos y sociales, realizándose un continuo intercambio de bienes y personas, de los cuales el mejor ejemplo es la localidad de Canfranc, nacida al amparo de Sancho Ramírez a finales del siglo XI [1], y cuyas escasas posibilidades agrícolas se vieron pronto compensadas por el intenso comercio realizado entre ambos lados del Pirineo. Junto al desarrollo de actividades ganaderas, la participación en dichas relaciones comerciales fue la principal fuente de subsistencia de sus habitantes, y así era ya visto en el siglo XVI : "... que todos los más de Canfranc son mercaderes y arrieros que tienen sus tractos en Bearne y en Francia,...; ...en Canfranc hay muchos que son mercaderes y tractan en Francia y Bearne, y hay otros que no pueden tanto, que son traxineros y traxinan para otros, assí a Bearne y Francia como a Aragón, y ganan sus jornales" [2]. Pero este tráfico no sólo se realizaba a través de Canfranc. Gómez de Valenzuela reproduce un documento de 1455 que destaca cómo los vecinos de la val de Tena, "e los vecinos e habitantes en las señyorías de França, d 'Anglaterra, Compte de Fox e de Begorra", y las gentes de la señoría de Gavín y de los valles de Broto, Basa, Serrablo y Cortillas, pasaban y trajinaban a lo largo del valle del Gállego [3]. Junto a estos dos pasos fronterizos, el de Somport y el de Portalet, existía un tercero importante en el Pirineo occidental aragonés. Se trataba del puerto del Palo, en la val de Hecho, sin duda el más importante desde la época romana hasta ser desplazado a finales del siglo XI por el de Somport [4].

Por tanto, una relación intensa canalizada a través de tres pasos fronterizos fundamentalmente, que sin embargo se vio frecuentemente obstaculizada por decisiones políticas de ambas monarquías, la francesa y la hispana. Las tensas relaciones tradicionalmente existentes entre ambas provocaron frecuentes interrupciones en el tráfico comercial y crearon un sentimiento, totalmente artificial, de enfrentamiento entre ambas zonas del Pirineo. Por lo que a la época que tratamos respecta, ya desde la Baja Edad Media, como ha destacado I. Falcón, "los ataques a la frontera pirenáica defendida desde Jaca son contínuos" [5]. Así, en 1471 se produjo un ataque gascón que motivó que el Consejo Real de Aragón fortaleciese la defensa de los Pirineos. Una decisión que no resultaría inútil ya que en 1473, de nuevo, los príncipes de Viana y de Foix, encabezando una revuelta contra su padre, iniciaron una invasión por el Somport, tomando entre otros lugares el castillo de Candanchú [6]. El reinado de los Reyes Católicos y de Carlos I no implicaron una mejoría en las relaciones con Francia. Todo lo contrario. La creciente proyección europea de la monarquía hispánica generó un creciente conflicto de intereses entre ambas monarquías que se vio reflejado en la frontera pirenaica. En 1503, por ejemplo, un ejército de 4.000 "basquos" atacó el Pirineo central [7]; en 1510 "vinieron cinco mil hombres o más" por el Somport; y a mediados del siglo XVI, Juan de Aragués, infanzón de Acumuer, lo exponía claramente al quejarse por "haverse pasado en estos anyos próxime passados haviendo como a ubido tanta guerra con Francia".

Es en estas circunstancias en las que se comprende la presencia de una línea de castillos, torres y fortalezas repartidas a lo largo de la frontera pirenaica. Uno de ellos fue el castillo de Candanchú, o de "Candaljub" como se denominaba en el siglo XVI, del cual ya se tienen noticias en 1471 [8]. La razón fundamental de su existencia era la defensa del que era, para las gentes de la época, el paso fronterizo más importante que había entre Aragón y las tierras francesas, y así lo reflejaba su nombre: Somport (Summo Portu [9]). Dicha importancia radicaba esencialmente en dos aspectos: en el comercial y en el militar. Respecto al primero, ya aludimos más arriba cómo desde finales del siglo XI el Somport absorbió buena parte del tráfico de bienes y personas existentes entre ambas vertientes el Pirineo. Ello implicó que su aduana fuera una de las que más ingresos reportara a la Diputación del Reino: "... quel principal paso despanya a francia es el puerto de Campfranch, del qual puerto redunda de provecho más de treynta mil ducados al General de Aragón". En lo referente a su importancia militar, Pedro Pérez del Fago, infanzón de Jaca, opinaba que "el paso del puerto de Santa Cristina, que está cerca del dicho castillo, es el más importante de toda la montaña porque no hay en toda la frontera de Aragón otro passo por donde pueda entrar exército ni artillería a este reyno sino por él y a causa desto se hizo el castillo" [10]. Un tercer factor que daba preferencia al Somport respecto al resto de los pasos era el mayor tiempo que permanecía abierto a lo largo del año. Así lo explicaba Pedro Sánchez, vecino de Villanúa: "el puerto de Canfranc es muy importante y principal porque en Ybierno todos los otros se cierran sino éste, que no puede estar cerrado sino tres días... que el alcayde de Candaljub es obligado de abrirlo a su costa".

La documentación es más bien parca respecto a la localización del "castillo y fortaleza de Candaljub". Estas son las referencias geográficas que aparecen: "este castillo está un quarto de legua de la raya de Francia, en lo más alto y desierto de los montes pirineos; cerca del monasterio de Santa Cristina de Summo Portu, en los confines dél, en la frontera de Francia;... está y confruenta con el principado de Bearne y con términos de la villa de Campfranc:... dentro de la jurisdición de la ciudad de Jaca". También se indica que estaba a cinco o seis leguas de Acumuer, a dos tiros de ballesta del monasterio de Santa Cristina y a nueve o diez leguas de Olorón. De acuerdo con estas alusiones y con la información aportada por Madoz [11], es probable que la fortificación estuviera situada donde se encuentran actualmente las ruinas del Castellar, a la altura del kilómetro 188 de la N-330. Los términos que aparecen en la documentación, como "castillo" o "fortaleza", podrían inducir a pensar que se trataba de una construcción de grandes dimensiones, pero posiblemente no se tratara más que de una torre de dos o tres pisos, similar a la antigua torre de Santa Elena descrita por Gómez de Valenzuela [12], o a la que actualmente se conserva en lo alto de un montículo cercano al pueblo de Lárrede.

El hospital-monasterio de Santa Cristina era, junto con la fortificación, la construcción más importante que existía por aquel entonces en el Somport. Fundado durante el reinado de Pedro I (1094-1104), se expandió y consolidó gracias a la intervención de Alfonso I y del vizconde Gastón IV y su esposa Talesa, quienes fundaron otros hospitales en el Bearne que adscribieron al de Santa Cristina (Gabás, Mifaget y Aubertin) [13], El monasterio, que llegó a alcanzar gran importancia, llegando a extender su influencia hacia Navarra, vivía en parte de la agricultura, pero sobre todo de la ganadería, del cambio de moneda y de la participación en rentas fiscales (principalmente de aduanas), y tenía entre sus misiones principales la acogida de los viajeros. Estaba habitado por una comunidad de agustinos [14] que en 1569, debido a una incursión francesa, tuvieron que trasladarse a Jaca. Regresaron en 1592, pero en 1593, tras una visita apostólica, fueron trasladados a Montearagón, y en 1607 fue suprimido definitivamente el priorato y traspasado a la Seo de Zaragoza [15].

Por su parte, el castillo de Candanchú era posesión del monarca, el cual lo cedía a un vasallo que lo regía a cambio de un salario y unos beneficios, con la obligación de devolverlo en el momento que el monarca lo considerara oportuno. Este sistema es símilar al sistema de honores y tenencias [16] que predominó en el Aragón de la Alta Edad Media mediante el cual el rey, sin perder inicialmente su soberanía sobre los territorios cedidos, se aseguraba la ayuda de sus vasallos nobles en la lucha contra los musulmanes [17]. Dichos vasallos debían "mantener activo el castillo, administrar sus territorios jurisdiccionales, formar parte con sus hombres del ejército real en operaciones ofensivas y defensivas" [18]. De igual manera, el castillo de Candanchú permanecía como propiedad del rey, quien nombraba y cesaba a los señores del mismo. Pedro Íñiguez, alcaide a mediados del siglo XVI, así lo reconocía: "...que tenia y tiene el castillo y fortaleza a toda fidelidad y servicio de su Magestad, para librarla a quien su Magestad mandasse, alçandole el pleyto y omenaje". Pero el escaso control que debía ejercer la monarquía sobre los tenentes del castillo y el hecho de que estos tuvieran poder para nombrar un sustituto [19], favoreció un proceso de patrimonialización del mismo, de manera similar a la evolución experimentada a lo largo del siglo XI por las tenencias concedidas por los reyes aragoneses. Así, a comienzos del siglo XVI la fortaleza estaba regida por Jaime Borau, infanzón de Canfranc, pasando posteriormente a su hijo Gaspar, que fue alcaide de 1528 a 1540. En dicho año nombró sucesor suyo a su cuñado Pedro Íñiguez, infanzón de Jaca, el cual sin embargo se vio envuelto en un pleito por la sucesión con Juan Aragués menor, infanzón de Acumuer, que también aspiraba al cargo.

Para ser alcaide del castillo de Candanchú se exigían varios requisitos. Uno de ellos era la condición de hidalguía. En el pleito que se entabló entre Íñiguez y Aragués, uno de los temas más discutidos era la condición de hidalguía de uno y otro. Especialmente dudosa era la condición del segundo, de Aragués, respecto a lo cual Íñiguez afirmaba que "clara y manifiestamente consta y parece que Juan de Aragués menor no es hidalgo ni lo puede ser; pues su padre no lo es, y assi es incapaz para tener dicha fortaleza". Es difícil comprobar la veracidad de tal afirmación. Los Aragués, siendo naturales de Acumuer y manteniendo posesiones allí, estaban avecindados en la ciudad de Jaca, pudiendo por lo tanto estar insaculados en las bolsas de los oficios del concejo [20]. Pero Jerónimo Losilla, escribano que acompañó al Gobernador a realizar la insaculación de los oficios de Jaca, tras afirmar que "en los officios de Jaca hay una bolsa propia y particular de los hidalgos, en la cual no se puede insacular sino sólamente los que son hidalgos", añadía que en ella no se encontraban los Aragués. Según el mismo, Juan Aragués mayor, como "hombre de condición", había estado insaculado en el brazo de Universidades de los oficios del reino y había llegado a ser diputado.

Todo ello, sin embargo, se contrapone con la noticia aportada por Lafarga, según la cual, en la lista de caballeros que asistieron a las Cortes de 1626 se encontraban Juan y Diego Matías de Aragués, de Acumuer [21] . Menos duda había respecto a la hidalguía de Pedro Íñiguez. Según Bartolomé de Les, presbítero canónigo del monasterio de Santa Cristina, era hijo de Pedro Íñiguez, un hidalgo, cristiano viejo "de todos los lados, nascido y descendiente de casa muy antigua de hijosdalgo de Campfranc", y de Francisca Vaquer, procedente también de una antigua casa hidalga de Jaca.

Continuará


  1. DURAN GUDIOL, Antonio.: El Hospital de Somport entre Aragón y Bearn (ss. XII-XIII), p. 23.
  2. A(rchivo) H(istórico) P(rotocolos notariales) Z(aragoza), Mateo Solorzano, 8-7-1560, sf. Todas las referencias documentales que salgan en el texto a partir de ahora provendrán de este mismo documento, por lo que me abstendré de señalarlo en nota.
  3. GOMEZ DE VALENZUELA, Manuel: "La antigua torre de Santa Elena, en el alto valle del Gállego". Serrablo, nº 83, 3-1992, p. 12.
  4. SARASA, Esteban et alii: "Aragón en torno al año Mil: estructura social, comportamientos económicos y respuesta cultural", en Coloquio internacional "Catalunya y França meridional a l'entorn de l´any mil". Barcelona. 2-5 julio, 1987, p. 141.
  5. FALCON PEREZ, Isabel: "Trayectoria medieval de Jaca en el seno de la Corona de Aragón", en XV Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Jaca. 1993, (DGA, 1994), p. 34.
  6. lbidem. pp. 35-36.
  7. Ibidem, p. 36.
  8. Vid. supra. nota 6: Tras la incursión de 1471 el Consejo Real de Aragón decidió aumentar la defensa de los pasos pirenaicos, incluyendo en este reforzamiento el castillo de Candanchú.
  9. Denominación todavía empleada en el siglo XVI y que se podría traducir a la vez como "el puerto más alto" y "el puerto más importante". A veces esta denominación se alternaba con la de "puerto de Santa Cristina".
  10. En el informe realizado por el conde de Salinas en 1625 sobre la situación militar de la frontera de Aragón con Francia, también se destacaba cómo por este paso podían entrar infanteria, caballería y artillería: DADSON, T.J.: "La defensa de Aragón en 1625 y el papel desempeñado en su planificación por Diego de Silva y Mendoza, conde de Salinas". Rev. J Zurita, 55, 1987, p. 109.
  11. Dicho autor comenta respecto al puerto del Somport que "en las seis primeras leguas hay un castillo viejo llamado de Candanchui y una venta de Santa Cristina, entre cuyos edificios se haya el puente de Escarne (posiblemente el actual puente de Santa Cristina), cuyo paso puede ser impedido por aquellos edificios": recogido en DADSON, T.J.: "La defensa de Aragón...", p. 109.
  12. Vid. supra, nota 3.
  13. DURAN GUDIOL, A.: El Hospital de Somport..., p. 24. El de Aubertin todavía estaba bajo la dependencia del de Santa Cristina a mediados del siglo XVI, siendo administrado por Baltasar de Borau, hermano del alcayde del castillo: "...el qual es comendador de la encomienda de Aubertin, benefficio o dignidat que es de la casa y monasterio de Santa Cristina, en tierra de Bearne": AHPZ. Mateo Solorzano, 8-7-1560, sf.
  14. GUTIERREZ IGLESIAS, María Rosa: "Documentos reales del monasterio de Santa Cristina de Somport de los siglos XII y XIII conservados en el Archivo Capitular de la Seo de Zaragoza", en XV Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Jaca, 1993 (DGA, 1994), p. 275.
  15. DURAN GUDIOL, A.: El Hospital de Somport..., pp. 7-23.
  16. De hecho, en el documento de 1560 se alude a "la tenencia del dicho castillo de Candaljub.
  17. Carlos Laliena define la "honor" como "dotaciones beneficiales concedidas por los reyes a miembros de la aristocracia a cambio de servicios militares", que generalmente "giran en torno a un castillo y comprenden las tierras, las rentas satisfechas por los campesinos y el producto de las multas judiciales, pero sólo la mitad de estos ingresos deriva hacia las arcas aristocráticas, puesto que el resto se mantiene siempre en posesión del rey". (LALIENA, C .:"La formación de las estructuras señoriales en Aragón (ca.1083-ca.1206)", en Señorío y Feudalismo en la Península Ibérica (siglos XII-XIX), Congreso celebrado en Zaragoza. 11-14 de diciembre de 1989, IFC, Zaragoza, 1993, p. 562; mismo autor: "Una revolución silenciosa. Transformaciones de la aristocracia navarro-aragonesa bajo Sancho el Mayor", en Aragón en la Edad Media. Homenaje a Mª Luisa Ledesma Rubio, X-XI, Zaragoza, 1993, p.488.
  18. DURAN GUDIOL, A.: Ramiro I de Aragón, CAZAR, Zaragoza, 1993, p. 88.
  19. "En el dicho privilegio le concedió permisso y facultad de poder elegir y poner un substituto y teniente en la dicha fortaleza y castillo en lugar suyo que tubiesse sus mismas calidades"
  20. Para la elección de las personas que ocuparían los cargos del concejo existía la insaculación: para cada cargo había una bolsa en la que se introducían varios redolinos, conteniendo cada uno el nombre de una persona que por sus características era merecedora del mismo. Después, la mano de un niño era la encargada de extraer el elegido.