Espierre

CICLO DE VIDA

Al quedar embarazada, la futura madre, solía efectuar una visita médica, acudiendo por lo general a Jaca; allí era reconocida y recibía las instrucciones precisas que debía cumplir en su embarazo; de no existir emergencias graves, todo el proceso era controlado por la comadrona, desempeño que ocupaba la Sra. María de Casa Patricio, con amplia experiencia, debido a la fuerte natalidad de aquellos tiempos. Si el parto presentaba dificultades para la supervivencia del recién nacido, este, era bautizado por la propia comadrona. En los partos normales, el bautizo se celebraba sobre los ocho días siguientes, pues era costumbre que a dicha ceremonia, asistiera la madre. El día elegido era el domingo y se celebraba después de la misa de precepto. A su término, el padrino, desde la iglesia hasta la casa del neófito, iba lanzando peladillas, nueces y calderilla a toda la chiquillería que le iba siguiendo. El bautizo era celebrado con una comida, en la que participaban, la comadrona, padrinos, cura y familiares. En muchos casos, se mataba un cabrito.

La edad acostumbrada para contraer matrimonio era a partir de los 25 años y como tope los 30. En las peticiones de mano (a la que asistían los padres y novios) era corriente que la velada empezara con la cena y a su término se procedía a concretar todos los puntos que asegurasen el compromiso. Fijado éste, se hacían las amonestaciones en la iglesia, aprovechando las festividades. El novio, debía pagar su despedida de soltero; cantidad en metálico o vino; a este pago se le llamaba «la albada»; si se negaba a "su despedida", se le hacía una encerrada o esquillada, después del matrimonio.

En las bodas, los padrinos solían ser los padres o en su defecto, los hermanos. La comida se hacía en el pueblo y aparte de los familiares, el novio invitaba a los mozos del pueblo; estos correspondían a la invitación, contratando músicos que amenizaran la fiesta. Por la noche había cena y seguía el baile, que normalmente se prolongaba hasta la madrugada. Al término del baile, se hacía la chocolatada y se iba a visitar a los novios para ofrecerles chocolate. Estos, en evitación de bromas e insinuaciones "a su noche de bodas", se iban a dormir a otra casa y pasar así desapercibidos, extremo que no siempre les salía bien. Al segundo día de la boda se hacía una comida en la que participaban exclusivamente la familia.

En los óbitos, las mujeres eran las encargadas de amortajar al difunto; en la iglesia se rezaba un rosario, por el alma del finado. El pueblo acudía a dar el pésame y el cadáver se velaba hasta el entierro. Durante las horas anteriores a éste, se procedía por gente del propio pueblo, a cavar la fosa. El sacerdote y el monaguillo con la cruz procesional, acudían a casa de la víctima y en el patio de la misma, se celebraba un responso. Seguidamente se acompañaba el cortejo hasta la iglesia, donde se celebraba la misa de "cuerpo presente" a cuyo término y encabezados por la autoridad eclesiástica, se iba al cementerio, para proceder a su entierro. La familia se reunía en casa. El luto duraba todo un año y en su transcurso, la familia no asistía a ningún tipo de festejos. Al año se celebraba una misa por el difunto, con lo que se daba por norma general, acabado el luto.

CALENDARIO FESTIVO

Como en la mayoría de pueblos, los días de fiestas y domingos, se solía bailar en algún local; en el caso de Espierre, era en una sala que tenía el Ayuntamiento; había gramola y discos; para estos actos, se contaba con el pueblo de Barbenuta, pues la escasa distancia que separa a los mismos, servía para estar siempre muy relacionados. En el caso de los bailes cotidianos de los domingos, se alternaba su celebración (un domingo en Espierre al siguiente en Barbenuta), conviviendo en amigable armonía.

Era costumbre el primer día del año, de pasar los muchachos de 10 a 15 años, por las casas del pueblo, con todo tipo de utensilios, para hacer ruido. En cada casa, cantaban una copla de entrada, a cuyo término eran obsequiados con alimentos; la siguiente copla era para dar las gracias. Todos los alimentos recogidos de las casas servían para organizar una merienda; que solía hacerse en casa Lacasa, aprovechando la magnífica cocina, que todavía perdura.

Para la festividad de San Sebastián solía hacerse una hoguera delante de la iglesia. Durante el día, el alguacil con los chicos del lugar, recorrían las casas, donde se les daba leña y trastos viejos; la recogida de los elementos que luego arderían en la hoguera, se hacía con verdadero interés, pues existía la rivalidad con el pueblo vecino de Barbenuta y no podía consentirse que el pueblo contiguo, la hiciese más grande. En el momento de encenderla, se agrupaban todos a su alrededor y se consumía longaniza, chorizo, jamón, etc., corriendo a cargo del Ayuntamiento el vino que se gastaba. Eran unos ratos en los que participaba todo el pueblo, en amigable tertulia.

Los carnavales se hacían conjuntamente con Barbenuta. Se traía orquesta, para los días que duraban, que eran domingo, lunes y martes. Se disfrazaba con trajes y máscaras, aprovechando la ropa antigua que se guardaba en las casas (ropa militar, sayas de lana, etc.). Se hacía un muñeco de paja, se le ataba a una burra y se le ponía un boto vacío en la espalda, que comunicaba a través de una caña hueca con la boca del muñeco; todas las invitaciones que recibía el muñeco de vino, pasaban de la boca al boto, lo que serviría al término del carnaval, "para remojar" los alimentos que los mozos recogían, durante los pasacalles, y que consumían al domingo siguiente en la merienda que organizaban. El carnaval se aprovechaba (al no ser identificadas las máscaras), para entrar en las casas, hablar, reír, comentar, gastar bromas, etc. Después de los pasacalles y desfiles, se hacía el baile que duraba toda la noche. Como remate del carnaval, el martes era quemado el muñeco en la plaza. En estos pasacalles, un elemento popular fue Maceo de Barbenuta, que se disfrazaba de oso y se le ataba una esquila en la espalda y llevado con un ramal iba acompañado de toda la juventud y a los sones de la charanga, iba bailando y se colocaba en diferentes posturas, con el regocijo general. (Este personaje popular, al inicio de la guerra civil, escondió la bandera parroquial de Barbenuta; fue lo único que se salvó de la iglesia).

Era costumbre de las mujeres el guardar las cenizas del horno y fogaril, para blanquear la ropa de la colada; no era pues extraño, que se almacenase en cada casa, grandes cantidades de estos residuos. El miércoles de ceniza se aligeraban las existencias de este hollín, lanzándolo en pozales a todo el que se atrevía a pasar por la calle.

Así como en la Tierra Baja la bendición del Domingo de Ramos suele hacerse con ramos de olivo, en Espierre y lugares de su contorno se hacía con abetos pequeños, que iban a buscarse al monte. En sus ramas se colgaban golosinas y frutas.

El Viernes Santo se hacía una procesión con velas, cuyo recorrido abarcaba los pueblos de Barbenuta y Espierre; al término de la misma, en la iglesia, se oficiaban ceremonias propias de dichos días.

El Sábado de Gloria se acudía a la iglesia con carracas y martillos de madera, que se hacían sonar en el momento en que bandeaban las campanas, anunciando la resurrección de Cristo.

El Domingo de Pascua había misa por la mañana. Por la tarde se jugaba el tradicional partido de billas, entre Espierre y Barbenuta; era muy notoria la rivalidad existente en este encuentro. El juego consistía en nueve billas, que eran colocadas en filas de tres y separadas cada fila, por la longitud del Trejero (palo grueso de 30 a 40 cm.). Con dicho palo y a una distancia de 20 metros, se procedía por los jugadores a intentar tirar el máximo de billas. Cada una tenía el valor de un punto a excepción de la billa situada en el centro de la fila segunda, que según la posición de su caída, tenía una puntuación especial.

A la tarde, después del encuentro, se participaba en una merienda colectiva, entre la juventud del pueblo. El día acababa con una sesión de baile.

En el mes de Mayo, como era costumbre de siempre, se hacía la bendición de los campos. Asistía bastante público a este acto, que se hacía un año en Espierre y otro en Barbenuta. El sacerdote a la vista de los campos, alzando el hisopo, bendecía de derecha a izquierda, como queriendo abarcar todo el término.

La festividad de San Isidro, que corresponde en el calendario al quince de Mayo, era un día muy ajetreado, para los hombres y mozos de Espierre (ante la proximidad de la llegada de las cabañas de ganado para pastar por los montes). Se procedía a reparar y limpiar el camino que conduce al monte Erata y las mugas, así como la limpieza de las fuentes y dejar de esa forma el camino expedito y limpio para el paso del ganado. A este día, se le llamaba el "día vecinal" y la limpieza correspondía al término municipal. Estos trabajos daban ocasión a recolectar una cantidad apreciable de abozos (yerba que sirve para alimentación de los cerdos). Una vez acabado los trabajos de limpieza en el monte, estos abozos, eran subastados en el salón del Ayuntamiento y el importe de la subasta reforzaba las arcas de la Sociedad del pueblo. Para que no todo fuera trabajo, el Ayuntamiento, pagaba una degustación de vino.

Para la festividad de San Antonio había una romería a la ermita de Santa Elena; a esta romería acudían de todos los pueblos de la comarca; llegaba gente desde Sabiñánigo y pueblos lindantes hasta Biescas; todos venían andando y llevando caballerías, que acarreaban los alimentos que se iban a tomar en la fiesta campestre que se celebraba. Espierre, como los demás pueblos, acudían con su cruz procesional. Después de la misa, se reunían en la explanada por pueblos, para celebrar la comida. A la tarde había baile; para guardar las alforjas, cruz procesional y demás utensilios empleados, los de Espierre, hacían unos turnos rotativos, por casas; se solía hacer baile, que duraba hasta la hora de regresar. La juventud, al bajar de Santa Elena, buscaba acabar de redondear el día y se quedaba o bien en Biescas o en el Valle de Tena, en Polituara, donde solían hacer baile, hasta bien entrada la madrugada.

Para la festividad de San Juan, se acudía a la ermita del Santo, distante media hora del pueblo. La víspera, las mujeres se encargaban de confeccionar las tortas, que debían ser bendecidas al día siguiente. En la mañana de San Juan, se engalanaban las caballerías, con mantas de colores, flecos y otros arreos de gala. Abría la marcha la bandera y cruz procesional. Al llegar a la ermita, se oficiaba la misa y se procedía a la bendición de la torta (troceada ya por las mujeres antes de la subida). Se comía en los alrededores y al regreso, se adelantaban los mozos, acudiendo a la iglesia, para tocar las campanas, que no paraban hasta que llegaba el último romero. El sonido de las campanas, en el suave atardecer del campo, avivaba la alegría del regreso. Por la noche seguía la fiesta con una sesión de baile.

La fiesta de Espierre era a continuación de Barbenuta; estos celebraban su fiesta el 6 de Agosto (festividad de los Santos Justo y Pastor) y Espierre para la Asunción de la Virgen (15 de Agosto) o Virgen de Agosto como suele llamarse por Aragón.

La víspera de la fiesta se acudía al monte a recoger el ganado que iba a ser sacrificado para las fiestas; también se ordeñaba las vacas, para hacer natillas y otros postres en los que era necesario el uso de la leche. Eran para las amas de casa, vísperas de mucho trajín. En las fiestas, se consumían ensaladas, entremeses, sopa, ternasco, cabrito, todo ello acompañado de buenos vinos, postres, pastas diversas, café y licores.

La Comisión encargada de las fiestas, bajaba la víspera al vecino Biescas, con dos caballerías; iban a comprar bebidas y otros artículos precisos para esos días. Junto a ellos, subían ya los músicos contratados, cuyos instrumentos, violín, guitarra, acordeón, formaban parte de la carga que llevaban los animales. Los nuevos mozos que entraban en la fiesta, debían pagar una cantidad como derecho de entrada; todos además tenían la obligación de pagar la cantidad que quedaba estipulada. Estos nuevos socios que accedían, eran los encargados de avisar a las mozas, casa por casa, cuando iba a empezar el baile. Los músicos eran alojados en Casa Lacasa, a excepción de algún año, que para nivelar gastos, se distribuían por las casas de los miembros de la Comisión.

La Comisión cenaba la víspera de la fiesta con los músicos, quizá para ir ultimando los detalles de los siguientes días. Después de la cena, se iba a rondar.

El día de la fiesta mayor, el alcalde pasaba aviso al vecindario, para que limpiara las calles y adornara la plaza, donde se celebraba el baile. La misa de Fiesta Mayor, se celebraba a las 12. Después de la ceremonia religiosa, los músicos iban a rondar por las casas; normalmente se cantaba una jota de bienvenida o entrada, y otra de despedida; en alguna casa después de las jotas, se tocaba alguna pieza de baile y se bailaba. Correspondía el dueño de la casa con vino rancio y galletas. Un par de mozos de la Comisión, que acompañaba a la ronda, iba recogiendo en cada casa productos como jamón, longanizas, huevos, etc., para ser consumidos en la fiesta que los mozos consideraban suya, que era el tercer día. También durante las comidas de fiestas, los mozos pasaban por las casas, vendiendo números de la rifa que se organizaba para recaudar fondos. El premio consistía en un cordero.

A media tarde, cuando se presumía que la digestión, ya se había acabado, se organizaba la corrida pedestre, con libre participación. El alcalde o alguacil, daba la salida en Barbenuta y el recorrido era hasta la entrada de Espierre, donde en un mástil que estaba adornado se colocaba un par de pollos y un roscón grande. Los pollos eran para el vencedor y el roscón, se repartía con vino a los presentes. Posteriormente empezaba el baile en la plaza y en caso de lluvia, se iba al salón del Ayuntamiento. Solamente se paraba para cenar y luego se volvía a bailar, hasta la madrugada.

El día de San Roque, segundo día de la fiesta, se acudía (antes de la guerra civil), a la ermita de Santa María, que distaba diez minutos del pueblo. Se iba en procesión, con la cruz parroquial. Se denominaba "la misa de los mozos", pues estos, daban un donativo al sacerdote. En el momento de la comunión, los músicos accedían al altar, tocando sus instrumentos y se ponían a los lados del sacerdote; a continuación los mozos se situaban detrás de los músicos y el público asistente que iba a comulgar, iba por el centro del templo y volvía a su sitio por los laterales de la iglesia. Al término de la guerra esta misa se celebraba en la parroquia.

Al término de la misa se procedía a efectuar la ronda acostumbrada, pero esta vez los músicos iban acompañados de los chotos (que los mozos habían ido a buscar después del baile de la noche anterior) y a los que se les había puesto unas esquilas grandes y artísticas; al mismo tiempo, se les engalanaba las cornamentas con flores. Continuaba durante la jornada, las rondas, comidas y bailes acostumbrados. En las comidas, se prodigaba la hospitalidad y era raro no encontrar en cada casa, algún forastero de los pueblos de Ainielle, Otal, Gavín, Yésero, Orós Bajo y Alto y no digamos de Barbenuta, que en esos días quedaba prácticamente vacío.

El tercer día llamado "el de los mozos", era por regla general el que remataba la fiesta. Se organizaba una comida en Casa Lacasa, para los mozos y mozas, así como para los forasteros que quisieran participar. La comida consistía en el sacrificio de una oveja y todo lo recogido en las rondas, así como las bebidas que se habían ido a comprar a Biescas en la víspera de las fiestas. El resto de la jornada, consistía en los bailes de tarde y noche, estos ya, pensando que eran los últimos momentos de diversión. Algún año, por su cuenta, los mozos organizaban "un cuarto día" adicional.

La festividad del Pilar, era el día elegido, para contar el ganado lanar. La Junta Administrativa de la Sociedad, era la que se encargaba de buscar y contratar a los pastores, que llevarían y se cuidarían del ganado en la Tierra Baja.

Durante unos cuantos años después de la guerra, en la festividad de Todos los Santos, no se hacía baile por respeto a los difuntos. Se oficiaba la misa de precepto y se rezaba un rosario, por todos los fallecidos del pueblo.

La Nochebuena se celebraba en familia, así como la Navidad; las comidas de esos días consistía en verdura, pescado y cabrito; para postres, turrones.

La Nochevieja, se celebraba algunos años, con baile de gramola, en el salón del Ayuntamiento, no era tradicional este baile y si se celebraba algún año, era por interés que pudiera tener la juventud.