Sacar la piedra

Se ha extendido la moda, con toda seguridad urbana, de "sacar la piedra" a todo aquello que esté construido con piedra, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Es ya típica la frase: "donde esté la piedra que se quite todo lo demás". Bueno, pues, ni tanto ni tan calvo.

Esta moda ha llegado, incluso, a convencer (esperemos que por poco tiempo) a las gentes de los pueblos, con lo cual todo el mundo está encantadísimo con sus fachadas libres de los revocos antiguos y rejuntadas con mortero rabioso de cemento gris, destacando tanto el rejuntado como la desigual piedra.

A mi entender, se está abusando de esta práctica que, salvo contados casos en los que vale la pena hacerlo por la calidad de la piedra y su buena colocación, en los demás resulta un amasijo de zaborros teñidos de cemento a los que solo les salva, en parte, el hecho de que la piedra es muy agradecida a primera vista. Ningún "piquero" de los de antes se at revería a desnudar una fachada que no fué expresamente construida para que la piedra fuera vista, del mismo modo que sería un pecado revocar una fachada de piedra vista original.

Por otro lado, no hay que olvidar que gran parte de las casas de los pueblos estaban revocadas con mortero de cal, extraída de la cocción de la piedra caliza en los hornos de cal que se preparaban en los mismos pueblos. De este modo natural se conseguía esa uniformidad "terrosa" en los conjuntos, integrad os en su entorno físico circundante, casi camuflados miméticamente en el paisaje. Si cunde la moda de "sacar la piedra", eliminar sistemáticamente los antiguos revocos de cal y rejuntar las piedras con mortero de cemento, puede producir un cambio total de fisonomía de un pueblo, perdiendo su original encanto ambiental, quedando grises y fríos, por muy satisfechos que se sientan sus autores y embobados los que vienen de la ciudad. En los casos donde sea aconsejable la citada práctica, debe procurarse utilizar morteros bastardos de cemento portland blanco (II-B), cal, arena y pigmentos naturales para conseguir el color terroso adecuado, preferiblemente con junta llena a la cara y no rehundida, de tal modo que rejuntado y piedra sintonicen lo máximo posible formando un todo uniforme.

Respecto a los antiguos morteros de cal y arena, no tienen por qué ser olvidados, pues pueden cumplir perfectamente su función, como la han cumplido durante más de 100 años los existentes. Debiera retomarse la antigua técnica de su obtención, aunque nada más sea para la producción necesaria de muy puntuales casas. No hay por qué renunciar a ello pues, lo que antes eran prácticas constructivas naturales como la extracción de la losa de piedra, obtención del yeso y la cal, fabricación de tejas de barro, adobes, tapial, etc. hoy se consideran prácticas artesanales, perfectamente recuperables tanto bajo el punto de vista testimonial como del práctico, con destino a concretas rehabilitaciones, en donde las escuelas-taller tendrían un importante trabajo para desarrollar. A este respecto, recomiendo unos extraordinarios videos realizados por el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Huesca, en los que se han recogido, paso a paso, con las personas que lo vivieron, muchos de los procesos de obtención de materias primas para la construcción y técnicas tradicionales.

Comentarios

Siempre he estado en contra

Siempre he estado en contra de esta moda, precisamente por ser una moda. Es decir, las modas son una forma genérica de actuar, sin pensar si la aplicación a un caso particular es aceptable. Estoy de acuerdo con lo que se opina en el texto de distinguir el porque unas piedras pueden ser vistas y otras no. He visto los vídeos del colegio de aparejadores y me gustaron mucho.

saludos