Hola. Me llamo Carolina. Hace ya algún tiempo que paso mis días en silencio. Durante mis años de vida he podido ver muchas cosas, extraordinarias algunas, que verdaderamente han llamado mi atención.
Pero de entre todas ellas hubo una que supera en intensidad a las demás y guardo su recuerdo con celo y admiración en mi memoria.
Probablemente porque este suceso lo viví cuando era muy pequeña. Quizás, porque los protagonistas de este episodio eran vecinos míos y de pueblos cercanos. O seguramente por la crueldad con que actuaron los que participaron en aquel desgraciado incidente que llevó a la más lamentable ruina a una familia de aquí, de mi pueblo, de mi niñez.
Pues bien, estos hechos que a continuación voy a relatar ocurrieron exactamente el día siete de octubre y en el año de mil novecientos diecisiete. El lugar fue Orós, Orós Bajo. Yo contaba por aquel entonces con seis años tan solo y ahora.. bueno, ahora qué más da.
Todo comenzó a causa de las envidias y los celos de unos hermanos. Eran cuatro: Gregorio, Antonio, José y Lucas. El apellido era Orós y a Casa Gregorio pertenecían.
Gregorio, el mayor de ellos, se casó con una mujer del pueblo de Latas, de Casa Marco, y éste, como es habitual heredó toda la propiedad. Antonio, el segundo, casó con una chica de Linás, de Casa Palacio. José, el tercero, buscó matrimonio en Espierre, en Casa Lacasa. Y Lucas, el menor, hizo lo propio en Linás, como su hermano An tonio y en la misma casa: Casa Palacio.
Gregorio, como ya he dicho antes, era el heredero y sus hermanos debieron de buscar fortuna en otros lugares. Tal fue el caso de Antonio y José que decidieron marchar a América a probar mejor suerte.
A los pocos años regresó Antonio con algo de dinero y compró el molino de Gastón de Jaca. Más tarde regresó José y se hizo socio con su hermano Antonio en el negocio del molino y de las tierras que le correspondían alrededor. Pero poco a poco, y como pasa entre muchas sociedades, las amistades se fueron separando por parte de José.
Antonio mismo le había dicho que no tenía escritura del molino y por ello José empezó a recelar de la bondad de su hermano a la hora de repartir beneficios y propiedades, llegado el caso. Así es que entre Antonio y José empezó a medrar la envidia y la codicia que se incrementaban cada día más ayudadas por terceras personas, puesto que José creía más al forastero que al de casa.
Algunas gentes solían decirle a José:
-¡Ah! ¡Antonio es el amo y para él es! ¡para él trabajas! ¡Y tú, cosa!
Antonio, por su cuenta, los días que las mulas no se empleaban para los menesteres del molino ni de las tierras, se dedicaba a la venta por los pueblos cercanos de artículos que no eran producto del molino y con las ganancias que de este negocio obtuvo compró un caballo blanco que destinaba igualmente a la venta o a lo que quisiera, pues era de su entera propiedad.
Gregorio, el hermano mayor, hablaba a José del medro de su hermano Antonio e incidía en el asunto del molino diciéndole que no pintaba nada en ello y que era solamente un trabajador para su hermano.
Por fin, ese fatídico día siete llegó. Era domingo y José subió a Biescas. Había mercado, y se juntó en una taberna con Gregorio. Este echaba leña al fuego sobre aquél hasta que José se calentó tanto que se encendió. La charla que mantuvieron los dos hermanos en la taberna fue escuchada con especial atención por las cantineras y éstas hicieron correr la voz de boca en boca.
Una de ellas, Antonia, decía: - ¿Sabéis que he oído que José, el molinero, va a matar a su hermano?
- ¡Estaba aquí Gregorio chinchándolo ...! - ¡Estaba aquí dándole..! Proseguía la moza.
Mas de nada sirvieron los consejos que otras gentes a José le daban: - ¡No te líes! - ¡No hagas eso!
Cuando José bajaba de Biescas iba decidido a matar a su herman o. Al pasar por el barranco del Sía, se encontró con un vecino de Biescas que se llamaba Matías Víu cuya procedencia era de Javierre de los Cornudos y se enteró por José que iba a hacer una gorda.
Matías, queriendo distraer a José de sus intenciones le dijo: -¡Hala! ¡Vuelve que comeremos algo, y olvídalo!
Pero Matías no logró convencerle y allá marchó José con su idea. Cuando llegó a casa, Antonio estaba entrando hierba de una faja grande que tenían cerca del molino. Junto a Antonio estaba su mujer y su hija que correteaba por el lugar.
José no se lo pensó más. Subió a casa, cogió la escopeta y se acercó a ellos. Sin mediar palabra disparó el arma sobre su familia acabando con la vida de su hermano, su cuñada, su sobrina de seis años y con la de la criatura que todavía su madre llevaba en el vientre.
Pasó algún tiempo y, yo no sé por qué, José seguía libre. Es más, se dirigió a Oliván aunque no fue por el camino. Allí estaba yo jugando con un chico amigo mio y de mi misma edad cuando vimos que venía por un campo "El Matador de Orós", que así le llamaban.
Al momento salimos corriendo y gritando:
-¡Ay! ¡Que viene! ¡Que viene "el Matador de Orós"!
Sabíamos de él y de sus acciones pues los pastores lo iban contando por todas partes.
Pero, ¿A qué venía a Oliván? La respuesta la supimos pronto. El Matador cruzaba por un campo que era de Casa Sebastián o Casa Colorao y hacia allí se dirigía. El amo de aquella casa era el señor Pablo que era primo hermano de José y, la verdad, nunca supe cual era la relación de este hombre con el caso.
Lo cierto es que nosotros, con nuestra veloz carrera acelerada por el miedo, llegamos antes que El Matador a la casa y gritamos: -¡Señor Pablo! ¡Señor Pablo! -¡Mire que viene ese hombre de Orós!
De lejos parecía que José llevaba algo debajo de la saya. Parecía un palo pero pronto supimos de lo que se trataba. Y así fue.
En una "cleta" de era que había muy grande vimos como se quitaba el manto y sacaba la escopeta. Solo ver nosotros esta acción gritamos esta vez. -¡Si es la escopeta...!
Todos aterrados dentro de la casa, la hija del señor Pablo se escondió en la bodega. Sólo quedaron en el piso y a la vista Pablo y nosotros.
El señor Pablo estaba en un serio apuro. Si bajaba a la calle corría mucho peligro, pero ¿y si no bajaba? ¿Qué haría el malhechor? - ¡No te escaparás! - Gritaba José- ¡No te escaparás! -Repetía el asesino- Este se quedaba en la era pero no pasaba del corral contiguo a la casa.
Preso del terror, el señor Pablo le decía semioculto:
-¡Pues entra! ¡Sube! ¡Que te echarás un trago!
-¡No! -Decía José- ¡Baja tú! ¡Baja! -Le repitió varias veces- Nosotros, a través de una ventanuca, le hacíamos señas con la mano como que no bajaba.
Finalmente, el señor Pablo le dijo:
-¡Pues mira, si quieres subir, sube!
Ahora, ya habían empezado a llegar vecinos del pueblo y José se negó a subir. El señor Pablo, un poco más aliviado con la presencia del vecindario le insistió:
- ¿Quieres subir? ¡Mira el porrón! - Prosiguió!
- ¡Fillatus le dijo a Herodes, tú no me jodes! -Respondió El Matador- Este se dio la vuelta y se marchó. Cuando pasaba por la fuente de Orós disparó la escopeta contra sí. Quedó herido pero no muerto y vino personal del Ayuntamiento de Oliván para levantar al herido. Como había quedado tendido en un camino público tuvo que ir el juez de Oliván, que era mi abuelo, para que se lo llevaran de allí.
A José lo trasladaron a casa de Manuel Pardo conocida como Casa Franca y allí permaneció ocho días hasta que más o menos se recuperó y de este lugar pasó a disposición de las autoridades de Oliván que lo presentaron a la justicia de Jaca para ser juzgado y luego encarcelado.
Pero a pesar de haber matado a cuatro personas sólo estuvo en pr isión durante un año y medio.
Al regresar a su casa todavía tenía ganas de más sangre. Fue a Linás con una pistola grande. Iba a ver si su hermano Lucas vivía allí y darle muerte. Pero dado el aviso, José tuvo que regresar sin cumplir sus propósitos.
La familia de José se disolvió. Al perder el molino finalmente, su mujer y su hijo marcharon del pueblo y se fueron a Zuera. Allí, la mujer se amigó con uno y le dejó el patrimonio que tenía en Zuera. Murieron los dos, madre e hijo, no hace mucho tiempo en el mencionado lugar.
José, después de salir de la cárcel, tardó en morir cinco o seis años. Murió en la casa donde había nacido y según dicen de muerte natural.
Aunque también se comenta que nadie se molestó en avisar al médico para que le atendiera durante su enfermedad.
Y esto es lo que yo vi y lo cuento tal y como lo sentí desde el miedo y la comprensión que da la niñez. Tuve un miedo que nunca he vuelto a tener a pesar de los innumerables sustos y sobresaltos que da la vida. Por eso, si alguna vez oís a alguien que va a ser más sonada que la de Orós, pensad en mí. Y sobre todo en aquella niña de mi misma edad que correteaba por la era y que con qué sorpresa recibiría la muerte a manos de su tío. A ver si un día de estos nos encontramos y nos hacemos amigas.
Carolina Abarca.
DESCANSE EN PAZ
NOTA:
Siguiendo un poco la investigación de estos hechos, han sido consultados los libros de sentencias judiciales de la Audiencia Provincial correspondientes al periodo comprendido entre 1917 y 1920. No aparece este crimen ni su sentencia. No obstante, el suceso puede ser dado por verdadero puesto que aparecen varios casos de disparos con arma de fuego causando lesiones en la mayoría y homicidios en los menos, en los diferentes juzgados de instrucción de la provincia, siendo más frecuentes en la zona de Tamarite y Fraga que por la Jacetania- Serrablo.
Lo más probable es que la fecha dada por la informante no sea la correcta a pesar de la precisión en día, mes y año. Sería oportuno efectuar una consulta de sentencias de un periodo de tiempo mayor recorriendo otro camino de investigación.