La arquitectura popular en las distintas áreas de Serrablo

Imagen de Garcés Romeo, José

m) Fenillosa

Situado en el pie de monte de la sierra de Picardiello, en el interfluvio de dos barrancos que desaguan en la margen derecha del Guarga medio, su altitud es de 1.101 m. El estado de conservación es de ruina total, pues sólo quedan en pie los muros de una humilde iglesia de finales del s. XVIII, de dimensiones similares a las de una ermita. También se mantienen parte de los muros de una borda, levantados con irregulares bloques, otro índice de la pobreza con que subsistían sus antiguos moradores.

En el siglo XV, Fenillosa contaba con un fuego, y a comienzos del presente, con dos; fue uno de los primeros núcleos del valle del Guarga en ser vendido al Patrimonio Forestal del Estado (1945).

n) Gésera

Gésera se asienta en terreno relativamente llano, en la margen izquierda del Guarga, a 831 m de altitud. Su arquitectura popular se conserva con bastante pureza, ya que la ruina y los elementos de construcción modernos tan apenas han hecho acto de presencia. Desde luego, su panorámica exterior resulta muy agradable a la vista. Es un pueblo de una docena de casas, un tanto distantes unas de otras, aunque globalmente puedan distinguirse dos barrios: uno, al noroeste, constituido por casa Tejedor-abadía-iglesia (conjunto arquitectónico de lo más encantador de Serrablo) (fot. 120), y el otro, al este, con el resto de las viviendas, en el que, a su vez, el caserío se dispersa irregularmente. A pesar de que nadie lo habita con carácter fijo durante todo el año, este pueblo presenta una estampa viva, pues varias familias siguen acudiendo al pueblo con cierta asiduidad y en pocas ocasiones queda totalmente deshabitado.

A finales del s. XV, Gésera tenía 8 fuegos; a mediados del XIX, 5 vecinos y 60 almas, y en 1981 registraba un censo de 3 habitantes (aunque, de hecho, no residen de forma permanente en Gésera).

Sin ningún género de dudas, es casa Tejedor, de gran amplitud y dignamente restaurada por su propietaria, la edificación que más destaca en el pueblo. Con tejado a cuatro aguas, en el que sobresale su gran chimenea tronco-cónica, con espantabrujas cruciforme y una buhardilla, su fachada principal posee cuatro balcones (dos de ellos con decoración en el solarete), once ventanas y una puerta de entrada adintelada con fecha. Bajo el alerao del tejado, presenta decoración geométrica con pintura de color ocre sobre la cal. En el interior de la casa, merecen ser citados los dos morillos de piedra (fechados) del hogar.

Abundan las puertas adinteladas, muy bien trabajadas, propias de la segunda mitad del XIX y comienzos del XX, de las cuales destacan tres (en una se indican los dueños de la casa que la mandaron levantar). Son también muy interesantes algunas ventanas, con indicación de la fecha y decoración (angelotes, sogueados, aves, etc.). En lo tocante a las chimeneas, además de la ya mencionada, se conservan una troncocónica, una cilíndrica y dos prismáticas (una muy esbelta), además de algunas de hornos. Tres puertas adoveladas de medio punto, un ojo de buey de tosca, una buhardilla de gran exquisitez (fig. 54), un balcón de hierro con letras iniciales,... completan una visión general de lo que puede observarse en las casas de Gésera.

Mención destacada, como en la mayor parte de los pueblos de La Guarguera, debe hacerse de las bordas (fot. 74). Diseminadas en las afueras del pueblo, se conservan en relativo buen estado, con sus aleraos de gran vuelo, huecos, trampas o boteros, placas de propiedad, etc. En una de ellas, precisamente, existe una placa con una rosa de seis puntas y la siguiente inscripción: "Propiedad de J. Otín Gésera a 1 Junio del año 1925". También se encuentran algunos pajares- yerberos.

En el centro del pueblo, hallamos un pozo de planta rectangular y con tejado a dos aguas, que se acompaña de su correspondiente abrevadero.

A unos 150 m. del pueblo, en el barranco, se ubica la conocida fuente del Moro (fig. 117), de planta circular, que presenta una cúpula semiesférica de tosca y piedra intercalada, mientras el resto de la pared es de piedra. En el mismo barranco se encuentran unas paredes de poco grosor y muy bien trabajadas.

FECHAS. Casas: 1768, 1856, 1873, 1891, 1893, 1909. Borda: 1925. Pajares: 1909, 1921.

ñ) Gillué

Está situado en la cabecera del valle del Guarga, a orillas de un barranco que se nutre en la cuenca de la peña Canciás. Su altitud es de 991 m. El pueblo se estructura en dos núcleos, separados por una planicie de suave pendiente, con prados; desde el punto de vista arquitectónico, el sector septentrional resulta más interesante, pues contiene la iglesia (s. XVIII), algunas moradas de origen infanzón y una casa fortificada. A poniente, una vivienda se separa del núcleo. La conservación de la arquitectura popular del conjunto comienza a ser precaria; a pesar de todo, el valor arquitectónico del mismo resulta aún elevado.

Gillué contaba en el siglo XV con 6 fuegos; a mediados del XIX, pasó a tener 9, con 50 almas; en la década de los años 60, sus antiguos vecinos se marcharon y vendieron el pueblo a un particular; quien instaló una explotación ganadera.

El interés arquitectónico de Gillué se basa esencialmente en que en él se da cita una interesante muestra de viviendas infanzonas, vinculadas en gran parte a los Villacampa de Laguarta: al E del núcleo septentrional, encontramos la casa fortaleza de este apellido, con torre de poco alzado, techumbre a dos aguas y aspilleras (fot. 38); su cuerpo encaja en la vivienda propiamente dicha, que encierra un patio al que mira una magnífica solanera; mantiene el escudo de los Villacampa empotrado en una ventana, con cabezal fechado -1666- y solera que indica: "Iusepe Villacampa"; también presenta matacán sobre la puerta. Al E y adosado a la casa, se observa un arnal -colmenar-.

En este mismo núcleo existe una monumental puerta, de arco de medio punto, con clave que encierra el siguiente escudo: dos castillos en el cuerpo superior y dos leones rampantes en la punta, apoyados a los lados de una rosa de seis puntas; bajo el escudo, se observa un tosco angelote. En el mismo edificio existe una ventana con cuatro rosas de seis puntas en las jambas y la siguiente leyenda en el cabecero: "Esta casa es de Iusepe Villacampa". En el mismo sector, se aprecia una puerta adintelada del s. XIX, perteneciente también a los Villacampa.

La vivienda ubicada en solitario al W del pueblo pertenece a la arquitectura de inspiración francesa de comienzos de siglo: bloque macizo, pero esbelto; vanos más amplios que en la construcción autóctona; tres plantas; dos balcones de rica forja y portada típica de la segunda mitad del s. XIX en Serrablo meridional (dintel con placa, que encierra fecha de 1863, apoyado sobre toscas pilastras). En el núcleo meridional, encontramos otra casa de similar planteamiento, con ojos de buey de madera bajo el alero para iluminar el desván y el dintel fechado en 1900.

En el camino hacia FabIo, se encuentra un puente fechable a finales del s. XVI.

FECHAS. Casas: 1666, 1846, 1863, 1867, 1900.

o) Grasa

A 902 m de altura, este pueblo está situado en la margen izquierda del Guarga, sobre una loma amesetada. Su estado de conservación puede considerarse aceptable, gracias a que durante fines de semana v vacaciones es visitado por algunos de sus vecinos, que siguen cultivando las tierras. Se distinguen dos barrios, al este y oeste, mientras la iglesia queda totalmente apartada al oeste, sobre un alto tozal.

Hoy, se halla deshabitado por completo. A finales del s. XV, tenía 3 fuegos, y a mediados del XIX, 7 vecinos y 43 almas.

De sus casas únicamente cabe destacar una puerta adintelada con fecha, una puerta conopial y una ventana en casa Otín de finales del s. XVII. Se observan abundantes pozos (tres de ellos consecutivos).

Las bordas poseen gran interés, especialmente dos, de grandes dimensiones (fot. 49), la de casa Castán y la de los López. Ambas presentan un alerao de gran vuelo, además de los elementos consabidos de estas construcciones. Una placa resulta en extremo curiosa por su leyenda (fig. 104).

Puede citarse, igualmente, un par de lápidas funerarias de piedra, de no más de medio metro de altura, de gran rusticidad, pero muy interesantes, porque a buen seguro fueron realizadas por algún piquero de la zona; pertenecen a los comienzos de este siglo.

FECHAS. Casas: 1688, 1864. Bordas: 1845, 1928. Lápidas funerarias: 1900, 1903.