... en los muros crece yedra
y en las plazas no hay solanas
contra la lluvia y el viento
se golpean las ventanas.
¿Quién te cerrará los ojos
tierra cuando estés callada?
J.A. Labordeta
La revista «Amigos de Serrablo», que recibo periódicamente desde hace muchos años, me brindó la oportunidad, a través de sus páginas, de encariñarme con esa comarca, en aquellos años, desconocida por mí. Posteriormente encaminé parte de mis vacaciones, hacia esa zona, para ir recorriendo todos sus pueblos y ermitas y constatar la labor desarrollada por esa modélica asociación.
Siempre he sentido un respeto imponente por aquellos pueblos en fase de extinción o abandono; el paso por sus calles y la visión de casas vacías, me imponen la necesidad de hacer una llamada de atención, para que el bagaje histórico y cultural de los mismos, no queden en el olvido. Trabajos artesanal es, fiestas, costumbres y romerías, corresponden a un mundo que desaparece sin dejar rastro alguno, a no ser que todavía encontremos a moradores antiguos, que quieran narrarnos sus vivencias, o bien a personas comprometidas con este tipo de investigaciones.
Aquí, en el Centro Aragonés de Sabadell, tenemos como socio de la entidad a Don Román Lanuza, natural de Espierre, donde conserva todavía su casa y a la que acude con la llegada del verano. Hombre amable, de buena memoria y enamorado de su pueblo, hemos conversado con él varias veces sobre estos temas. A través de sus vivencias, dejaremos constancia de la vida cotidiana del pueblo, en las últimas décadas de la primera mitad del siglo actual. Como todo estudio humano, basado en la memoria, puede haber lagunas u olvidos. ¡Ojalá, la lectura de este trabajo, sirva para que alguien complete, esta exposición!. Así lo deseamos.
Entre Biescas y Gavín, en la margen izquierda del río Gállego, nace la pista, que en progresiva ascensión y con tramos sinuosos y en deficiente estado, nos sitúa a 1242 m. de altitud, donde están ubicados los pueblos de Barbenuta y Espierre, separados entre sí, por una distancia que no supera el kilómetro.
Espierre, que tiene su caserío en una sola calle, no llegó nunca a sobrepasar los 200 habitantes. Como morador fijo en todo el año, hay actualmente una sola persona, aunque es cierto, que en época veraniega, suele abrirse algunas casas y se tiende al arreglo de otras, lo que puede atenuar en parte el pesimismo que se tiene con respecto a la supervivencia del mismo.
Dejaremos constancia de las casas existentes y de las últimas familias que las habitaron, sin detallar las edades de las personas, aunque sí el grado de parentesco entre ellas.
Para llevar un orden en su descripción, nos situamos en la entrada del pueblo y empezamos a detallar en primer lugar, las situadas a su lado derecho.
Casa Lacasa: Andrés Orós, cabeza de familia. Dolores Usieto, esposa. Hijos: Andrés, Victoria, Carmen, Angela y Angel. Expósitos: Antonio y David. El único habitante del pueblo es Andrés (hijo), que se dedica al cuidado de su ganado; es soltero. El resto de la familia, vive en Sardañola, Madrid y Barcelona.
Casa Otal: Vicente Azón, cabeza de familia. Orosia Orús, esposa. Hijos: Vicente, Domingo, Encarnación, Asunción, Miguel, Orosia, Josefina y Elena. Elena (soltera) y fallecida en el verano de 1993, fue la última habitante de esta casa. El resto de la familia vive en Monzón y Jaca.
Casa Azón: En el período que estudiamos ya no vivía nadie. Actualmente es un solar. El último heredero era Ramón Azón.
Casa Chuané: Segundo Orús, cabeza de familia, su esposa Eusebia y Daniel (adoptado). Al no tener hijos, hicieron heredero a Daniel, miembro de la familia de Casa Herrero de Barbenuta. Hace aproximadamente 40 años, que no vive nadie en la casa.
Casa Escartín: Antonio Miranda, cabeza de familia. Esposa: María. Hijos: Antonio, Prima, María y Emilia. Parte de la familia vive en Jaca. La casa fue adquirida por una familia catalana.
Casa Chaime: Ricardo Puértolas, cabeza de familia. Esposa, Asunción. Hijos: Antonio, Ricardo, Alfredo, Julián, tenían además otros dos hijos y una hija. Se ignora el nombre de estos tres últimos hijos. Parte de la familia vive en Monzón y el resto en Barcelona.
Casa Quiteria: Ramón Pardo, cabeza de familia. Micaela, hija. Deshabitada, desde la guerra, era empleada como cuadra de ganado. Hoy completamente derrumbada. Parte de la familia vive en la ciudad de Zaragoza.
Casa Abarca: Urbano Usieto, cabeza de familia. Aurelia Orós, esposa. Hijos: Urbano, Paquita y María. Familia que vive en parte en Sabiñánigo. Conservan la casa.
Casa Pardo: Pedro Pardo, cabeza de familia. Francisca Usieto, esposa. Hijos: Rufino, Pedro y Antonio. Familia que vive en Rubí, Barcelona y Monzón. Conservan la casa. Esta casa, es la última situada en la parte derecha.
Volviendo desde el final del pueblo, detallamos las casas que figuran en la otra vertiente, de las nombradas.
Casa Soro: Antonio Lanuza, cabeza de familia. Francisca Gracia, esposa (heredera). Hijos: Salvador, María, Angela, Adela y Antonio. Un hijo de Salvador, que vive en Madrid, es el actual propietario y conserva la casa.
Casa Patricio: Luis Gracia, cabeza de familia. María Sanromán, esposa. Hijos: Luis, Concha, Rosario, Encarnación y Josefa. Familia que vive en Sabiñánigo y Monzón. Conservan la casa y van en el verano.
Casa Nueva: En la época que describimos, no vivía nadie. Era propiedad de Urbano Usieto. Se comentaba que en dicha casa había vivido una familia. Últimamente servía de cuadra y pajar.
Casa Ferrería: Román Lanuza Gracia, cabeza de familia. Valentina Pardo (1ª esposa), Piedad (2ª esposa). Román, Matilde y Avelina (hijos de Valentina). Abel y María Luz (hijos de Piedad). Conservan la casa, a la que acuden en verano, el Sr. Román (hijo) con su familia. La familia vive en Sabadell, Barcelona y Sabiñánigo.
Casa Eustaquia: Puértolas (se ignora el nombre), cabeza de familia. Melchora, esposa (heredera). Hijos: Amadeo, Maximina, Antonia, Irene y Prudencio. Parte de la familia vive en Jaca y Madrid. Conservan la casa.
Casa Ramón: Miguel Laguna, cabeza de familia. María Pardo, esposa. Hijos: Rafael, Rosalía, Antonio, Josefa, María Jesús y Miguel. Los descendientes de Antonio, que era el heredero de la casa, viven en Huesca, Sabiñánigo y Zaragoza. Conservan la casa.
Casa Orencio: Manuel Puértolas, cabeza de familia. Presentación, esposa. Hijos: Amadeo, Alfredo, Vitoria y Soledad. Familia que emigró a Francia. Casa deshabitada y que sirve de cuadra y pajar.
Estas fueron las últimas familias que había en el pueblo, años antes de que se produjera la guerra civil; remitiéndonos a las costumbres que regían en los medios rurales de la montaña, con respecto a la institucionalidad de la Casa, respetada por el Derecho Civil aragonés (un único heredero), unido a la pobreza del suelo, no era difícil adivinar el porvenir que les esperaba a la mayoría de los hijos de estas casas; debían buscarse fuera del ámbito familiar su propio futuro bien como jornaleros en pueblos cercanos o emigrando hacia los núcleos urbanos, donde empezaba a desarrollarse la industria; muchos de ellos, acabaron en Zaragoza o Barcelona, lugares donde había escasez de mano de obra; el elemento femenino encontraba acomodo sirviendo en casas particulares (muy en boga en aquellos años) o bien en comercios en calidad de dependientas. Esta emigración, que fue masiva en toda la provincia, a partir de la segunda mitad del siglo actual, dejó por lo que atañe al pueblo de Espierre, con un censo de 4 habitantes en el año 1970.
Continuará