El monasterio de San Pelay en la tierra de Biescas

El viejo monasterio de San Pelay de Gavín existía ya en el siglo XI, como confirma el Libro Gótico de San Juan de la Peña, pero había sido abandonado por sus monjes, en opinión de Durán, por causas desconocidas, hacia la mitad de esa centuria. Resulta bastante desconcertante que los monjes abandonasen el monasterio, precisamente cuando había estabilidad sociopolítica en la comarca, y los aragoneses tenían como "baile" a Ramiro; hijo del poderoso Sancho III de Pamplona, ya fallecido. Lo más probable es que el monasterio fuera fundado por la serie de familias principales, que aparecen como propietarias antes de su entrega a San Juan de la Peña, con la intención de organizar la evangelización e instaurar la vida religiosa en la zona. Sin embargo, el objeto de este pequeño artículo no tiene nada que ver con las cuestiones históricas, admirablemente resueltas en su día por Antonio Durán y Ana Isabel Lapeña, sino con la arquitectura del pequeño cenobio; de la que hoy podemos tener una idea más aproximada, gracias a unas modestas notas, y sobre todo a una fotografía tomada en los años veinte por mi tío abuelo Félix Beltrán, cuando realizaba un mapa topográfico de la zona.

Según la sencilla nota, que también pertenece al legado de Félix Beltrán, se distinguían en el conjunto tres edificios, que debían corresponder respectivamente a la iglesia, borda-cuadra y sala. Había también una cueva profunda hacia el río y, junto a ella, un pequeño espacio cuadrado , tapiado, abovedado, que por su situación con respecto a la iglesia, debía de tratarse del ábside. El templo constaba de una pequeña nave rectangular, realizada en sillarejo -flish-, alterado con algunos sillares bien escuadrados. No tenía bóveda de obra, sino que cubriría con artificio de madera.

La puerta, a la que corresponde la fotografía, era de arco, en discreta herradura, con las dovelas desviadas del ángulo de los planos confluyentes al eje, y la clave marcadamente triangular. Se encontraba cubierta de escombros hasta bastante altura, por uno de sus lados, pero aun así Félix Beltrán pudo comprobar que el arco era efectivamente de herradura.

Todo lo que acabamos de plantear nos trae inmediatamente a la memoria las pequeñas ermitas de San Juan y Santa María, iglesias de dos antiguos despoblados del valle de Barbenuta, en las cercanías de Espierre, así como la del villar de Espirilla, en las que su elemental planteamiento -nave y ábside cuadrado-, su método constructivo, y sobre todo, su arco de ingreso -algo distinto en Espirilla- , siguen las mismas normas que había en San Pelay. Nada sabemos de cómo se resolvería la iluminación en el pequeño monasterio, porque nada dejó escrito sobre el particular el concienzudo Beltrán; en cualquier caso no es difícil imaginarlo, teniendo en cuenta que se conservan relativamente bien los vanos de la iglesia de Santa María.

A final de los años ochenta se realizó en la parroquial de Yésero otro hallazgo notable, dentro del tema que estamos viendo, consistente en la antigua puerta de la iglesia, que sigue las normas expuestas. No menos importante es el hecho de que su plano forme un pequeño ángulo con el plano del muro normal a la torre, que es a su vez altomedieval, porque de este modo queda claro que las iglesitas comentadas pertenecen a una etapa anterior a las de San Bartolomé, Yosa de Broto y la segunda construcción de la de Yésero. ¡Parece que por fin el panorama de la arquitectura del Gállego se va despejando!.