La guerra de columnas, característica de los primeros meses de conflicto, va a consumirse en el frente pirenaico durante el mes de noviembre. El termómetro se deja sentir y la imposibilidad de abastecimiento van a debilitar el empuje de las columnas republicanas y a hacerles perder su iniciativa, que no será retomada por los nacionales debido igualmente a su estado de precariedad, continuando con su estrategia de defensa activa, intentando cubrir todos los huecos amenazados.
Se consolida un frente estático a lo que se añade el carácter del terreno y la dura climatología. Y así se irán sucediendo los días de la guerra, sobre todo, en el invierno, sin demasiados cambios hasta que alumbre la primavera de 1938.
Les llegó el momento a los republicanos en el que se dieron cuenta que no podían seguir más adelante y, ese momento fue ante Gavín el día 23 de o ctubre de 1936. Los que venían de ocupar Yésero toman sus posiciones para atacar. La iniciativa del ataque había partido de Julián Mur, ex-alcalde de Jaca. Caen sobre Gavín en la noche, cubiertos por fuego de ametralladora, haciendo por momentos insostenible la situación de los defensores. En apoyo de éstos acuden rápidamente refuerzos bien disciplinados de toda la comarca. El choque es cruento y los nacionalistas, en mayoría numérica, invierten la situación. Ante tal intervención, los decididos republicanos, no puestos en lides militares y faltos de reservas huyen dejando tras de si numerosas bajas entre las que se encuentra Mur. Capturado su cadáver por el enemigo, será trasladado a Jaca y expuesto en el Ayuntamiento para que se ensañen con él sus vecinos.
Llega el invierno y, con él, un gran paréntesis en la lucha. Los republicanos, desplazados de sus hogares, intentan organizar su vida en el terreno que han logrado recuperar. Al contrario que en el resto de la provincia no se producen en esta zona colectivizaciones y, sólo se nombran nuevas gestoras en los Ayuntamientos. Sin duda influye en este hecho el escaso componente anarquista de la columna pirenaica, donde en principio predominan los socialistas y luego se hacen con la hegemonía los comunistas.
La cabeza del frente para los republicanos pasa a ser Boltaña, donde se instala su cuartel general. En Boltaña se produjo un fenómeno igual al de otros territorios en poder de la República: se vuelven habituales los vales para comidas y se sustituye la moneda oficial por otra emitida en el Consejo Municipal de Boltaña. Todos estos hombres, fuera de sus casas, hacen la vida sobre e! terreno: guardias, instrucción militar por el día y escasos enfrentamientos. Se requisa la mayor parte del ganado caballar y mular, imprescindible para los largos desplazamientos de un puesto a otro y se compra la carne que los soldados han de comer, aunque, muchas veces, el ganado suelto en las inmediaciones de los pueblos es aprovechado rápidamente por los milicianos, no muy sobrantes de comida y sí de hambre. Muchos pueblos reconquistados son evacuados ante la proximidad del frente y la exposición de sus habitantes ante los peligros de la guerra. Estas gentes suelen marchar a las colectividades de la zona sur de la provincia, donde muchos optarán por fijar su residencia definitiva.
Desde el lado nacional la vida se lleva de otra manera. Salvo para los pueblos más directamente expuestos como Biescas o Gavín (que será evacuado), la vida es mucho más cotidiana. La mayor parte de los voluntarios nacionalistas, salvo algunos requetés, son de la zona y, cuando no hacen vigilancia en el frente, pueden dormir en sus casas. Donde ha habido represalias, el miedo es tal que sus moradores (moradoras, por lo general) ni siquiera se atreven a salir a la calle.
En Sabiñánigo se ha formado un nuevo Ayuntamiento que rija la vida municipal y que continúe con su burocratismo particular, aunque asumiendo nuevos gastos como facturas por alojamiento de tropas y muchas otras de pienso para el ganado del Ejército. Se construyen numerosas fortificaciones y refugios.
Si no fuera por un hecho se diría que la vida tras esta primera fase de la guerra es de lo más normal: los bombardeos. Las fábricas de Sabiñánigo son un rico panal que se huele desde lejos y en el que caen atraídos los aviones de la Generalitat catalana y, más tarde, la artillería republicana.
Ya hemos visto la fecha del primer bombardeo. Para conocer con cierta exactitud las fechas concretas de los bombardeos se han examinado los partes de guerra del Ejército Popular de la República en los que se mencionan algunos, aunque probablemente fueran más. En el largo invierno de 1936-37 casi la totalidad de la aviación está concentrada en otros frentes de mucha más importancia que el nuestro. Por otra parte, el tiempo hacía muy difíciles las incursiones aéreas y la observación de la artillería. Será con la entrada de la primavera, cuando lo permita el tiempo y los nuevos materiales de vuelo, el momento en que empiecen a hacerse más frecuentes las incursiones aéreas y las acciones artilleras.
El conjunto irregular de fuerzas republicanas que constituían la columna pirenaica, integrada en el Ejército de Cataluña, pasará a constituir a partir del 10 de enero una Agrupación de Montaña. Seguirá mandándola el comandante Bueno Ferrer, teniendo como jefe de estado mayor al capitán Pascual Miñana de la Concepción. Como armamento pesado contaba con dos baterías de tres piezas cada una de obuses de 105 milímetros Schneider modelo 1919, con un alcance máximo de 7.700 metros; los suficientes para, estando situada una de ellas en Santa Orosia, hostigara las fábricas sabiñaniguenses y otros puntos. La otra batería, con un itinerario más móvil, se situaba para cubrir la parte sur del frente, normalmente en la rivera del Guarga.
El 21 de febrero se produce el primer bombardeo artillero de Sabiñánigo, según los mencionados partes de guerra. Con los observadores situados en las estribaciones de la meseta de Santa Orosia, las fábricas se mostraban como un blanco fácil, pudiéndose corregir el tiro tras los primeros disparos.
Con las primeras bombas sonaban las sirenas y las gentes corrían a refugiarse a los lugares que creían más seguros. Buen número de personas emprendía la marcha hacia el túnel de Sabiñá nigo Pueblo y este camino se iba a convertir en algo muy habitual. A veces se permanecía allí durante horas.
El 27 de febrero suena otra vez la artillería y, según el parte republicano, se produce un incendio en la fábrica, aunque no especifica cual. Este mismo día hace presencia la aviación nacional desde el campo de aviación de Berdún, probablemente para hacer callar a los cañones, reconociendo las posiciones republicanas y escoltando a un tren con dirección a Jaca.
Nuevamente empiezan a llover bombas el día 13 de marzo, esta vez con contestación por parte de la artillería nacional que bombardea Santa Orosia. Este duelo artillero también se recoge en el parte oficial de guerra. Se repite el bombardeo el día 16.
El 30 de marzo de 1937 sufre Sabiñánigo uno de los peores bombardeos. La aviación republicana hace acto de presencia.por la noche, ya que por el día lo tenía más difícil debido a la concentración de antiaéreos: una batería Skoda de 76,5 milímetros en Cartirana y una de 75 en las inmediaciones de Sabiñánigo. Se busca, concretamente, la fábrica de explosivos. La pasada es de sur a norte y también en Senegúé se dejan caer algunas bombas. Los republicanos aseguran haber lanzado un total de 40 bombas explosivas y 100 incendiarías, con seguridad la carga de los aviones. Vuelve la aviación el 13 de mayo y, según el parte de aquel día: "... tres aparatos de la aviación republicana bombardearon hoy los departamentos que producen explosivos en las fábricas de Sabiñánigo". El 28 del mismo mes a las 19 horas se asegura ver grandes llamaradas que saltan de Explosivos a consecuencia de un nuevo ataque.
Conocemos el número de bombas que alcanzaron la fábrica de Energías: 61 de aviación y 73 proyectiles de artillería hasta el 2 de abril de 1938.
Para paralizar la actividad fabril se intentan cortar también las fuentes de energía eléctrica con ataques continuos a las centrales.
En otro bombardeo, el 27 de junio, cae muerto en el casco urbano un falangista sabiñaniguense. Este dato lo sabemos gracias al diario de la falange de Sabiñánigo.