Se nos ha ido un maestro

El pasado día 19 de Agosto todos los diarios nacionales se hacían eco del fallecimiento de un insigne antropólogo, historiador, escritor y humanista además de ser uno de los más lúcidos conocedores del pueblo español. -La Vanguardia-. El carácter interdisciplinar de su obra -El País- superaba al de la antropología, destacando la dedicada a la historia, la lingüística, el folklore o la literatura. En estos o parecidos términos se expresaban en el análisis cultural de este eminente intelectual, de profundo liberalismo no siempre entendido. Lo curioso del caso es que no he encontrado ni una sola línea que le recordara como etnólogo y etnógrafo y menos aún, y concretamente en su faceta en la que usa el dibujo, como medio gráfico para estudiar y representar sus reflexiones sobre los temas de esa especialidad._ ha_ehace referencia a sus cuadernos de campo. Él decía que eran una especie de diarios donde podía anotar sus sensaciones. De Churruca sentía la nostalgia de sus viajes en donde, cual diario gráfico de navegación, dibujaba los perfiles de alguna isla griega y que con verdadera maestría aplicaba los cinco sentidos. Su gran precisión en la observación era, y es, digno de admirar. Decía que no pretendía descubrir nada pero si representar el mundo tal como él lo veía. Y los guardaba todos, en carpetas, fundamentalmente desde los años 40; del 43 al 70 es de los que más se conservan.
Manifiesta que influyeron en su formación dibujística profesores como Alcántara, Benítez, Barnés, Lafuente Ferrari y más que nadie su tío Ricardo, éste allí en Bera le decantó, casi sin darse cuenta, en los inicios de la etnografía y el folklorismo. Ya desde entonces no sólo representará casas y paisajes rurales sino que analizará y dibujará herramientas de campo, objetos domésticos e incluso mobiliario y personajes típicos.
Era la aplicación, en sus blocs, del dibujo documental. Sus apuntes de Andalucía hechos en los años 50 son dignos de tener presente, así como los que corresponden a sus viajes por Murcia y Valencia, por Castilla y por Navarra, que vendrían a continuación.
La representación del mundo marroquí y sahariano, Gomara, Tetuán, Smara, quedarán reflejados en sus cuadernos -dibujos y notas-. Decía que al contemplarlos de nuevo era como hacer presente una vivencia lejana y tanto si la refrenda era a un núcleo urbano como si lo era a uno rural o paisaje natural. Recordaba a su abuelo Serafín Baroja Zornoza cuando era corresponsal de guerra y enviaba croquis tomados por Guipúzcoa y Navarra. Decía asimismo que salir con el lápiz y el cuaderno y conocer pueblos recónditos era como dialogar con casas muertas, con balcones rotos y puertas cerradas por el viento.
Comentaba en uno de sus escritos que, con la fotografía, se podían obtener buenos documentos gráficos pero que difícilmente podría sustituir a un dibujo y, menos aún, a un buen dibujo. Porque -decía- un dibujo supone siempre selección, en donde se puede n realzar elementos significativos e incluso excluir los que no lo son. Un dibujo -seguía- supone un acto mental complicado y dirigido a alguna cosa; a un objeto en sí. Como etnógrafo y etnólogo el dibujo me ha parecido una herramienta de trabajo indispensable -y acababa afirmando- y lo he considerado como un elemento indispensable para comprender.
Para ilustrar estos comentarios he recopilado una serie de dibujos en donde puede apreciarse la rica caligrafía y el alto contenido científico en que se apoyaba este científico para presentar estos testimonios gráficos en donde describe tanto lo formal como lo espacial incluso esa cuarta dimensión que sólo un humanista es capaz de comunicar. Son dibujos que, de una forma precisa, define el significado espacio-tiempo que se verifica en el objeto observado.
Decía mi amigo Antonio Fernández Alba que los dibujos de este gran etnólogo no debían valorarse desde la óptica del buen hacer de un etnógrafo, pues rebasan esa fronter a retórica del intelectual que dibuja, para inscribirse como verdaderas acotaciones de una conciencia crítica y sistemática del científico que describe un amplio corpus de nociones, que acata los pequeños y grandes gestos a través de los cuales el hombre modifica la naturaleza.
Queda patente, en estos dibujos, su reflejo como acto de pensamiento y su traducción en forma de lenguaje. En su lectura se puede apreciar que no son una mera representación de lo que en sus viajes contempló. Son dibujos que van más allá de la escueta información.
Son imágenes que nos permiten participar con todo su significado en el hecho percibido. Todos tienen mucho de didácticos pues desbordan la fruición subjetiva con que se realizaron para adentrarnos en esa capacidad de esbozar la información que de ellos se desprende. Signos y significados sufren una perfecta simbiosis para hacernos accesible a la ideología de quién los realizó mediante la comprensión de quienes los contemplamos.
Apuntes, croquis, anotaciones, recorren paisajes, objetos, naturaleza y todo se hace tangible, revelando la conciencia artística del gran maestro desaparecido. En la última etapa de su vida manifestaba que le gustaría ser joven guardiamarina para comenzar su carrera dibujando el perfil de una isla o el croquis de un puerto exótico. En esta faceta de etnólogo y etnógrafo con las que nadie lo ha recordado, es donde he querido hacer énfasis del buen hacer del gran científico y maestro que fué D. Julio Caro Baroja. (q.e.p.d.)

Dibujos y notas de:
-Cuadernos de campo. Ed. Turner / Ministerio de C2a. ÿad Madrid 1979
-Julio Caro Baroja. Fantasías y devaneos. Dibujos de campo. Ed. Generalitat Valenciana. 1988