Saturnino Otín, un piquero del Serrablo

La riqueza en losas de las zonas prepirenaicas ha sido clave para que sus habitantes aprovecharan las canteras existentes en los alrededores de sus pueblos, para la construcción y restauración de los tejados de sus viviendas.

No es esta una tarea fácil, por lo que, en la actualidad son muy pocos los albañiles o "piqueros" capaces de realizar este trabajo de restaurar los tejados de losas que quedan en pie, y que se ven afectados por el paso del tiempo y por las lluvias. Saturnino Otín, de Ipiés, es uno de ellos y todavía acude a hacer gala de su técnica cuando alguien se lo solicita.

El trabajo de extraer las losas lo realiza en el mismo punto donde se encuentra la cantera, procurando que ésta esté a pie de carretera o accesible para el tractor, ese es el medio de transporte hasta la obra. Antaño, el acarreo de las losas lo hacía en caballerías, con un aparejo especial que recibía distintos nombres según las zonas.

Aunque el proceso de extracc ión de la piedra se puede realizar en cualquier época del año, Saturnino Otín tiene en cuenta que haya bastante humedad en el terreno para que las losas se separen con mayor facilidad.

Cuando aparece a la vista un buen banco de piedra, Saturnino limpia o desescombra el terreno para poder trabajar con soltura y evitar que las losas se rompan al sacarlas. Las losas superiores de cada banco, por estar más expuestas a la intemperie, son más finas y frágiles.

La separación de las capas de losa requiere gran habilidad y paciencia si tenemos en cuenta su fragilidad. La herramienta utilizada en este proceso es un pico para golpear suavemente en el punto de juntura de cada losa para separarlas. Según la habilidad de Saturnino y la calidad de la cantera, unas veces las piezas salen grandes y otras apenas se pueden aprovechar.

A la vez que se extraen las losas, éstas se van seleccionando por su tamaño, ya que su colocación seguirá un orden de mayor a menor.

Las "leras" son las losas más grandes que cumplirán la función de alero del tejado, y su preparación requiere un hábil y minucioso tratamiento con el martillo de "piquero" para darle la inclinación o bisel en el borde que conduzca el agua de lluvia fuera de la pared.

Son muchos y muy duros los días de trabajo que hay que invertir en el banco de piedra hasta obtener las cerca de 4.000 losas que necesita Saturnino Otín para construir un tejado de tamaño medio.

Si tenemos en cuenta el número de losas que entran en un tejado y el grueso de 10 centímetros que alcanzan en su colocación, el elevado peso de la cubierta requiere una base sólida y resistente.

Las "zapateras" son unos maderos colocados a lo largo de las paredes que sirven para guardar la estribación de la cubierta. Unos maderos llamados "puentes" o "tirantes de tijera" unen Ias "zapateras" a modo de parrilla. Para evitar que revienten las paredes ante el empuje del peso de la tec humbre, Saturnino hace unos agujeros en las puntas de los "puentes" para empotrar las uñas de las tijeras.

Siguiendo unas medidas establecidas previamente, Saturnino Otín prepara por parejas los maderos que formarán cada una de las tijeras. Las uñas de las puntas, introducidas en los "puentes", soportarán todo el peso de la cubierta.

Para sujetar las tijeras entre sí y comprobar el nivel del tejado, el "piquero" coloca los maderos llamados "cernilleros".

Hay dos técnicas para unir los "cernilleros" o "cumbreras": A escuadra, que debilita la madera, o con forma de "chiflo", siendo más fuerte este segundo.

Las "juntas" son unos maderos más delgados que las tijeras, situados entre éstas, que servirán de base para las tablas. Teniendo en cuenta que las tablas que han de cubrir las "juntas" tienen dos metros de longitud, Saturnino las coloca a una distancia de 50 centímetros entre ellas, con el fin de aprovechar el material al máximo.

Sobre las "juntas" colocadas a modo de costillar, Saturnino clava la "recha" que es un conjunto de tablas que cerrarán todas las juntas y tijeras, sirviendo de base para las losas.

Después, el "piquero" procede a la colocación de las losas, de abajo hacía arriba, siguiendo un orden de mayor a menor, colocando las de mayor tamaño en la parte más baja.

"Lera" es el nombre que recibe cada una de las losas que configuran el alero saliente del tejado de la casa. Son las losas de mayor tamaño las que se utilizan en esta parte del tejado, y para nivelarlas el "piquero" tiene que "tirar la línea", es decir, con una cuerda sigue el nivel de la primera "lera", con lo que consigue un equilibrio en el saliente del alero. Las separaciones entre las "leras", las cubre colocando encima otras losas llamadas "cuchillos de lera".

El asentamiento de las losas requiere de un conglomerante que las fije a la "recha". En algunas ocasiones Saturnino utiliza las "tas cas", que son bloques de tierra superficial arrancada con hierba; pero lo más práctico es el barro colocado en el momento de poner las losas ya que su blandura permite un perfecto asiento de éstas.

Los tamaños de las losas son tres, y van desde las "guallardas", que son las más grandes, hasta las "menudas", pasando por las medianas. No es necesaria ninguna fijación para que las losas se sujeten unas sobre otras, ya que, por su propio peso, quedan fijas e inamovibles para resistir los fuertes vientos que se dan por las tierras montañosas.

Con esta forma de construcción de los tejados de losa, cuando llueve, el agua sigue un recorrido descendente, que no puede filtrar debajo de las losetas por mucha cantidad de lluvia o nieve que caiga sobre el tejado.

Al llegar al punto de unión de las dos vertientes del tejado de la casa, Saturnino Otín coloca los "cernilleros", que son unas losas que se asientan casi planas en el vértice, con una pequeña inclin ación hacia una de las vertientes, que le permita tirar el agua por ella. El espacio que queda entre el "cernillero" y el tejado, lo llena con losas pequeñas para impedir que el viento levante la cubierta.

A pesar de la emigración y el abandono de los pueblos del Serrablo, todavía quedan centenarios tejados de losa que dan fe del buen hacer de los "piqueros" en general y de Saturnino Otin en particular que, generación tras generación, levantaron todo tipo de edificaciones en los distintos pueblos y aldeas.