La tradición de Santa Orosia ¿un mito osiríaco?

Siempre me había llamado la atención el culto a esta santa, tan local, tan apasionado para quienes lo practican. No menos desdeñable es la leyenda orosiana, perfecto arquetipo legendario que, una vez interpretado resulta un libro abierto para el que quiera leer en él. Como lo es la ubicación: Oturia, es oro en lo alto, en el sentido de perfección espiritual. El mismo que tenía el camino del oro o de la perfección, pergeñado en el mito y en el propio nombre de san Urbez.

Por Oturia transcurría el camino ancestral de Santiago, el de las estrellas. Por aquí pasó el cuerpo de san Indalecio, hacia San Juan de la Peña. Y aquí hubo un importante centro eremítico en época premusulmana. El lugar cumple todos los requisitos para haber tenido culto precristiano. El propio nombre de Yebra, parece un préstamo luso de Évora(1), sin que la cosa tenga que ir más allá de un primer señor y fundador, originario de esa ciudad. Este mismo origen tienen Plasencia o Benavente, en el A lto Aragón.

Tomo un resumen del padre Faci(2), sobre la leyenda de santa Orosia:

«Santa Orosia virgen, casada, mártir y reina de Aragón, patrona de la Ciudad de Jaca y sus montañas y refugio seguro de sus devotos, hermosísima rosa de pureza e inocencia, nació en Bohemia hija de los reyes de este reino cristianizado por San Metodio en 880.

Llegó a nuestras montañas, tras desposarse con Don Fortuño Ximénez, séptimo y último conde de Aragón, en compañía de su tío San Acisclo Obispo, su hermano San Cornelio y mucha comitiva real. Oyendo que los musulmanes habían invadido el reino, se retiraron todos a una cueva de los términos de Yebra, pero descubiertos por los sarracenos, su caudillo Aben Lupo, atormentó y dio muerte a San Acisclo primero y luego a San Cornelio y a toda la comitiva. Todo esto ocurrió ante la presencia de la santa para infundirle temor con el fin de que cediera su belleza, hermosura y rara discreción, a la lasciva infe rnal de aquél lobo carnicero.

Como la virgen se resistiera, lleno de furor aquel lobo sarraceno, mandó cortar los brazos y aserrar después las piernas y cortar su sagrada cabeza y mandó que aquellas santas reliquias virginales les fuesen arrojadas por el monte de Yebra, para pasto de las bestias.

Mientras la santa era martirizada, sintió sed y por medio de su intercesión manó una fuente cristalina que aún perdura. Ocurrió todo esto por el año de 920.

Los ángeles cuidaron de dar honorífico sepulcro a Santa Orosia y recogieron sus reliquias y las colocaron en aquél monte. Aquí estuvieron escondidas, habiéndose perdido la noticia del soberano tesoro, hasta que, a un pastor, se le manifestó el cuerpo y la cabeza, mandándole que dejara la cabeza en Yebra y llevara el cuerpo a la Santa iglesia de Jaca, donde permanece incorrupto desprendiendo singular fragancia.

Cuando las reliquias se acercaban a Jaca, las campanas comenzaron a sonar s olas anunciando la llegada. Ese año las montañas obtuvieron su mejor cosecha.

En la cumbre de aquel dichoso monte de Yebra, y donde está la fuente referida, hay una ermita de Santa Orosia, y antes de llegar a dicho sitio se ve debajo de una peña, otra iglesia donde se conservan las reliquias de San Acisclo, San Cornelio y la real comitiva, todas revueltas.

En este monte se hallan piedras prodigiosas en su forma. Algunas son como conchas de mar y los peregrinos se las ponen en sus sombreros.»

Veamos ahora, muy sintetizada, la leyenda de Osiris(3):

El dios egipcio fue un héroe civilizador que enseñó la agricultura a los pueblos del mediterráneo. Querido por todos, casó con su hermana Isis y envidiado por su hermano Seth(4), terminó asesinado y despedazado por éste. Isis reunió sus pedazos y con la ayuda de Annubis (dios de los muertos) le devolvieron la vida. Los egipcios creían que el pene había quedado en el fondo del Nilo, por ello cuando se volvieron a reunir todos los pedazos, Isis le hizo uno de piedra y con él quedó embarazada. Mientras, el pene original eyaculaba en el fondo del Nilo, produciendo las fértiles inundaciones. Así nació Horus que vengó a su padre contra Seth. El orden volvió a reinar y el mal quedó arrinconado.

Ambas leyendas están estructuradas en torno al mismo arquetipo:
Osiris/Orosia, perece a manos del mal: Seth/Aben Lupo (hijo del lobo o del mal). Sus cuerpos son despedazados y esparcidos. Isis/Pastor los reúne y en ese momento la fertilidad vuelve a la tierra. En el Alto Aragón, los campos obtienen una gran cosecha ese año(5).

El mito puede ser autóctono, aunque resulta un tanto extraño que sólo se conserve aquí. Estos mitos osiríacos fueron reconducidos hacia la fiesta del solsticio veraniego, noche de san Juan, santo que también murió decapitado. Los dances agrícolas tan extendidos por Aragón, represen tan la degollación de un personaje, que parece san Juan, aunque ya digo que en él pudieron sintetizarse mitos osiriacos anteriores.

Otra teoría, no menos desdeñable, es el de su posible importación al área en época romana(6). La cultura romana acogió y asimiló muy bien el culto a Osiris, que era un dios Mediterráneo, y extendió estas creencias por sus dominios. Quizá sustituyera o reinterpretara un mito prerromano.

Sea como fuere, estamos ante un viejo mito abundante en las culturas clásicas. Es la representación de la decadencia y el despertar periódico de la vida, en particular la vegetal, personificándola en un dios que muere anualmente para volver a revivir.

La leyenda nos habla también de dos santos: san Cornelio y san Acisclo. En el santoral aparecen al menos tres santos con el nombre de aquél, el más conocido era san Cornelio papa que murió decapitado el año 253. En cuanto a san Acisclo y santa Victoria fueron mártires en Córdoba en el 303. Hay alguna alusión en Alto Aragón a este santo, incluso la iglesia de Ginuabel en el siglo XVI le estaba dedicada(7).

Lo de san Cornelio pudo originar o recoger, dentro de la leyenda, un ritual de fertilidad. Los cuernos fueron símbolo de masculinidad y realeza, hasta que, en tiempos más recientes, pasaron a representar todo lo contrario. Es curioso el hecho de que el lugar de Javierre se llamara de los Cornudos, hasta que esta palabra se vuelve peyorativa, entonces pasó a llamarse de La Garganta y por último del Obispo. Pero para que las gentes de Javierre llevaran este apelativo - aún lo tienen aunque ahora como apodo-, bien tuvieron que realizar alguna ceremonia, alguna fiesta donde portaran cornamentas. No sería un caso aislado, allí está El Carnaval con sus innumerables disfraces, donde los cuernos eran y son insustituibles en este ritual de fertilidad.

Osiris fue dios solar (solsticio) y de la muerte. Cuando Osiris resucita, se un e al dios solar Ra y forman un ente único. La fiesta solar es el 24 de junio, ese día el cristianismo celebra a san Juan. Por ello una santa local no podía apartar -aunque fuera en un pequeño ámbito-, ni mucho menos sustituir, al Protocristo. En estas fechas el sol vuelve a su esplendor, el Universo se consolida como se volvió a unir el cuerpo de la santa, y los frutos serán ofrecidos otra vez a los hombres.

Las ciudades egipcias se disputaban el tener en sus términos la tumba de Osiris, porque eso les convertía en centros de fertilidad. Jaca y Yebra debieron zanjar la disputa pues, aunque el lugar sagrado y el hallazgo fue en Oturia, la ciudad debió pretender las reliquias. Al final una solución salomónica dejó el cuerpo en Jaca y en Yebra la cabeza. Hasta los pueblos se articularon, y articulan, territorialmente, para venerar a la santa y celebrar las fiestas que le llevan hasta el santuario. Los pueblos de La Cabeza se corresponden al actual Serrablo y los d el Cuerpo a Jaca y su área de influencia.

El por qué de la femineidad del mito, en el caso de santa Orosia, debe advertirse fácilmente: la religión católica no podía dar explicaciones ni referencias sobre un pene. Una mujer solucionaba el problema.

Todavía hay una función importante que cumplía la mítica santa dentro del mundo de las creencias: la de poder volver a unir el cuerpo y la cabeza. Las gentes creían que la locura era fruto de la separación del cuerpo y el alma, se iba la cabeza, estaban idos, se ha ido de cabeza La santa, por su leyenda, mostraba como podía servir para volver a recuperar la cordura. Así surgió toda la cuestión de las espirituadas o posesas, pero este asunto merece un capítulo aparte.

[1] Antonio Ubieto defiende la tesis de que el nombre de Yebra lo tomaría por la inmigración de lusitanos en el siglo XII. Ver: Ubieto Arteta, A. INMIGRACIÓN MEDIEVAL DE LUSITANOS AL ALTOARAGÓN. Rev. Argensola nº 90. Instituto de Estudios Altoaragoneses Huesca. 1980.
[2] Faci, Roque Alberto. ARAGÓN REYNO DE CHRISTO Y DOTE DE MARÍA SANTÍSSIMA. D.G.A. Zaragoza. 1979.
[3] El mito de la destrucción del bien, por el mal y su posterior regeneración-reunificación en ultratumba, fue muy común en las culturas clásicas: Osiris, Tammuz, Adonis, Attis...
[4] Seth es el nombre que adquiere el mal en muchas religiones.
[5] El Padre Huesca añade que durante el traslado de los restos de Orosia efectuado por el pastor, llovió copiosamente, librando a la zona de una horrible sequía, por lo que desde entonces se invoca a la santa en similares situaciones.
[6] Aquí al pie de Oturia tenemos un pueblo llamado Isún y otro Orús ¿Fueron puestos estos nombres en época romana para recordar el mito? Nunca lo sabremos.
[7] ... en dicha yglesia de Xínyuabel de San Acisclo y San Victorian (sic). Conte Oliveros, J. VIAJE POR PUEBLOS OSCENSES. SIGLO XVI. Librería General. Zaragoza. 1980