El molino del Hostal de Ipiés en el siglo XX

El molino del Hostal de Ipiés, se dedicó, desde tiempo inmemorial a cubrir una de las necesidades más acuciantes para los pobladores de la redolada como es la transformación del trigo en harina. Su "parroquia" eran los pueblos y pardinas adscritos al distrito de Jabarrella: Lerés, Abenilla, Atós, Layes, Ipiés, Puente Fanlo, Arasilla, Pardina de Leresé, Pardina Fanlo, Hostal de Ipiés, Lanave, Lasieso, Belarra y Jabarrella.

Hasta la guerra civil, era un molino de "maquila", es decir, el molinero se quedaba con una porción de la molienda, no llegando a superar el 6% de lo molido. Después de la guerra se cobraba en metálico, el 6% del valor de la molienda. El "azute", (presa hecha para darle agua al molino), estaba en Peña Barca, famosa piedra en el Gállego, donde por muchas generaciones, y ayudados por una barca cruzaron el río los montañeses, siendo una de las pocas vías de comunicación entre ambas orillas cuando escaseaban los puentes. El molino de Baranguá, tenía la toma pocos metros más arriba, en la orilla derecha del Gállego. Tenían la obligación, cuando construían el "azute", de dejar un amplio espacio de río para que pasaran las navatas, actividad esta que desapareció con la construcción del pantano de La Peña en 1913. En el Libro de Contribución Industrial del A.H.P.H., consta como "molino harinero de una piedra de molienda" siendo gerente del mismo hasta 1917 Mariano Artero Ara, alcalde del distrito de Jabarrella hasta 1912. Le sucedió en la gerencia su hija, Juana Artero Grasa, que empezó, en 1918 a electrificar el Hostal de Ipiés, creando la empresa "LUZ ELÉCTRICA DE IPIÉS - JABARRELLA" pero un desgraciado accidente hace que muera bajo las poleas del molino en 1920. Será Pablo Artero Navasa y su hijo Pablo Artero Catevilla, los que sigan la labor de electrificar, primero el distrito de Jabarrella y después el de Gésera. El distrito de Secorún se electrificó desde el molino Escartín.
En la Guargera, el primer núcleo al que llegó la luz (de 125 W), fue Atós, seguido de Belarra, Alavés, Yéspola, Ordovés, Abenilla, Castiello de Guarga, Arraso, Grasa, Gésera, Villobas, molino Villobas y San Esteban, finalizando en este último pueblo el contrato de electrificación. Pero todavía existían varios núcleos, que se quedaban fuera del plan; eran Artosilla, Sandiás y Cerésola, los dos primeros pertenecientes al distrito de Gésera y el segundo al de Secorún. El molino del Hostal, con la potencia de 4 kW que producía, tenía suficiente para hacer llegar la electricidad a estos lugares, pero por causas económicas no pudo emprender la empresa. Tras largas discusiones, se llegó a un acuerdo con los vecinos; ellos se encargaban de plantar los postes, poner jornales y entre los que su economía se lo permitió, compraron parte del material, teniendo solamente que amortizar cuando se acabase la obra. Tenían también derecho a más bombillas por casa; cada dos luces tenían una permutada. Los vecinos que no pusie ron dinero para comprar material empezaron pagando 2 pts. mensuales. Por su parte el molinero compró el material relacionado con el tendido. Cables, bombillas, enchufes, etc., los suministraba "CASA LUZ Y FUERZA" de Zaragoza. La obra finalizó a finales de 1923, con un total de 42 Km. de tendido. Los postes utilizados eran de madera del "país", aprovechando las cortas de la Guarguera. Para sacar el resto de la madera de los inmensos pinares, y debido que para esta fecha sólo estaba construido el primer tramo de la carretera Orna Jánovas, (carretera del Guarga), que llegaba hasta el desvío de Atós, (el segundo y tercer tramo llegaban hasta el molino Villobas y Campodarbe, respectivamente), la manera más rápida y barata de transportar la madera era "barranquiando". Los bajaban flotando por el río hasta el tramo comprendido entre el puente viejo del Guarga y el Castillo Lerés, teniendo que pagar la cantidad de 0,01 pts. por pieza de impuesto de transportes fluviales. Desde ahí se llevaba en camiones a la estación de Orna, para cargarlos posteriormente en el ferrocarril, saliendo una media de 8 a 10 vagones diarios. Los primeros postes colocados se trataban con brea, dándoles una vida media de 10 años antes de que se empezaran a pudrirse por la zona más expuesta a los agentes climáticos; "a rás de suelo". Más tarde se utilizó cl creosotado, sustancia que le da mucha más resistencia y duración. Durante la guerra civil, en el molino no se aprecia ningún tipo de actividad, como lo certifica Don Donato Palacio Girón, secretario del Ayuntamiento Nacional de Jabarrella, el 5 de Septiembre de 1938; "/... y desde el mes de septiembre del pasado año mil novecientos treinta y siete hasta su liberación ocurrida a primeros de abril de 1938, no se ha ejercido industria alguna en este distrito por ser zona batida entre los dos frentes de combate... /". El molinero y su familia tuvieron que trasladarse temporalmente a Aragüés del Puerto, regresando al Hostal de Ipiés en 1940. La guerra civil había arrasado todas las líneas. El molino empezó a producir corriente para consumo propio, con una máquina conmutatriz prestada, que producía corriente alterna y continua. Más tarde se siguió con los trabajos de restauración de las líneas, pero ante la imposibilidad y el alto costo que suponía el rehacer el tendido de la Guarguera, sólo se reconstruyó el distrito de Jabarrella, finalizando los trabajos en 1944. El molino continuó moliendo, y, ante el auge que tomaba el negocio, en 1954 Pablo Artero Catevilla abrió al público una fábrica de pan. Su padre, Pablo Artero Navasa, murió en 1958. La
producción de corriente, bajo el nombre comercial de ELECTRA IPIÉS JABARRELLA, perduró hasta el año 1990, la que por diversas razones tuvo que ser vendida a E.R.Z. La entrañable carta de despedida que el molinero mandó a sus clientes, resulta elocuente;

"...tras muchos años de dedicación a la distribución de energía eléctrica en las localidades de Ipiés, Hostal de Ipiés, Lasieso, Layés, Lerés y Lanave, ha llegado el momento en que hemos establecido un acuerdo con Eléctricas Reunidas de Zaragoza, SA. por el cual esta empresa, a partir del próximo día 30 de marzo, se hará cargo de la referida distribución en todas las localidades en las que yo lo venía haciendo hasta ahora. Quiero aprovechar la ocasión para manifestarle mi satisfacción por haber contado con usted entre mis clientes, y agradecerle la excelente relación comercial que hemos mantenido estos años, así como su colaboración para la correcta explotación de las líneas redes eléctricas. No dudo que su nueva empresa distribuidora de energía eléctrica (E.R.Z. S.A.) le proporcionará un alto nivel de calidad, tanto técnica como comercial, que redundará en un entendimiento cordial entre ambos.
En cualquier caso y a pesar de cesar nuestra relación mercantil, quedo a su disposición para todo aquello que esté en mis manos..."

De esta manera se acababa con más de 70 años de dedicación a la producción de electricidad, de una manera casi artesanal. Por contraposición, la austera carta de bienvenida, enviada por E.R.Z. a 105 nuevos clientes, deja entrever la inminente entrada a una gran empresa, en la que la humanidad y el trato, nada tiene que ver con la del molinero; ".. dentro del plan de anexión del mercado aragonés que viene realizando E.R.Z., S.A.../ queremos aprovechar la ocasión para ponerle a su disposición toda nuestra red de agencias.../ a través de cuyo teléfono podrá hacer todo tipo de consultas...".
El señor Pablo Artero Catevilla, murió el pasado mes de junio, muriendo con él uno de lo oficios tradicionales más antiguos de estas montañas; el de MOLINERO.