Queridos amigos:
No podía dejar sin respuesta la amable invitación del Director de la Revista para unirme a las fiestas jubilares con motivo del número centenario de la misma, que coincide además con los 25 años de la Asociación. "Amigos del Serrablo" sabe muy bien que siempre la ha tenido por mi parte, estuviere donde estuviere, desde que hace años, poco después de que la Asociación naciera, para vergüenza mía, la conocí a través de unas cajas de cerillas. Me pone sin embargo una condición; lógica por otra parte. Las páginas que escribiera habrían de referirse a la diversa temática que esa comarca ofrece. lJna amplitud tal, presentaba, ciertamente, muchas posibilidades: se conjuntaban perspectivas muy distintas: artísticas, históricas, económicas, laborales, antropológicas, medioambientales, demográficas y un largo etcétera. No obstante, debo decir que, honradamente, no me consideraba capacitado para asumir con un mínimo rigor ninguna de ellas. Tod as escapan con creces de mi especialidad profesional. Pero es que, además, es tal el cúmulo de datos que por pequeña que sea, hay en relación con todas esas cuestiones que vosotros conocéis mucho mejor que yo, y de los que no dispongo, que mi colaboración no hubiera superado el dintel del chascarrillo y de lo estrictamente anecdótico. En definitiva, en el mismo tono con que comento con un amigo, cuando en la carretera veo la señalización a Larrés. Allí -digo- fue concebido D. Santiago Ramón y Cajal.
Las razones recogidas ante la imposibilidad de ajustarme a la temática señalada, parece que me alejan de poder dar cumplimiento a la invitación que me habéis hecho. No obstante, creo que, acaso, pueda ser oportuno hacer algunas reflexiones como continuación de unas páginas que hace años escribí sobre lo que la Asociación es y significa, y sobre cual sea su posible futuro. Es así que, un tanto paradójicamente, me sitúo en el cogollo mismo de las con½aci½ac iones que todos celebramos.
Hace años, concretamente diecisiete, en 1978 -¡cómo corre el tiempo, Dios mío! ¡Cuantos faltan ya de entonces!-, al concluir las páginas del Prólogo de la edición de la Guía monumental del Serrablo, que tan amablemente se me invitó a escribir, me refería expresamente a los protagonistas personales que necesariamente hay siempre en todo hecho social, como, en definitiva, es "Amigos del Serrablo". Protagonismo: hombres que hagan, empujen y se comprometan. Y tras referir algunos nombres -D. Antonio, Julio, etc- señalaba el esfuerzo que habiais llevado a cabo para que esa tierra vuestra, que es también un poco mía, fuera conocida y querida, abriendo unos caminos que, si un día se cerraron y dejaron de andarse, habíais hecho posible no sólo que todos podamos recorrerles ahora, sino que por esa andadura transite en nuestros días más gente que en cualquier momento de su historia.
En 1978, cuando se escribieron las líneas qu e refiero, lo sabéis muy bien, vivíamos todos momentos esperanzadores e ilusionantes. Habíamos superado, incluso, nuestras propias posiciones personales y, unos más y otros menos, estábamos todos empeñados en diseñar una tarea colectiva de futuro en paz y en libertad. Han pasado los años. Es cierto que casi no hay ilusión que resista el paso del tiempo. No enjuicio estos últimos años. Cosas positivas se han hecho; quiero que esto quede bien claro. No obstante, es fácil convenir, y tampoco quiero señalar responsables, que el momento presente es muy otro, muy distinto. Sobre todo, porque falta estímulo personal en una tarea colectiva, por mínima que sea que trascienda las simples posiciones individuales. Es sólo el interés personal -y su cobertura en el futuro- lo que preocupa. Nada tiene relevancia que no sea el propio yo, al que se subordinan; incluso los intereses públicos y colectivos. La mediocridad más decantada, cuando no la más ruda zafiedad, campa a sus anchas. Se ha perdido también el sentido de la obra bien hecha. Día tras día -¿qué se nos dirá mañana?-, los medios de comunicación nos hablan de violencia, de situaciones irregulares, de corrupciones. La modernidad, se postula, no quiere límites, y trata de arrumbar cualquier tipo de principios. Es un poco el contexto generalizado en el que nos movemos. De una Europa de pueblos unidos, que antes, durante siglos, habían estado enfrentados, hemos hecho una Europa de los mercaderes. Y todo, en el contexto de una sociedad de consumo, deshumanizada, hedonista y tan solo gozadora, cuyas raíces se han asentado con un vigor insospechado y en la que es el tener lo que preocupa y no el ser.
No creo haber cargado mucho las tintas con lo dicho. No era eso, desde luego, lo que pretendía. Tan sólo he intentado señalar, y en esto convendréis conmigo, que nuestra sociedad requiere una profunda higienización; y, además con urgencia que solo podrá alcanzarse con un ci erto rearme moral. Es obligado transformarla. Y que nadie entienda lo que digo como una añoranza del pasado. Las razones en las que me apoyo son muy otras. Hay que encontrarlas en la irrenunciable necesidad de enfrentarse con el contexto en el que vivimos.
Es ante exigencias como las expuestas, que conviene reflexionar el papel de auténtico protagonismo que pueden y deben desempeñar entidades como nuestra Asociación. Es donde quería llegar. Entidades que son resultado del libre juego de la propia sociedad; sin dirigismos políticos de ningún tipo. Y que se constituyen con esfuerzo, requieren trabajo; también, mucha generosidad. Incorporarse a ellas obliga a dejar de pensar en el yo, para introducir en nuestra vida la nota de la alteridad, la del otro, sin saber nunca quien habrá de disfrutar del resultado de nuestro trabajo. Un esfuerzo que se proyecta en recuperar, incluso con un cierto mismo, el sentido de la obra bien hecha, por elemental y sencill a que sea, como lo son, en su ingenua tosquedad, los baquetones de los ábsides de las iglesias de Oliván o de Susín.
Amigos del Serrablo ha realizado una tarea importante en el ámbito cultural; de modo especial en la restauración de un buen número de iglesias y de castillos. Sus consecuencias, aunque vosotros no las percibáis son notorias. Una sobre todas: han hecho, ni más ni menos, que esas tierras del Gállego medio, del Aurín, del Guarga y de la Val´Ancha constituyan uno de los centros más relevantes de interés artístico de todo Aragón. Así de claro. Y eso se debe a unos pocos de vosotros. Tarea admirada y entrañable, que ha tenido los más altos reconocimientos a escala nacional e internacional, aunque para nosotros pase un tanto desapercibida. Será acaso, quizá, por aquello de que nadie es profeta en su tierra.
Es notorio lo que se ha hecho; es todavía mucho lo que queda por hacer. Porque, además, Amigos del Serrablo debe ser el centro espi ritual que dinamice y dé vida en muy distintos ámbitos a toda la zona. Y esto es lo que querría decir a todos los serrableses. A las gentes jóvenes asegurándoles que implicándose en esas tareas encontrarán en ellas una muy íntima y honda satisfacción interior. Muy distinta de las que se ofrecen al uso. Preocupación por los demás; también, por todas las cosas de ieÿÿa dra de uno. Igualmente a las gentes mayores para que presten su ayuda; para que inciten a sus hijos a hacer lo que acaso también ellos hicieron o lo que no se atrevieron a hacer en los años pasados. Es sólo en un contexto eminentemente solidario y altruista como, personalmente nos enriquecemos, al mismo tiempo que hacemos tierra y futuro. "Amigos del Serrablo", como escuela de ciudadanía; también como entrenamiento y rearme físico e intelectual; y, sobre todo, moral.
Plantear y lograr una cierta movilización social en torno a Amigos del Serrablo, puede ser el mejor fruto en esta conmemorac ión de sus Bodas de Plata. Un compromiso que de una u otra forma todos debemos asumir. Sin pretexto alguno. Porque cabría decir de la mano del poeta francés, que frente a las "bellas palabras [...] que os han cubierto de gusanos y tristezas", "la hora ha llegado de amarse y unirse".
Es lo que muy de verdad os deseo con un fuerte abrazo,
Sebastián Martín Retortillo
De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.