Arquitectura popular de Serrablo

La Asociación Amigos de Serrablo va a cumplir un cuarto de siglo de existencia y su revista alcanzar el número 100 de su andadura. Su labor en los años citados es muy superior a la que corresponde a cualquier entidad de sus características en nuestras tierras y aún fuera de ellas y ha sido cumplida, con alegría y amor, frente a abandonos y desiertos que pueden localizarse tanto en medios intelectuales como en pardinas físicas más abundantes de lo que parece en Aragón. Sus tareas resultan de un tenaz trabajo y de la superación de adversidades y han conducido a resultados tangibles como, aparte de la propia vigencia de la Asociación y de sus actividades habituales, el ejemplar Museo de casa Batanero, el del palacio de Larrés, las iglesias y ermitas restauradas, los libros publicados y la creación de una conciencia en la comarca que quizá sea el más esperanzador de los logros.

Uno de los problemas de «lo aragonés» es la prevalencia del tópico simplificado sobre las realidades. En definitiva una consecuencia de las creaciones del Romanticismo y el Despotismo Ilustrado en el siglo XVIII y en el predominio de la espectacular síntesis sobre el riguroso y a veces árido análisis. Amigos de Serrablo ha procedido analíticamente, casa por casa e idea por idea y por esa razón los resultados han sido óptimos.

Estas palabras que no pretenden sino sumar nuestro nombre a la larga lista de felicitaciones, plácemes y alegrías podría tomar como pretexto la Arquitectura popular altoaragonesa y el mismo puesto por la Asociación en su conservación y resurrección. Podría escribirse un largo tratado sobre «lo popular» en general y sus características en la arquitectura concretamente. Podría divagarse acerca de si el concepto afecta a lo sumo a las viviendas y se encandila con pajares, bordas, casetas y albergues de la vida pastoril o agrícola o si debe extenderse a cualquier construcción o aprovechamiento de espacios naturales para encontrar el primigenio cobijo o crear un centro de estancia, actividad y funcionamiento como ocurrió a partir del Neolítico. Podría pensarse en la fundación de la aldea como agrupación de viviendas y en la aparición de la ciudad con todas sus características. Y hasta vacilar entre si debe dedicarse la atención a estructuras, construcciones, sistemas y cuando toman como propio la Arqueología y la teoría de las Formas o si hay una veta popular en las iglesias yita½,½es, en la casa señorial y en los castillos o si hemos de jerarquizar la casa de burgueses, menestrales, labradores, pastores. Es decir si acabaremos rompiendo la unidad de lo aragonés o de lo comarcal en una dicotomía de ricos y pobres, de eruditos e iletrados, en definitiva de urbanos y rústicos[1].

Lo popular esta teñido, en cualquiera de sus manifestaciones, de conceptos generales como los de intemporalidad, anonimato, simplicidad. Y en la casa, vivienda, depósito, refugio, juegan su papel esencial aparte de los condicionamientos históricos de tiempo y lugar, el clima, los materiales propios de la comarca, las modas y las posibilidades económicas de aportar invenciones y materiales exteriores[2]. Es el eterno cuestionario que responde al «qué» con contestaciones de «cuánto, dónde, cómo y porqué» sin que importe demasiado el para qué, aunque ahora esté de irritante moda.

Los factores humanísticos que permiten alcanzar la corrección y exactitud de las realizaciones de Amigos de Serrablo están en el conocimiento de los elementos de perduración y la conciencia del arcaísmo que en las zonas pirenaicas hace que casas del siglo XIX sigan conservando el aspecto gótico por influjo del clima, por las razones económicas que fuerzan a utilizar los materiales de la comarca, esencialmente la piedra de sillería o las lajas para las cubiertas, y como reacción y por parte de las clases privilegiadas para dejar constancia de su personalidad y dominio importaciones que incluso pueden respond er solamente a la simple ostentación o a la servidumbre respecto de la moda aparte de que la burguesía imitará a la aristocracia y el pueblo, cuando le alcancen sus posibilidades, a la burguesía. Habrá que añadir las cuestiones relativas «al gusto» y lo que cada época imponga como adecuado o repudiable y a los oficios en un interesante movimiento cultural de interdependencia por el que se estimularán los dedicados a actividades imprescindibles o se ajustarán las construcciones a los existentes. Puede llegarse a la aportación sistemática de aportaciones exteriores como la de canteros de Vascongadas, pero también a la potenciación de materiales o actividades propias y baratas como el uso de los modos árabes del ladrillo, el adobe o el tapial incluso en zonas donde la piedra es barata y está al alcance de la mano.

Determinados momentos históricos serán fundamentales como el siglo XVI en lo que se refiere a la casa señorial y a la creación de tópicos arquitectónicos. Desde luego lo serán los modos de vida que determinarán el papel del hogar con la inevitable cadiera como lugar de reunión y de contacto familiar y social y el de las diversas piezas de estancia, patio, comedor de respeto, sala y dormitorios y de servicios, corral, bodega, masadera, leñera, etc.
Históricamente se definirá como característico de la zona el románico, y el uso obsesivo de la piedra desnuda, sumariamente labrada hasta para las bordas y las tapias rústicas.

Geográficamente, aunque huyamos de los falsos determinismos que desconocen las facultades de adaptación ante las más adversas situaciones e incluso de persistencia frente a las condiciones naturales, será inevitable una adecuación de la casa al terreno.

En lo social y lo económico la «casa» diferenciará la vivienda del lugar público y se arraigará tanto en la vida cotidiana que al complejo económico social familiar se le designará con el nombre abstracto de «casa» en el que las constru cciones quedarán integradas, pero también la hacienda y el trabajo, los haberes y la propia familia.

Clima, materiales, modos de vida e instituciones jurídicas, tradiciones e historia, serán el entramado de un esquema general de consideración científica de la arquitectura. Y no escapará la militar de los castillos, la religiosa de monasterios e iglesias aunque la especialización de estos edificios esté más sometida a las normas arquitectónicas y de todo tipo de la época.

Factores muy en relación con las construcciones son la despoblación por la marcha de la Reconquista y el cambio de los establecimientos humanos a zonas más favorables desde el punto de vista económico, estratégico o de comunicaciones que se complementarán con la emigración de tiempos recientes y con los cambios radicales provocados por la Guerra civil de 1936.

Papel especial hay que conferir al Limes determinado por los romanos, pero especialmente al medieval entre el mundo isl ámico y el cristiano con su juego de mecanismos políticos y luchas fronterizas y de constitución de la entidad que nació en Condados para pasar a Reino y magnificarse en Corona, con lo que esto significa en cuanto a relaciones exteriores y en la selección de lugares aptos para sobrevivir. Piénsese en lo que pueden matizar a las pomposas razones históricas la pobreza de recursos, los abandonos provocados por pestes, en la aportación de tradiciones y leyendas religiosas a lo largo de la Reconquista con las Vírgenes halladas y la consiguiente erección de ermitas en el mismo lugar de la aparición con la creación de romerías y costumbres y la valoración de los puntos estratégicos que lo fueron en muchos casos desde la Edad antigua y como elemento informativo para el estudio de lo popular la potente tradición oral sobre pardinas.

Por este camino llegaríamos al planteamiento de las vías de comunicación al servicio de cada época y de sus necesidades militares y económicas , sean los viejos caminos ibéricos, las vías de trazado romano y, en definitiva los ejes fluviales y camino nacidos de ellos, como todos los que sirvieron a las penetraciones e invasiones prehistóricas a través del Pirineo y de Norte a Sur o bien a los transversales del río Aragón o los forzados por el «camino» por antonomasia, el de las peregrinaciones a Compostela, especialmente a partir del siglo XII.

Ya hemos aludido a la simbiosis de «Casa» y vivienda a la aparición de instituciones como el «donado» o «el matrimonio en casa», el «aponderador», los tiones y el heredero único, al viejo derecho de primogenitura y en definitiva a la adecuación de la familia a una economía conservadora de las exiguas posibilidades económicas.
La economía agrícola y pastoril determinarán el interés de bordas y eras, de casetas y tapias y de los caminos de la trashumancia con sus apoyos...

Un planteamiento general tendrá que atender a innumerables localismos tanto má s acusados y más importantes cuanto mayor sea el aislamiento de valles o de puntos concretos. Así se marcarán las diferencias en los arnales, mallatas pastoriles y en el uso que se asigne a la piedra arenisca, al buro, y a la madera (pino, boj, roble, etc.).
Las clasificaciones dependerán de todos los conceptos anotados, como el excelente libro publicado sobre el tema por Amigos de Serrablo hecho . Tipos de casa bloque (vertical), casa patio sobre patio central y otras que, en algún punto recordarán estructuras prehistóricas e históricas.

Una entrañable valoración deberá hacerse de la plaza, «calle central» como la de los poblados ibéricos con un concepto de lugar de reunión y acumulación de edificios públicos (iglesia, ayuntamiento, mercado) respondiendo a la idea del ágora griega o del foro romano. Y según normas que encontramos ya en el mundo clásico ejes sobre ella podrá producirse una presencia simbólica en el punto dominante y más visible de la iglesia s obre el caserío.
Esta breve exposición de problemas y cuestiones, sin solución alguna, no es, ni pretende ser otra cosa, sino un testimonio u homenaje, de aplauso y aliento y de plena identificación con una Asociación que se ha ganado a pulso y a su despecho de todos los encogimientos de hombros de muchas gentes, la felicitación de cuantos admiramos su obra y le deseamos en su vigésimo quinto aniversario, al modo latino «ad multos annos».

[1] Un planteamiento general de estos problemas en Antonio BELTRÁN, Aragón y los aragoneses. Un ensayo sobre su personalidad, Colección Boira de Ibercaja, Zaragoza 1995.
[2] Cfas. una síntesis en A. BELTRÁN, «La casa», Folklore y Música, Enciclopedia Temática de Aragón de Ediciones Moncayo, Zaragoza 1986, p.9 y bibliografía en la pág. 23.
[3] José GARCÉS, Julio GAVÍN y Enrique SATUÉ, Arquitectura popular de Serrablo, Colección de Estudios Altoaragoneses, Ed. Instituto de Estudios Altoaragoneses Huesca, 1988.