Algo mas que unos -amigos-

Imagen de Iglesias Estaún, Carlos

"Nos encontramos en el mes de Septiembre del año 2030.

Dos jóvenes equipados con sus mochilas se acaban de apear en la moderna estación de Sabiñánigo, construida sólo hace dos años con motivo de la conexión del AVE español y el TGV francés a través de la línea Zaragoza- Sabiñánigo-Túnel de Vignemale-Pau.

Por su aspecto podrían encuadrarse en ese grupo cada vez más numeroso de jóvenes que con una amplia preparación técnica y con un porvenir asegurado en la supertecnificada y jerarquizada sociedad de la mitad del siglo XXI; han preferido dedicarse con pocos medios y menos ayudas a buscar y rescatar viejos modos de vida, huellas de culturas no investigadas y vestigios de un rico pasado que aunque todavía reciente es desconocido para la mayoría de la población.

El Sabiñánigo que encontraron a la bajada del tren, no se distingue demasiado de otras ciudades industriales que se crearon por y para la industria. La nota singular de esta ciudad era que pertenecía al reducido grupo que aguantaron las gravísimas crisis de finales del siglo pasado y principio de este y pudieron continuar ofreciendo un medio de vida a sus habitantes. Muchas otras desaparecieron literalmente del mapa o quedaron reducidas a una población casi testimonial y en continuo retroceso.

Por el contrario, Sabiñánigo, recuperadas sus industrias del Aluminio y Química y favorecida por una situación geográfica inmejorable y por unas perfectas comunicaciones, captó en la primera década del 2000, cuando la crisis se suavizó, nuevas industrias que mantuvieron la esperanza de sus habitantes y frenaron la despoblación y traslado a Zaragoza que se había convertido en una inhabitable ciudad de más de dos millones de habitantes.

Pero la ciudad, a pesar de su pujanza económica, tenía poco que ofrecer al visitante. Su gran laguna era la falta de historia. El nombre de sus calles se referían a pueblos desaparecidos, accidentes geográficos o hechos recientes pero ninguna referencia a su historia, su pasado, sus orígenes. La calle principal, la de la antigua estación del viejo Canfranero hoy reutilizado como atracción turística, principalmente veraniega, se llamaba Calle de Europa y en ella seguía sin haber referencias a la historia o cultura que esas gentes seguro que en algún tiempo alumbraron. Ningún Museo, ninguna muestra de la vida pasada, de las costumbres del primer éxodo del mundo agropecuario a la industria cuando Sabiñánigo comenzó ahora hace cien años su primera revolución industrial.

Precisamente esta laguna histórico-cultural había hecho llegar a estos dos jóvenes desde Madrid a Sabiñánigo.

Rescatando viejos textos encontrados casi por casualidad, descubrieron que un viejo canónigo de la catedral de Huesca fallecido en 1994, hablaba de unas iglesias mozárabes que ubicadas en la orilla izquierda del Río Gállego reflejaban una riqueza cultural única en su género.

Por lo que ell os habían podido descubrir aunque la labor había sido difícil por la poca documentación encontrada, los escritos de este canónigo no tuvieron eco en su tiempo y aunque se iniciaron tímidos intentos de restaurar y rescatar estas joyas del arte, no pasaron de ser solamente intentos abortados por la falta de voluntad unas veces o la poca ayuda oficial en otras.

Con el bagaje de su ilusión y sus mochilas repletas de esperanza estos intrépidos jóvenes llamados Julio y Enrique, se adentraron en la calle de Europa con el ánimo de rescatar del olvido el legado cultural que seguro esa ciudad tenía que tener escondido en algún sitio".


Este relato de futuro-ficción naturalmente nunca podrá ser posible... pero ¿lo hubiera sido si en el año 1971 no hubiera habido un grupo de serrableses orgullosos de serlo y que preocupados por la falta de historia y de tradición cultural de Sabiñánigo en una zona rebosante de ella, no hubieran decidido fundar la Asociación de Amigos de Serrablo?

Porque “Amigos de Serrablo” ha sido mucho más que unos amigos decididos a rescatar unas iglesias semiderruidas.

Hoy las iglesias de Ordovés, Lasieso, San Bartolomé de Gavín, San Juan de Busa, Lárrede, Rapún y así hasta 19 son testigos mudos de nuestra historia y también del trabajo desinteresado, altruista e impregnado de una gran dosis de cariño por su tierra, de unos hombres y mujeres que dedicaron sus fines de semana, sus vacaciones y todo su tiempo libre a esas "excursiones restauradoras" que pertrechados con pico, pala y demás elementos de la construcción realizaban con inigualable entusiasmo y que nos han deparado los resultados que hoy en día admiramos.

Pero no son sólo las Iglesias restauradas lo que tras 25 años de actividad nos ofrece esta Asociación. Dos Museos creados de la nada, abundantes estudios sobre el entorno serrablés, publicaciones diversas, múltiples exposiciones propias y en colaboración, dinamización constante de la vida cultural de Sabiñánigo mediante intercambios culturales, actividades museísticas, etc. han convertido a “Amigos de Serrablo” en unos singulares embajadores de la recuperación de la cultura del viejo Hombre Pirenaico que tras la crisis del sistema agropecuario y el éxodo rural provocado por la oferta de puestos de trabajo industriales más cómodos y estables hubiera podido desaparecer, si hubiéramos carecido de la ingente labor de “Amigos de Serrablo”.

Pero con ser importantes todos estos logros y realizaciones, con ser ya suficiente tarjeta de visita para presentarse ante la sociedad tras 25 años de esfuerzo, no es ello lo fundamental que sobre la obra de “Amigos de Serrablo” debemos resaltar.

Porque reconquistar un pasado que no debemos olvidar si queremos entender el presente, valorarlo y saber realmente cuanto ha costado llegar hasta él es fundamental para dar sentido a una población.

Porque una población no es una suma de individuos que viven en un determinado entorno físico. Una población si quiere ser una realidad social es su historia, su pasado, es el producto del esfuerzo, e ilusiones de los que mucho antes que los que ahora lo habitamos estuvieron aquí y con sus aciertos y errores nos depararon el presente que hoy disfrutamos.

Buscar el pasado y la cultura que otros nos legaron es buscar nuestra identidad, nuestro entronque con las raíces, nuestra respuesta a las viejas preguntas. ¿De dónde venimos? ¿Dónde vamos?

Como dice ese paladín de “Amigos de Serrablo” y actual Director del Museo Etnológico, Enrique Satué: 'En un Museo etnológico no hay cuadros de Goya o Velázquez, hay humildes objetos de la vida diaria tradicional que merecen el mismo respeto y atención; tras ellos subyace una cultura milenaria donde las motivaciones materiales y espirituales se entrelazan sutilmente"

Por eso lo que más debemos agradecer a “Amigos de Serrablo” en este su veinticinco aniversario, es el habernos dado un referente claro de nuestra historia más reciente, haber puesto en nuestras manos un instrumento indispensable no sólo para promocionar nuestra zona sino para exigir su identidad diferenciada de las de su entorno y por tanto la necesidad de dotarla de infraestructuras y servicios que precisamente por esa identidad diferenciada y singular le corresponde.

Porque como bien decía Agustín Ubieto Arteta Director del Instituto de Estudios Altoaragoneses cuando esta Institución rindió un merecido homenaje a la Asociación: "La obra de «Amigos de Serrablo» ha supuesto, supone, la generación de una riqueza cultural de incalculable valor que se les ha escapado de sus manos y que ya pertenece a todos. Una riqueza que difícilmente se puede medir con el Sistema Métrico del kilo y del metro".

Tampoco se puede medir con kilo y metro el agradecimiento que con estas sinceras y emotivas palabras he querido expresar a “Amigos de Serrablo” p or conseguir que la historia con la que empezaba este escrito haya sido sólo eso una historia-ficción de lo que podría haber sido y ya no será jamás.

Gracias pues y adelante, porque esta maravillosa tierra de Serrablo todavía necesita muchos Amigos y Amigas que fieles a su compromiso con ella la sigan acompañando a la búsqueda de un futuro que con el referente de nuestro pasado se presenta con ilusión y esperanza.