Estimado lector:
Hace unos días, la Junta Directiva de los "AMIGOS DEL SERRABLO" me pidió un artículo sobre esta comarca. Yo, como buen serrablés, lo escribí. Y con alegría y suma satisfacción, fueron naciendo estas líneas que ahora te dispones a leer.
Desearía que fueran un mensaje de unión para todos los pueblos y gentes de nuestra comarca y que, a la par, sirvieran de estimulo para una conjunción de esfuerzos en pro de nuestro Serrablo y de toda la extensa gama cultural que encierra.
Muchos sabéis lo que es el Serrablo, y hasta es muy probable que conozcáis su historia y su arte, pero habrá otros que no lo conocen. Y casi aseguraría que no es por falta de afán cultural sino más bien por falta de libros y articules sobre este tema.
Y aquí es cuando nace la sociedad. Una serie de verdaderos serrableses, ponen en marcha una gran idea y hoy somos muchos los que la compartimos. El afán cultural de dar a conocer su historia, su arte, es lo que nos guía.
Y tu, serrablés de nacimiento o sentimiento, debes de entrar a formar parte, para que, juntos todos, tomemos una gran familia, que bajo la denominación que tanto has oído, trabaje por estas sencillas tierras, donde cada atardecer signifique un mas amplio conocimiento de su pulso vital antiguo y moderno.
Nada más me resta por decirte; sólo que espero verte pronto entre nosotros; porque ya sabes que un pueblo sin historia no tiene unión. Y ahora, que leas con atención este somero y poco importante articulo que está escrito con la gran ilusión de un paisano tuyo.
LIMITES Y DEMARCACIONES.
Dentro del conjunto de comarcas que forman el Alto Aragón, destaca un nombre, poco conocido, pero que para nosotros encierra un gran significado: SERRABLO.
Serrablo es la comarca que, enclavada al pie de los Pirineos Centrales, está rodeada por el antiguo condado de Aragón, la tierra de Biescas, Sobrarbe y al Sierra de Dones al Sur.
Atravesada por tres ríos: el Gállego, el Basa y el Guarga, comprende una serie de prioratos y valles que en la Edad Media tuvieron gran importancia.
Explicado el término, resta por aclarar dos aspectos muy importantes: La extensión exacta es en segundo lugar, la denominación.
Actualmente, los naturales del país conocen por Serrablo los valles del Guarga y del Basa exclusivamente, pero hay que tener en cuenta que estos valles son los restos de un antiguo Serrablo que las bulas de Inocencio III en 1245 y la de Pío V en 1571, fueron desmembrando.
El antiguo, y verdadero, comprende extensos territorios que iban, de Norte a Sur, desde los límites del Valle de Tena hasta el Valle de Nocito; y de Este a Oeste, desde Sobremonte y la Val de Ahornes (donde se asienta el actual Sabiñánigo) hasta Matidero, en cuya selva comentaba Sobrarbe.
Fijados los límites, guiándonos del cuaderno "Super Officiis Aragonum" del siglo XIV, pasamos a aclarar la segunda cuestión: la del nombre. SERRABLO es la denominación política y eclesiástica medieval de todas las tierras que acabamos de citar, aunque no excluye la existencia de otras denominaciones, como Sarrablo (la más usada por los naturales del país) y la de Serrabol o Serrallo, de uso más antiguo y que derivaron en la denominación medieval.
Como hemos podido ver, ha sido una de las comarcas mas importantes del Alto Aragón. No olvidemos que en el siglo XIII, el archidiaconatus de Serrablo poseía un archipresbiter llamado Tohanes de Tremp, y que este archidiaconatus paso pronto a ser un arcedianato dependiente del obispado de Huesca, con 20 rectorias, 8 vicarias y una iglesia anexa, cifras que se ven aumentadas en una vicaria en el siglo XIV, llegando en el siglo XVI, cuando el arcediano pasa de la catedral de Huesca a la de Santa María la Mayor de Barbastro, a 10 rectorías, 8 vicarias y 17 iglesias anexas.
HISTORIA.
En los comienzos del siglo IX a.d.C., las cristalinas aguas del río Gállego sirvieron de cauce para un pueblo de altos guerreros que aún conservaban en sus pupilas las bellas imágenes del Rhin. Y a buen seguro que no se les hizo extraño el paisaje. Pero la lenta marcha de los celtas, en busca de las ricas salinas del Ebro, fue vigilada por otro gran pueblo que, muchos años antes, había llegado a estas tierras para fundar en los cerros, con defensas naturales, sus poblados de estrechas e irregulares calles.
Pronto pasó el verano y cayeron las primeras nieves. Los guerreros iberos volvían de sus correrías, mientras los pastores conducían su ganado a los poblados. Dentro, en los hogares, las mujeres cubiertas con su velo, trabajaban la lana con los rudimentarios telares. Las falcatas, puñales y lanzas (soliferrum) descansaban junto al fuego. Ese mismo fuego que, en las noches de plenilunio, ardía delante de las casas en honor de las divinidades estelares y lunares, alumbrando los rudos cuerpos de los iberos que danzaban a su alrededor.
Pero cuando el recuerdo de los celtas se había olvidado y en los santuarios se seguían inmolando sacrificios en honor de Neto (su gran dios solar) y de las diosas fuentes y arroyos, en las lejanas llanuras de Italia surgía el pueblo romano. Pronto llegaron sus emisarios y en el 218 a.d.C. Cneo Escipión comienza la conquista del Alto Aragón. Los guerreros Iberos vestidos con su larga túnica, contemplaron las legiones romanas que plantando SUS águilas imperiales, atravesaron el Serrablo.
Poco después la ciudad de los Iacetanos caía en poder del cónsul Marco Poncio Catón. Los romanos seguían su marcha, pero atrás, en el Serrablo, quedaba un campamento romano, el primero que se fundó en España; SABINIANICUS, por cuya puerta Decumana, entraron y salieron los soldados de largas túnicas, que guardaban el cauce del río Gállego.
Pero por las fronteras del Imperio comenzaban a filtrarse los pueblos bárbaros. Y las torres de guardia de Sabinianicus, como todas las de Europa, contemplaron la llegada de los suevos, que según nos dice el obispo de Cheves, Hidacio, arrasaron todo el Alto Aragón. El imperio Romano se desmoronaba, sus generales no podían mantener las fronteras. Y por fin, las aguilas imperiales que no habían conocido la derrota, fueron vencidas. Roma había caído. Desaparecido el imperio, las tropas del reino visigodo de Tolosa, se apresuraron a entrar en España, con el fin de incorporar a su reino, las comarcas fronterizas, fuertemente romanizadas.
(Continuará en próximo número)