En marcha: Ordovés

Imagen de Jesús Montuenga

Cuando los "Amigos del Serrablo" pasaron a ser una realidad, al constituirse la primera Junta Directiva, nadie pensaba que la iglesia de Ordovés, pequeña y sencilla muestra del prerrománico serrablés del siglo XI iba a ser el primer objetivo del grupo. La ermita de San Juan de Basa habla sido, en cierto modo, el aglutinante principal y la idea de su posible traslado a Sabiñánigo bullía en la mente de todos. Después se ha visto que este traslado hay que meditarlo mucho. Son precisos muchos trámites, la labor es ciertamente ardua y por parte de personas competentes en la materia se opina cano más conveniente la reconstrucción "in situ". En fin, es terna a madurar.

Entre tanto se procedía por parte de los Sres. Gudiol, a indicación del Museo Diocesano de Jaca, a sacar de la antes citada iglesia de Ordovés unas pinturas del siglo XVI, de no mucho valor artístico, pero que servirían para dar una idea da la expresión pictórica en las iglesias de la comarca.

La idea de restaurar el edificio la lanzó D, Jesús Auricinea en una de las reuniones de la Junta Directiva y al sábado siguiente, un grupo numeroso de entusiastas serrableses se ponía en marcha con sus piquetas y pozales, al objeto de dejar al descubierto las centenarias piedras que la cal y el mortero habían cubierto. Se trabajó con ahínco y, así, la mayor parte del pequeño templo quedó limpia de su terrosa vestidura. La Misa, que se celebró a la luz de cuatro velas sobre el primitivo altar, puso broche final a la primera jornada de trabajo, al igual que lo ha hecho en las sucesivas.

Al sábado siguiente el grupo no fue tan numeroso, pero no por ello se trabajó con menor entusiasmo. Se siguió picando en el ábside y se quitó un falso cielo raso de madera, quedando al descubierto las vigas que sustentaban la techumbre original.

El tercer fin de semana registró abundancia de personal, siendo de destacar la presencia de algunos jóvenes y animosos serrableses, que también aportaron su esfuerzo a la obra. Ya se perfila totalmente limpia la parte frontal del ábside, se lavan y restregar las paredes con cepillos metálicos y de raíces y se retiran los escombros amontonados en la parte exterior, junto a la torre, en lo que fue cementerio del lugar.

Todavía quedan alguna coas por hacer, tales como taponar los boquetes y falsas ventanas abiertos en las paredes, darle al altar su forma primitiva, acabar de limpiar el exterior y el interior del templo y comunicarle, con algún pequeño detalle, el sabor de su antigua existencia.

Este ha sido un principio sencillo, que nos ha entusiasmado para llevar a cabo cosas mayores, que nos ha inculcado más amor a nuestra historia, nuestra cultura y nuestro arte, y que esperamos nos ayudará a mirar el futuro con decisión, al pensar en el sencillo cantero que fue capaz de hacer una obra que ha perdurado en el tiempo.