El Serrablo, a fines de la edad media, era un extenso territorio perfectamente delimitado que comprendía 750 fuegos, que dan un total de 3.750 habitantes si aceptamos que cada fuego englobe una media de cinco personas. A esta cifra, aunque lo conozcamos por un censo del siglo XVI, hay que añadirle 482 fuegos que comprendía el arcedianato de Serrablo. De esta manera podemos señalar, como cifra orientativa, un total de 6.160 habitantes.
Sin olvidar que los textos documentales no nos ofrecen suficientes puntos de apoyo, se puede valorar cuantitativamente que esa población no sufrió gran variación desde mediados del siglo XII. Tras esta breve referencia a la población, vamos a intentar ofrecer una serie de anotaciones sobre el régimen económico de este conjunto serrablés.
LA OCUPACIÓN DEL SUELO
Es obvio reseñar que la civilización medieval es eminentemente rural y que el régimen alimenticio de los hombres determina el trabajo de la tierra. Estas dos constantes se reflejan sobre un paisaje modelado por el trabajo humano en torno a los núcleos fijos de población, que comienzan a perfilarse en los inicios del siglo X.
La tierra serrablesa, en pleno siglo XI, ya se encuentra en pleno movimiento de expansión que va diezmando el ámbito forestal que entorna la amplia vega del Gállego. Dos son los cultivos predominantes: el cereal y la vid. El cereal cultivado engloba al ordio, al candeal y al trigo especialmente. Conocemos la existencia de vomeras, o rejas de arado, en el siglo XI así como falces segaderas u hoces de segar. En el ámbito de la agricultura sabemos que Fanlo tenía una medida propia, en el año 1.270, y que el cahíz serrablés valía en 1.046, dos sueldos.
ASSO da, para el año 1.777, un total de 84 cahizadas regables en los valles de Sasa y Serrablo. Entre los cultivos de huerta se documentan en 1.270, la existencia de árboles fructíferos que se prohíben cortar. Y aumentando su superficie cultivable se nos presenta el cultivo de la vid. En la segunda mitad del siglo XI se ha documentado la plantación masiva de vides en los territorios del Campo de Horna, siendo de esa época los datos que nos documentan los dos lagares que tuvo el monasterio de Fanlo en Vilás y Abenilla. Relacionada con este cultivo está la falce podadera o instrumento para podar viñas y árboles, sin olvidar que el año 1.144 se mencionan olivares en esta zona del Serrablo.
Un punto interesante en la ocupación del suelo es el estudio de la concepción y aumento del patrimonio territorial de las familias del medievo serrablés. Por ahora, a falta de un buen estudio, sólo destacaremos que, en 1.253, Fernando de Ahornés señaló que tenía 33 campos, de los cuales 15 eran del domun patrimonii o heredado y 18 eran de compra o del domun compri.
DE LA GANADERÍA E INDUSTRIAS ARTESANAS
Un inventario de Fanlo, datado a fines del siglo XI, nos habla de un pastor Domeneke que cobraba un quinto como paga y debía guardar alrededor de 350 cabezas de ganado. Lógicamente la ganadería ha sido punto importante en el status económico de estas tierras. En la Edad Media se procedió a estructurar los pastos de la zona y, casi por tradición, se generó un cuerpo legal de disposiciones para la ganadería.
Cada pueblo reunió su ganado, puso un pastor al frente y aprovechó los pastos de su término. En pleno siglo XI ya hay ganado lanar, cabrío, además de bueyes, mulos y mulas en gran cantidad. En 1.040, que debió ser un mal año al decir de los documentos, una oveja valía dos arienzos.
En el capítulo de la ganadería creemos de gran interés tratar las industrias artesanas, ya que muchas de estas derivan de aquella. Por ejemplo podemos datar, en torno a 1.040, una industria casera del queso en la zona de Sobrepuerto. Junto a estos quesos, al decir de ASSO de poca estimación, se fabricaba poca manteca de oveja de gran calidad. En la mentada zona de Sobrepuerto, concretamente en Basarán, Escartín y Cortillas, esta manteca se mezcló –hasta hace poco- con aceite para servir de condimento en los días de vigilia. Esta manteca, durante el medievo, se utilizó para condimentar cantidad de guisos como los de carne o bien los huevos fritos.
Artesana también fue la industria de la miel, de poca entidad cuantitativamente hablando, y del vino que ya mencionamos. El lino se cultiva en estas tierras desde el siglo XI y, en esa época, aparecen citas que mencionan un roncallo o escardador, cita que nos pone en la pista de la industria del lino y la lana. En el valle del Guarga ha habido tradición en el cultivo del cáñamo, cáñamo de gran calidad ya que las aguas de este río tienen la propiedad de blanquearlo como en ningún otro lugar.
Por fin se puede citar la existencia de herrerías o fraguas en las que se fabricaban hachas, sartenes, rejas de arado y hoces, en el siglo XI.