Aquí desde Larrés pueblo de celtíbera raza saluda a ustedes y abraza este pobre montañés. Que aunque no es pequeño el salto desde Jérez a Pirene no por eso no se tiene de afecto y memoria falto. Ante esta esquividad recogiendo el pensamiento sugiere a cada momento recuerdos de la amistad. Sepan pues amigos caros que tras molesta odisea saluda a mi amada aldea y a sus íncolas ignavos. Y todo lo encuentro igual sin mudanzas ni artificios ahora como ab initio en este patrio breñal. Apenas rotas en él las costumbres patriarcales se suceden los anales siempre en el mismo troquel. No la civilización trajo aquí sus adelantos pero tiene sus encantos la falta de imitación. Aún se cree ahora ver la misma escena moral y la misma material que viera uno al nacer. Y al sentir la producción de esta dulce resonancia auras de feliz infancia refrescan el corazón. Rincón dichoso en que todos atentos a sus labores desconocen los dolores que aquejan de varios modos al político febril que presa de afán insano lo halla todo honesto y llano en su conciencia sutil; al sabio de alto escarceo que al cabo de su jornada sabe que no sabe nada y que es fuerza ser pigmeo, al ricachón opulento a quien anidando tesoro, la hidrópica del oro no le da paz un momento; al ciudadano social esclavo de mil pensiones y de farsas y atenciones de vida convencional. A todos según me explico supera este celtíbero libre, creyente y austero y en su pobreza muy rico. Más no quiero más ahora modular la cuerda seria, y mudando de materia cantemos paulominora. Todo, impulso vividor en esta naturaleza todo es vida y fortaleza, todo es salud y vigor. Al contacto de estas cumbres y de estos bosques umbríos cobra el cuerpo nuevos bríos, cobra el alma nuevas lumbres. Limpio ambiente, doradas pomas y verduras finas, aguas puras cristalinas, ab origina tornadas, rico queso, leche, nata, carnes de sabrosa raza, y tal cual pieza de caza víctima de mi escopeta éstas y en relato fiel buenos pollos y jamones son las viles municiones de nuestra boca y mantel. Añada una mente esquiva a toda memoria y duelo y tiene usted el modelo de vida vegetativa. Sin ser Doctor Letamendi ni de higiene profesor, le aseguro por mi honor que es un buen modus vivendi, Otra cosa no procuro aunque tan bajos acuerdos me releguen a los cerdos del sensual Epicuro. Más, ¡ay de mí! ¡me equivoco! bien sabe usted que en el alma hace imposible la calma cierta espina que no toco. Viva usted feliz: trabaje en lo que sea esencial y en todo lo adicional deje usted que otro baraje. Que al cabo de cierta edad y quebrantos de salud, de cuidarse la virtud se torna en necesidad. Hasta la experiencia impía nos dice en su dura escuela que ha de tener, mal que duela del yo la filosofía. Bien seguro que al fin y en esto no cabe broma vendrá con su hoz la roma como dice Moratín. La rústica musa corre más concluye aquí su númen: le ama a Usted mucho, en resumen su buen amigo Latorre. 8 de Agosto de 1892