Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).


LA ORDENACIÓN TERRITORIAL Y SOCIAL II:

LOS INFANZONES

Los infanzones constituían lo que se ha venido a denominar nobleza menor que era la clase mayoritaria dentro del estamento de la nobleza; aunque en los primeros tiempos parece que tal denominación abarcaba a toda la clase dominante situada por debajo del rey. El vocablo infanzón es un término muy preciso, con una evolución semántica clara, aunque se haya discutido mucho sobre sus posibles orígenes, y así lo hace constar un documento de 1044, en el que se señala a los infanzones como opuestos a los villanos[1]. La primera cita de este término, dentro del ámbito estrictamente aragonés, se remonta a mediados del siglo XI, es decir a la época en que el Condado de Aragón había sido absorbido por el Reino de Pamplona[2].

En diversos lugares del Valle del Guarga, se registra la presencia de infanzones, seniores y mayordomos desde los tiempos de Ramiro I, es decir, coincidiendo con las primeras tenencias, y casi un siglo después de aquel documento del Presbítero Fortuño -año 958- del Monasterio de San Andrés de Fanlo. Un diploma de inestimable valor, procedente del mismo Monasterio, con fecha del 6 de Diciembre de 1051 distingue entre "totos infanzones (de Orna)" y "totos (restantes) vezinos". Estos infanzones no son hermunios[3] -otra de las denominaciones dadas a los barones-, sino de carta[4], y por lo tanto su misión -repobladora y economicista, con concesiones territoriales puntuales limitadas- y estamento, difieren en gran manera de la de los tenentes.

A partir del año 1050, los infanzones van ocupando poco a poco los distintos enclaves del territorio, con la sola excepción de aquellos que pertenecían a lo que después se conocería como las honores monásticas de San Andrés de Fanlo y San Juan de Matidero, constituidas por pequeños núcleos habitados, como después se verá. Los datos sobre ellos son más bien escasos, lo que se traduce en una suerte de letanía de nombres, y poco más aunque no se puede negar que de algún modo su presencia pone de manifiesto algo de la profunda realidad social de estos apartados rincones. Observe el lector que tales nombres sólo aparecen en las principales poblaciones, o en aquellas que luego fueron cabeza de señorio.

Los primeros infanzones conocidos son Galindo López de Ipiés (Ipiesse) y Jimeno Cardelle de Belarra; ambos se remontan a mediados del siglo XI[5]. De 1064 es la noticia de Galindo Bradilanis de Lerese -Castillo Lerés- [6]. Pocos años más tarde se cita -todos ellos en el cartulario de Fanlo, monasterio situado muy cerca de estos lugares- a un don Aznar de Ordavesse [7]. Este lugar de Ordovés fue, desde fines del siglo XII, señorío de los Cornel. En 1067 es el mayordomo Sancho Garcés de Villacampa quien aparece en escena[8], y por último, en l083, el senior García Sánchez de Garasa [Grasa; 9] y Fortún Sánchez de Lasauosa [Lasaosa; 10].

Del siglo XII se conocen los siguientes infanzones; En Yéspola: Blasco Açenariz de Espola -1118- [11]. Este lugar terminará formando parte del señorío de los Villacampa de Laguarta[12]. En Atós: Blasco Fortuñones de Atós -1142- [13]. Atós fue después lugar de señorío eclesiástico[14]. En Arruaba: Fortún Sánchez de Arruaba -1149- [15]. También el lugar de Arruaba perteneció a los Villacampa de Laguarta hasta 1630[16]. En Artosilla: Señorío de la familia homónima por concesión de Ramón Berenguer IV. En 1177, Jimeno de Artosilla pleiteó con Alfonso II sobre la posesión del lugar[17]. Artosilla formó más tarde parte de los omnipresentes Villacampa de Laguarta[18]. En Cerésola: En 1189 vive en el lugar don Domingo de Ciresola[19]. Es fácil darse cuenta con lo que antecede, que en la mayor parte de los pequeños lugares, como Fragen, Fenillosa, Arraso, Bescós de Guarga, Pardina de Lo Vico, Pérula, San Esteban, etc. están ayunos de toda noticia referente a infanzones, pero eso no significa que no estuvieran poblados. Lo que si parece seguro es que muchos de ellos formarían parte de las propiedades de estos infanzones como ocurría con la Pardina de Lo Vico, que era de la familia Villacampa, o con la de Bescós de Guarga (Corga), mencionada ya en los falsos privilegios '~Ob Honorem" de San Juan de la Peña (20).


Notas

1.- IBARRA Y RODRÍGUEZ, E. de: Documentos correspondientes al reinado de Ramiro I, desde 1034 hasta 1063. 1904.

- BRYOSO Y MAYRAL, J.: Infanzones aragoneses. 1992.

2.- HINOJOSA, E. de: Estudios sobre la Historia del Derecho Español. 1903.

3.- Hermunio, según Zurita, vendría a significar inmune.

4.- BRIOSOYMAYRAL...Ref. Nota 1.

5. - 15. CANELLAS A: Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (958-1270). 1964.

- UBIETO ARTETA, Ag.: Los tenentes de Aragón y Navarra. 1987.

- UBIETO ARTETA, Ag.: Aproximación al estudio del nacimiento de la nobleza aragonesa (Siglos XI y XII); Aspectos genealógicos. En: Homenaje a don José María Lacarra de Miguel en su jubilación de profesorado. Estudios Medievales II. 1977.

- ESTEBAN LORENTE, J.F.; GALTIER MARTÍ, F.; y GARCÍA GUATAS, M.: El nacimiento del arte románico en Aragón. 1982.

- CASTAN SARASA, A.: Arquitectura militar y religiosa del Sobrarbe y Serrablo meridional, siglos XI-XIII. 1988.

- DURÁN GUDIOL, A.: La Iglesia en Aragón durante el siglo XI. En: E.E.M.C.A.4. 1951.

- DURÁN GUDIOL, A.: La Iglesia en Aragón durante los reinados de Sancho Ramírez y Pedro I. (1162) -(1104?). Instituto Español de Estudios Eclesiásticos. 1962.

- ORLANDIS, J.: Reforma eclesiástica en los siglos XI y XII. En; La Iglesia en la España visigótica y medieval. 1976.

16. GÓMEZ DE VALENZUELA, M.: Dos tomas de posesión del Señorío de Arruaba. Argensola.

17. SINUÉS, J.: Catálogo de manuscritos históricos de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza. En: Revista de Archivos...1916.

18. GÓMEZ DE VALENZUELA, M.: La casa solariega de Villacampa en Laguarta. En: Argensola, Nº 96. 1983.

- BASO ANDREU, A.: El Capitán General Pedro Villacampa Maza, héroe de la Independencia. En Argensola Nº 39. 1959.

19. DURÁN GUDIOL, A.: Colección diplomática de la catedral de Huesca I y II. Fuentes para la historia del Pirineo V y VI. 1965.

20. LAPEÑA PAÚL, M.I.: El monasterio de San Juan de la Peña en la edad media (Desde sus orígenes hasta 1410). 1989.


SIERVOS VERSUS SEÑORES

Las correrías de los Caudillos Musulmanes, y sus heterogéneas huestes -cuyo único nexo de unión en los primeros momentos era el impulso de la Nueva Fe; que había sumergido en una marea apoteósica hasta conceptos tan arraigados y sagrados, como el de tribu y linaje; que años después terminarían por aflorar[1]-, a lo largo y ancho de la Península, tras vencer la débil oposición de aquel Estado agónico, provocaron fuertes movimientos poblacionales. En contra de lo que universalmente se acepta, estas migraciones no siempre tuvieron como meta la Franja Norte Peninsular, sino que en muchas ocasiones se limitaron a pequeños desplazamientos de una cincuentena de kilómetros, buscando refugio en los bosques y montes, en los que terminaron fundando nuevos asentamientos, que llegaron a hacerse estables. Así ocurrió, por ejemplo en Sierra Morena; en la Sierra de Gredos; y en numerosos parajes del Sistema Ibérico.

El Pirineo fue cobijo de amplias masas de población -agricultores, pastores, y, en menor medida, artesanos y clérigos, que abandonaron las fértiles tierras de las terrazas aluviales del Ebro, llevándose con ellos estimable bagaje cultural, en la creencia de que era la única manera de salvar sus vidas. El choque con la forma de ser, y las tradiciones y costumbres de los naturales, sobre todo en las zonas no romanizadas, y con la aspereza de aquel desconocido país de altas montañas de tierras difícilmente cultivables, debió de resultar espantoso para los recién llegados. ¡Y todavía lo sería mucho más con el paso del tiempo, conforme se fueran dando cuenta de que sus excelentes conocimientos sobre agricultura no les servían allí para casi nada[2]!.

Sea como fuere, lo cierto es que la cultura de los recién llegados terminó por imponerse en algunos de sus aspectos.

El rastreo de la estratificación social, que es un fiel reflejo de la Época Bajoimperial, con los niveles clásicos -cabeza, principales, hombres libres y siervos-, puede seguirse sin dificultad, al menos desde el diploma del Abad Atilio -de Huértalo- por el cual hizo testamento en 860, en presencia del Abad Gonzalo, "Capellán del Rey Carlos" -recordando la fundación por ambos del Monasterio de San Martín de Ciella; uno de los visitados por San Eulogio, en 848-, de los Monjes de Ciella, y de todos sus mezquinos[3]. Estos mezquinos son siervos unidos de forma casi indisoluble a la tierra[4]. Una cesión o venta de la tierra, acarrea las más de las veces la de los mezquinos que la trabajan, cuyo estatuto jurídico se revela como prácticamente inexistente. Los hijos de los mezquinos, como atestiguan los documentos del Monasterio de San Genaro, datados por Canellas entre 1076 y 1093, heredan la condición de sus padres: "...mesquinos... Galindo Garcés cum tota sua generatione, Cardiel Garcez cum tota sua generatione..."[5].

En la Val de Guarga, en el ya citado documento de 1051[6], se hace diferencia entre Infanzones y Vecinos, pero no se aclara la condición de tales vecinos. Sí se matiza en cambio, la condición de "Senior" de García Aznariz de Orna.

Los villanos, como los mezquinos, pertenecen al estamento más bajo de la sociedad, por lo que sus condiciones de vida y derechos eran muy similares[7].

La creación de Jaca como Ciudad capitalina, y sobre todo comercial, tuvo que producir una inevitable revulsión entre la austera y modesta sociedad que la habitaba. La presencia de comerciantes y gentes de oficio -hombres libres-, y viajeros de toda suerte de pelajes, con otras costumbres y sentido de la vida, polarizarían a aquellas gentes en los primeros años, al menos hasta el cambio generacional. En esos años se debió de registrar una lenta emigración a la ciudad, que ofrecía un tipo de vida distinto. Son las Familias Infanzonas, y los Hombres Libres de Oficio, los que pueden realizar este cambio; como es el caso de los Alavés. Los siervos quedarán junto a las tierras que cultivan, o con sus ganados.

Las relaciones entre el Estamento Infanzón, los Hombres Libres, los habitantes de las Villas y Lugares Reales, y los de condición servil, no estuvieron nunca exentas de roces, especialmente durante la crisis provocada por la peste de 1348. En 1405 la situación en todo el Alto Gállego, y zonas circundantes, especialmente en Biescas, que acababa de padecer una guerra, era tan desastrosa que sus habitantes,imitando la política económica Pinatense, decidieron arrendar los pastos como forma de obtener los necesarios ingresos. Los Infanzones intentaron impedirlo alegando derechos que no tenían, lo que motivó la intervención real[8].


Notas

1. ESMAN, M.J.. y RAVTNOVICH, 1.: Ethnicity, Pluralism, and the State in the Midle East. 1988.

2. WHITE, I.: Medieval technology and social change. Oxford, 1962.

3. UBIETO ARTETA, Antonio: Cartulario de San Juan de la Peña I y II. Valencia. 1962 y 1963.

- DURÁN GUDIOL, A.: Los condados de Aragón y Sobrarbe, Zaragoza 1988.

4. LALIENA CORBERA, C.: La sociedad aragonesa en la época, de Sancho Ramírez. En: Sancho Ramírez rey de Aragón y su tiempo. 1064 - 1094. Huesca. 1994.

5. y 6. CANELLAS, A.: Colección diplo....

7. Ref. nota 4.

8. Archivo de la Cor. de A. Reg. de Cancillería 2145, fol. 35 vº 36. Dat.: 20 de Ag. 1405.