La luz del mundo también entra en San Juan de Busa

San Juan de Busa, y la luz del mundo. El rayo solar, a punto de alcanzar el altar, ilumina parte del ábside y de la iglesia.En los templos la incidencia de la luz es un asunto primordial. En la Edad Media llegó su mejor momento con las vidrieras góticas. En el románico, más práctico, los efectos luminosos, como todo lo demás, tenían función didáctica.

En nuestro entorno serrablés también se puso en práctica un estudio luminoso en las iglesias. Estas del círculo larredense no escaparon de la dinámica románico-lombarda y todas nos muestran todavía sus efectos lumínicos. Todas, salvo aquellas cuyas ventanas absidiales han sido tapadas con algún tipo de piedra translúcida.

El caso a mencionar es San Juan de Busa, archiconocida ermita-iglesia de gran interés.

La Edad Media, en sus templos, siempre nos habla del Apocalípsis. Este Juicio tenía conmovido a toda la humanidad cristiana y estaba de moda a la vez.

Las iglesias medievales serrablesas no escapan de esa influencia y representan en sus decoraciones este mundo apocalíptico. Debemos de tener en cuenta que el hombre medieval no hacía nunca el arte al capricho, sino al dictado.

Nunca hay que pensar que el arre de las iglesias del Serrablo es por una moda o mezcla de estilos o copia de edificios vecinos. Es sobre todo enseñanza y doctrina.


Estas iglesias tienen siete arcuaciones ciegas en el ábside en su momento de mayor esplendor. Podrán ser más como en la de Oral o menos como en Busa, pero el número clave es siete. Siete arcuaciones en el exterior del ábside que representan sin duda a las siete iglesias del Apocalípsis. Es en la cuarta arcada donde se encuentra la ventana abocinada que da luz a la parte más importante del edificio.

Miremos qué pone sobre el cuarto arco que se corresponde con la cuarta iglesia, en este caso la de Tiatira. El libro lo dice: "Al vencedor, al que guarde mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones: los regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piedras de arcilla.
Yo también lo he recibido de mi padre: le daré además el lucero del alba".

Al libro del Apocalípsis se le ha dado demasiada importancia en sus interpretaciones. Tan solo hay que leer y nada más.

La cuarta arcuación es la del poder y la de la luz. Es la más importante. Menciona la Biblia que este lucero es el poderío y la glorificación del cristiano asociado a Cristo resucitado.

Y también el cuarto ángel tocó su trompeta y fue herida la tercera parte del Sol, la tercera parte de la Luna y la tercera parre de las estrellas. El día perdió una tercera parte de su claridad.

En invierno tan solo hay un tercio de luz, el resto son tinieblas afortunadamente suplidas ahora por la luz artificial.

Lo importante: La ventana que da luz al altar solo recibe dicha luz directa del sol y solo inciden los rayos solares penetrando directamente sobre el altar en los días correspondientes al solsticio de verano. Y esto no está hecho al azar sino que tiene una explicación. Son los días de purificación y renovación tradicionalmente conservados en la tiesta de San Juan Bautista. Y estas dos virtudes ahora mencionadas son reflejo del Apocalípsis.

¿Dónde se puede corroborar esto y dejar de ser una mera suposición?

La explicación la da el hombre mismo en la que probablemente sea la mejor imagen que el románico nos ha dejado. Me estoy refiriendo al Pantocrator de la iglesia de San Clemente de Taüll.

Allí, majestuoso, con ese poder del que antes he hablado, sentado en el trono, tiene la ventana absidial bajo sus pies, arropándola, para que en el momento en que la luz incida directamente en ese punto crítico, entre ese rayo poderoso aunque breve en el tiempo, para iluminar todo el conjunto allí representado. Para que no haya duda para el devoto despistado, en el libro que lleva en la mano lo deja bien claro: EGO SUM LUX MUNDI.

La luz del mundo que todo lo inunda en esas fechas provoca una fiesta igual a la que se produce cuando el día deja de alcorzar.

Ahora vamos a San Juan de Busa. Abside de cinco arcuaciones, ultrasemicircular, recoleto y allí entra la luz, ese rayo tímido que incide sobre un latera y que poco a poco va recorriendo el hastial basta que se concentra breve y potente en e altar iluminado, en el ábside diáfano, impactante, quedando el resto de la nave a oscuras.

Quizás el Apocalípsis sea cosa del pasado, una moda, un recuerdo admirable y extraño. Pero todos los años el sol en su incesante recorrido nos vuelve a cautivar enviando sus rayos para provocar el más interesante efecto luminoso artificial de nuestras iglesias, unas u otras por igual. Es por ello que también la luz del mundo llega a Busa para que veamos cono lo natural puede ser tamizado y tergiversado por el hombre para sus más extraordinarias elucubraciones.