Tras acceder a ella lo primero que observamos es el espacio reservado al dance de Yebra de Basa, de gran relevancia en la comarca y que se pone de manifiesto cada 25 de junio en la romería de santa Orosia. Siguiendo con el folklore pasamos a una sala dedicada a la música tradicional pirenaica, sala que se le ha dado el nombre de Julio Caro Baroja, montada con todo detalle y que no deja indiferente a los amantes de la música.
Es en esta planta donde se reserva una gran sala al escultor Ángel Orensanz. Sus obras originales aquí se reducen a sus típicos tubos de hierro horadados, varios “guaches” y una pequeña colección de barros. Lo demás son paneles fotográficos en los que se recoge su obra de exterior en diferentes ciudades. Cada dos años, el Museo está obligado a convocar el Premio de Escultura Ángel Orensanz “Ciudad de Sabiñánigo”; casi todas las obras premiadas están expuestas en esta sala.
No podemos dejar atrás esta planta sin antes visitar el “cuarto de Pedrón”, quizá el rincón más entrañable del Museo. Aprovechando un espacio que queda entre la chimenea y el tejado se ha refugiado aquí Pedrón, el diablo del Museo de Serrablo, un personaje de ficción que en los años de mala cosecha incordiaba a las sufridas gentes de Sobrepuerto y que Enrique Satué ha recreado transformándolo en una persona que representa el ideario del museo. Pedrón es muy querido por todos, especialmente por los niños y los más necesitados.