Parte ampliada

A través de un pasadizo, a la altura de la segunda planta, se accede a la zona que se amplió en 1998. Lo primero que contemplamos es una sala dedicada al dibujo etnológico de Julio Gavín, fundador del Museo, y una colección de fotografías de las iglesias mozárabes de la comarca realizadas por Javier Ara. Un telar del siglo XVII y el espacio dedicado al ciclo de la vida completan esta planta.

Por unas escaleras de madera descendemos al primer piso. La sala de religiosidad popular está dedicada a Antonio Beltrán, estrechamente relacionado con el Museo y su Director. Por medio de cuadros, gráficos, fotografías y piezas diversas se exponen al visitante las diferentes manifestaciones religiosas de Serrablo, especialmente sus romerías (Santa Orosia, San Úrbez, Santa Elena,...). En esta planta se halla la biblioteca etnológica que lleva el nombre de Rafael Andolz, así como una sala de audiovisuales.

La planta baja acoge una muestra representativa de la arquitectura popular serrablesa, que antes de esta ampliación del museo estuvo expuesta en el Museo de Larrés. Todos los utensilios propios de piqueros y carpinteros se exponen aquí junto con una gama variada de puertas, ventanas, dinteles (uno precioso de Otal), tabiques, etc., que nos dan una clara idea de esta arquitectura de la que quedan ya muy pocas edificaciones vivas tras la despoblación y ruina de muchos de nuestros pueblos y el acoso que se sufre en los que todavía quedan habitados por los nuevos modelos al uso. Varias fotografías de Javier Ara completan la visión de nuestra arquitectura popular.

Para concluir la visita a este Museo hay dedicado un espacio a los pueblos deshabitados. Se centra en Ainielle, población de Sobrepuerto que se ha dado a conocer para muchos debido a la novela de Julio Llamazares La lluvia amarilla, y que Enrique Satué, originario por parte materna del pueblo, recientemente ha situado en la verdadera dimensión con su libro Ainielle, la memoria amarilla. Hoy Ainielle es un montón de ruinas pero nos ha quedado su memoria, que simboliza la del resto de pueblos deshabitados de la comarca y que se hace patente en el Museo donde se ha salvaguardado su cultura popular. Por lo demás, este entrañable rincón siempre recordará a nuestros pueblos.

... Cuando Andrés vuelva a Ainielle -si es que vuelve algún día-, muchos antes que él, habrán hecho lo mismo... Todos acudirán como buitres, a mi muerte, para llevarse los despojos de este pueblo en el que yo dejo mi vida. Romperán los cerrojos, las puertas. Saquearán las casas y las bordas, una a una. Los armarios, las camas, los baúles, las mesas, la ropa y los aperos, las herramientas de trabajo y los cacharros de cocina. Todo lo que, durante siglos, con enorme trabajo, los vecinos de Ainielle reunimos irá a parar poco a poco a otros lugares, a otras casas, quizá a algún comercio...

Julio Llamazares

La lluvia amarilla

...Afortunadamente lo que ocurrió en Ainielle lo palió con gran sagacidad, antes de que las bandadas fuesen plagas, “Amigos de Serrablo” al crear un museo etnológico en Sabiñánigo, necrópolis viva del alma material de la cincuentena de pueblos deshabitados que existen en sus alrededores...

Enrique Satué

Ainielle. La memoria amarilla