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Vamos pues a englobar algunos ejemplos de actividades en tres bloques:
a) Las faenas susceptibles de ser realizadas por los tiones.
b) Los elementos extraños, o pequeños comerciantes: arrieros, relojeros etc.,
c) Casas necesitadas que cua.ndo "adubian" trabajaban en oficios.
Finalmente no podíamos dejar de hablar de un oficio milenario en nuestras gentes, el pastoreo, que en algunos casos presenta caracteres de exclusividad.
a).- Una actividad propia de los tiones, por los excasos medios necesarios, era la presa de animales de piel delicada; que luego venderían a los arrieros, como en los tiempos prehistóricos, en que individuos de cultura superiores del llano, posiblemente las cambiasen por delicadas y pulidas hachas bifaciales.
Aquellos personajes "cereños y vivos como as fuinas", parece como si hubiesen sido contagiados por las características de los animales que tantas veces observaban para saber sus costumbres antes de plantar el cepo, el lazo, o la ingeniosa loseta: "moniosos como os esquirgüelos", es deicir, pacientes y astutos como las ardillas; conocedores del tiempo, con la expresión "¡ya lo marca!", traducían de cualquier indicio de animales o del ambiente un pron6stico casi seguro: "Si a Candelera plora l'invierno afora, y si no plora ni aentro ni afora". La nieve reciente era su mejor aliado, pues denunciaba a la presa. Salían a cazar con nevadas como la del año de "La Remonta" que llegaba a los balcones; sus pies calzados con abarcas se abrigaban con unos calcetines abiertos por los lados o "pedaletas", cubiertos a su vez por unas polainas de "cordellate".
Sus víctimas: las fuinas (garduñas); taxons (tejones); esquirgüelos (ardillas). Es de señalar que era tal la fáma, que tenía Espín (Valle Vasa), en la abundancia de estos últimos, en su caza y empleo como manjar, aunque sabían algo a pino, que a los de Espín los apodaban esquirgüelos. A comienzos de siglo también "campaba" mucho el lobo, como lo demuestra la toponimia: "Cantalobos, Planalobo" etc.; su caza la realizaban con cepos loberos; en el siglo XIX según leyendas aún merodeaban por el Serrablo los "onsos".
Hay otras actividades que la materia prima la da generosamente la Naturaleza y que sólo hay que prestarles ingenio; la fabricaci6n de "cañablas" (collares de madera), era una de ellas. En Sasa de Sobrepuerto tradicionalmente algún tión las hacía de madera de pino; la curbatura se daba al fuego y se cerraba con un primario pestillo o "torrullera". En la Galleguera, (Oroses, Oliván, etc.), en cambio se empleaba como madera la "Xalcera", más abundante: éstas se empleaban para las esquilas de las vacas; aquellas para los "trucos, cuartizos, truquetas, medianas o carnaleras" del ganado. La comercialización la realizaban llevándolas por los pueblos del contorno en burro, y cobraban una vez más en las especies de que su "lugarón" careciese. El que el serrablés sacase partido a todo se ve una vez más en que las cañablas también eran utilizadas como moldes en la fabrición de los quesos.
Hay trabajos que aunque no son privativos de los tiones, sí muy propicios, pues aquellos no tenían una sujección a unas tierras y a una familia. Un ejemplo muy peculiar: los "navatieros". Laspuña tradicionalmente ha constituido la cantera de estos hombres, que bajaban madera desde los barrancos empujándola con palancas terminadas en ganchos hasta los ríos ya caudalosos, sobre balsas, para llegar incluso a la desembocadura del Ebro.
El Barranco Otal, que recorre el fondo de la Val de Cuarnas, aún fué testigo a comienzos del siglo de las hazañas de estos hombres que iban siguiendo desde la orilla a los troncos de "fau" o de pino introduciéndose incluso por los congostos del "Puente as Crabas", pasarela constituída por un monolito ciclópeo sobre el que pasaban atemorizadas las personas y caballerías que iban de Escartín a Basarán, y que una reciente tormenta pudo más que quizás muchos siglos de historia. En "Forcos", ya en Ara, agrupaban la madera que cada vez iría rodeada de más corriente. De pequeños muchas veces hemos oído de la madre regañándonos: "¡que madera de navatiar", cuando pisábamos agua; ¿fué el verbo quien dió el nombre al oficio o a la inversa?.
Para algunos pueblos serrableses como son los que tenían parte en los "puertos de Francia", el concepto de frontera es muy moderno y no muy bien asimilado; está demostrada la permeabilidad entre las vertientes a lo largo de la historia, y que quizás remotamente constituyeron un fondo etnológico común. Desde el siglo XVI el Valle de Broto disfrutaba en Julio, Agosto y Septiembre los pastos de Gabarnie; algunos pueblos serrableses como Otal y Basarán, que tenían parte en las montañas de Bujaruelo (Ribera Otal., Faja Basarán), también disfrutaban de ese privilegio. Es natural pues, que los pastores de estos pueblos, que tantas veces se juntaban con los franceses, no se consideraran contrabandistas, cuando pasaban esquilas de Gabarnie, que eran mejores que las navarras compradas en Jaca; o relojes de pared en Pau.
El desfase del ciclo vegetativo de los cereales entre "Tierra baja" y la montaña permitía bajar a ofrecerse como segador a. Huesca y regresar algunos años incluso para Sta. Orosia. En los "fenales" por encima de los 1.000 m, de los que partía ya la tasca del puerto, se podía. cosechar a finales de Agosto. Unos bajaban con "falz y zoqueta", otros con la dalla, "esmoladora y forgas", para afilarla. Muchas veces sufrirían la competencia de las cuadrillas de murcianos, de los que quizás escuchasen canciones como esta que luego cantarían en sus largas caminatas de regreso: "ya han llegado los peones de segas de las Castillas, muertos de hambre, sin dinero, y "rompidas" las costillas".
Quizás fuese la Peste Negra, que Pedro IV decía que había arrasado tres cuartas partes del Reino, la que hiciese desaparecer lugares como Isabal, entre Casbas y Basarán; Niablas; en el fondo del Val de Cuarnas, del que apenas se notan las piedras de las construcciones, y del que los más ancianos de la zona cuentan que una peste mató a todas las personas, sobreviviendo sólo dos ancianas que para lograr la situación de "donadas" fueron por los pueblos limítrofes pidiendo ser recogidas, ninguno accedió; al fin Oto se ocupó de ellas, por eso los pastos de "tasca" que aquel lugar desaparecido tenían junto a Ainielle y Basarán, La Pinosa, pasaron a propiedad de Oto. O la Isuala entre Escartín y Ayerbe de Broto, que aún en el s. XV tenían dos fuegos. Aquellos curanderos, verían con impotencia como su sabiduría tradicional mezclada con cierto grado de superstición no podía nada frente a aquellas pestes. Hasta nuestros días ha llegado la herencia de aquellos que habían observado tantas veces las propiedades de las hierbas del monte; en el Serrablo a comienzo de este siglo era famoso en este menester Chafurras de Piedrafita que "pasaba consulta" en Biescas. Gavín tenía solera en sanar animales de toda la comarca, las "telerainas" de las cuadras eran recogidas para aplicarlas sobre las heridas de animales medida no anticientífica por el hongo que cultiban aquellas; cada mal tenía una solución, como el echar cubos de agua a las vacas "rinchadas". El conocer las terapéuticas que la Naturaleza proporcionaba, no era privilegio de los curanderos: en la Noche de San Juan se recogía por los campos "menta, sabuco, árnica, ruda, malvas, rosas, etc.", luego antes de salir el sol se ponía en un lugar del pueblo todo en común, se "triaba" y se hacía un ramo para cada. Casa, que luego una vez sacado a la sombra se trituraría, aglutinándolo con ron, aceite y anís, "engüento" que serviría para curar heridas no sin antes haber sido bendecidas las hierbas para San Pedro por el cura; hecho que supone una intercesión cristiana para quitar el sentido pagano de estos actos, se ve muy a menudo una yuxtaposición entre la tradición milenaria y la evangelización que en muchos casos no ha podido borrar el substrato pagano.