Las huellas de santos y su uso didáctico

En los caminos que conducen a los santuarios de Serrablo, con relativa frecuencia los romeros pueden observar marcas en las piedras que según la tradición corresponden a huellas del titular del templo cercano.

Las huellas, por su carácter didáctico, se ubican: en los caminos de peregrinación, en los senderos que según la tradición se dice que recorrieron los santos su martirio -Santa Orosia– o en la época vivida por la zona -San Úrbez–.

Aunque se evidencia que son obra humana, la fe y la tradición no ponen en duda su vinculación al santo; estas huellas vienen a ser una prolongación del santuario que vivificadas por la tradición familiar de la casa nadie cuestionaba, pues al llegar a ellas los romeros, los viajeros o los pastores, las besaban, se santiguaban y oraban.

Su origen tiene dos motivaciones claras: por una parte el sentimiento de posesión tan arraigado que tenía el montañés para con su santo local -la huella petrificada suponía una fijación de él–, y por otra, constituía un efectivo mecanismo pedagógico que fomentaba la Iglesia para que la mentalidad popular -remisa a las abstracciones– cobrase motivación ante algo tan vivo y directo como la huella de un santo.

El culto a estas huellas, en el fondo, se basaba en una soterrada predisposición al culto a las piedras que la Iglesia adoptó sutilmente; por lo tanto esta costumbre se encuentra muy extendida especialmente en Galicia, y vinculada a la «didáctica de los caminos de peregrinación» [1] .

El origen cronológico de estas huellas, al menos en lo que concierne a los casos de Serrablo, corresponde al siglo XVII, momento expansivo de la religiosidad popular y de las romerías.

De norte a sur, las huellas corresponden a los titulares de cuatro santuarios -tres de ellos aglutinadores de macrorromerías, como cabía esperar: Santa Elena, Santa Orosia y San Urbez–.

Un caso atípico, vinculado a las huellas de los santos, se encuentra cerca de Santa Elena: los cantiles del congosto del río Gállego parecen formar una figura humana que los romeros, asociando la vida de esta santa a la de Santa Orosia, dicen que se trata de la cara petrificada del caudillo moro persecutor. También en las inmediaciones de dicho santuario se encuentra otra huella, esta vez -se dice– de la propia santa: se trata de la piedra donde se arrodilló camino del lugar donde hoy se erige su ermita; junto a ella brota una fuente de la que los romeros bebían y recogían agua para enfermos; hecho que evidencia su consideración como prolongación integral del santuario, y por lo tanto susceptible de ser disputada su propiedad por comunidades: no en vano se decía que Santa Elena pasó desde Biescas a su templo a través del camino de la parroquia de San Salvador de esta localidad, capitalizadora de las romerías a este santuario frente a la relegada y vecina parroquia de San Pedro [2] .

Las huellas de Santa Orosia se ubican en el camino principal de acceso a su santuario, en la senda que de Yebra sube al puerto de su nombre y que según la tradición siguió la santa y su comitiva antes de su martirio, acosada por las tropas islámicas. Una corresponde al lugar donde se arrodilló; las marcas se han efectuado sobre un gran bloque desprendido naturalmente y que se sitúa a la orilla del camino, y esta gran piedra sirve al mismo tiempo de fundamento para una diminuta capilla donde los romeros hacen parada; se trata de la Ermita de las Arrodillas. La otra huella fue practicada en el último tramo de ascenso, en las balmas de conglomerados donde se acumulan otras capillas; se trata de una concavidad perfecta donde según la tradición una araña tejió su tela para ocultar a la santa.

Las supuestas huellas de San Urbez se ubican en el camino que según la tradición utilizó el santo para trasladarse desde Albella -donde sirvió de pastor– hasta Nocito y San Martín de la Val de Onsera; por lo tanto también jalonan la ruta principal de peregrinación de los romeros del Valle del Guarga y Albella hacia su santuario de Nocito, con lo que estaba garantizada su función didáctica. Se trata de meros topónimos unidos al camino -Campo de San Úrbez, Paso de San Úrbez– [3] o de manifestaciones del medio físico de carácter sobrenatural: Vía recta de San Úrbez, campo cercano a Laguarta donde se dice que el trigo crece más siguiendo los pasos que trazó el santo. En la Piedra de las galochetas [4] aparecen marcados sus pies y el extremo del cayado, y su ubicación, también en el valle del Guarga, aunque apartada de la ruta anterior, se vincula a la estancia del santo en el eremitorio de Saliellas (Cerésola).

La última huella didáctica que aparece en Serrablo corresponde a un santuario de segundo orden -el de Santa Quiteria–; se trata de la marca que se dice que dejó su caballo en el camino que conduce desde Avena al templo.

De alguna manera, aunque indirectamente, también se podrían considerar huellas de santo: los supuestos cambios de color que se producen en las reliquias -Santa Orosia– [5] , y las midas -trozos de tela o de cuerda que retienen exactamente la medida de la reliquia y que son repartidas entre los romeros o devotos–; al menos, la función didáctica y religiosa que cumplen es similar al de las huellas.

Detalle de la roca sobre la que se levanta la ermita de las Arrodillas. Huecos que, según la tradición, señalan dónde hincó las rodillas la Santa.

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[1] Pascual, Carlos: Guía sobrenatural de España , Madrid. 1976. La barca -una piedra– con que llegó a Finisterre la Virgen. La que utilizó para llegar San Andrés (San Andrés de Teixidó). El pozo donde se bañaba la Virgen (Santa María de las aguas santas), etc.

[2] La huella se encuentra en el camino de la parroquia del Salvador a Santa Elena, a la entrada del bosque de Lasieso, cerca del Puente del Diablo. La fuente se denomina: Cruz y Fierro.

[3] El campo de San Úrbez se ubica próximo a Secorún. El paso de San Úrbez que se encuentra entre esta última población y Abellada, aparece en la hoja 1/50.000, núm. 210,42° 23' - 3° 31'.

[4] La Piedra de las galochetas hace alusión a los supuestos pies del santo, calzados a la usanza más pobre que duró hasta el siglo XIX: el empleo de calzado de suela de madera atado con cuerdas. Galochas se pueden ver en la planta baja del Museo etnológico de Serrablo. Esta piedra se ubica al norte de Lasaosa -entre este núcleo y el río Guarga–, en las proximidades de un poblado desaparecido, denominado genéricamente -como en tantos otros casos– el Villar (vid: hoja 210, 1/50.000, caseta del Villar, 420 24'-30 26').

[5] La tradición dice que la testa de Santa Orosia llevada en andas, palidece al llegar el día 25 de junio a la fuente de su santuario en el puerto de Yebra.