La arquitectura popular serrablesa

Ya en esta primera década del siglo XXI debemos levantar acta de la casi desaparición de nuestra arquitectura popular, mal que nos pese. Su deterioro comenzó en la década de los sesenta, la época del desarrollismo, cuando muchos pueblos comenzaron a vaciarse y otros se deshabitaron totalmente. Posteriormente, las nuevas modas constructivas han hecho el resto en los núcleos todavía habitados. Así pues, la arquitectura popular de la comarca la podemos contemplar hoy de forma fragmentaria y aislada, no en su globalidad. Una casa aquí, una borda allá, una fuente más allá,... es decir, como “cerros testigos” de lo que existió. Menos es nada, desde luego.

El estudio de esta arquitectura lo comenzó Julio Gavín a la par que se creó la Asociación a inicios de los setenta, recogiendo cuanta información pudo y dibujando todo lo que pudo, que no fue poco. Comenzados los años ochenta se incorporan a esta tarea Enrique Satué y José Garcés. Los tres son conscientes de que es el momento para realizar un trabajo sistemático que “salve”, al menos sobre el papel, esta arquitectura. Fruto de este trabajo fue la publicación del libro Arquitectura popular de Serrablo, al que remitimos a todo aquel que quiera tener un conocimiento detallado de esta arquitectura popular. Desde entonces hasta hoy el deterioro no ha cesado, salvo intervenciones muy puntuales y, desde luego, plausibles.

Los materiales utilizados son los que la naturaleza del entorno ofrecía: la piedra y la madera. En los estratos de caliza y arenisca se obtenía la piedra para los muros y las losas para las cubiertas; el pino, chopo y boj facilitaban las piezas de madera. El mortero de cal, en unos casos, o el simple buro (tierra arcillosa), en otros, complementaban los materiales básicos.

Los autores de esta arquitectura fueron los piqueros o albañiles. En todos los pueblos su presencia era necesaria; tanto es así que es raro el pueblo que no tenga alguna Casa Piquero. Solían ser de casas con hacienda algo menguada y que el oficio complementaba sus ingresos. El aprendizaje se regía según los parámetros gremiales de origen medieval y buena parte de su trabajo recogía ritos que se repetían sobre todo a comienzo y final de una obra.

Los modelos de casa serrablesa son variados, aunque básicamente responden a dos modelos: la casa-bloque y la casa patio. Estas casas se construían con muros de piedra bastante gruesos, los vanos mayormente hacía mediodía y las cubiertas con losa en las que sobresalían airosas chimeneas. La planta baja estaba reservada a la bodega, la masadería y en muchos casos a las cuadras. La primera planta era la de la cocina-hogar y los dormitorios y alcobas. En muchas casas podía haber una segunda planta.

En una economía agrícola-ganadera las bordas eran un edificio auxiliar importantísimo. En algunas zonas la borda es el lugar de residencia temporal de personas y animales por encontrarse en fincas alejadas del pueblo; en otras zonas por borda se entiende el pajar o yerbero, edificio muy utilizado en la época de la trilla. Las hay de extraordinaria belleza, aunque son cada vez menos las que se mantienen en pie, e incluso algunas han sido reconvertidas en viviendas. Casetas, parideras y mallatas son también edificios complementarios diseminados por el monte y que no están exentos de interés.

Aparte de las casas y los edificios indispensables para el desarrollo del trabajo agrícola y ganadero, hay toda una gama de piezas arquitectónicas de gran belleza: fuentes, lavaderos, abrevaderos, puentes, cruceros, herrerías, arnales,... Unas piezas cada vez más aisladas y descontextualizadas pero que dan testimonio de una arquitectura levantada por nuestros antepasados.

En fin, a pesar de todo, aún es posible admirar algunos rincones y detalles de esta arquitectura popular. Si la ruina todavía lo permite, en algunos pueblos deshabitados es donde podemos atisbar mejor su autenticidad (Sobrepuerto o Guarguera). En los habitados la arquitectura popular, o está muy “contaminada” o es ya prácticamente inexistente, habiéndose salvado del naufragio algún elemento aislado.

La labor de “Amigos de Serrablo” en este terreno se ha plasmado en la restauración de Casa Batanero de El Puente (Museo de Artes Populares) así como del Castillo de Larrés. Ha canalizado también sus apoyos en las iniciativas de particulares, caso de Casa Isábal de Lárrede. Propició el acondicionamiento del molino y la escuela de Ainielle, etc. Y, por supuesto, ahí queda la sección de arquitectura popular en el Museo de Artes Populares de Serrablo y el libro citado anteriormente. Todo ello ha servido como labor concienciadora para que algunos particulares hayan valorado esta arquitectura y han tratado de mantenerla, siquiera parcialmente (chimeneas, portadas, ventanales, pequeñas bordas, etc.). Súmese a ello que la Asociación “Artiboraín” ha recuperado gran parte de los pueblos en los que actúa hace varios años: Artosilla, Ibort y Aineto.