Con motivo del 150° aniversario del nacimiento de D. Santiago Ramón y Cajal se ha recordado profusamente su figura, y en Aragón, como era de esperar, se ha hecho justicia a cuanto representa y durante todo el año 2002 han ido apareciendo numerosos artículos, tanto en la prensa diaria como en semanarios y en publicaciones diversas, destacando la gran trascendencia de su obra científica, que se agiganta con el paso del tiempo, y dando a conocer y resaltando nuevas dimensiones de su enorme personalidad.
Se han escrito biografías y se han editado varias obras describiendo aspectos poco conocidos de su vida y de su entorno. Pero en todo lo que se ha publicado, y son ya numerosos los títulos sobre la trayectoria vital y científica de Cajal, se ha oscurecido o ignorado casi por completo la etapa de su estancia en Jaca, que fue ciertamente más prolongada de lo que comúnmente se cree.
Hay que constatar con preocupación que este desinterés aparece igualmente en lo escrito en publicaciones jacetanas o de la comarca, cuyos autores, se supone, que tendrían que tener más inclinación y curiosidad por indagar y divulgar las circunstancias en las que vivió en Jaca, los lugares que frecuentó, las personas con las que convivió e incluso la casa en la que habitó, que por paradójico que parezca, pocos conocen y nadie se ha molestado en presentar.
En uno de los últimos artículos sobre Ramón y Cajal, aparecido en la revista "Jacetania" el mes de diciembre último, se llega sorprendentemente a afirmar que estuvo en régimen de internado en los Escolapios de Jaca.
Como parece ser que sus "Recuerdos" de "Infancia y Juventud" se citan, pero no siempre se leen, hay que recordar que durante los dos cursos y medio que permaneció en Jaca, matriculado en las Escuelas Pías de la calle Mayor, vivió siempre en casa de su tío Juan Cajal Puente (1807-1874), hermano de su madre Antonia.
Conviene revivir el calor de esas líneas, uno de los mejores capítulos de sus memorias, recogido por eso mismo en algunos textos escolares, en que rememora la vida en casa de su tío y cita con especial afecto a sus primos Victoriano y Timoteo, por cierto los únicos familiares, aparte de sus padres y hermanos, que llega a nombrar en estos escritos, salvo alguna referencia a sus abuelos paterno y materno.
Estos vínculos de parentesco fueron tan intensos y perdurables que incluso en la última etapa de su vida, durante los años veinte del siglo pasado, motivaron varias estancias veraniegas en Jaca.
No hay que perder de vista que las relaciones de afecto y amistad que se crean entre los nueve y doce años suelen ser las más profundas y auténticas, las que más se mantienen a lo largo de la vida.
Tal como se desprende de sus "Recuerdos" y se confirma en la documentación escolar que se conserva en los Escolapios, Ramón y Cajal estuvo matriculado, asistió a clase y permaneció en Jaca, en casa de su tío Juan, durante los cursos 1861-1862, 1862-63 hasta finales de abril de 1864 en que se trasladó la matrícula a Huesca, en cuyo Instituto terminó el curso.
La casa de Juan Cajal era la que ocupaba el actual número 25 de la calle del Ferrenal y sería muy justo y loable que por iniciativa municipal se colocara una placa en la actual fachada recordando los años de la estancia en Jaca de D. Santiago Ramón y Cajal. Es una verdadera lástima que se hayan dejado pasar tantos años sin hacer nada en ese sentido, pues entre tanto el antiguo edificio fue vendido, derribado y sustituido por una nueva construcción. Aunque el emplazamiento sigue siendo el mismo, se ha perdido la antigua fachada y han desaparecido el huerto interior y también la vieja morera, motivo de tantos recuerdos para los Cajal que vivieron en esa casa.
Durante esos años, estudiando en los Escolapios, fue cuando el futuro investigador empezó a curtir su carácter, a afianzar su voluntad, y aunque era niño, a dar ya pruebas inequívocas de una gran independencia y de profundidad de JUICiO.
Por eso fueron tan importantes y críticos en su vida los años transcurridos en Jaca, pero no sólo por lo apuntado anteriormente, sino por la gran trascendencia que tuvo en su trayectoria futura la convivencia con su familia jacetana.
En primer lugar se compenetró totalmente con sus primos Timoteo y Victoriano, vivió con ellos momentos tristes y felices. Asistió a la muerte de su tía Orosia García, fallecida el 20 de marzo de 1862 y estuvo en la boda de su primo Victoriano Cajal con Melchora Bueno, matrimonio contraído en la catedral el l2 de octubre de 1863.
INFLUENCIA DE VICTORIANO
Pero aparte de cuanto narra con bastante extensión de la casa de su tío, de las comidas, de los juegos, con su primo Timoteo, de sus excursiones por el río Aragón y sobre todo de su rebelión en el colegio y de sus agudas reflexiones sobre las carencias de los sistemas pedagógicos que tuvo que sufrir, lo que nos interesa destacar es la influencia que tuvo en D. Santiago el ejemplo y la actividad incansable de Victoriano, algo que se conocía y se comentaba a menudo en el seno de los Cajal de Jaca, muchos años después, pero que sólo se entrevé en sus escritos y ,que por tanto ha pasado desapercibido a sus biógrafos.
En efecto, Victoriano era mayor que su primo Santiago y éste lo consideró y lo quiso siempre como a un hermano mayor. Además tuvieron una constitución física, muy parecida y el mismo reloj biológico. Victoriano nació diez años antes y murió exactamente diez años antes que su primo.
Victoriano era un auténtico Cajal: rebelde, intrépido, tenaz, aventurero y al mismo tiempo una persona cabal, perspicaz y con gran independencia de criterio.
Cuando D. Santiago llegó a casa de sus primos, Victoriano, el mayor, estaba fuera de Jaca. Había dejado muy joven el hogar paterno, se había desplazado lejos, emprendiendo por su cuenta una serie de viajes por distintas partes del país, trabajando en lo que podía, pasando necesidades, pero al mismo tiempo aprendiendo, sacando lecciones de experiencia esmerándose, descubriendo nuevos horizontes para sus proyectos y actividades futuras, tomando iniciativas y ahorrando, como buen hombre de la montaña.
En el capítulo VII de "Mi Infancia y Juventud" D. Santiago dice textualmente:
"Debo añadir que al final de aquel año el trato de mis patrones mejoró muchísimo. Uno de mis primos, Victoriano Cajal, regresado de sus correrías, se estableció en el hogar de sus padres, contrayendo poco después matrimonio con doncella sumamente bondadosa e inteligente. Con aquel inesperado refuerzo, el gobierno de la casa entró en orden y el menú se hizo más variado y suculento".
Efectivamente, Victoriano regresado a Jaca, no siguió el oficio de tejedor que había sido el de su padre, el de su abuelo y el de sus antepasados Cajal desde los antiguos tiempos de Aso de Sobremonte, sino que emprendió con energía nuevas actividades relacionadas con el negocio de la madera. Siendo enormemente trabajador y dotado de una voluntad de hierro, desplegó una serie de iniciativas, muy complicadas para esa época y progresó rápidamente. Antes de que terminara el siglo ya había comprado cuatro casas en el centro de Jaca y dos fincas rústicas en los alrededores.
Hay que hacer un esfuerzo de comprensión para situarse en esos años, los últimos decenios del siglo XIX, para entender el indudable mérito que supuso la realización de un progreso social y económico notable, en uno de los periodos más difíciles y de mayor estancamiento por los que haya pasado el país en los últimos 180 años, teniendo en cuenta todos los ciclos económicos desde entonces. En una situación de notable subdesarrollo y donde cualquier intento de movilidad en la escala social era difícil, prácticamente inexistente. La estructura económica no lo permitía y más aún en las zonas interiores de la nación, donde el nivel de vida de la mayor parte de la población llegaba escasamente al de la pura subsistencia y en las que las oportunidades económicas, debido a la escasez de. capital estaban al alcance de muy pocos.
Todos estos factores desfavorables se acentuaban particularmente en el Alto Aragón, en cuya comarca el exceso de población en relación con los recursos disponibles iba a provocar la conocida emigración, que se incrementó durante la mayor parte del siglo XX. Únicamente la institución de la "casa aragonesa" y de su patrimonio indivisible evitó en esas épocas críticas una auténtica disgregación social.
Un esfuerzo de situación parecido se debe de realizar para la comprensión de lo que ocurría en el seno de la familia Cajal, considerada en su sentido más amplio.
D. Santiago estuvo siempre marcado por el ejemplo y por la influencia de su padre, quien, siendo desde luego una persona excepcional, consiguió en su vida tres grandes objetivos con su solo esfuerzo, partiendo de la pobreza: una completa realización profesional, una situación económica desahogada y lograr, como máxima satisfacción, que sus dos hijos varones llegaran a ser catedráticos de Universidad, esto sin contar lo más importante, el posterior encumbramiento científico de ambos y el reconocimiento internacional a la labor investigadora del mayor, confirmada al máximo nivel con la concesión del premio Nóbel.
En esos primeros años de esfuerzo profesional por abrirse camino, D. Justo aleccionaba y estimulaba a sus hijos y no podía dejar de ponderarles la figura de Victoriano. Les decía más o menos: fijaras en vuestro primo, un poco mayor que vosotros, sin estudios universitarios, pero con su esfuerzo, su tenacidad y su ingenio, sin contar con capital alguno, ha sobrepasado en bienestar a toda la familia y está en vías de crear en poco tiempo un patrimonio estimable.
En esa época juvenil D. Santiago era desde luego sensible al ejemplo de su primo, sin necesidad de que su padre lo aleccionara y aunque afortunadamente siempre prevaleció en él la vocación científica, la influencia de aquél se hizo evidente y no dejó de interesarse por hacer progresos económicos, si bien estos derroteros comerciales exigían demasiada dedicación y no tuvieron la debida continuidad, porque optó sensatamente por seguir a fondo con su vocación médica y de investigación, que era para lo que estaba capacitado.
A este respecto, dice textualmente en sus "Recuerdos": "Sin quererlo, pues, me vi obligado a fabricar emulsiones para los fotógrafos de dentro y fuera de la capital, instalando apresuradamente un obrador en el granero de mi casa y convirtiendo a mi mujer en ayudante. Si en aquella ocasión hubiera yo topado con un socio inteligente y en posesión de algún capital, habríase creado en España una industria importantísima y perfectamente viable, porque en mis probaturas había dado yo, casualmente, con un proceder de emulsión más sensible que los conocidos hasta entonces, y por tanto, de facilísima defensa contra la inevitable concurrencia extranjera. Por desgracia, absorbido por mis trabajos anatómicos y con la preparación de mis oposiciones, abandoné aquel rico filón que inopinadamente se me preparaba".
En el texto anterior, se trata del año 1879, late la preocupación y el pesar que le producía la estrechez económica en la que se veía obligado a vivir los primeros años de su matrimonio, vislumbró que podía liberarse acertando en una actividad económica, lo mismo que estaba consiguiendo por entonces Victoriano, pero enseguida reaccionó y se dio cuenta de que esto retrasaba y lo distraía de su afán principal. No podía simultanear el estudio y la investigación con una actividad mercantil. Afortunadamente para la ciencia eligió el camino correcto.
ADMIRACIÓN CORRESPONDIDA
Al cabo de los años de su trayectoria se reveló desde luego totalmente acertada. No solamente porque siguiendo su decidida vocación investigadora logró con sus descubrimientos sentar las bases de la moderna Histología, sino que su ascenso y reconocimiento en el mundo científico internacional, consagrados con multitud de distinciones y culminando con el premio Nobel de Medicina de 1906, lo convirtieron en la figura indiscutible y excepcional del panorama científico español, que el paso del tiempo no ha hecho más que acrecentar.
Qué lejos quedaba la vieja emulación con su primo Victoriano, pero al mismo tiempo, qué profundos y perdurables fueron sus lazos y afectos a pesar de la distancia tanto física como profesional que los separaba.
Enseguida fue Victoriano quien se convirtió en ferviente admirador de su primo y se hizo uno de los principales portavoces de su fama en toda la comarca de Jaca, comprendiendo y divulgando la importancia científica que había adquirido, cuya enorme dimensión aún era difícil de entender, y que en su primera fase tanto sorprendió a parientes y amigos que lo habían tratado en sus tiempos de estudiante. Según una tradición familiar, incluso su padre, que no llegó a conocer la concesión del Nobel, fue el primer sorprendido cuando empezó a recibir los primeros reconocimientos de los científicos alemanes.
Como D. Santiago era una persona afable y sencilla, le pedía a su primo que le enviara frutas y verduras de su huerta de Jaca, que tanto apreciaba. Durante bastantes años se conservaron los análisis del agua de una de las fuentes de la finca que de forma entrañable llevó a cabo el mismo Ramón y Cajal.
En el año 1903 con motivo de un viaje que realizó a Italia con su mujer y con sus hermanas insistió mucho para que les acompañara Dolores, la hija menor de su primo por la que siempre tuvo gran predilección.
Más adelante, enl922, visitó Victoriano a D. Santiago en Madrid y trató con él y le pidió consejo sobre el testamento que otorgó entonces en un notario de la misma capital, a la que se había desplazado con ese propósito.
Si en su momento se hubiera prestado más atención se podrían contar ahora multitud de pequeños recuerdos, detalles de mayor o menor importancia, pero que ilustrarían sobre la compenetración y la confianza que había entre ellos.
Con el paso del tiempo y con los relevos generacionales se han perdido además gran cantidad de recuerdos: los dibujos de Ramón y Cajal que había en la casa de Jaca, singularmente el retrato de un centinela del Cuartel de los estudios y mucha correspondencia, tanto de D. Santiago como de la familia de D. Pedro, desde Zaragoza y especialmente de Da Pabla y Da Jorja, sus hermanas.
Había una carta de la primera, escrita poco antes de su fallecimiento en la que ensalzaba las cualidades de su madre Antonia Cajal, llegando a firmar que fue ella la más inteligente, bastante más que D. Justo, pues estaba dotada de unas sorprendentes facultades de coordinación mental, de perspicacia y de asociación de ideas, que fueron atributos genéticos determinantes que transmitió en especial a su hijo Santiago. La prueba más palpable, sostenía, era que el hijo que tuvo D. Justo con su segunda mujer resultó una persona humilde sin notoriedad alguna.
A continuación damos a conocer al menos una carta, la de pésame escrita en enero de 1932 por Ramón y Cajal, de su puño y letra, dos antes de su muerte, dirigida a Dolores, la hija de Victoriano. La misiva está orlada de luto debido al fallecimiento de Da Silveria, su mujer, ocurrido en 1930.
Victoriano tuvo otras dos hijas: María Cajal, madre de Albina, Melchora, Juan y Manuel y abuela de los González Chicot, y Oliva, que no dejó descendencia y que estuvo casada con una persona singular: Francisco Pes Masoner "Malladas", propietario de un típico comercio del siglo XIX, ubicado en el mismo Palacio Episcopal y cuyas sentencias y sabios consejos alcanzaron cierta fama y predicamento en la Jaca de finales de ese siglo, que merecían ser divulgados por quienes todavía los conocen y los siguen.