Se acaba de cumplir el décimo aniversario de la muerte de D. Antonio Durán Gudiol. Con estas líneas queremos recordarle y hacer memoria. Una memoria debida y, necesariamente, siempre agradecida de lo que supuso en su momento para la Asociación Amigos de Serrablo. Por si alguien no se acuerda, sin los ánimos iniciales, el apoyo constante y los sabios consejos de don Antonio no seríamos lo que somos.
Quizá alguien piense que esto es una apreciación exagerada. Pero no. No lo es. Al contrario, de la misma manera que cualquiera de nosotros es capaz de traer a su conciencia las personas que le han marcado en su vida, una asociación como Amigos de Serrablo también puede -en este caso, debe- revisar el papel de determinados individuos en su historia.
Ahora podríamos comenzar a repetir lo que en otras ocasiones ya se ha dicho, la historia de aquel cura venido de Cataluña que se hace archivero de la Catedral de Huesca. Un trabajador incansable, navegante por los legajos de la historia medieval de nuestro país. De un Aragón que pesó mucho más de lo que ahora parece ser. Un hombre que se sumergió en los fondos del pasado y los hizo presente para hacer, también entonces, memoria. Una labor callada pero resonando en todos los rincones de su quehacer diario.
Para las gentes de Serrablo su papel nos ha servido como acicate. Nos hizo descubrir lo que el silencio del olvido había dejado al margen. Somos serrableses porque en su momento don Antonio nos abrió las puertas de la historia. De la nuestra, de lo nuestro, de lo que antes de nosotros nuestros mayores fueron. En la tarea cotidiana y constante de lectura de los latines escritos en los manuscritos medievales de don Antonio se mostraba un pasado rico en contenido. Pero silenciado con el paso del tiempo y el cambio de los centros de poder. De las tierras del norte de la provincia de Huesca, Serrablo... había sido sumergido por el devenir de las cosas en unas coordenadas distintas.
Toda comunidad humana, si existe tiene futuro. Eso era lo que don Antonio supo ver en sus primeras llamadas a recuperar el pasado. ¿Alguien puede imaginar espaldadas nuestras iglesias románico mozárabes? ¿alguien puede pensar en un Serrablo sin historia? Las respuestas vienen solas. Sin la llamada de atención que activó don Antonio y que Julio Gavín supo impulsar nada de lo que nos queda por hacer habría sido igual.
Durán Gudiol, a pesar de sus detractores y de las controversias que abrió con su papel como historiador, le ha ganado a la historia de nuestro Serrablo un pulso para incorporarse a ella. Con sus indagaciones en el pasado nos ha permitido consolidar una posición en el presente y una manera de hacer futuro. Si durante siglos los serrableses estuvimos mirando hacia otra parte, lejos de nosotros mismos los estudios e investigaciones de don Antonio nos hicieron despertar a nuestra propia conciencia.
Desde fuera, -si es que alguna vez hubo aquí un dentro- algunos dicen que Sabiñánigo y la comarca de Serrablo son un invento reciente, y comparan nuestra posición en el mundo con la de nuestros vecinos jaqueses que figuran en la lista de los historiadores llenos de méritos y acontecimientos. Podríamos caer en ese error de pensar con esas claves. Sin embargo, considerando el legado de don Antonio Durán Gudiol, utilizando sus trabajos, sus aportaciones... ese no es el camino. Desde donde estamos nuestra tarea es pensar en las cosas que tenemos por delante. Sabiendo de dónde venimos e intentando averiguar que cosas se han dejado al margen en el devenir de nuestra historia.
Por ejemplo, ¿por qué nuestros pueblos serrableses han ido quedándose sin personal? ¿por qué se crea el polo industrial y modernizante en Sabiñánigo? ¿qué significó eso en relación a nuestra propia historia? ¿qué tenemos que afrontar como reto para mañana? Así podríamos seguir formulando preguntas para activar la curiosidad por lo que hemos sido y por lo que podemos ser. Hacer historia porque queremos tener futuro. Rescatar nuestras raíces del olvido y hacer de la memoria un esfuerzo para saber qué hubo antes aquí, qué hicieron los que nos precedieron... o lo que es lo mismo, soñar con nuestro porvenir supone rescatar el camino recorrido. Don Antonio fue una persona especial que nos encendió una pequeña lumbre. En nuestras manos tenemos la posibilidad de cuidar que no se apague... o todo lo contrario. Como aprendimos de Javier Arnal, para estas cosas no hace falta mucho ruido, ni vanidad, ni ensalzarse ante los ecos de la fama. Sólo con esfuerzo, constancia y dedicación las piedras espaldadas vuelven a levantarse.