A Julio Gavín, con el que siempre estaremos en deuda.
No es mi propósito efectuar mediante estas líneas un repaso a la singular actividad cultural y artística que, a lo largo de toda su vida, Julio ejerció en esta comarca de Serrablo. Enumerar todos estos acontecimientos ya lo han hecho, con gran acierto por cierto, plumas como las de Enrique Satué Oliván, José Garcés Romeo y otros que fueron asimismo sus colaboradores y que además lo conocían más profundamente que el que estas líneas suscribe.
Yo conocí a Gavín allá por el verano de 1983. Alguno de vosotros ya sabéis de mi afición a tomar apuntes de paisajes, pueblos y en especial edificios del Pirineo en general y de esta zona en particular: desde Ansó a Yésero, pasando por Sinués, Cenarbe, Bescós, Nerín, hasta Lanuza y Javierrelatre.
Un día, mientras mis hijos correteaban por el pueblo de Larrés y yo dibujaba las ruinas de su castillo, incluida la clave de la puerta con las cuatro barras en relieve, vi venir a un señor con camisa blanca de manga larga, pantalón azul marino y relucientes zapatos. Dibujando eh?- me dijo, y añadió, -pronto habrá aquí un museo dedicado al dibujo. Y yo le contesté aquí tiene uno mío, si lo quiere. Así y allí dio comienzo una amistad que fue creciendo y ha durado toda la vida y que se consolidó aún más al sufrir los dos la pérdida de nuestras respectivas esposas que también compartieron esa amistad.
Como he dicho al principio, sobra por mi parte hacer referencia a la biografía de Julio Gavín; ni soy el más adecuado ni sabría resumir su amplia y fecunda trayectoria cultural. Si me permitís, querría hacer énfasis en el legado que nos ha dejado y que debiera permitir ser la base para singulares estudios, tanto de investigación como didácticos en muy diversas zonas del saber.
De todos es conocido que son tres los apartados a los que Julio dedicó sus mayores esfuerzos, y que, a mi entender, han tenido una mayor trascendencia social y cultural: la restauración de las iglesias mozárabes y edificios de interés social de la zona de Serrablo; la creación del Museo de las Artes Populares y, finalmente, la creación del Museo de dibujo Castillo de Larrés.
Cualquiera de estas tres facetas están, en cuanto a su creación, organización y desarrollo, ampliamente expuestas en los varios libros que ha publicado Amigos de Serrablo, la mayoría de ellos firmados por José Garcés, Enrique Satué y el propio Julio Gavín, ilustrados además con sus característicos dibujos.
Es pues el momento de hablar de ese legado y comenzar por las iglesias. El primer trabajo de Julio, antes de dar comienzo a la restauración, tal como indica Satué en su artículo “El hombre que dibujaba para los demás”, aparecido en el diario del Alto Aragón de 14 de junio 2005, era levantar los planos de las iglesias milimétricamente, además de los detalles arquitectónicos más relevantes, así como un gran número de apuntes formales. Eran plantas, o secciones horizontales species dispositions de la arquitectura, a decir de Vitrubio, arquitecto romano, que ya en el siglo I se denominaban ichnographia (ichno = huella, graphos = representación), que aunque se alejan del concepto moderno de la representación geométrica de la planta de la edificación, mantiene esa descripción de la huella sobre el terreno como ritual en el mundo antiguo.
A partir de la planta, la construcción de estas iglesias, desde el siglo X, consistía en el alzado de la obra (en un texto de esta época se define “la construcción es la edificación de los muros” - laterum en el original latino- diferenciándola de la “disposición” que es la descripción de la planta. Así hay una gran diferencia: la planta se dispone y el alzado se construye; la primera es una cuestión intelectual y el segundo es una cosa de oficio. Plantillas y experiencia, oficio, era lo que aportaban los miembros del gremio, apoyados en la base o planta que había requerido la traza intelectual-religiosa de la “disposición” y que en el siglo IX se atribuye a la ichnographia, exclusivamente a la arquitectura, y que tendrá su apogeo en los siglos sucesivos en la arquitectura gótica, ya apoyada plenamente en la geometría.
A este legado que nos ha transferido Julio Gavín, es decir los planos de plantas y alzados de todos y cada uno de los edificios, es a lo que quiero referirme aquí. En mi condición de catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, tuve el honor de dirigir una tesis doctoral sobre la composición y traza de la arquitectura medieval, basada en la ciencia geométrica, y me consta el esfuerzo y trabajo que le requirió al doctorando levantar los planos de las iglesias y claustros que se tomaron como ejemplo.
Aquí, y gracias a Julio, ya los tenemos y puede ser el comienzo de un gran trabajo de investigación para estudiar la fase compositiva de estos edificios religiosos que complementarían la historiografía llevada a cabo hasta la fecha por autores de reconocido prestigio. A título orientativo, y efectuado sin gran rigor, me he permitido estudiar someramente las plantas de las iglesias de San Pedro de Larrede y de Susín, publicadas en la “Guía de Serrablo” de José Garcés con dibujos de Julio Gavín. Ambas plantas responden a proporciones muy simples: partiendo de una sola medida, todas las demás son múltiplos o submúltiplos de ella; así la anchura de la nave es 3a, la separación de pilastras 2a, los muros a/2, etc. Incluso las dimensiones de la planta de una de las iglesias que figuran en el catálogo responde a las proporciones de la “sección áurea”.
Todo ello viene a confirmarnos que uno de los motivos de la belleza de estas iglesias era la simplicidad compositiva de la planta, además de otros muchos, como pudiera ser la situación de la puerta de acceso o el ángulo visual del ábside desde la intersección de ejes.
Los apuntes que realizó Julio Gavín de estas iglesias, según la terminología vitrubiana de scenographia, han ayudado, como una conciencia visual, a entender la composición arquitectónica de estos magníficos ejemplos mozárabes.
Este ingente trabajo y material acumulado podría ser la base de convenios con estamentos culturales interesados, como pudieran ser la Universidad o Institutos, para efectuar tesinas o tesis sobre el tema.
Sin solución de continuidad nos situamos en el Museo Etnográfico de las Artes Populares de Serrablo. Éste surge de un movimiento cultural que impulsa el rescate de objetos de la vida cotidiana y que, en palabras de Julio Caro Baroja, es fundamental para entender el viejo mundo pirenaico.

Rescatar supone evitar el desmantelamiento de unos testimonios de formas de vida que habían prevalecido a lo largo de la historia desde el Sobremonte hasta el valle. Son objetos que recuerdan vida y oficios, acontecimientos sociales y familiares, y que han de servir como base para historiadores y etnógrafos, además de su alto valor pedagógico.
Me recuerda, aunque en otro orden de medidas, lo positivo que han tenido las pinturas de Vermeer para investigar la disposición y forma de vida de la media y alta burguesía holandesa. El maestro de Delft supo plasmar magistralmente en sus pinturas los espacios habitados, su decoración e instrumentos de confort y sirvieron para que luego historiadores hayan interpretado incluso la arquitectura representada en los mismos. Es de remarcar el rigor con que el pintor holandés reprodujo estos espacios, contrariamente a, por ejemplo, Canaletto, cuyas célebres vedutti poco o nada tienen que ver con los paisajes reales de Venecia, en los que alteró incluso el tamaño y la situación de los palacios.
Me he permitido apuntar este paralelismo entre la obra que nos legó Vermeer y la de Julio Gavín, que posibilita el estudio y la percepción de un mundo ya desaparecido que, añadido a la expresión literal de, por ejemplo, Violant y Simorra en su “Pirineo Español” y otros, permite además de observarlos visualmente, tocar unos objetos arcaicos, pero que no están tan alejados de los que actualmente se utilizan.
Resumiendo este segundo legado de Julio Gavín, vemos la importancia didáctica de todo el contenido del museo etnográfico. Incluso el propio edificio refleja la manera en que fue construido y el modo de vida de sus habitantes.
Hasta aquí y de una forma simple hemos hecho referencia a la aportación de Gavín a la cultura aragonesa en general y serrablesa en particular, en lo que a iglesias mozárabes y artes populares se refiere. Nos queda reseñar lo que para Julio fue un sueño primero y una realidad después y que no es otra que el Museo de Dibujo Castillo de Larrés.
Ya hemos hecho referencia a la forma magistral con que Amigos de Serrablo, mediante amplia bibliografía, han tratado y descrito el Museo de Dibujo, incluido el catálogo del mismo.
Siguiendo esta pauta, pretendo hacer un comentario sobre el contenido del museo que su creador y director ha recopilado desde su inauguración en 1986. Con sello de identidad propio, complejo por cierto, es además el único en España dedicado exclusivamente al dibujo. El gran número de obras expuestas y/o archivadas, la variedad de su temática, técnicas y soportes, que prácticamente coinciden con el número de artistas que en esta colección participan, hace que sea aquí en donde, a mi entender, se centra la riqueza del conjunto, el cual, dado su procedencia de donación voluntaria, ha creado un campo inédito para la investigación.
Sería complejo y costoso en el tiempo enumerar todos y cada uno de los dibujos contenidos en sus salas, a los cuales se habría de añadir la amplia producción de Julio Gavín que nunca quiso exhibir. Pero sí deseo dejar constancia, a mi modesto entender, que hay magníficos ejemplos que pertenecen al universo puro de la práctica del arte como actividad autónoma e independiente. Otros ejemplos se relacionan con otras prácticas artísticas y así lo demuestran sus variadas técnicas gráficas.
Figuran expuestos dibujos cuyo fin es transmitir la realidad ya ejecutada -los más-, o por realizar. Incluso otros dibujos transforman esa realidad con gran influencia de las formas y maneras de expresión propias. Otras obras de esta colección tienen como misión principal la comunicación, como son el habla, la escritura, o la gesticulación, mientras que otras hacen énfasis en la pura expresión.
Podemos hallar variadísimas técnicas expresivas, casi tantas como obras expuestas: lápiz, tinta, carboncillo, acuarela, guache, tizas y un sinfin de mezclas, que ayudan a la complejidad de un profundo análisis. Impresiona el contenido formal de todo el material contenido en las salas, tanto figurativo como abstracto y, por descontado, el apartado dedicado al comic. En calidad de profesor de la ETSAB, estoy dirigiendo una tesis doctoral con el título “El dibujo de la arquitectura en el comic”, por lo que entiendo que el material disponible en este apartado permitiría asimismo un trabajo de investigación.
El dibujo, que siempre fue considerado como obra menor, ha pasado a adquirir un relieve que nunca debió faltarle, teniendo en cuenta que la obra terminada, ya sea arquitectura, escultura o pintura, siempre fue precedida por infinitos dibujos que las hicieron posibles. Basta recordar a Julio González, Pablo Gargallo, Chillida, Oteiza en la escultura y, por nombrar a un solo pintor, Picasso, del cual no se entendería el Guernica si previamente no se estudiasen los dibujos preparatorios del mismo, en los cuales ya expresaba tanta tragedia acumulada. Análogamente podríamos decir de otros pintores, como Kokoschka, Mondrian, Kandinski o Tàpies. En cuanto a la arquitectura, no existe ningún profesional que no comience sus estudios sin realizar antes diversos bocetos o croquis.
Como resumen, podemos afirmar que gracias a Julio Gavín existe un patrimonio arquitectónico irrepetible, que de no haber sido por él hoy no serían ni tan siquiera ruinas, sino que esas piedras estarían formando bancales o muros de viviendas del entorno. Que gracias a su esfuerzo y tesón hoy podemos tener en nuestras manos objetos de la vida cotidiana de un pasado no tan reciente. Y que, finalmente, nos permite recrearnos perceptivamente con una colección de dibujos única por su variedad, tanto de artistas como de técnicas gráficas empleadas.
Todo esto se lo debemos a él, a Julio Gavín. Podría haber sido otro quien lo hiciese, pero fue él, precisamente él y quienes colaboraron con él.
Hasta aquí hechos sabidos, tangibles y reconocidos por todos los que amamos la cultura y las tierras en donde vivimos y admiramos a personas como Julio, que de forma desinteresada ha legado todo ello a su país y a su tierra de adopción.
Pero yo he pretendido y querido hacer énfasis en el contenido de ese legado como proyección cultural y base para posteriores estudios pedagógicos y de investigación. Dar a conocer un material elaborado con rigor y honestidad para que, a partir de él, se pueda complementar y desarrollar en el futuro. En su memoria, espero que entre todos sepamos hacerlo.