El sello de los quesos de Casa Juan Domingo (Sasa de Sobrepuerto)

1. La pista del arriero

Hace unos años, Antonio Bellostas, de Casa Banastón de Naval y uno de los últimos arrieros que anduvo por Sobrepuerto, me hablaba de los afamados quesos de Sobrepuerto ("igualitos que el Manchego"), de su función como moneda para el intercambio por aceite o cualquier otro de los productos que transportaba desde el Somontano y de su gran aceptación en los lugares donde los vendía (Naval y alrededores, Benabarre, Tremp, Sort,. ..). Cuando le pregunté por los pueblos que más destacaban por su producción quesera, la respuesta fue rápida: Otal, Cortillas y Escartín; sin embargo, añadió que, en general, de entre los quesos que se elaboraban en Sobrepuerto, los que tenían mayor demanda y valor en los puntos de venta eran los de Casa Juan Domingo de Sasa de Sobrepuerto. Se acordaba sin ninguna dificultad ya que no sólo eran unos quesos muy limpios y de un color muy blanco, sino que, además, eran los únicos de todo Sobrepuerto que se marcaban con un sello ("unas letras") en su cara superior. Conviene recordar que, en aquel entonces, las marcas de identidad brillaban por su ausencia entre los alimentos producidos en el medio rural. La existencia de tal sello despertó mi curiosidad y, precisamente, en este artículo se exponen las circunstancias que permitieron localizado y entender su significado. De las andanzas de Don Antonio por Sobrepuerto y otras zonas de Serrablo ya hablaremos largo y tendido en otra ocasión.

2. ¡El sello existe!

Algunos meses después, surgió el tema de los arrieros durante una conversación con Angelines Villacampa de Casa Mallau (Susín) y le comenté lo que me había dicho Antonio Bellostas sobre los quesos de Casa Juan Domingo de Sasa. Angelines se emocionó visiblemente y, ante mi sorpresa, me comentó que precisamente de esa Casa era Avelina Villacampa Allué, su madre. Angelines recordaba los veranos en Sasa como si hubieran tenido lugar el día anterior y en su memoria se había quedado grabada la imagen de su abuela (Avelina Allué Palacio), su madre y otras mujeres de la Casa trabajando exquisitamente en la elaboración de esos quesos tan apreciados por el antiguo arriero. Y, por supuesto, se acordaba del sello, con el que marcaban todas las piezas, y que había llegado a convertirse en todo un símbolo para los miembros de la Casa, de tal manera que lo seguían conservando en la actualidad. Según Angelines, posiblemente lo tendría Anabel, hija de su primo Joaquín Puyuelo Villacampa y residente en Fiscal, el mismo lugar a donde marcharon, allá por 1936, José Villlacampa y Julia López, los últimos amos de Casa Juan Domingo.

3. Una visita al Jabalí Blanco

La visita a Anabel Puyuelo era casi obligada por lo que, algún tiempo después, me acerqué hasta Fiscal y, más concretamente, al camping "El Jabalí Blanco", del que es propietaria.
Este camping está situado justo donde comienza la pista que conduce a Bergua y, con un poco más de dificultad, a Sasa. Tras la sorpresa inicial por el interés que mostraba un desconocido por un objeto tan concreto, Anabel se acercó a su casa a buscado. Desde luego, para ella no se trataba de uno de esos objetos que conservan casi como por inercia y que se van almacenando sin más, hasta pasar al reino del olvido, ya que no tardó más de dos minutos en regresar con el sello. Se trataba de un óvalo de madera, de dimensiones 4,3 x 3,6 x 0,6 cm, que había sido trabajado por una de sus caras de tal manera que cuando se usara quedaran impresas las iniciales "S.P." y que aún estaba impregnado con restos de las proteínas de la leche de oveja churra tensina con la que se elaboraban los quesos (Figura 1). Un sello que había sido trasmitido de generación en generación desde el día en que el/la artífice decidiera identificar sus quesos.

4. S.P.: Sebastiana Palacio

Pero, ¿qué significaban las iniciales S.P.? Había que volver a Susín en busca de la respuesta. En junio de 2001, Ricardo Galtier-Martí Jiménez había concluido en Jaca la "genealogía de doña Angelines Villacampa Villacampa, señora de Casa Mallau, de Susín, en la Tierra de Biescas". Dicha genealogía, completamente rigurosa, abarcaba las cinco generaciones transcurridas desde aproximadamente el último tercio del siglo XVIII y fue clave para identificar a "S.P." Se trataba de las iniciales de Sebastiana Palacio Villacampa, una mujer nacida en 1853 en Sarsa de Surta y que, hacia 1.877, salió para casarse con Ramón Allué López, de Casa Juan Domingo de Sasa (Figura 2).

El marcaje del queso es una práctica que empieza en España en el último tercio del siglo XIX por la creciente influencia de los mercados (1). Los arrieros manejaban quesos de muchas casas y la calidad podía ser muy dispar. Antonio Bellostas, el arriero de Naval, recuerda que, igual que los quesos de Casa Juan Domingo estaban siempre muy blancos y limpios, también existía el otro extremo de la escala: quesos casi negros por la falta de higiene durante su elaboración y almacenamiento. En este contexto, Casa Juan Domingo desarrolló un sello de madera que permitía reproducir todas las veces precisas una misma marca de procedencia sobre la masa tierna del queso y que, de algún modo, garantizaba la calidad de las piezas. La extremada sencillez del sello (simplemente iniciales, sin ningún motivo decorativo) y el hecho de que se refiera a una mujer son característicos de los primeros sellos para quesos, cuyo periodo de elaboración (último tercio del siglo XIX) concuerda totalmente con el del casamiento de Sebastiana y su vida posterior en Sasa. Curiosamente, Antonio Bellostas (nacido en 1913) conoció personalmente a Sebastiana y fue testigo de su maestría quesera durante aquellos veranos en los que, siendo todavía un niño, acompañaba ya a su padre, también arriero, en sus viajes por Sobrepuerto.

Tras una visita a Sarsa de Surta, supe que Sebastiana era de Casa Ramón, por el aplastante razonamiento de que era la única familia del pueblo que tenía el apellido "Palacio". En la actualidad, Luis Palacio es el dueño de la casa, recientemente rehabilitada, a la que acude en períodos vacacionales. Sarsa de Surta se ubica en el fondo de un amplio valle, donde residiera Ramiro 11 el Monje allá por 1137. Se trata de un claro modelo de hábitat disperso, vertebrado en cuatro agrupamientos con la parroquial del s. XVI en medio, que conserva una auténtica torre románica. Casa Ramón está situada al lado de la iglesia y es, con diferencia, la que más destaca en Sarsa. Posee todos los atributos de una casa fuerte, incluido un escudo fechado en 1586 (Figura 3).

Hasta mediados del siglo XX, Sarsa de Surta se emplazaba en un lugar estratégico ya que, por sus inmediaciones pasaba una de las principales cabañeras que enlazaba Sobrepuerto, el valle de Broto, el valle de Vió y La Solana con el Somontano a través de la Sierra de Sevil. Fue una ruta muy transitada por las gentes de Sobrepuerto, a veces con su ganado hacia Tierra Baja y otras en "misión comercial" a la zona de Alquézar, Radiquero, Adahuesca y La Alberuela de la Liena, lugares donde las casas fuertes solían tener tierras para garantizar su abastecimiento de vino y aceite. También era ruta obligada de paso para los arrieros de Alquézar que acudían a Sobrepuerto. En consecuencia, no es de extrañar el casamiento de Sebastiana Palacio y, de hecho, no constituye un caso aislado en la zona.

5. Casa Juan Domingo en el amillaramiento de Cortillas

Sasa de Sobrepuerto, pueblo conocido en la zona como "La Barceloneta", formaba parte del municipio de Cortillas (integrado por Cortillas, Cillas y Sasa) y, precisamente, experimentó su mayor apogeo durante el siglo XIX, llegando a contar con nueve casas y 58 habitantes en 1857 (2). El núcleo se estructuraba en un eje único Oeste-Este que partía de la plaza principal o alta. En el frente principal de esa plaza estaba Casa Juan Domingo, justo entre Casa Ramón y Casa Acín. Cuando Sebastiana llegó a Casa Juan Domingo, los amos eran sus suegros Mariano Allué Campo y su esposa María López López, de Casa Cosme de Cortillas, otro fiel reflejo de la tradicional política de uniones entre casas fuertes que existía en el Alto Aragón. Y es que, en el marco de Sobrepuerto, Casa Juan Domingo de Sasa podía considerarse toda una potencia ganadera a mediados del siglo XIX.

No en vano, en el amillaramiento de Cortillas de 1862 (3) figuraba como la tercera del municipio en "cabrío y lanar" (237 cabezas: 230 de lanar y 7 de cabrío), únicamente por detrás de dos instituciones en la Huesca del siglo XIX: la citada Casa Cosme (330 cabezas) y Casa Montes (301 cabezas), ambas de Cortillas. A corta distancia de Casa Juan Domingo se situaba otro de los buques insignia de Sobrepuerto, Casa Ramón (Sasa) con 185 cabezas. El propio Mariano Allué fue uno de los miembros de la Junta Pericial que, e14 de septiembre de 1863, dio su conformidad a los datos recogidos en el amillaramiento. No obstante, y según se desprende de los libros de cuentas de algunas casas, como el "Cuaderno de Francisco López de Cartillas, para Anotar mis Cuentas, Entregas y Deudas y demás Apuntes" (4), que cubre el periodo comprendido entre 1855 y 1920, el número de cabezas de ovino era sensiblemente superior en todas las casas pero todas lo rebajaban proporcionalmente con vistas a reducir el importe líquido imponible.

Mariano Allué Allué(Sasa) Rosa Campo Muro(Yebra de Basa) José López Visuales(Cortillas) Rosa López González(Osán) Carmelo Palacio (Sarsa de Surta) Ricarda Grasa (?) José Villacampa Calvo (Morrano) María Villacampa Escarpín (Laguarta)
Mariano Allué Campo (Sasa) María López López(Cortillas) Ramón Palacio Grasa (Sarsa de Surta) María Villacampa Villacampa (Laguarta)
Ramón Allué López (Sasa) (n. 1849) Sebastiana Palacio Villacampa (Sarsa de Surta) (n. 1853)
Avelina Allué Palacio (Sasa) (n. 1877)

Agradecimientos:
Este artículo no hubiera sido posible sin la información proporcionada con tanta amabilidad por Antonio Bellostas, Angelines Villacampa y Anabel Puyuelo.
Referencias
(1) Fernández P. Catálogo de Herramientas y Útiles Tradicionales para Elaborar el Queso. Museo Etnográfico de la Lechería, La Foz de Morcín, Asturias, 2000.
(2) Satué, J.M. Sobrepuerto. Naturaleza en Silencio. Edición del autor. Zaragoza, 1997.

Juan Miguel Rodríguez Gómez,
Universidad Complutense de Madrid,

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