Revista SERRABLO Edición Nº 98 Diciembre 1995 - Panorama hagiográfico de los titulares de santuarios en Serrablo.

Sumario

Editorial

José Garcés Romeo

Vocabulario de Sobrepuerto.

José María Satué Sanroman

Artosilla, en el corazón de La Guarguera

Ricardo Mur Saura

1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo.

José Carlos Castán Ara

La arquitectura popular en las distintas areas de Serrablo.

José Garcés Romeo
Julio Gavín Moya
Enrique Satué Oliván

Panorama hagiográfico de los titulares de santuarios en Serrablo.

Enrique Satué Oliván

La pardina de La Isuala.

José María de Ferrer

A vueltas con la arquitectura popular.

Leonardo Puértolas Coli

Noticias.


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Panorama hagiográfico de los titulares de santuarios en Serrablo.

Enrique Satué Oliván

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En Serrablo la hagiografía se ciñe a los tres titulares que promueven macrorromerías: Santa Elena, Santa Orosia y San Urbez –estos dos especialmente– . Los titulares de los santuarios menores no generaron estudios de esta índole, aunque siguiendo el principio de la tendencia posesiva de la religiosidad popular de la zona, raro era el santo al que la tradición local no vinculase con la comarca (vid. 11.1.1), tal como sucede con Santa Elena.

Hagiográficamente, de los tres titulares Santa Orosia es la que más atención ha recibido (vid. biblio. cap. II); hecho que sin duda se basa en gran parte en su fortísimo arraigo en la montaña del Viejo Aragón, y en que tras su devoción existe una ciudad –Jaca– creadora y dinamizadora de teorías sobre la vida de su patrona. Le sigue en bagaje hagiográfico San Urbez, copatrón de la montaña junto a la anterior, que aunque incidía secundariamente sobre la población de Huesca, esencialmente lo hacía sobre el mundo rural prepirenaico. Mientras que en el caso de San Urbez y Santa Orosia la tradición escrita imbrica sus vidas sobre la territorialidad de su santuario, en el caso de Santa Elena, titular universal, tan sólo merecerá atención, y en el siglo XVIII, la crónica de su templo que hace el Padre Martón –con alguna apropiación local de parte de su vida– .

Por la forma y el contenido, la dinámica hagiográfica de Santa Orosia y de San Urbez tienen muchos puntos de contacto; el primero sería las polémicas hagiográficas que desde la Edad Moderna han originado sus vidas, especialmente la de Santa Orosia, agudizada en Jaca, y que en el siglo XVII alcanzó matices de intransigencia [92] .

Llama la atención, en segundo lugar, la similitud estratigráfica de la hagiografía de ambos titulares a lo largo de la Historia: tras un periodo difuso y azaroso, la información sobre ambos santos converge en los breviarios del siglo XVI, que a su vez, junto a la tradición diocesana, serán polarizados a comienzos del siglo XVIII por sendos hagiógrafos básicos –Alavés y la Sala, para Santa Orosia; y Agustín Carreras en el caso de San Urbez– [93] . Evidentemente, la estructuración hagiográfica del titular se forja paralelamente a que las romerías que promueve llegan a su punto más álgido –el siglo XVIII– , tras una centuria decimoséptima generatriz en lo religioso. A partir de entonces y hasta la actualidad, se produce un fenómeno didáctico de recreación y deformación hagiográficas, teñida de tópicos repetitivos y desarrollada esencialmente por canónigos, curas o maestros de enseñanza primaria, todos ellos nacidos en el ámbito de influencia del santo [94] ; en ambos casos, un notorio clérigo coetáneo aglutinará la hagiografia conocida y la divulgará en un contexto de revitalización del culto tras el desmantelamiento de la sociedad rural montañesa que lo sustentaba, fenómeno en parte fomentado por sectores emigrados –J.F. Aznárez, en el caso de Santa Orosia; y D. Iguacen, en el de San Urbez– . Finalmente, el insigne medievalista y canónigo de Huesca, Antonio Durán Gudiol, revisará la hagiografia tradicional de ambos santos, situándolos criticamente en un contexto histórico que dará nuevas similitudes: la aragoneseidad de los dos y un origen sociológico similar: ser hijos de matrimonio mixto (padre muladí y madre cristiana) del siglo noveno.

El tercer punto significativo de contacto lo establecen los milagros de ambos patronos de la montaña, tendentes a demostrar su dominio sobre la Naturaleza: si Santa Orosia, antes de su martirio, o durante él, hace surgir espontáneamente el trigo o brotar fuentes, San Urbez domina a los animales salvajes y a la meteorología. El poder de ambos santos se muestra superior a una Naturaleza a la que humillan, dejando bien clara la superioridad del catolicismo sobre los cultos precristianos. También será por eso que la hagiografia tradicional de los dos patronos absorbe a la figura del pastor [95] , símbolo directo que pone en contacto con la esencia montañesa. Finalmente, y como prolongación de lo dicho, tanto Santa Orosia como Santa Elena y San Urbez hagiográficamente quedan conexionados en algún momento de su vida con el moro o gentil, ante el que no ceden ni claudican.

La hagiografía tradicional y crítica de Santa Orosia ha sido estudiada por el autor en su tesis de licenciatura; de cualquier forma, cabe volver a resaltar su gran desarrollo cuantitativo y cualitativo. Tras azarosas trasmisiones escritas, en el siglo XVI los breviarios de Tarragona y Huesca se constituyeron en fuentes generatrices de la historiografía tradicional que llegará hasta el siglo XX, siendo el canónigo de Jaca Alavés y la Sala quien escribiese en 1702 la obra clave [96] , copiada y repetida por sucesivos autores y cuyo interés desborda lo religioso para adentrarse en la etnohistoria a través de un análisis inusualmente profundo. En el caso de esta santa se hace patente la presencia de una ciudad que vibra ante cualquier intento de alterar la imagen inamovible que de aquélla legaron los antepasados; así, cuando sectores criticos de la Iglesia lo intentan, el obispo o la misma Hermandad de romeros de la santa elaboran e imprimen un manifiesto de réplica; esta actitud que llegará hasta el momento presente, y que se encarnará en la figura del canónigo Juan Francisco Aznárez, contará con un gran respaldo social entre la élite tradicionalmente «jacetana» [97] . La hagiografía de la santa que llegaba a la sociedad rural era la que derivaba de Alavés; es decir, la de una princesa de Bohemia que, a través de un argumento hecho encajar en aparatosa disonancia con la Historia, viene a casar a finales del siglo IX con el rey aragonés Fortuño Garcés y es martirizada en los puertos de Yebra por tropas islámicas, para que dos siglos más tarde fuesen repartidas sus reliquias por un pastor entre Yebra y Jaca. Esta hagiografia tradicional sacrificará el rigor histórico en aras del didactismo, para lo que no dudará en emplear fechas concretísimas que aparentemente den mayor verosimilitud a la vida de la santa [98] .

La postura crítica que encarna Antonio Durán Gudiol [99] inserta el martirio de la santa en la dinámica real que crean en Serrablo durante el siglo noveno los elementos islámicos, carolingios e indígenas [100] ; es decir Orosia sería altoaragonesa y martirizada por la represión cordobesa a comienzos de siglo, bien durante la represión para abortar las actividades francas en los altos valles, o bien durante la segunda mitad, para castigar alguna sublevación de los cabecillas muladíes.

La trayectoria hagiográfica de San Urbez tiene menor desarrollo y apenas ha suscitado polémicas, en parte debido a que su figura se ha difuminado históricamente en el mundo rural sin gravitar tras de ella una ciudad, como sucedía con Jaca y Santa Orosia. Tras un proceso aglutinador de las fuentes hagiográficas, similar al caso de Santa Orosia, en 1701 –un año antes que Alavés– el canónigo Juan Agustín Carreras elabora la principal obra hagiográfica del santo, con esquemas similares a los trazados por el primero, aunque haciendo un análisis más superficial del culto [101] . Tras Carreras no se aporta nada nuevo, y al igual que con Santa Orosia, hasta el siglo XX se entra en un periodo de recreaciones sucesivas, y lógicamente de deformaciones, en las que participan los clérigos: Huesca, Deza, Orús, etc. (vid. biblio. cap. II). En el caso de San Urbez, el último eslabón del árbol hagiográfico tradicional –Aznárez para Santa Orosia– lo encarna el actual prelado Damián Iguacen Borau, cuya obra ha revitalizado el culto al santo al amparo de los montañeses emigrados (vid.V.3.2.1.6).

La vida de San Urbez que refiere la hagiografia tradicional le da un origen francés, de Burdeos, y de alta extracción social al igual que ocurría con Santa Orosia. Su llegada a la Península se articula en base a una hipotética guerra entre gallegos y bordeleses, recibiendo el mandato divino de ir a Alcalá de Henares a recoger las reliquias de los santos Justo y Pastor, profanadas por el Islam. Desde allí Urbez se dirige hacia Aragón transportando en una alforja dichos restos en similitud a lo que hacía el Pastor con los de Santa Orosia, y dentro del movimiento de reliquias «sur-norte» que motiva la invasión musulmana. Desde la edad de 30 años a la de 50, Urbez se inserta en la sociedad montañesa –valles de Vio, Ara y Serrablo– encarnando la esencia humana de la zona: el papel de pastor sirviente que sanciona positivamente las superestructuras –casa, heredero único, etc.– (vid. X.3). Desde los 50 años a la centena con que murió, Urbez, según esta hagiografia, hace vida eremítica, primero en San Martín de la Val de Onsera –santuario de la vertiente meridional de la Sierra de Guara, fundado según creencia popular por el propio San Martín, quien ordenaría a San Urbez– [102] , y posteriormente en el santuario de Nocito, en la cara norte de Guara.

Como en el caso de Santa Orosia, Antonio Durán Gudiol ha revisado críticamente la hagiografía de San Urbez [103] , y curiosamente llega a conclusiones similares a las alcanzadas con la primera: reivindica el carácter altoaragonés de Urbez y su filiación de matrimonio mixto cristiana-musulmán, ingresando en el monasterio de San Martín –Hoya de Huesca– para luego fundar el de la misma advocación en la Val de Onsera. Para Durán, sería un monje del siglo XII de San Ponce de Tomeras, al que pertenecía San Urbez de Nocito, quien amparado en la Legenda Aurea tejería la vida que la tradición asigna al santo.

Anexo II. 2.

HAGIOTOPONIMOS DE SERRABLO. (Muestreo sobre 35 núcleos de la comarca).


ANDRES, San. Abenilla, Serué (cerro de).
ANTON, San. Aso de Sbte. (cerro de), Asún (cerro de), Belarra (barranco de).
BERNABE, San. Otal (campo de).
BERTOLO, San. Acumuer (bosque de), Orús (campo de).
BITIAN, San. Belarra (campo de), Cañardo (campo de), Ordovés (campo de).
CLIMIENDE, San. Escartín (barranco de).
COCOBA, San. Cillas (monte de).
CRISTOBAL, San. Cortillas (monte de), Larrés (campo de), Orna (campo de).
CRUZ, Santa. Ainielle (campo de), Azpe (artica de), Grasa (cerro de), Ibort (monte de), Fablo (tozal de), Isun (fuente de), Jabierre del Obispo (campo de), Satué (fuente de).
CHAIME, San. Azpe (campo de).
CHELAMON, San. Abenilla.
CHINES, San. Gésera (monte de), Sasa (campo de).
CHULIAN, San. Serué (campo de).
CHUSE, San. Belarra (campo de), Espín (campo de).
DAINA, San. Biescas (monte de).
ENGRACIA, Santa. Ibirque (huerto), Biescas (campo con dólmenes).
EUNEMIA, Santa. Gésera (monte de).
FELICES, San. Biescas (pueblo desaparecido), Ibort (monte de), Oliván.
FIMIA, Santa. Ainielle (monte de).
JUAN, San. Allué (campo de), Larrés (campo en el que segun la tradición existió una ermita), Oliván (campo de), Ordovés (barranco de), Orna (campo de).
JUSTE, San. Abenilla (campo de), Allué (Pardina de San Chust de Val), Cañardo (fuente de), Oros alto (cerro de San Chus), Serué (campo de).
ESTEBAN, San. Belarra (campo de), Ibirque (campo de).
EUGENIA, Santa. Acumuer (campo de), Lasaosa (campo de), Otal (campo de).
LORIENDE, San. Cillas (monte de).
LUCAS, San. Asún (cerro de), Ordovés (barranco de San Luque, castillón de San Luque).
MAMES, San. Aso de Sbte. (despoblado en ruinas).
MARIA, Santa. Acumuer (Pardina de Sta. María de Arrasul, ruinas), Aso de Sbte. (campo de), Larrés (barranco de), Lasaosa (fuente de).
MARINA, Santa. Isún (cerro de), Sasa (monte de).
MARTIN, San. Acumuer (campo de), Aso de Sbte. (campo de), Biescas (ruinas cerca de la ermita de Santa Elena), Cañardo (campo de), Javierre del Obispo (cerro de), Lárrede (monte de), Larrés (campo de), Pardinilla (loma de), Serué (campos de).
MIGUEL, San. Ainielle (campo de), Grasa (monte de), Ibort (campo de)> Javierre del Obispo (campo de), Larrés (campo en el que existió una ermita).
OLALLA, Santa. Asún (campo de).
OROSIA, Santa. Lárrede (campo de).
PAGUL, San. Aso de Sbte. (campo de).
PEDRO, San. Grasa (monte de), Serué (según la tradición, campo en el que existió una ermita perteneciente al poblado en ruinas denominado El Villar).
PELAY, San. Cillas (monte de), Gavín (monte de San Peláez), Grasa (cerro de).
QUILEZ, San. Gavín (monte de), Javierre del Obispo (cerro de), Otal (campo de San Quiles).
RAMON, San. Belarra (campo de).
ROMAN, San. Ibort (campo de), Serué (campo de).
SALVADOR, San. Acumuer (campo de San Salvatos), Espín (campo de), Serué (campo de).
TORNIL, San. Abenilla (campo de), Allué (A foya de San Tornel), Javierre del Obispo (campo de), Serué (campo de).
URBEZ, San. Basarán (Sandurbez, campo de), Javierre del Obispo (Pardina de), Lasaosa (campo de).
VICIEN, San. Belarra (huerto de), Ceresola (ruinas), Ibort (campo de).


[92] Buesa Conde,Domingo: Jaca, dos mil años de Historia. Jaca. 1982. pp. 189-199.

[93] Salvador Alberto ALAVÉS y LA SALA, op. cit., y Juan Agustín CARRERA RAMIREZ y ORTA, op. cit.

[94] En el caso de Santa Orosia: el canónigo penitenciario de la catedral de Jaca, José Castán (1903); el maestro de primera enseñanza de Yebra, Vicente PUEYO JULVE (1893); el arcipreste de Sos del Rey Católico (1935), etc. En el de San Urbez: los clérigos de la diócesis de Barbastro -el área de influencia del santuario se reparte entre los obispados de Huesca, Barbastro y Jaca-: Andrés Deza (1885); Mariano Orús Villacampa (1963), etc.

[95] En Santa Orosia, a través del reparto de sus reliquias, un pastor marca la zona del culto. En el caso de San Urbez, el propio santo desempeña durante parte de su vida dicho oficio por las montañas.

[96] Salvador Alberto ALAVES y LA SALA, op. cit. Cuando en 1702 escribió la obra, era canónigo de la catedral de Jaca y había sido dos veces vicario general, oficial eclesiástico y juez ordinario del obispado, así como rector de las aldeas de Navasa y Sasal -próximas a Jaca-. El trabajo, dividido en dos partes -en la primera se trata la vida de la santa, y en la segunda las manifestaciones de ésta en la religiosidad popular de la montaña-, evidencia el haber sido hecho por una persona muy introducida en la idiosincrasia del montañés.

[97] Aznárez López,Francisco: Historia de Santa Orosia R. V. y M. Patrona de Jaca 1981.

[98] En el año 870 Santa Orosia llegaría desde Bohemia con su comitiva al Pirineo aragonés. Exactamente 202 años después un ángel revelaría a un pastor la ubicación de los restos, repartiéndolos él mismo durante el 25 de junio entre Yebra y Jaca.

[99] Durán Gudiol,Antonio: Santa Eurosia Virgen y Mártir. ,Revista Argensola VI, nº.24.1955. PP. 297-316.

[100] Durán Gudiol,Antonio: De la marca superior de Al-Andalus al reino de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. Huesca. 1975.

[101] Juan Agustín CARRERA RAMIREZ Y ORTA cuando en 1701 escribió su obra sobre San Urbez (op. cit.), era canónigo magistral de la Santa Iglesia Metropolitana de Zaragoza y debía de tener vinculación con el ámbito de influencia del santuario, apreciación que parte del hecho de que predicase en él en más de una veneración en petición de agua. La estructura del libro es similar al escrito en la misma época por Alavés sobre Santa Orosia, aunque profundizando menos que éste en la psicología de la religiosidad popular.

[102] La apropiación por parte de una comunidad de la vida de un santo, históricamente no indígena, es un fenómeno propio de la religiosidad popular de la zona (vid. 11.1.1).

[103] Durán Gudiol,Antonio: Un mozárabe altoaragonés: San Urbez, monje y ermitaño. ,Diario del Altoaragón , nº..10-8-86. p. 23 (en vías de publicación de forma íntegra por la Revista Argensola del IEA, dependiente de la Diputación Provincial de Huesca).

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