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Sumario José Garcés Romeo José María Satué Sanroman 1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo. José Carlos Castán Ara Artosilla, en el corazón de La Guarguera. Ricardo Mur Saura La arquitectura popular en las distintas areas de Serrablo. José Garcés Romeo Hagiotoponimia y proceso de arraigo del cristianismo en Serrablo. Enrique Satué Oliván Chaime Marcuello Algunas reflexiones en torno al fallo del XXII Salón Internacional de Fotografía. Carmelo Tartón Vinuesa El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón. José María Establés Elduque
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El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón.Cuarta parte: Las listas de Latre.José María Establés Elduque Uno de los aspectos mas trágicos de la inconsciencia humana, es el de culpabilizar al entorno, es decir a los demás, de los males propios de todo tipo. Esto es algo que se puede palpar cada dia, en cualquier situación, pero mas especialmente en las guerras, en las que "los grupos" de distintas ideologías, generalmente asociadas a posturas religiosas, raciales, linguísticas, o simplemente geográficas, tienen como objetivo la imposición por la fuerza de ese bagaje –una minoría agresiva, que se considera a si misma concienciada e iluminada, impone las tesis sobre una mayoría– , y paralelamente la subyugación y eliminación del adversario; al que no quedan mas salidas que la defensa –pasiva primero, y activa después– la huida, el cautiverio, o la muerte. Hoy los informativos y la prensa nos hablan de que todo esto sigue ocurriendo en Europa, como si todo el desarrollo cultural del que presume este continente no hubiese servido para nada. En la obra de Arendt, que trasluce su compromiso de forma partidista y con ciertas dosis de ingenuidad, se plantean las cosas de forma lineal, como dejó atado y bien atado el pensamiento judeo cristiano –del que mamaron hasta la saciedad Marx y Engels– , con los buenos y los malos como protagonistas; sin dejarse llevar en modo alguno por Schopenhauer ¡cuya obra tan bien conocía!, que ya advertía que en todos los grupos humanos para que hubiese conciencia tenía que haber barbarie, porque las cosas solo pueden existir y mantenerse con sus contrarias. Todo esto viene a cuento de un capítulo, cuyo encabezamiento lleva por título "LISTAS NEGRAS" ("SCHWARZE LISTEN"), en el que el autor hace profundas y trágicas reflexiones. En una de las frecuentes descubiertas por la tierra de nadie, un grupo de soldados llegó a Latre, población que como otras había sido abandonada precipitadamente por sus habitantes. Allí encontraron varias listas en las que aparecían los nombres de los habitantes de varios lugares del entorno: Latre, El Hostal de Ipiés, Aquilué, Arto y Jabarrella. Debajo de los nombres constaban las profesiones respectivas, y unas curiosas anotaciones sobre sus inclinaciones políticas, inteligencia, moral, y si habían participado en el reparto de propaganda de izquierdas durante las elecciones, ¡Con las fechas incluidas!. En resumidas cuentas, un atropello a lo que se consideran los derechos mas elementales del ser humano. Arendt no transcribe los documentos en su integridad, pero si da los nombres de algunas personas, que, por esta vez, sí parece oportuno transcribir: Tomás Pano Acin; Juan Latrás Otín; Angel López (el cartero de Lasieso); Enrique, Marcos y Pablo Grasa (los tres hermanos, de Jabarrella); Amada Grasa Santamaría (de Latre). Sólo de Aquilué, Latre, Arto y Jabarrella, fueron 38 los que huyeron al monte, al encuentro del Ejército republicano. En otra de las listas aparecían los nombres de treinta personas ya detenidas y encarceladas. Lo que mas sorprendió a Arendt fue la inclusión de mujeres y de adolescentes en las mismas; como una viuda de 52 años de El Hostal de Ipiés. Para los redactores de las listas, como señala E.A., la mayor parte de los habitantes de estos pequeños pueblos, no eran gente que querían salir de las penurias de su vida secular, sino conspiradores y criminales peligrosos. Cincuenta y siete años después del desarrollo de estos acontecimientos trágicos, en los se vieron envueltas las gentes de nuestro Prepirineo, es justo reconocer, aunque sea desde esta modesta exposición, su coraje, ilusión y sufrimiento, por lograr un mundo mejor que el que habían heredado de sus abuelos, por el que muchos dieron sus vidas sin pedir nada a cambio. ¡Sus nietos y descendientes lo saben muy bien, porque en esta tierra si queda memoria!. |
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