Revista SERRABLO Edición Nº 97 Septiembre 1995 - 1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo.

Sumario

Editorial.

José Garcés Romeo

Vocabulario de Sobrepuerto.

José María Satué Sanroman

1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo.

José Carlos Castán Ara

Artosilla, en el corazón de La Guarguera.

Ricardo Mur Saura

La arquitectura popular en las distintas areas de Serrablo.

José Garcés Romeo
Julio Gavín Moya
Enrique Satué Oliván

Hagiotoponimia y proceso de arraigo del cristianismo en Serrablo.

Enrique Satué Oliván

Mosen José Pardo Asso (III).

Chaime Marcuello

Algunas reflexiones en torno al fallo del XXII Salón Internacional de Fotografía.

Carmelo Tartón Vinuesa

El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón.

José María Establés Elduque

Artistas mediterráneos.

Noticias.


Amigos de Serrablo
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1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo.

Comportamiento político. Conflictividad social. Guerra civil.

José Carlos Castán Ara

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B. La Guerra Civil.

Alzamiento.

Introducción.

El día 17 de julio de 1936, a las tres horas de la tarde, y por un hecho fortuito, se inicia la sublevación del ejército de Marruecos, preparada para el día siguiente por los cargos más altos de la Institución Armada española. La sublevación se confía que se propague rápidamente por el resto de las capitales y villas españolas con guarnición militar.

En Melilla, los coroneles Seguí, Gazapo y Bertomeu se hacen cargo de la situación deteniendo al general Romerales (comandante General de la Zona Oriental del Protectorado, que es asesinado. En Ceuta y Tetuán son los coroneles Yagüe y Saenz de Buruaga los que logran el control de dichas plazas venciendo la débil resistencia local de ciudadanos y militares adictos a la República.

Mientras tanto, el Gobierno de Madrid no se entera de lo ocurrido hasta entrada la noche. Cuando al amanecer comunica los hechos a los Gobiernos Civiles desde África se organizan ya los primeros convoyes hacia la Península. El Gobierno, desbordado por los acontecimiento, no reacciona y pierde horas preciosas. Durante el sábado son ya numerosas las guarniciones que secundan el alzamiento encabezadas por importantes y prestigiosos generales: Goded, que desde Mallorca se traslada a Barcelona, Queipo de Llano en Sevilla, Cabanellas en Zaragoza, Mola en Pamplona, Fanjul en Madrid, y, por encima de todos, el general Franco.

Partidos políticos y sindicatos, dada la gravedad de la situación, exigen la entrega de armas con urgencia y el Gobierno se plantea el crucial problema de armar a las masas. Casares Quiroga, Jefe del Gobierno, opuesto a esta medida, dimite en la tarde noche del 18. Azaña encarga la formación de un nuevo Gobierno al Presidente de las Cortes, Martínez Barrio, que intentará una negociación con los sublevados, viendo fracasados sus intentos, con lo que no dura ni esa noche. Finalmente, Giral accede a hacerse cargo de la Presidencia del Consejo de Ministros y se reparten armas al pueblo...

El Movimiento en Aragón.

ZARAGOZA

Ya en la tarde-noche del viernes 17, conocida la sublevación de Africa, se reúnen en la jefatura de la División Orgánica V los principales jefes militares de la plaza, a cuyo frente se encuentra Cabanellas, Alvarez Arenas, Monasterio, Urrutia, Sueiro y otros. La respuesta obrera no se hace esperar y los sindicatos proclaman la huelga general. Esta medida hace que cierren los comercios y se hará sentir especialmente en determinados sectores; en el de artes gráficas esta postura supondrá que hasta el día 23 no salga a la calle ninguna publicación ni periódico.

Cabanellas, cuya personalidad se ha discutido mucho, vacila. Hacia las cuatro de la madrugada se ven algunos grupos de soldados que ocupan la Plaza de la Constitución y otros lugares del centro, retirándose poco después. Los sindicatos comienzan a organizarse precariamente. Retirados los soldados, un grupo de militantes socialistas, en número aproximado de ciento cincuenta, patrullan por el Paseo de la Independencia y Plaza Aragón. La actividad en la sede de la CNT es intensa. También en el centro del PSOE (Calle Estébanez) y en el de Izquierda Republicana (Calle Cuatro de Agosto) se congregan gran número de afiliados, algunos de ellos obstentando armas cortas, diciendo que les habían sido suministradas. En el Ayuntamiento, por la noche, parece ser que se habían repartido algunas.

El Gobierno Civil bulle. Sobre el Gobierno Civil, Vera Coronel, se ha discutido mucho. Parece ser que era reacio a la entrega de armas, siguiendo las disposiciones de Casares Quiroga desde Madrid. Las presiones de partidos y sindicatos y la marcha de los acontecimientos lo ponen ante las cuerdas, lo que le decide a cursar el debido mandato al Comisario Jefe de Vigilancia, señor Roldán. Vera Coronel, sin duda, se había visto desbordado como tantos otros gobernadores y pagaría cara su falta de decisión. Roldán, que era decididamente contrario tanto a su jefe como a la entrega de las armas, dilata y da largas al cumplimiento de la orden. En vista de su actitud pasiva es requerido por el Director General de Seguridad desde Madrid. Roldán acude a Capitanía General y, clandestinamente, se pone a las órdenes de Cabanellas, quien le ordena que, en tanto en cuanto pueda impedirlo, sin que se note su falta de lealted, no entregue las armas. Acude también a Capitanía el jefe de las Fuerzas de Asalto, comandante Marzo, con lo que este cuerpo queda unido a los sublevados.

Mola, "director" de la conspiración en el norte, tiene sus dudas sobre Cabanellas debido a su pasado republicano: el viejo general tarda más de la cuenta en proclamar el estado de guerra Conociendo esta indecisión también el Gobierno se decide a mandar a Zaragoza a un prestigioso militar adicto a la República, Nuñez de Prado, para intentar convencer a Cabanellas. Llega al aeródromo de Zaragoza sobre las tres de la tarde del día 18 en un avión De Havilland Dragón Rapide, igual al que Franco estaba utilizando para sus desplazamientos, y media hora más tarde ya está reunido con Cabanellas. Este parece escucharle, lo que hace encrespar los ánimos de algunos de los jefes y oficiales presentes, que sacando sus armas, lo detienen.

Con este desenlace las fuerzas militares salen definitivamente a la calle y se aprestan a reducir a los obreros y a acabar con la huelga general. El primer enfrentamiento se produce entre los de Asalto y los obreros que circulaban vigilando el Paseo de la Independencia. Los guardias realizan intensos cacheos por las calles adyacentes procediando a detener a todos aquellos que llevaban armas o municiones. En la Calle de San Pablo se levantan barricadas. El Gobernador intenta organizar la resistencia en torno al Gobierno Civil y las sedes de partidos y sindicatos, aunque gran parte de las gentes de izquierdas optan por esconderse y huir. Se oyen tiroteos en los barrios durante todo el día 19 y gran parte del 20. El Ejército se las ve y se las desea para poder dominar toda la ciudad [1] (1). El lunes 20 son llamados a filas las quintas de 1931 a 1935.

Para dominar la situación es necesario tomar medidas más enérgicas. Cabanellas, que como general más antiguo pasa a presidir la Junta de Burgos, es sustituido por el general Gil Yuste. Mientras llega se hace con el mando el general de Benito, procedente de Huesca donde había llevado a buen término el alzamiento. De Benito será el que definitivamente consiga acallar la resistencia obrera y pacificar la ciudad. Para ello utiliza unos procedimientos mucho más radicales: en su bando (actividad preferida por estos militares) publicado el día 28, llega incluso a crear nuevos delitos dentro de los tipificados en el Código de Justicia Militar vigente en la época [2] .

A partir de todo esto, el Ejército ha de diversificarse en pequeñas columnas que se dirigen a las distintas comarcas de la provincia para hacer cesar la resistencia de los frentepopulistas en numerosos pueblos. Parte de estas columnas llegan hasta Calatayud y se dirigen a Guadalajara, para con el resto de fuerzas sublevadas en la geografía española presionar sobre Madrid, según el plan inicialmente concebido por Mola; otras se dirigen hacia el Oeste para poder dominar la fuerte resistencia que se había planteado en las Cinco Villas (de gran implantación socialista). En esta comarca los obreros y demás gentes de izquierda se habían organizado en partidas o grupos para abrirse paso por la fuerza hasta Cataluña, chocando con el Ejército al que se habían sumado los guardia civiles de la zona. Numerosos incidentes se producen en Ejea, Uncastillo, Biel... También en Lanaja, Lascasas, Abiego... En Gurrea de Gállego los frentepopulistas ponen cerco al cuartel de la Guardia Civil matando a cuatro números; ante la presión del Ejército y antes de huir asesinan a varios destacados derechistas del pueblo y al cura párroco, al médico y al conde de Parcent.

Pero la mayor amenaza para los sublevados en Aragón procede de Cataluña y, para frenarla, toma posiciones el grueso de las fuerzas del Ejército en el lado este de la provincia. Los anarquistas catalanes entran el 25 en Caspe y presionan ante Pina, Bujaraloz y Farlete.

Desde Navarra llegan refuerzos en número de 1.200 requetés, que acuartelados en el Instituto Goya, se dedicarán a tareas de policía y represión.

Se nombra nuevo Gobernador Civil de Zaragoza al comandante de la Guardia Civil Don Julián Lasierra Nuñez de Prado será trasladado al fuerte de San Cristóbal de Pamplona donde será fusilado el día 24 de julio. A partir del domingo día 20, los agentes de vigilancia secundados por guardias de asalto y voluntarios de Falange comienzan a realizar registros domiciliarios practicando numerosas detenciones.


[1] La guarnición de Zaragoza, muy numerosa, comprendía la Jefatura y el Estado Mayor de la V División Orgánica, de cuyas unidades, acuartelaban en la ciudad los Regimientos de infantería Aragón nº 17 y Gerona nº 18; los Regimientos de Artillería Ligera números 9 y 10; y el Regimiento de Caballería Castillejos, además de los Ingenieros y restantes servicios de la División. A estas tropas hay que sumar el Regimiento de Carros de Combate nº 2, el batallón de Pontoneros y un grupo DCA de Artillería Antiaérea que tenían su sede en Zaragoza. Todas estas fuerzas quedaban del lado nacional íntegramente.

[2] Prueba de la dureza de medios y de ideas empleadas por el General de Benito es este extracto del bando por él publicado el 28 de julio: "Artículo 1º (entre mayúsculas el original). Los autores de cualquier agresión que sean sorprendidos con armas en la mano serán fusilados en el acto por las mismas fuerzas que repelan la agresión. En los pueblos o lugares donde se ataque a nuestras tropas serán fusilados por las mismas, además de los anteriores, los dirigentes, cabecillas e inductores de la agresión". Esto suponía en la práctica el no hacer prisioneros.

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Actualización: Lunes, 5/2/2001
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