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Sumario José Garcés Romeo Historia de Satué de Arto y Blasco de Sandiás. Ricardo Mur Sanz José María Satué Sanroman 1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo. José Carlos Castán Ara La arquitectura popular en las distintas áreas de Serrablo. José Garcés Romeo Conmemoraciones religiosas en torno a la muerte en la sociedad tradicional serrablesa. José Garcés Romeo Relaciones humanas y modelo social en el serrablo tradicional. Enrique Satué Oliván Los de Biescas en la batalla de Alcoraz. Pedro Estaún Pastorada de Santa Orosia 1995. Graciano Lacasta Estaún
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Relaciones humanas y modelo social en el serrablo tradicional.Enrique Satué Oliván Efectuando un estudio sobre el fogaje de Serrablo y su variación entre los siglos XV y XIX el incremento de fuegos sobre los 416 analizados es de 76, lo que supone que la tasa de crecimiento a lo largo de este vasto periodo fue de un 18 %, lo que da pie para hablar de estabilidad [53] . La comparación de la evolución demográfica de la comarca a lo largo de estos siglos con la estabilidad de los fuegos evidencia que el cambio se produjo más en el número de los miembros de los hogares que en el de éstos mismos. Dicha estabilidad hay que entenderla a la luz de la institución de la casa, que con su sistema de heredero único constituía un método necesario para un medio minifundista y hostil. El motor jerárquico de la casa lo constituía el heredero o primogénito, siendo el conjunto de hermanos no herederos o tiones su base mecánica de la que no podía prescindir. El tionaje brindaba a la casa una fuente de obra barata; por eso, el día en que la industrialización llegó a las montañas, el tion se emancipó del sistema, y aquélla y, por consiguiente, la sociedad rural de la montaña se desmoronaron. Para los miembros de la casa, ésta era un ente casi místico al que había que dar siempre lo mejor de uno mismo. La relación del tionaje con ella no era de sumisión apática: el tión, aun en un contexto jerárquico, podía desarrollar cierta autonomía y en muchos casos mostraba por la hacienda igual o mayor interés que su hermano heredero, consciente de la necesidad del sistema establecido por sus antepasados. La consideración de la sociedad montañesa hacia la casa era tan grande que se llegaba a anular el nombre de sus miembros, sustituyéndolo por el de ésta; así, por ejemplo, se hablaba de "Ferrer de Escartín" si se trataba de cualquier miembro de casa Ferrer del pueblo de Escartín. El sistema de la casa era un sistema conservador, preocupado ante todo por su supervivencia, de pautas rígidas y, por lo tanto, inmovilista. Estas características llevadas al campo de la artesanía [54] , de la arquitectura o incluso del sentimiento religioso explicarán la pervivencia de generación en generación de formas de hacer, símbolos decorativos o rituales religiosos anacrónicos, de raíz tan profunda que perdurarán parcialmente, tras el éxodo del siglo XX, en la emigración. Dentro de este contexto habrá que destacar al mundo pastoril, sector de vida marginal nutrido por el tionaje y donde la jerarquización poseía un caldo de cultivo ideal para adquirir gran relieve. La figura humana del pastor y el mundo pastoril en general aportaron gran cantidad de esquemas a la religiosidad popular de la zona: vidas de santos, pastoradas en los dances romeros, etc. (vid. IV.3, IX y XI.l.4). Un factor que hace comprender la dinámica de la casa y, por lo tanto, de las manifestaciones de la vida de la sociedad tradicional de Serrablo, era el concepto de tiempo que tenían sus miembros [55] . Las actividades de la familia iban acompañadas de cierta mística social: era lo que se denominaba puntillo o actuar a conciencia para «hacer casa»; sobre el trabajo se vertía una corriente de afecto y trascendencia de la que carece el trabajo asalariado actual –la paz social de las industrias en Sabiñánigo tienen bastante que ver con el origen sociocultural montañés de sus trabajadores– (vid. I.4.3); la concepción del tiempo no era fatalista, agobiante e irreversible como la actual, pues ésta era cíclica [56] . El número de miembros de la casa ha oscilado en función de la dinámica socioeconómica del momento. Como ejemplo, elaborando los censos que da Madoz a mediados del siglo XIX, y en época de recesión, el valle del Guarga poseía 6,4 miembros por casa; el de Basa, 6,3, y el eje del Gállego, 6,4. Lo que sí que parecía hacerse norma era la relación que se daba entre las zonas agropecuarias, con fuerte peso específico de la ganadería, y el número de miembros de la casa; de esta forma las cabeceras de los valles y las montañas septentrionales de Serrablo alcanzarian las cifras más elevadas [57] . La compleja interrelación de los miembros de la casa sólo era posible desde una profunda aceptación e interiorización por su parte del modelo establecido, reforzada en una sociedad autárquica y cerrada que no mostraba ni ofrecía alternativas. La mujer del heredero –la choven– no estaba subordinada al marido, ni institucionalmente –Derecho aragonés– ni en la vida ordinaria, actitud debida en gran parte a la confianza mutua que exigía el trabajo en el hostil medio de montaña, en el que ésta desarrollaba una labor mucho más compleja y difícil que aquél, pues combinaba los trabajos domésticos con la ayuda en las labores agropecuarias; la paridad de la pareja en el mundo de la casa quedaba testificada por numerosos rituales recogidos e incluso por las leyendas fundacionales de las viviendas [58] , así como en el simbolismo jerárquico de la dueña que reiteradamente se encarnaba en la rueca de hilar que encabezaba la pliega de su casamiento [59] . La situación de la hermana del heredero que permanecía vinculada a la casa por no haber contraído matrimonio era distinta y, a veces, se le relegaba físicamente durante las comidas. En resumen, la relativa paridad de sexos en la cúspide familiar no se extendía al tionaje, donde los varones poseían cierto estatus y relevancia; la mujer perteneciente a este estrato de la casa constituiría un buen filón aportador de desequilibrios psíquicos y por lo tanto de endemoniadas (vid. II.2.3) [60] . El tión solía estar bastante considerado y cuidado, incluso por la choven (mujer del primogénito), quien era consciente de su función. Tras cada cosecha solían recibir una cantidad de trigo que ellos guardaban cuidadosamente en arcas de madera –truexos– para luego, cuando se agotaba en otras casas el cereal –cuando llegaba «Pedro por las casas»– , hacer préstamos a vecinos necesitados, con un interés de dos almudes por fanega (1/6); este trigo, junto a las ovejas que recibía del padre antes de morir –la siñal– constituía el capital o cabal del tión, que a la postre engrosaría los bienes de la casa. Cuando en el siglo XX la montaña se fue aculturando influenciada por el mundo industrial y aquella comenzó a resquebrajarse preludiando el éxodo definitivo, el tión que no se habia emancipado a través de la industria pasó a ser una carga ante un futuro incierto en la urbe; de allí que el elevado índice de suicidios entre éstos y durante los años 50 y 60 encuentran aquí explicación [61] . Las capitulaciones matrimoniales constituyen un buen instrumento para analizar la relación jurídica, aunque no afectiva, de los miembros de la casa. Algunos documentos de este tipo y del siglo XVIII estudiados insisten en que los abuelos se reservan el "ser señores mayores y usufructuadores", que el nuevo matrimonio debería velar por los hermanos no herederos, bien manteniéndolos «sanos y enfermos y de todo lo necesario a la vida» según poder de la casa –en el caso de que permaneciesen en ella– , o bien, si querían emanciparse, dotándolos «a caudal aparte» con una cantidad monetaria. Estos documentos prevén también la defunción de la esposa, en cuyo caso, sus familiares retirarían lo aportado al matrimonio en un plazo establecido, así como la situación de viudedad de uno de los abuelos –trato y alimentación– inspeccionada por un sacerdote [62] . La condición cerrada de la sociedad pirenaica se ha magnificado bastante y aunque existente, debe ser situada en su lugar; si económicamente poseía una autarquía notoria, las relaciones humanas de las áreas y valles tenían una proyección interna y otra externa longitudinal (migración temporal a Francia, trashumancia al valle del Ebro), acompañadas siempre de un trasiego de mercancías. En el caso de Serrablo, su condición geográfica canalizadora de comunicaciones agudizaría el hecho, no siendo extraño el que algunas familias ganaderas buscasen su choven durante los inviernos en las zonas a las que secularmente trashumaban los ganados de la casa, Sin embatgo, este aspecto no dejaba de ser anecdótico, primando el pragmatismo del montañés, que veía, como señala el refranero, una aventura contraer matrimonio con mujer de tierra lejana [63] . Si se analiza el radio de procedencia geográfica de las mujeres de la última generación que acudieron como chóvenes a la zona de Sobrepuerto (sector noreste del Serrablo actual), se comprueba que su origen coincide más con áreas a través de las cuales se proyectaba dicha zona (rutas trashumantes, comerciales, etc.) que con los pueblos de ella; reduciéndose las relaciones matrimoniales, salvo excepciones de la tierra baja, a un radio de 30 Km. [64] . La autonomía de la casa era superada en lo laboral por los trabajos comunitarios –"ir de concello"– , y a ellos ésta contribuía en la proporción que suponía la hacienda (número de campos, de ovejas etc.) en unos casos, o por el simple turno rotatorio o redolín (actividades religiosas, molienda, etc.) en otros. La intensidad del sentimiento colectivo era diverso y estaba condicionado por razones históricas (tipos de tenencia que gravitaron sobre el pueblo, arraigo de cofradías religiosas, etc.), por la participación o no en mancomunidades ganaderas (pueblos de Sobrepuerto en la del valle de Broto), o por la simple influencia del medio físico sobre la actividad humana (solía haber más conexión en los pueblos humildes, limitados por el medio y donde los largos inviernos fomentaban la sociabilidad lúdica) [65] . En el terreno social y económico las interrelaciones personales se desarrollaban a través de las fiestas, romerías, cofradías supralocales y ferias; no faltando la aportación de intermediarios de oficio ambulante: sastres, arrieros, músicos, etc. En este terreno las ferias de Biescas para la Sanmigalada constituían un lugar de encuentro comarcal paralelo al comienzo de un nuevo ciclo, donde los tiones ofrecían su mano de obra como sirvientes o pastores para bajar a Tierra baja, para que así, de esta forma, pudiesen seguir "haciendo casa" en una época en la que los brazos sobraban en ésta. Los motes o apodos de pueblos constituyen un buen indicio del concepto y consideración mutua entre las distintas comunidades. Como factor común, el montañés tenía a gala su seriedad y laboriosidad, hablando despectivamente del lorro o habitante de tierra baja; sin embargo, éste, como indica el refranero, opinaba todo lo contrario, aunque ensalzando las virtudes de la mujer montañesa [66] . En esta rivalidad subyacía el temor del montañés a la aculturación y a ser influenciado por un esquema mental y material –el de la tierra baja– no válido para sobrevivir en el Pirineo. Así se explica que el esquema popular hiciese converger la acción de los santos de la montaña exclusivamente sobre ella y sólo subsidiariamente sobre el llano. El sentimiento étnico del montañes funcionaba de forma unitaria ante el hombre de la tierra baja, a pesar de que en la propia montaña existían parcelaciones categóricas, especialmente evidentes en las zonas muy singularizadas por el medio físico: así los habitantes del valle de Tena denominaban despectivamente a los de Serrablo guirrios [67] , mientras que aquí y en sus zonas más septentrionales dicho mote era aplicado a los montañeses más meridionales; este fenómeno evidencia que el habitante más septentrional de las montañas entendía que los valores humanos se deterioraban conforme se avanzaba hacia la tierra baja y su realidad socioeconómica –de la que había que salvaguardarse– . Algunas romerías que aglutinaban a dos zonas geográficas muy dispares, paradójicamente exacerbaban su sentido grupal; así sucedía en Santa Elena entre el valle de Tena y el Serrablo actual, o en Santa Orosia entre Sobrepuerto y el valle de Basa (vid. XIII.1.1). En Serrablo solía ser corriente el que a nivel popular se recitasen de forma encadenada y en rima los motes de los núcleos de pequeñas áreas geográficas aglutinadas por el sentimiento grupal (Sobrepuerto, Guarguera, etc.) Estos motes tenían todos un sentido burlesco, dividiéndose en los que hacían alusión a una actividad económica peculiar practicada en un pueblo, los que asociaban a los habitantes de un núcleo con el nombre de un animal, generalmente cómico o astuto –esquigüelos o ardillas, cucullos o cuclillos, picarazas, rabosas, etc.– ; finalmente el grupo más numeroso hacía con machaconería la alusión al carácter señorito y repulido de los habitantes de algunos núcleos –señoritos en dos pueblos, madrileños en cuatro, etc.– , no faltando tampoco connotaciones xenofóbicas –Gabachos a los vecinos de Yebra, y Catalanes a los de Larrés– . Los nombres de las casas, impuestos generalmente en el momento de la renovación arquitectónica del edificio –siglos XVIII o XIX– , suelen responder al oficio del dueño en aquella época, a su nombre, apellido o a algún detalle satírico de su persona (el 10%). En suma, la imposición de un mote conllevaba la afirmación de lo propio echo obsesivo en la sociedad montañesa: primero como casa, después como vecindad local, más tarde como área geográfica de la montaña y finalmente como parte de la esencia montañesa frente al mundo sociocultural de Tierra baja. [53] SATUÉ,E.: Aspectos de Serrablo entre las edades Moderna y Contemporánea. op. cit. [54] El arte popular, en general, es un arte retardatario y fosilizante respecto a las influencias que recibe; dentro de él, el de los sectores más marginales, como el de los pastores, acusa estas características de forma especial (vid. Artesanía de Serrablo, de GARCÉS, GAVÍN y SATUÉ, Sabiñánigo, 1983). [55] Garcés,J.; Gavín,J.; Satué,E.: Artesania de Serrablo. Amigos de Serrablo. Sabiñánigo. 1983. p. 34 [56] ROMA,Josefina: El carnaval en Aragón. Zaragoza. 1980. pp. 27-42. [57] GARCÍA RUIZ,José Mª.: Modos de vida y niveles de renta en el prepirineo del Alto Aragón occidental. Jaca. 1976. p. 31. [58]
SATUE,E.:
Sobre relaciones familiares en Serrablo.
,Serrablo , nº.20.1976.
pp. 12-14.
En el ritual del Tzw'n de Navidad recogido en Sobrepuerto, el amo y la dueña de la casa se sitúan a un mismo nivel: «Buen
tizón / buen varón / buena casa / buena brasa / Dios mantenga / al amo y a la dueña / de esta casa / (...)» (vid. VI.4)
[59] La costumbre de que la rueca encabezase las pliegas, también la recoge Krüger para los Alpes y Bajo Rhin. La rueca vinculada al simbolismo de la casa, a la progresión económica de ésta, y al papel jerárquico de la dueña, queda recogido popularmente en Serrablo: "fila, fila y ferás casa". Un ejemplar de rueca procedente de Ligüerre de Ara sintetiza dicho simbolismo; decorada esquemáticamente con zig-zags, motivos religiosos y matriarcales excisos, se puede leer: "Petra Santolaria. 6 de Julio. Año 1918"; rematada por una esfera urdida con raíces de genista horrida para sujetar el cáñamo, en su interior contiene piedrecitas que hacían de cascabillo para producir nudo ahuyentador, que en manos de la dueña velaría por la fertilidad de la casa. [60] SATUE,E.: Sobre relaciones familiares en Serrablo. ,Serrablo , nº.20.1976. pp. 12-14. [61] Otros tiones se negaron a emigrar con la casa hacia la ciudad, manteniéndose aislados y bajo una autarquía feroz en núcleos abandonados hasta la actualidad. Otro sector del tionaje inadaptado, roto ya el esquema de roles de la casa, fue a engrosar asilos. [62] SATUÉ,E.: Aspectos de Serrablo entre las edades Moderna y Contemporánea. op. cit. pp. 249-251. [63] SATUE,E.: Nocito, valle del agua. ,Serrablo , nº.52-53.1984. pp. 12-14. "El que lejos va a casar, o va engañau o va a engañar". [64] SATUE,E.: Sobrepuerto: techo de Serrablo. ,Argensola1979. pp. 354-355. [65] SATUE,E.: Sobrepuerto y el determinismo físico. ,Narria , nº..1977. pp. 6-7. [66] "Hombre de abajo (del llano), mujer de arriba (de la montaña), la casa para arriba". "Hombre de arriba, mujer de abajo, la casa para abajo". Estos refranes recogidos en la Hoya de Huesca autoafirman la supremacía del hombre del llano frente al montañés, a la par que traslucen la admiración de aquél hacia la mujer montañesa en detrimento de la suya. Objetivamente, tienen algo de cierto, pues no podía dejar de sorprender al hombre de Tierra baja la tremenda labor que desarrollaba la mujer montañesa restando funciones al hombre, que en el valle del Ebro hubiesen sido exclusivas del género masculino. [67] Según COROMINAS, Diccionario etimológico catalán, la voz guirrio tendría que ver onomatopéyicamente con cerdo, por lo que cabe la hipótesis de que el montañés la subiese del valle del Ebro para utilizarla despectivamente. |
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