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Sumario José Garcés Romeo Historia de Satué de Arto y Blasco de Sandiás. Ricardo Mur Saura 1931-1938 Sabiñánigo. Serrablo. José Carlos Castán Ara José María Satué Sanromán La arquitectura popular en las distintas áreas de Serrablo. José Garcés Romeo En torno al monasterio de Rava. José Mª de Ferrer Conmemoraciones religiosas en torno a la muerte en la sociedad tradicional serrablesa José Garcés Romeo El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón. José María Establés Elduque
Estado de cuentas asociación "Amigos de Serrablo".
El siglo XVII y la estructuración de las romerías de la comarca. Enrique Satué Oliván Romancero popular de Serrablo.
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El escritor alemán Erich Arendt y el Alto Aragón.Tercera Parte: De Vuelta En Lasieso.José María Establés Elduque Arendt era ante todo un combatiente concienciado, y por ello su vida en el frente era bastante más dura que la de sus compañeros: misiones de descubierta; guardias; imaginarias... y todas las demás cosas que en tales circunstancias debe hacer un soldado. Pero además de todo esto estaba su compromiso cultural y político: enseñaba a leer y a cuidar los libros; daba conferencias de literatura y de historia a los mas avanzados, y mantenía un estrecho contacto con los comisarios políticos. Arendt había estado en Barcelona el suficiente tiempo, como para darse cuenta de que la falta de unidad derivada del exceso de protagonismo de las distintas facciones que formaban el llamado "ejército del pueblo", era la mas grande de todas las contradicciones internas existentes en el mismo, y eso a la larga no era sino una bomba de relojería que ponía seriamente en peligro la realidad de una victoria. Por todo ello la insistencia en el adoctrinamiento y en las arengas, por parte de los comisarios, es una constante en el escritor. La vigilancia, y las descubiertas de las patrullas se controlaban desde la Pardina de Estaún, conquistada por los republicanos durante la ofensiva. Allí estuvo Arendt en varias ocasiones, aunque apenas hace mención de ello. Durante una semana, después de la entrada en Lasieso, las tropas siguieron avanzando y estableciendo posiciones firmes en ambas orillas del Gállego en este sector. Nuestro hombre realizó diversas misiones junto con sus compañeros en esos días, y volvió de nuevo a Lasieso. Los edificios estaban como cuando los había dejado, días antes, pero había sucedido una cosa inesperada: seis familias, con sus hijos, habían regresado a sus casas después de haber estado escondidas en las zonas boscosas de los montes próximos. Esto sorprendió a Erich, por lo que realizó algunas curiosas anotaciones en su diario: "....delante de nosotros estaba sentada una muchacha de veinte años. Iba vestida de luto". A continuación pone en boca de la misma el siguiente relato: – ""El 12 de Agosto se llevaron a mi padre. Dos días antes a mi hermano, quien había recibido una orden de alistamiento forzoso, con la amenaza de que si no cumplía importunarían a su familia"" . El padre era A. L., de 55 años, un hombre al parecer enfermo desde hace tiempo, que ejercía de cartero. Dado su precario estado de salud, eran su esposa y su hija quienes habitualmente repartían la correspondencia. La muchacha continuó: – ""Ese 12 de Agosto me crucé con un coche por el camino. Dentro iban sentados algunos hombres de uniforme y uno de los grandes propietarios del entorno. Me preguntaron si mi padre estaba en casa. Les contesté que si. Mi padre había tenido con él en alguna ocasión algunas diferencias"." El cartero se había atraído la enemistad del propietario sólo porque le había llevado la contraria en una ocasión, y porque más tarde, en las elecciones de Febrero, había repartido propaganda de los partidos de izquierdas. – ""Pero mi padre no pertenecía a ningún partido"" , se apresuró a aclarar la muchacha. – ""Cuando volví a casa no había nadie en ella. A la mañana siguiente encontramos a mi padre muerto en una cuneta del camino de Jaca. Uno de los vecinos contó que había oído como uno de los hombres uniformados le decía al propietario: de lo único que tiene que preocuparse es de buscar un nuevo cartero"" . Esta escena recreada por Arendt, hace tomar conciencia al lector de como fueron aquellos momentos trágicos para las gentes sencillas de nuestros pueblos, y sobre todo pone de manifiesto la escasa evolución de la sociedad rural aragonesa en los años treinta, todavía apegada a un sistema casi medieval perfectamente estratificado y compartimentado, con los señoríos y la iglesia como mantenedores, en el que las nuevas ideas en contra de lo que pudiera parecer encontraron un caldo de cultivo perfectamente abonado. De este modo fueron muchos los que voluntariamente se sumaron al ejército popular, especialmente cuando el mando nacionalista intento contener la ofensiva republicana en el Gállego con varias Banderas de la Legión, alguna Centuria de Falange, la Mehala del Ejército de Marruecos, y tropas regulares de Infantería apoyadas por Carros Negrillos (Krupp), sin respetar en muchos casos a la población civil; aunque la falta de tacto, moral y generosidad fueron comunes a ambos bandos. Es el triste tributo que debe pagar toda sociedad desconcienciada. Arendt fue un hombre de su época que tomó partido, sin plantearse en ningún momento, como si hubiera hecho su compatriota C. G. Jung, que las cosas, y las situaciones, solo pueden existir cuando en ellas se dan los opuestos, y por lo tanto en ambas posturas se dan los dos extremos. Hoy la visión marxista de la historia no tiene el valor ni el predicamento de otros tiempos, y, por el contrario, se tiende a unificar criterios, teniendo en cuenta siempre los conceptos socioculturales de la mano del sentido y trayectoria histórica. Prima más lo concreto, lo subjetivo, a veces en contra de las grandes ideas del nacionalismo de los grandes estados, pero sin olvidar el sentido común universal de la humanidad. Arendt salió un día de una zona a la vez industrial y agrícola de Alemania, en la que existía un proletariado que había sufrido fuertemente las consecuencias de la Gran Guerra, y que sabía muy bien lo que eran el hambre y las privaciones. El Alto Aragón no poseía apenas núcleos industriales, pero los habitantes de sus aldeas habían padecido penas muy parecidas, especialmente durante los siglos de los señoríos, cuyos efectos detectó Erich todavía latentes en la forma de sentir de sus gentes. |
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