Revista SERRABLO Edición Nº 92 Junio 1994 - Sobre los orígenes del arte serrablés.

Sumario

Editorial.

La Honor de Senegüé y la de Matidero.

Ana Isabel Lapeña Paul

La arquitectura popular en las distintas áreas de Serrablo.

José Garcés Romeo
Julio Gavín Moya
Enrique Satué Oliván

Los Escartin, de Escartin (Sobrepuerto, Huesca).

José Mª de Ferrer

El florecimiento de la iglesia de Javierrelatre en el siglo XVIII.

José Garcés Romeo

Santa Orosia, motor de todo un territorio.

Ricardo Mur Saura

La arquitectura olvidada.

Leonardo Puértolas Coli

La Pastorada de Santa Orosia. 1994.

Graciano Lacasta Estaún

Sobre los orígenes del arte serrablés.

Adolfo Castán Sarasa

El culto a Santa Orosia en el norte de Italia.

Enrique Satué Oliván

Vocabulario de Sobrepuerto.

José María Satué Sanromán

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Sobre los orígenes del arte serrablés.

Adolfo Castán Sarasa

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Un par de hallazgos importantes, el primero algo distante en el tiempo y especialmente otro reciente, de inmuebles religiosos relacionados con el singular y controvertido arte serrablés, me animan a exponer algunas observaciones que guardaba en la carpeta desde el año 1986 [1] . A comienzos de aquel año, vecinos de casa Tejedor de Espuéndolas nos informaron sobre la existencia de una ermita dedicada a Santa Isabel, próxima a La Torraza, "donde se levantó una torre de moros". Nuestra sorpresa fue mayúscula al comprobar la magnificencia y primitivismo del templo enclavado en las lomas de Asprilla. Comunicamos el hallazgo a la asociación "Amigos de Serrablo" y a D. Antonio Durán, al que acompañamos en una visita poco después, corroborando nuestras primeras impresiones sobre filiación y cronología.

Durante el periodo vacacional de la pasada Semana Santa efectuamos una excursión familiar al vacío núcleo de Yosa de Broto, puesto que era la única población de la ribera del Ara que no habíamos documentado fotográficamente. Su iglesia parroquial, a pesar de masivas reformas, guardaba en la cabecera información vital para el conocimiento de la arquitectura prerrománica de la zona.

San Juan de Asprilla.

Desde Espuéndolas, en los confines de la Val Ancha y término municipal de Jaca, parte una pista que deja a unos pocos metros de la ermita de Santa Isabel, en uso –romería– hasta mediados del presente siglo. Fue abandonada por amenazar ruina, bajándose los objetos de culto e imagen de la Virgen a la parroquial de Espuéndolas. No figura en el 1:50.000 del I.G.C., de ahí su tardío descubrimiento, ubicándose en un lugar amesetado que sí aparece en el referido mapa con el topónimo de corona de Asprilla, a 1.023 m. de altitud. No son de menor interés los complementos que se dispersan a su alrededor: despoblado medieval, fortificación y necrópolis.

En opinión de A. Durán la ermita de Santa Isabel en realidad es el antiguo monasteriolo de San Julián de Asperella donado por su propietario Sancho Garcés a la abadía de San Juan de Maltray en 1049 [2] . En 1.029 el rey Pedro II donaba a la limosna de San Juan de la Peña la villa de Asprella, figurando en 1.245 como iglesia dependiente del monasterio de San Juan de la Peña [3] . En el s. XVIII el Padre Faci [4] enumera la pardina de Espirilla "que fue en tiempos antiguos un lugar de 30 casas". Tras su localización ha sido estudiada separadamente por Durán y Galtier [5] .

Descripción.

San Julián de Espirilla es un formidable recuerdo de la arquitectura medieval primitiva que debiera ser recuperado sin dilación e integrado cuanto antes en las rutas de Serrablo, pues además de conservar con toda pureza su fisonomía originaria, ratifica inequívocamente la existencia de iglesias de cabecera plana con diversidad de elementos –puertas con arco de herradura, distribución de vanos, vanos escalonados– que posteriormente asumirá la peculiar arquitectura serrablesa. Su rehabilitación no admite demoras, por la trascendencia del monumento y por el peligroso estado del hastial de los pies, francamente desestabilizado y a punto del desplome, pudiendo arrastrar en su caída la puerta que ya está algo despegada del muro.

San Juan de Asprilla.

Se apareja con sillarejo de tamaño pequeño y mediano, escuadrado a maza y dispuesto por hiladas bastante regulares, con fino tendel seriamente afectado por las inclemencias del tiempo al exterior; menudean las marcas de puntero y sillarejos alisados totalmente con este útil. Algunos mechinales visibles, otros cuidadosamente tapados, revelan la instalación de andamios de madera para subir los muros. Las juntas se repasaron con clavos o con la propia paleta, resta una pequeña muestra en el costado septentrional, como en San Bartolomé de Bergua y otros edificios románicos posteriores de variada escuela: muralla de Abizanda –1.023–, parroquiales de Sasé, Arruaba, ermita de Santa María de Nerín, todas del s. XII.

Consta básicamente de nave rectangular a la que se acopla, con orientación canónica y deficiente ensamblaje, al alinearse los encuentros interno y externo, la cabecera de planta cuadrada (4,70 al E. por 4,45 m. al S.). Ambos sectores se cubrieron primigeniamente con tejado a dos vertientes y soporte de madera El ábside se acusa tanto por dentro como por fuera; abre al este vano centrado de jambas rectas al exterior y con ligerísimo derrame hacia el interior a partir de un estrangulamiento intermedio formalizado con lajas finas que a modo de diafragma encogen la luz del hueco; en la laja superior se practicó un arquito rebajado que actua de cierre; la ventanita se cubrió con sendos arcos semicirculares de irregular despiece. Igualmente en el costado del evangelio se acomodó un pequeño nicho para guardar objetos culturales, techado con arco de medio punto cuya clave es triangular.

La nave posee un espesor de muros comprendido entre 60-70 cm. Son ataludados, así en el entronque con la cabecera medimos 4,40 m. de anchura en la línea de horizonte –1 m. de altura– que pasan a ser 4,49 en la coronación actual, rebajada con respecto a la inicial. Este distanciamiento de los paramentos se aprecia a simple vista El lado del evangelio está levemente retranqueado a media altura, formando al interior una diminuta repisa que aumenta progresivamente en dirección al hastial de poniente. Esta repisa externamente es menor y no se halla al mismo nivel aunque tan sólo a una hilada de diferencia. Pudiera tratarse de un intento de enderezamiento del muro, por irse excesivamente de la vertical.

En el paremento meridional abre la puerta de acceso con arco de herradura al exterior y dintel de madera por dentro; el dovelaje es dispar, con ensamblaje cuidado y disposición radial –ver dibujo adjunto–. Este muro da cobijo a dos vanos abocinados, con toda probabilidad hubo un tercero cercano a los pies, anulado en la reforma que acortó la nave; los dos vanos sobrevivientes derraman hacia la nave y poseen antepecho escalonado; aunque ha desaparecido su coronamiento; lo normal es que este fuera adintelado –más fácil– o con arquito labrado en pieza monolítica. Tal como veremos en Espierre, la ventanita oriental dibuja alzado ataludado, es más angosta su luz en el coronamiento. Antepechos escalonados, no frecuentes, aparecen en San Bartolomé de Bergua –s. X–, parroquiales de Lasieso y Ordovés –s. XI–, ermita de los santos Juan y Pablo de Tella –1.019–, parroquial de Usieto –s. XII– y ermita de Santa María de Nerín –s.XII–.

Las reformas.

Probablemente en el s. XVI el viejo templo de Espirilla estaría practicamente arruinado, lo cual no implica que la estructura originaria se viese afectada, sencillamente la cubierta yacía por tierra y todos los muros perdieron altura a causa de derrumbes. Quienes acometieron su restauración decidieron acortar la nave, retrotrayendo hacia la puerta el paramento de los pies, y armar un arco apuntado para dar consistencia al encuentro nave-ábside, facilitando a la vez el cubrimiento con entramado lígneo. Al descender la altura de los muros se tapiaron las dos ventanitas de levante, con lo cual hubo de buscarse iluminación con otra de nueva apertura en la cabecera Por razón desconocida el diente norte de unión nave-ábside quedó rebajado sensiblemente con respecto al desarrollo altitudinal del muro.

A esta reforma podría corresponder la pavimentación con pequeñas lajas dispuestas de canto, hecho frecuente durante los ss. XVI-XVII en numerosas viviendas y templos de Serrablo y Sobrarbe.

Una segunda intervención aconteció en el s. XVIII, adosándose al interior de los laterales absidiales dos muretes que permitieron el volteo de bóveda, fortaleciéndolo y adaptándolo al gusto y esquemas de la nueva época.

Despoblado, necrópolis y fortificación.

En una zona plana, al suroeste del templo, con visibles grandes acumulaciones pétreas solapadas a una gruesa barrera, también de piedra, que debió cercar originariamente al poblado. Aunque sin limpieza previa es difícil discernir su hechura, las viviendas de Espirilla fueron ciertamente pequeñas, individualizadas, de una planta cuadrada, rectangular y en algún caso tendiendo a circular. Se asemeja a otros despoblados sobrarbenses de los sg. X-XI. Una excelente restitución de como debió ser el conjunto puede observarse en la publicación "Castillos y casas fuertes del Campo de Jaca I", de José María Establés.

La necrópolis, de lajas hincadas y losas de cierre, se extiende al sureste del ábside de la ermita; es coherente con los ss. X-XI, pero igualmente podría ser posterior.

La Torraza es un islote cónico que domina los fondos de una hondonada, al norte de la ermita. Su cima se explanó, y es posible que constara de torre en la esquina septentrional y recinto defensivo perimetral.

Tanto en la fortificación como el despoblado, hemos recogido fragmentos de cerámica clara de idéntico color, textura y grosor que en la pardina de Bescansa, Iguácel, San Bartolomé de Gavín, San Juan de Busa, Castillón de Ainielle..., hasta 54 yacimientos, algunos con sigillata romana.

El poblado de Espirilla, en el caso de que no existiese, es posible fraguara tras la expansión del Condado aragonés efectuada por Galindo II, fundador del monasterio de Cercito –muy próximo– hacia el año 920, momento en que ya se cita Espuéndolas, Galindo II "levantó el castillo de Atarés y pobló cuanto pudo todo Aragón de muchos y diversos lugares, que sería largo enumerar" [6] .


[1] Planimetría de Carlos Esco y Adolfo Castán.

[2] Durán Gudiol, Antonio: El monasterio de San Pedro de Siresa. D.G.A. Zaragoza. 1989.

[3] Ibidem.

[4] FACI, R.A.: Aragón Reyna de Christo y dote de María Sastíssima. Reedición 1979. Zaragoza.

[5] DURAN obr. cit.
- Galtier Marti, Fernando: En torno a los orígenes del círculo larredense. , Artigrama . , nº.4. 1987.

[6] DURAN obr. cit. pág. 62.

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Actualización: Sábado, 2/6/2001
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