Revista SERRABLO Edición Nº 92 Junio 1994 - La Honor de Senegüé y la de Matidero.

Sumario

Editorial.

La Honor de Senegüé y la de Matidero.

Ana Isabel Lapeña Paul

La arquitectura popular en las distintas áreas de Serrablo.

José Garcés Romeo
Julio Gavín Moya
Enrique Satué Oliván

Los Escartin, de Escartin (Sobrepuerto, Huesca).

José Mª de Ferrer

El florecimiento de la iglesia de Javierrelatre en el siglo XVIII.

José Garcés Romeo

Santa Orosia, motor de todo un territorio.

Ricardo Mur Saura

La arquitectura olvidada.

Leonardo Puértolas Coli

La Pastorada de Santa Orosia. 1994.

Graciano Lacasta Estaún

Sobre los orígenes del arte serrablés.

Adolfo Castán Sarasa

El culto a Santa Orosia en el norte de Italia.

Enrique Satué Oliván

Vocabulario de Sobrepuerto.

José María Satué Sanromán

Noticias.


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La Honor de Senegüé y la de Matidero.

Ana Isabel Lapeña Paul

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En cuanto a los arrendatarios de la honor completa debían ser personas de considerable solvencia económica. El primero conocido, antes de julio de 1309, es Jimeno de Gurrea, nombre al que antecede la partícula "don", lo cual permite pensar en una condición social elevada. Otro tanto hay que señalar para Romea de Lográn y su hijo Miguel que lo fueron en 1337 y 1338. No puedo dejar de señalar un curioso caso: en una ocasión por lo menos, lo fue un monje pinatense. En 1309 el abad Pedro y la comunidad cedían la honor de Senegüé a Domingo de la Val, miembro como acabo de decir de la comunidad sanjuanista, y al presbítero Pedro de San Vicente.

En cuanto a las condiciones establecidas eran las normales para otros treudos de menor importancia, excepto en la suma que había de pagarse por censo que, lógicamente, era de mayor cuantía. Eran estas:

  • poblar, mantener y mejorar los palacios y villas.
  • trabajar los campos.
  • pagar anualmente el censo.
  • llevarlo a sus expensas hasta el monasterio.
  • hacerse cargo de los gastos que originaran los pleitos que pudieran surgir.
  • hospedar y acoger convenientemente al abad con su séquito una vez al año, e igualmente al camerario.
  • alojar a cualquier monje pinatense que llegara a Senegüé.
  • devolver la honor cuando acabara el plazo de la concesión.

El monasterio, por su parte, se reservaba el derecho a revocar esta cesión y también los homicidios, procuraría copia de los documentos que fueran necesarios para cualquier juicio, y en el caso de que surgieran litigios o cuestiones entre los vasallos y los arrendatarios el fallo final sería del abad.

En otro orden de cosas, San Juan de la Peña se comportó en Senegüé como en cualquier otra de las circunscripciones pinatenses. Incluso en fechas avanzadas recibió donaciones en estas poblaciones que conformaban la honor. En 1318 el matrimonio formado por Sancho Don Aznar y María, más sus cuatro hijos, hacían donación de su casa en la villa de Hoz, y en 1342 eran Juan Morenda y su mujer quienes entregaban su heredamiento en las villas de Senegüé y Sorripas, formado por unas casas en la plaza de la primera localidad, con su corral y bodega, junto con un huerto, once campos, dos viñas y tres fajas de cañamar en los términos de ambas poblaciones. Como no existe absoluta certeza de que fueran incluidos entre las propiedades de la cámara no los he anotado en la relación de bienes de este cargo, aunque estoy convencido de que así fue.

Pero también han quedado documentados otros mecanismos utilizados para hacerse con otras propiedades en esa zona. Así en 1379 San Juan, por medio de su clavero, cambiaba un campo en Senegüé por dos en Sorripas que pertenecían a Gil Sánchez. Y son también testimonios de la expansión varios treudos que proporcionan datos sobre determinadas posesiones que habían pertenecido a Santa María de Roncesvalles y que pasaron a formar parte del dominio sanjuanista a través de permutas, no sólo en esta zona sino también en alguna otra cercana donde el monasterio tenía intereses. Hay además alguna compra, en este caso de un palacio denominado Latrero, que curiosamente se había llevado a cabo no por el camerario como sería lógico sino por Jimeno Pérez de Longrán, prior de San Esteban de Orastre y comunalero, aunque bien es cierto que anteriormente había sido procurador de la cámara y el documento no especifica cuando se había hecho la adquisición [390] .

Un curioso documento del día 11 de septiembre de 1315 combina dos actos jurídicos: El primero de ellos es la donación hecha por un vecino de Huesca, Jimeno Sánchez, de sus bienes en Senegüé y Sorripas, salvo un campo en el término de las Sendicosas. El segundo refiere la venta de esos mismos bienes en igual fecha [391] . ¿Cúal es la posible explicación de esta actuación? La única que me atrevo a sugerir es que el precio pagado por el monasterio fuera inferior al valor real de la propiedad y que el dinero que no abonaba San Juan fuera en realidad el núcleo de la donación.

Para recomponer el territorio de la honor resultan fundamentales los treudos de 1309 y 1329. En los veinte años de diferencia entre uno y otro, San Juan había ampliado su dominio. En el primero únicamente poseía el palacio de Sorripas y en el segundo tenía ya la villa.

Esta localidad fue después de Senegüé la más importante de la honor. Un pergamino falso con fecha de 1036 contiene la primera mención de Sorripas, pero no de la villa sino de un monasterio dedicado a San Salvador que supuestamente fue entregado por Ramiro I a San Juan de la Peña con su heredad y su término. La precisión con que se detalla éste hace pensar en alguna controversia por el mismo, lo que obligó a San Juan a hacerse con un documento justificativo en el que poder basarse para la defensa de su posesión, aunque no queda constancia del probable litigio. En esta localidad, o en su entorno, existió efectivamente una iglesia bajo esa advocación, y así consta por lo menos en 1245 en el acuerdo entre el de la Peña y el obispo de Huesca, y en algunos de los treudos sobre posesiones en ese lugar figura como afrontación, por ejemplo, el huerto del abad de San Salvador. El priorato de San Urbez tuvo en esta villa posesiones, pero el dominio de la villa no fue de San Juan hasta bien entrado el siglo XIV.

Unos años antes, en 1311, Toda Garcés de Fenero, vecina de la cercana Javierre de Cuarnas, reconocía públicamente a su hermano Maestre García, arcediano de la sede de Pamplona, que había sido éste quien compró con su dinero, para ella y en su nombre, la villa y términos de Sorripas, un palacio en Biescas y otros en Gavín y Senegüé, los tres con sus derechos y pertenencias, más unas viñas, campos, posesiones y derechos en Orós Bajo que eran de la villa de Sorripas. Prometía a la vez que no daría ni dejaría ninguno de estos bienes a nadie, con la excepción de su hijo Assalit de Lueso o a García Garcés, su nieto, pero por parte de su hija, del mismo nombre que ella. Si incumplía esta condición, autorizaba a que estos bienes fueran embargados por "vos o los vuestros", a la vez que no recibiría el usufructo de esas propiedades.

En 1324 era el nuevo arcediano, Miguel Sanchís de Asiaín, quien volvía a recordar en otro documento el reconocimiento hecho por doña Toda, y como para esta fecha la citada mujer hubiera fallecido y también su hijo y Maestre García, cumplía la voluntad de su predecesor. Por lo que parece, había hecho donación de sus bienes y derechos al arcedianato que regentaba, y ahora era Miguel Sanchís quien hacía cesión de "todo el dreyto que nos avemos e a nos pertenesce o pertenescer puede o al nuestro arcidiagnado sobredito" a García Garcés, uno de los señalados por el hermano de doña Toda, para que pudiera hacer con éstos su propia voluntad. El texto especifica que la posesión de la villa suponía la de sus derechos, términos, señorío, pechas, monedajes, vasallos y todos los servicios que se hacían en este lugar al señor. Pasados unos meses un pleito le fue promovido a García Garcés por un vecino de Senegüé, de nombre García Assalit. Ambos se comprometieron a atenerse a la decisión de unos arbitros. El resultado es desconocido y sólo puedo afirmar que entre la fecha de mayo de 1324 y la de diciembre de 1329 la villa de Sorripas se integró en el patrimonio pinatense de una forma que desconozco. Por otra parte debe recordarse que las villas de Betés y Javierre habían llegado a San Juan a través del cambio realizado con Alfonso II en 1182. Esta última, actualmente llamada Javierre del Obispo, aparece con distintos nombres en la documentación medieval: de la Garganta, de Cuarnas, de los Cornudos y Javierrelatas.

La impresión que surge con el estudio de estos textos es que las posesiones en este territorio pertenecían a la honor, sin embargo en ciertos casos bienes en alguna de estas localidades próximas eran de otro oficio. Este son los casos de las propiedades sanjuanistas en Espierre, a pocos kms de Orós, cuyas propiedades pertenecían al comunalero; o en Lárrede donde la limosnería tenía intereses.


[390]

NAVARRO, T., Documentos... doc. 99

A.H.N. Clero, carp. 733, nº 6; carp. 735, nº 11 y cod. 431 b, fol. 71 v, 72 r, 74v.

LAPEÑA. A. I., Selección..., doc. 83.

[391] A.H.N. Clero, carp. 729, nº 7.

Continuará...

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Actualización: Domingo, 3/6/2001
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