Revista SERRABLO Edición Nº 91 Marzo 1994 - Castillos del Alto Gállego.

Sumario

Editorial.

En memoria de Don Salvador López Arruebo.

José Garcés Romeo

La Honor de Senegüé y la de Matidero.

Ana Isabel Lapeña Paul

Castillos del Alto Gállego.

José María Estables Elduque

La arquitectura popular en las distintas áreas de Serrablo.

José Garcés Romeo
Julio Gavín Moya
Enrique Satué Oliván

Santa Orosia, motor de todo un territorio.

Ricardo Mur Saura

El Alto Aragón y el Camino de Santiago.

Manuel P. Benito Moliner

Julio Gavín y la Medalla al Mérito Civil.

José Garcés Romeo

Noticias del Museo de Artes Populares de Serrablo.

Memoria Anual ‘93.

Estado de Cuentas Asociacion "Amigos de Serrablo".

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Castillos del Alto Gállego.

José María Estables Elduque

Premio «Manuel Corchado», 1992

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Escuer.

No se conserva ningún documento escrito. fechado en los siglos IX y X referente al lugar de Escuer, por lo que resulta difícil conjeturar acerca de la situación en la que se encontraba, cuando los condes de Aragón realizaron sus expediciones militares por los valles del Aurín y del Gállego. En los últimos años del siglo XI – 1093– se registra la fundación por Sancho Ramírez, del monasterio de San Juan de Arguisal en las proximidades de Escuer. La primera mención de Escuer se registra en 1184, en un diploma del cartulario de San Andrés de Fanlo, pero hemos de suponer con toda lógica que la población ya existiría antes, ya que un emplazamiento tan estratégico sólo podría entenderse en función de la ocupación del llano por los musulmanes [13] .

Torre de Escuer en su estado primitivo.

La fortaleza debe su construcción a los Lanuza, importante familia infanzona originaria del Valle de Tena, documentados al menos desde 1123 [14] , que se extendió por diversas localidades del alto Gállego a partir del siglo XIV. La fábrica debió erigirse en el siglo XV, pero posteriormente fue, como veremos, completamente cambiada en su estructura interior.

El castillo de Escuer es una de las más interesantes fortalezas de los postreros años de la Edad Media altoaragonesa. tanto por su tipología y empaque, como por la distribución de los espacios y vanos de su torre. Aunque bien es verdad, que a todo esto podríamos añadir otras virtudes, como por ejemplo, su pintoresco emplazamiento, o su señera figura recortándose en el horizonte, que le dan ese extraño y misterioso aspecto, y que a la vez terminan de conformar su atrayente escenografía.

El estado de conservación no es desde luego óptimo, pero todavía en el momento de redactar estas líneas se puede afirmar que es posible una restauración. Esperar más tiempo para llevar a cabo la recuperación del edificio implica un alto grado de riesgo, que podría dañar seriamente a la parte alta de la torre, en la que los desprendimientos de sillares, lajas y cantos rodados, son la tónica habitual en los días de nieve, lluvia o tormenta.

El acceso al pueblo viejo de Escuer, en cuyas inmediaciones está ubicado el castillo, puede hacerse por pista, apta para cualquier vehículo, o bien por el viejo camino de herradura. En el primer caso hay unos diez o doce minutos, más otros quince a pie, en el segundo hora y media de fuerte subida.

El camino que procede del pueblo conduce a la puerta del recinto exterior, bordeando la muralla por sus lados norte y este, lo que permite al visitante darse cuenta de que la fortaleza se encuentra situada en una especie de gran espolón, y no en llano como se puede pensar al acceder a ella por esta ruta. Esta disposición permitía que el castillo sólo pudiera ser atacado por el norte y el oeste. Al doblar el ángulo sureste de la muralla nos situamos en la pared sur, que es en la que se encuentra la puerta, así como la capilla de Santiago, después ermita, que al estar adosada al paramento, sobresale en planta del cuadrilátero de la cerca exterior. La superficie encerrada dentro de la muralla sobrepasa los 400 m². La puerta de ingreso al recinto es de arco rebajado, parece haber sido rehecha, por su factura, en el siglo XVII. La primitiva sería más estrecha y de arco apuntado, o al menos adintelada sobre impostas como las altas de la torre.

La capilla es de planta rectangular, y conserva como concesión a la intencionalidad litúrgica, una ventana abocinada en el muro Oeste, de extraña resonancia románica, aunque sea del siglo XVI. Sobre ella se encuentra otra de menores dimensiones. Se ha perdido sin embargo la del muro testero, que fue rehecho posteriormente. Hoy se realiza la entrada a través de un enorme agujero practicado en el muro sur, y no por la puerta original que da al patio de armas y que permanece tapiada. Esta última, adintelada, se conserva en perfecto estado.

Por la parte interior, el muro circundante presenta un retranqueo, realizado para aligerar el empuje sobre los pies derechos, y para que el saliente sirviera de apeo a los tirantes que soportaban el suelo de madera del camino de ronda, completamente perdido en la actualidad.

La bonita torre exhibe sus paramentos oeste y sur perforados por los vanos mayores, en tanto que en los otros dos se abren numerosas aspilleras. Esto no es extraño teniendo en cuenta que a la altura en la que se encuentran la torre y el caserío, el sol es muy importante, sobre todo en los fríos días de invierno. En la parte correspondiente a la planta alta, en el muro sur, hay una imponente aspillera, ya mencionada por Cardús Llanas y Guitart Aparicio [15] , de forma cruciforme. Otras dos de igual forma, pero de menor tamaño. se abren en la parte baja de los muros este y oeste.

La lectura exterior de la fachada sur de la torre, nos indica que los vanos se distribuyen a cinco niveles diferentes, lo que trasluce la existencia de al menos cinco plantas. En la base, cerca del ángulo sureste, se abre una puerta apuntada. A la planta noble, que es la segunda, se accede por la puerta que hay al final de la escalera exterior, que arranca, junto a la recién mencionada puerta apuntada, y que corre paralela al muro. Esta puerta es adintelada. En la tercera planta se sitúa una tercera puerta. que servía para salir al balcón corrido, del que restan los mechinales en los que se empotraban las vigas, y las ménsulas que servían de apoyo a las vigas del tejadillo. La cuarta planta está indicada por la gran aspillera cruciforme. y la quinta por unos vanos rasgados, de los que únicamente el situado más al este aparece completo.

Las numerosas aspilleras que se abren en los muros este y oeste, a veces a dos niveles distintos en una misma planta, impiden identificar los pisos desde el exterior, por estos lados. En el muro norte, en cambio, la distribución de escaleras es homogénea, pero aparecen únicamente en las plantas segunda, cuarta y quinta. En cuanto a la ventana geminada de la fachada oeste, es preciso resaltar que corresponde a la época en que se llevó a cabo la remodelación de la torre, a comienzos del siglo XVI.

La visita al interior de la torre es una curiosa y desconcertante aventura arqueológica. porque las cinco plantas que hemos contado, a partir de la distribución horizontal de la fachada sur, van a quedar reducidos a tres. Esto se debe a la remodelación efectuada en el siglo XVI, cuando los pisos de madera fueron sustituidos por buenas bóvedas de piedra de medio cañón, cuyo inevitable desarrollo en altura. invadió parte de la volumetría interior.

Antes de entrar en la planta noble, conviene visitar la que se encuentra a ras de suelo, traspasando el umbral de la sencilla puerta apuntada. Resulta una sala rectangular de bella factura, cubierta con una bóveda de medio cañón de limpia y cuidada ejecución, reforzada por cuatro arcos fajones de caliza – dos mediales y dos extremos–, que arrancan de sencillas impostas corridas. También la bóveda se apoya en impostas, pero éstas se sitúan a mayor altura. Dos vanos abocinados, con derrame, y limitados por bovedillas capialzadas, enmarcando lo que al exterior son sendas aspilleras cruciformes, iluminan tenuemente la sala. Pronto advertirá el visitante que la imposta de la que arranca la bóveda era la que servía de apoyo al piso de madera de la planta superior. de modo que la puerta era la única iluminación de la planta baja, y las ventanas cruciformes, por tanto, pertenecían a una segunda planta atrofiada, que sería la capilla primitiva.

Una vez en la planta noble, es preciso vencer una pequeña cuesta, impuesta por el trasdós de la bóveda inferior, que eleva considerablemente el suelo, de modo que algunas aspilleras quedan casi inutilizables. La ventana geminada con asientos. que se abre en el muro oeste, está centrada en altura por ser obra posterior a la de la torre originaria, que se realizaría por tanto a la vez que se tendían las bóvedas. En el muro norte se abre un edículo, semienterrado en la actualidad, que cuando estaba habitado el castillo en los años treinta, servía de fregadero, pero originariamente no pudo ser sino una alacena. Desplazada en altura queda la puerta que daba salida al balcón corrido, y que correspondía a la tercera planta. La segunda bóveda está parcialmente hundida, y lo mismo le sucede a la superior. La última planta de la obra primitiva, a la que se dotó de amplias aspilleras de intención disuasoria y de iluminación, quedó embebida en la tercera bóveda.

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           DIMENSIONES DEL CASTILLO
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        Muros Exteriores     Muros de la Torre
  Lado  Longitud   Grosor    Longitud   Grosor
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   N     23,71 m   0,72 m     9,68 m    1,45 m
   E     21,30 m   0,71 m     8,00 m    1,40 m
   S     26,14 m   0,73 m     9,65 m    1,30 m
   O     20,22 m   0,71 m     8,00 m    1,40 m
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Actualización: Domingo, 9/12/2001
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