Revista SERRABLO Edición Nº 125 Septiembre 2002 - Apodos Altoaragoneses

Sumario

Editorial

José Garcés Romeo

Iluminación interior Museo de Dibujo

La población de Acumuer a finales del siglo XIX y comienzos del XX

José Garcés Romeo

Apodos Altoaragoneses

José Damián Dieste Arbués

Las huellas de santos y su uso didáctico

Enrique Satué Oliván

¿Qué feban dinantes en un lugar de Sobrepuerto?

José María Satué Sanromán

Viaje a la cuna de Santa Orosia

Ricardo Mur Saura

La Fundación del monasterio de San Martín de Cercito

Federico Díez Arranz

La gallina del Sobrarbe

Ricardo Azón Pardo
Amadeu Francesch Vidal

Apuntes de dos Exposiciones: José Luis Cano y Pedro Martinez Sierra

Pilar Fanlo Aínsa

Noticias


Amigos de Serrablo
Anterior Siguiente

Apodos Altoaragoneses

José Damián Dieste Arbués

[Anterior entrega]

Los de Allué eran conocidos como los lilones. Un vecino de Yebra de Basa le daba el significado de pequeño, mezquino y le encontraba un sentido displicente, despreciativo y en ese sentido era semejante a otros adjetivos altoaragoneses de carácter displicente como menudarrio, burrufalla y miquetas. Se aplicaba lo mismo a las personas que a las cosas. Ejemplo: se decía de las patatas que pecaban de raquíticas. En la localidad de Estallo, un informante cuyos padres procedían de Allué nos decía que eso era porque serían dormilones y lo asociaban al lirón careto, un animal que inverna. Existía una frase hecha muy popular: — "¡Duermes más que un lirón!" .

En la aldea de Orós hay dos casas, iglesia y edificios auxiliares. No sabemos sí en épocas anteriores tendría más fogajes. Las dos casas eran fuertes o de economía desahogada y de ahí floreció el apodo de señoritos. Un informante de la zona nos comentaba que "eran bella mica presumidotes y que como se defendían bien podían balluacar". Balluacar sobreentendido como ostentar. Buena parte de los ingresos económicos provenía de las subastas de madera. El monte era óptimo en arbolado y era propiedad privada de las dos casas y los beneficios que dejaba su explotación, bastante pingües. La abundancia siempre procura hábitos de refinamiento que no alcanzan nunca los que viven en penuria o en autosuficiencia y por eso la actitud de los vecinos de Orós sería más ostentosa que las de los del resto de las aldeas circundantes. Un vecino de Fandiello – Fanlillo– nos decía que el apodo era de señorotes y que se lo decían porque los de esa aldea tenían buen pasar.

A los de San Román de Basa los apodaban los rabosos. La zorra es un animal que desde las fábulas de Fedro y Esopo, desde los cuentos medievales como Le roman de Renard – Renard en francés medieval es raboso– siempre se han vinculado a la virtud/defecto de la astucia y en todo el Alto Aragón siempre se aplicaba con ese mismo concepto, es decir, para establecer una forma de comportamiento avisada, que unas veces podía hablamos del despejamiento de un personaje para salir airoso de una situación complicada o también de la actitud pícara y de pillería de cierta persona que actúa en detrimento de los intereses legales de otra. También se asociaba al latrocinio y al pillaje. En el caso de San Román de Basa no nos dieron esta versión tipificada de la inmediata asociación a la astucia. Los informantes nos dijeron que en el término de esa aldea – ahora deshabitada– había un mantillo muy pedregoso, de tipo de cascajo y que allí también abundaba el caxicar – roble pequeño, chaparro– y que ese hábitat se prestaba bien a que en él se desarrollaran los rabosos.

Sobás está escondida en los últimos repliegues de la montaña de Santa Orosia y en esta aldea tenían el sobrenombre de pelaires. No se recordaba la gente de que hubiera en las últimas generaciones ningún cardador – eso significa pelaire, aunque también se traduce este vocablo vernáculo por colchonero–. El término de Sobás era algo mísero y tenían que ir a sembrar y a labrar al puerto. Había poco terreno laborable de calidad en la zona anexa al poblamiento. En Yebra nos comentaban que como Sobás es semejante a sobo – paliza, tunda– y los pelaires cardaban (en el Alto Aragón en sentido figurado significa paliza), a lo mejor se había hecho esa asociación semántica, a la hora de establecer el apodo. Pudiera ser. En Orós un pastor nos aseguraba que eso sería debido a que como era un pueblo con un término cultivable pobre, las gentes de ese pueblo tendrían que salir a ganarse el jornal fuera del lugar como los carrilanos o los pelaires hacían en la sociedad tradicional, donde todos estos oficios buscaban una mayor clientela desplazándose por todas las aldeas de la redolada, ya que la subsistencia con la clientela de la aldea de donde eran naturales resultaba totalmente insuficiente desde un punto de vista económico. La gente menestral se desplazaba continuamente. En Fanlillo coincidían con esta misma interpretación y nos comentaban que tendrían que salir por el mundo adelante como todos los oficiales de por entonces.

Yebra de Basa. Casa Albeita. [Gavín]

Los de Yebra de Basa – capital de la bal tenían el sobrenombre de gabachos, altamente infamante. En el mismo Yebra nos aseguraban que en tiempos el vecindario cometió una gabachada, o lo que es lo mismo que actuaron con poca gallardía. Dicen que venían las reliquias de San Lorenzo desde tierras francas hasta Huesca capital y que hicieron noche los que las trasladaban en la localidad de Yebra, traicioneramente, se quedaron con un dedo de las reliquias, en lugar de reclamar sus derechos con franqueza.

En Osán les decían cagosos que es sinónimo de pusilánime y que sirve para definir un tipo de comportamiento y conducta que se caracteriza por su falta de espíritu y fortaleza.

Son cortos de miras aquéllos a los que se aplicaba este calificativo deshonroso y actúan con un excesivo miramiento, que no es sensatez sino medrosidad. Este vocablo también se asociaba a las personas que eran poco emprendedoras y que por no exponerse no rancaban en los proyectos que emprendían. Apocados y conservadores.

A las gentes de la aldea de Isún les decían los madrileños o Madrid el pequeño y como siempre acaece se les atribuía un carácter petulante, fachendero y engreído. Ya hemos comprobado con otras poblaciones que la vinculación del municipio a Madrid podría reflejar una cierta independencia municipal con respecto a las aldeas del entorno y que esa privacidad municipal siempre provocaba rasgos de conducta petulantes.

A los habitantes de Sardas se los sobrenombraba como los gabardas o gabarderos. La gabarda es el escaramujo o rosal silvestre. Para explicar este apodo existían varias versiones. Una de ellas es de tipo fisiocrático y los habitantes del contorno nos decían que como el terreno era bueno – óptimo para el cultivo– y había tierra de mucha sazón que allí se criaban las gabardas de tapaculos, vegetales espontáneos a los que les gusta la tierra honda y optima. Se criaban mucho en las márgenes de los campos de labranza. Además había en ese pueblo barranqueras y rieras, donde esa especie medra fácilmente. En la localidad contigua de Latas nos comentaban que en ese pueblo en los márgenes de las fincas antes se veían muchas gabarderas. En Boltaña, un informante oriundo del Serrablo nos dio una versión extravagante fundada en una de esas facecias chuscas, que seguramente se ideaban en reuniones de carácter jocoso. Dicen que un día un vecino de Sardas caminando por el monte y que, iba pensando en las avutardas de mayo, es decir absolutamente abstraído y que se le enganchó la boina en una gabardera punchadera y que después, al rato, pasaron otros vecinos y que exclamaban alborozados: — "¡Mira dónde hay una torda comiendo joricaculos, mírala qué majeta es y qué buen bocau pa la cazuela!" ", y que entonces pretaron todos a dispararle hasta que dejaron la boina/torda como un porgadero. Como una de las premisas de las gentes ocurrentes era la de provocar la hilaridad general, en las reuniones grandes se inventaban falordias/fábulas absurdas, semejantes a ésta que nos transmitió el informante de Boltaña. En Javierre del Obispo nos daban una versión bastante diferente y en ella se veían los rasgos típicos de los montañeses a la hora de interpretar un hecho. Decían que les dirían los de gabarderos porque serían pretos y se acarrazarían – engancharían– a todo, tal y como hacen las fuertes espinas de la gabardera. Ésta podría ser una interpretación muy verosímil.

A las gentes de Fandiello – Fanlillo– se les aplicaba el mote de – abarcudos–. Numerosos lugares lucen este sobrenombre – Morillo de Liena, Oliván, Riglos– y además se les asocia una popular frase hecha donde se expresa la penuria alimentaria de esas aldeas. Según la interpretación popular, en tiempos las localidades que lucían el apodo de abarcudos era porque habrían pasado hambre, ya que los mocés se rosigaban – radían– las abarcas que se estaban cociendo en el caldero, tal y como hace Charlot en un filme suyo. Entonces se decía la frase hecha lapidaria: — "Pareces a los mocés de tal lugar, que se comían las abarcas en el caldero."

En otros lugares eran los abozos – lirios silvestres, que se cocían para los cerdos– lo que comían los niños de la aldea y aún los llamaban lamineros. En el caso de Fanlillo esa interpretación se ha perdido de la memoria oral.

Revista SERRABLO
Principio de página www.serrablo.org Anterior Siguiente


© Amigos de Serrablo, serrablo@serrablo.org
Actualización: Martes 12 de Noviembre de 2002 0:23
http://www.serrablo.org/s125/s125a4.html
$Id: articulo.xslt,v 1.6 2002/01/15 00:10:35 felipe Exp $