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Sumario José Garcés Romeo Abenilla en la Edad Media y en el siglo XVI. José María Establés Elduque Acumuer, en la alta cuenca del Aurín. Santiago Broto Aparicio ¿Qué feban dinantes en un lugar de Sobrepuerto? José María Satué Sanromán Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés". Ana Puyol Loscertales Estructuración del Serrablo en torno a las romerías. Enrique Satué Oliván La trascendencia histórica de la estética del Grupo Pórtico. Manuel Sánchez Oms Una vez. Federico Diez Arranz Las marcas de base: señales de la actividad acuática. Guillermo Gómez
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Una vez.Federico Diez Arranz Una vez, hace ya tiempo, estas piedras que hoy vemos, tuvieron un amor. Fue como una tormenta que retumbó por todos sus rincones. El ruido de aquel momento hizo temblar sus torres y sus naves, y sacudió lo más profundo de sus fríos corazones. Pero hubo tanto mido que, tal vez, lo primordial no se ha oído todavía con claridad. Lo importante es que aquellos que se apasionaron con estas piedras y nos trasmitieron su entusiasmo tengan un hueco en todo momento entre nosotros. En tu aniversario, a un infatigable trabajador, recibe el reconocimiento de esta asociación. Francisco Iñiguez Almech, según publica el diario Heraldo de Aragón el 22 de marzo del presente año, nació en 1901 y obtuvo su título de arquitecto en la escuela de Madrid. Su extraordinaria disposición para el dibujo permitió su intervención, antes de terminar su carrera, en el proyecto de restauración y conservación del castillo de Olite. Su ingente labor como restaurador comienza en 1932 cuando se ocupa de la jefatura de la segunda Zona del Tesoro Artístico Nacional. Actúa en docenas de monumentos: La catedral de Jaca, San Juan de la Peña, Silos, Burgos... Y además en esta recóndita iglesia que es la de San Pedro de Lárrede. Sus estudios, junto con Sánchez Ventura, le llevarán a realizar un primer análisis del grupo de iglesias del Serrablo que, ciertamente, podemos actualmente darle toda la validez a pesar de los muchos otros autores que se han interesado por el tema.
Sus investigaciones aparecen publicadas en Archivo español de arte y arqueología, nº 25, en el año 1933. Señala en un primer momento los lugares de actuación, aunque poco exactos. Dice lo siguiente: "El mapa da idea de la situación de este grupo, (de iglesias) pero en forma poco precisa, pues la exploración no se puede considerar agotada ni por el Este ni por el Sur, quedando únicamente fijos los linderos Oeste y Norte hasta la frontera francesa". Un testigo de aquellos primeros tiempos fue D. Joaquín Gil Marraco que cuenta lo siguiente: "... Nos dirigimos hacia Lárrede... Íbamos, desde luego, Sánchez Ventura, creo que Oliver y Rafael Gastón Burillo... y yo,
cargado con mi cámara de placas, tamaño 9 x 12 y con un pequeño trípode que todo había de emplear en lo que esperábamos encontrar". Boletin nº 50 Amigos de Serrablo. Pasaron los años y en 1933 se actúa en la iglesia de Lárrede aunque previamente se realizó un análisis por Sánchez Ventura e Iñiguez Almech sobre las alteraciones que probablemente había sufrido el edificio a lo largo de los siglos.
"Las modificaciones son: se cerraron las ventanas primitivas, excepto una de los pies de la iglesia; apertura de otras nuevas
en el lado del ábside, en la capilla lateral de la Epístola y a los pies en el mismo lado; la escalera adosada al muro norte;
el coro; la sacristía agregada, pero que debió sustituir a otra dependencia, porque la puerta de comunicación abre hacia ella
y tiene arco de herradura; las bóvedas de lunetos de los tres primeros tramos, el muro que cierra la iglesia poco más debajo
de la puerta de ingreso; un encalado total con grandes pinturas barrocas, y los altares. De todos estos agregados valen la
pena las bóvedas de lunetos, para declarar cual pudo ser la cubierta primitiva. Se ve que los lunetos son necesarios para
que la bóveda no tape las ventanas primitivas, cerradas a pesar de tal bóveda. Sobre ella hay un tejado de madera y pizarra
(losa) más alto que los de la cabecera. Este dato y la rareza de este tipo de bóveda, en la fecha primitiva que hemos de suponer,
son suficientes para afirmar su modernidad. Apoya sobre fajones de medio punto que se cortan a bisel poco más abajo del arranque,
sin pilastra que los sustente, y que pueden ser primitivos, para ver lo cual hay que analizar tres tipos de cubierta, ya que
el encalado suprime los datos constructivos, que serían los más eficaces. Y este fue el comienzo del arte mozárabe serrablés. Estos estudios marcaron las fases previas a lo que luego será, sin lugar a duda, el gran logro de todos aquellos que han trabajado y trabajan por la conservación de este patrimonio. Con más honores que mercedes demostrando que, el que podríamos llamar, renacimiento del arte serrablés, surgió de las palabras de estos aventajados investigadores y de la obra de Francisco Iñiguez Almech, que trataremos en el próximo número de nuestra revista. Continuará... Planos realizados por Francisco Iñiguez, antes de la restauración. |
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