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Sumario José Garcés Romeo Religiosidad popular en el Serrablo tradicional. Enrique Satué Oliván Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés". Ana Puyol Loscertales Fanlo de Ipiés: Castillo junto al Gállego. Santiago Broto Aparicio La trascendencia histórica de la estética del Grupo Pórtico. Manuel Sánchez Oms Adolfo Castán Sarasa La Hermandad del Rosario de Sabiñánigo. Federico Díez Arranz Abenilla en la Edad Media y en el siglo XVI. José María Estables Elduque Estado de cuentas Asociación "Amigos de Serrablo".
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Abenilla en la Edad Media y en el siglo XVI.José María Estables Elduque Exposición. Pintoresco pueblecito situado a 1050 m. de altitud, en medio de un paraje de singular belleza, fuera de las rutas turísticas, sobre un aterrazamiento natural en la soleada falda sur de la Sierra de Portiello; dentro de la cuenca del Río Guarga. El paisaje de suaves lomas, a meridión, en las que verdea el cereal en Primavera, y de sobresalientes formaciones de conglomerado –"os Bozos"–, a septentrión, al estilo de la Ciudad Encantada, que emergen entre vetustos robles de troncos retorcidos, y pinos de repoblación, es sin lugar a dudas uno de los mas hermosos y desconocidos de estas latitudes. Sin embargo casi nada material queda de su etapa medieval, excepto un fragmento del muro norte de su actual iglesia parroquial, que pertenecería al originario templo románico. Para compensar esta situación queda una desconocida torre fuerte que sirve de base al campanario, y la magnífica portada que se inspira en modelos pirenáicos del siglo XVI, aunque sea postenor. La Alta Edad Media. Se documenta el lugar en los últimos años del reinado de Sancho III de Pamplona (+1035), aunque se desconoce si era de propiedad real. Casi todos los datos conservados se refieren a su relación con el Monasterio de San Andrés de Fanlo, y con Montearagón, del cual fue priorato el primero, tras su desaparición como Cenobio independiente. Abenilla fue en la Alta Edad Media un pequeño núcleo de población, que quizá disfrutó de un cierto nivel de vida, por las posibilidades de su peculiar territorio. Conocemos los nombres de algunos personajes, que figuran como testigos de algunas compras; como García Fortuniones, Sancio Ennecones, primo del anterior, y Eximino Garceanes, en el caso de una adquisición que hizo el Abad Sancho de Fanlo de un campo en Vilás, poco después de 1030. Todos ellos debían ser personajes de cierta entidad jurídica, y no siervos, pues de lo contrario no figurarían en paridad con el "Senior" Santio Banzones de Castellazolo (Castiello de Guarga). No se documentan "meçquinos/mezquinos" –siervos unidos a la tierra–, pero tuvo que haberlos, como consecuencia de la estratificación de la sociedad aragonesa, y de la correspondencia biyectiva, en general suprayectiva –varias familias de siervos dependen de un solo señor–, entre la nobleza y la plebe. Abenilla no era un lugar idóneo para la ubicación de una tenencia –sólo las hubo en puntos cercanos a los extremos del Valle, en los caminos que partiendo de los Valles Pirenáicos conducían a la Tierra Llana: Secorún, Villacampa, Javierrelatre–, al estar situado en un valle trasversal en el que las comunicaciones no eran esenciales para el Reino en casi ningún sentido. Por ello no entró a formar parte de ninguna de las "honores", que los monarcas daban graciosamente a los nobles del estamento superior, o "barones". Quizá esto justifique la presencia de varias familias infanzonas –inicialmente soldados no siervos destacados en alguna acción de guerra–, como redpiendarias de las tierras incorporadas, bien mediante conquista, bien mediante ocupación pacífica, por tratarse de territorios marginales a las poblaciones importantes y alfoces conquistados, o a los escenarios de la guerra. En algunos documentos altomedievales se encuentran en ocasiones fórmulas colectivas de testificación, como en uno de compra, de la época del Abad Banzo del Monasterio de Fanlo, en el que se lee textualmente: "testes sunt quantos sant in Vilasse et in Avenniella et in Buesa". Sociedad y Poder (I). En estos momentos del siglo XI, cabe imaginar que los personajes citados tenían entidad jurídica, tal vez asimilable a la de infanzones o hermunios, a los que habría que asociar el rector de su iglesia. De los siervos no se puede decir prácticamente nada. Economía en los Siglos XI y XII. Las tierras de Abenilla permiten, y permitieron en el pasado, sin dificultades, el cultivo del trigo, cebada, ordio, y mijo. Los huertos se encontraban más al sureste, bajo el plegamiento aflorado en el que se asienta la ermita de San Juan –Barranco de Vilás–, donde mana una fuente que según la tradición no se ha secado nunca. La vertiente ganadera de estas poblaciones del Valle, y concretamente de Abenilla, se ha mantenido hasta la actualidad el rastrojo, y las praderas del entorno de San Juste. Esta Pardina pertenecía a San Juan de la Peña, y fue atreudada en 1404, ya que se encontraba abandonada. En la actualidad es propiedad del Pueblo de Allué. La posesión de tierras, mezquinos, casas, ganados, y molinos, eran los únicos sistemas de acumulación de capitales de la sociedad rural de la baja nobleza. Los comerciantes, prestamistas, y artesanos enriquecidos, quedaban reducidos a las pocas poblaciones importantes, como Jaca, Ayerbe, Barbastro, o Huesca. Este capital constituye una reserva que no puede despreciarse, y que sólo puede venderse en condiciones extremas, a no ser que las posesiones sean cuantiosas. Un caso curioso en este sentido es el de la viuda Ceta, y de su hijo Lop Enneconis, que vendieron tierras en dos ocasiones al Abad Sancho de Fanlo, tal vez al poco de enviudar, en torno a 1034. El propio Lop, a la muerte de su madre volvió a vender tierras a San Andrés. En este sentido, los grandes monasterios fueron insaciables acumuladores, mediante compra, donación de por vida, entrega de los propietarios al envejecer con el fin de obtener cuidado por parte de San Andrés de Fanlo, etc., de tierras, viñas, mezquinos, rebaños etc. que posteriormente atreudarían o venderían al mejor postor. Por los mismos años en que Lop vendía sus posesiones en Vilás, Sancho compraba a su vez también en otros lugares con mas posibilidades de rentabilidad, como Abenilla. Un caso de donación es el que realizó a favor de Fanlo el Presbftero Bradilo, consistente en un huerto, un campo junto al cubilar de Abenilla, y una vina. Cuando San Andrés de Fanlo se integró en Montearagón, en Mayo de 1093, quedando reducido a un simple priorato, su patrimonio era considerable, pero no poseía el dominio total sobre Abenilla. Esta circunstancia no le privó de seguir ejerciendo de valedor de documentos notariales; como atestiguan los diplomas. La Baja Edad Media. Las grandes crisis sociales y económicas de los siglos XIII y XIV en Aragón, como los enfrentamientos entre el Rey y una parte de la Nobleza, y las subsiguientes banderías y hambrunas, las invasiones de los Navarros, las guerras con Castilla, la Peste Negra, que se cebó en todo el Alto Aragón –en Berdún los 350 "hombres de servicio" quedaron reducidos a 40–, las repercusiones de la Guerra de los Cien Años, y un largo etc. incidieron en la vida de las gentes de todo el reino, ocasionando migraciones y muertes. Los lugares de señorío eclesiástico también sufrieron los efectos de la situación, especialmente en los años centrales del siglo XIII, cuando debido al hambre y las necesidades, los habitantes de algunos pueblos atacaron a los de otros. Tal fue el caso de Bivan, perteneciente a la antigua Honor de Matidero, dependiente en ese momento de San Juan de la Peña, que llegó hasta la despoblación total. La crisis se reveló tan aguda, que los atreudamientos se realizaban cada vez por menos dinero. Este momento de inestabilidad fue el elegido por muchos nobles para la formación de sus señoríos; poniéndose unas veces al lado del Soberano, y otras en su contra. En la Val de Serrablo fueron varias las familias que ensancharon sus dominios en esta turbulenta época: los Sanz de Latrás, y los Villacampa, principalmente. Sociedad y Poder (II). La relación vertical entre los monjes, a cuya cabeza siempre se encuentra el hijo de una familia infanzona, cuando no un hijo de la más rancia Nobleza del Reino, y los siervos de las Villas o Pardinas que dependían de ellos, parece que no llegó a ser nunca tan brutal como en el caso de los Señoríos no Eclesiásticos. Esto no significa que los siervos no fueran víctimas del comportamiento de los grupos dominantes, cuando la guerra, la peste, o las malas cosechas, alteraban la situación normal. Un ejemplo de esta relación diferente se puede constatar en el citado caso de Biván, de la Honor de Matidero, cuyos habitantes abandonaron el lugar, por lo que el Monasterio de San Juan se vio obligado a intentar una nueva repoblación con importantes concesiones, a partir de 1336, entre las que figuraba un ajuste, a la baja, de las pesadas cargas tributarias. El Abad Pinatense no recurrió a la justicia para capturar y castigar a los buidos. Por el contrario, la condición de los siervos sujetos a la tierra, dependientes de los señores se hizo cada vez más difícil desde el primer tercio del siglo XIII, como queda claro en los fueros, que reconocen a éstos –1247; Sentencia de Celada–, el derecho a matar a aquellos, casi por cualquier procedimiento. Los habitantes de Abenilla, como dependientes de un monasterio, no tuvieron que ser nunca parte integrante de aquel espectáculo terrible que eran las tomas de posesión señoriales, que implicaban una serie de vejaciones que comenzaban por la entrada del señor en todas y cada una de las casas y edificios, y terminaba en un patético besamanos. La Economía en los siglos XIII-XV. En 1206, una de las posesiones del Priorato de Fanlo en esta población, consistente en un palacio –edificio de dos plantas con cuadra y vivienda– y varias heredades, fue concedida a un tal Julián, hijo de Toda de Vilás, tal vez una antigua benefactora de San Andrés, y a la esposa de aquel, Pascalia. No obstante la política de expansión continuó por parte de los Abades Montearagoneses, que no dudaron en continuar con el sistema de adquisiciones, incluso en los aledaños de Fanlo. De este modo, la totalidad de Abenilla paso a formar parte de Montearagón, y se contabiliza ya como tal en 1391. La crisis económica de las montañas de fines de siglo XV, que ahogó literalmente durante unos años el desarrollo, y que trajo de nuevo la sombra del fantasma del hambre, fue combatida de modo muy diferente a las anteriores, debido a la presencia de un nuevo elemento en el juego: el prestamista itinerante –"jodios y moros", que después de la expulsión serían sustituidos, ¡cómo no!, por eclesiásticos de origen noble, o infanzones con señorío–, que residían en una población importante, y que acudían regularmente a lugares concretos, en la que estaba asegurada la presencia de notario. Como han demostrado Gómez de Valenzuela y Motis Dolader, los testimonios documentales son numerosisimos, a lo largo de esa centuria, que evidencian el procedimiento se generalizó en el cerrado mundo de la sociedad pirenáica. También en los siglos XVI y XVII serán numerosas los cabezas de familia –en ocasiones pueblos enteros–, y las viudas los que recurran a ellos para conseguir dinero en metálico, mediante censos. En 1492, los habitantes de Atós, lugar que también pertenecía a San Andrés y por tanto a Montearagón, y los de Buesa –Pardinas ambas, próximas a Abenilla–, tenían censal con Gento Angelet, de la aljama de Huesca. Población. Abenilla tenía un censo de tres fuegos en 1488, que ascendió a cuatro en 1495. En 1908 alcanzó su máxima población con 73 habitantes.
Los nombres de los cabezas de familia en 1495 eran los siguientes:
El Siglo XVI. Se suele decir que esta centuria fue nefasta para Aragón por el hecho de la pérdida progresiva de sus libertades, y del peso específico que por su aportación a la historia debería corresponderle, algo a lo que la oficial historiografía castellanista ha contribuido a forjar durante bastantes décadas. Me parece que resulta mucho más útil que quedarse ahí, recordar lo que supuso en lo artístico –literatura, arquitectura, pintura, escultura, orfebrería, etc.– y en lo económico. El Valle del Guarga queda relativamente lejos de la Frontera Pirenáica, por lo que las diversas guerras e incursiones que tuvieron lugar a lo largo de este siglo no le afectaron de manera directa. Sin embargo la agitación social derivada de las consecuencias de aquellas, si que vinieron a enturbiar la convivencia. El bandidaje, por ejemplo, se volvió tan activo y violento que hizo necesario la creación de una tropa permanente al mando de un "Caudillo de Serrablo" que era un reflejo de aquella curiosísima institución netamente aragonesa que era la del "Caudillo de la Guarda del Reino". Paralelamente se construyeron torres fuertes, que en tan acuciante situación no hubieron necesidad de permiso real para levantarlas –la de los Villacampa de Laguarta se obra en 1547–, tanto en los lugares de señorío de los infanzones, como en los de realengo, e incluso en los eclesiásticos –el caso de Abenilla–, habiendo poblaciones con más de una torre –Laguarta, Yéspola, Aineto–. Lo mismo sucedió en el Valle de Basa, en la Tierra de Biescas, o el Valle de Tena. A pesar de todo esto la ganadería y las producciones agrícolas aumentan, y se hace presente una incipiente industria textil, fruto de la inversión de los capitales obtenidos por los infanzones prestamistas. Estos últimos y los comerciantes enriquecidos fundaron diversas capillas funerarias en la Catedral de Jaca y en las iglesias de sus predios, en cuyos retablos y ornamentos trabajan importantes artistas del momento. Continuará... |
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