Revista SERRABLO Edición Nº 117 Septiembre 2000 - Sobre el tejado.

Sumario

Editorial

José Garcés Romeo

Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).

José María Establés Elduque

Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés".

Ana Puyol Loscertales

Religiosidad popular en el Serrablo tradicional.

Enrique Satué Oliván

Justo Ramón Casasús.

Fernando Solsona

Pedro Ramón y Cajal (1854-1950).

Fernando Solsona

Acerca del turismo en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Raúl Lardiés Bosque

Trashumancia de los Valles de Serrablo y Nocito a la Tierra Llana.

Mª. Pilar Fuertes Casaús

Sobre el tejado.

Leonardo Puértolas Coli

Huesca: Los Abarca, señores de Serué

Santiago Broto Aparicio

La ciudad de Dios.

Federico Díez Arranz

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Sobre el tejado.

Reivindicación de la teja árabe.

Leonardo Puértolas Coli

Sabemos que la arquitectura popular tradicional es expresión de unos modelos constructivos que cambian de unos lugares a otros en función, básicamente, de su situación geográfica y naturaleza del terreno, por lo que los contrastes geográficos y climáticos que ofrece España hacen que nuestra arquitectura popular sea muy variada y rica en matices.

Los materiales de construcción que tradicionalmente se utilizaban eran los que el entorno físico permitía obtener. De este modo, ciñéndonos a las comarcas del pre-Pirineo y Pirineo aragonés, la piedra era el elemento básico de construcción que permitía realizar la estructura resistente de los edificios a base de gruesas paredes de carga, sobre las que descansar los suelos y cubiertas formados por rollizos de madera de la zona, cortada en su época adecuada.

Para las cubiertas se tenía que utilizar un material que, junto a una determinada técnica y sistema constructivo, consiguiera proteger al edificio de la lluvia y de la nieve. Así es que, en las zonas como el Valle de Tena donde se podía extraer la pizarra de canteras cercanas (Sallent de Gállego y Polituara), los tejados se realizaban con este material, hábilmente recortado y de diversas medidas, según su situación en los faldones. Además se requería una mayor pendiente de los tejados por el peso de la nieve y su mejor evacuación.

En la zona prepirenaica, el material de cubierta que se utilizó fue la losa de piedra, extraída de las loseras, utilizando la técnica de los entramados con rama de boj o recha, con buro o tasca sobre el que se asentaba la losa de piedra.

En la zona más baja (Bailo, Larués, Santa Cilia, Berdún, Martes, Mianos, Artieda...) se produjo una transición natural de la losa de piedra a la teja árabe, incluso la aparición del ladrillo y el adobe, debido a su mayor contacto de estas tierras con las zonas bajas de las sierras exteriores y la renovación que supuso la instalación de tejerías. Muestras de este cambio de material existen en otros lugares como Biescas, Jaca, Sabiñánigo, etc., en donde perduran, aunque sea parcialmente, tejados de losa de piedra compartiendo espacio y tradición, en buena armonía, con la teja árabe.

Caso aparte será el de los valles de Echo y Ansó donde se utilizó la teja plana característica que se elaboraba en la tejerías de la zona, al igual que en Saravillo (Valle de Chistau).

Con frecuencia se plantean en los Ayuntamientos (en los Ayuntamientos que se lo plantean) dudas sobre qué material debe utilizarse en las cubiertas de los edificios que se construyen o restauran en los pueblos, con la finalidad de encontrar un criterio correcto para dar uniformidad constructiva a los núcleos o, al menos, para que no acaben pareciendo una feria incontrolada de materiales.

El problema mayor se da en los tejados de losa de piedra, debido a que es costosa la extracción y transporte de ésta, así como existen escasos albañiles especialistas en su colocación. Todo lo cual provoca que un tejado nuevo de estas características resulte muy costoso y mucha gente prescinde de este material. Se añade a todo ello la experiencia sobre el delicado mantenimiento de estos tejados antiguos, sufrida durante muchos años. Y es natural que no puede imponerse este tipo de cubierta con cargo total a sus propietarios, aunque con la modernas técnicas el problema del mantenimiento pueda quedar resuelto en gran medida.

Surgen, entonces, las discusiones sobre lo auténtico y lo original, vanos intentos de tomar parte en la controvertida y vieja polémica que sobre dichos conceptos vienen planteando los teóricos de la restauración en el mundo, desde los tiempos de Ruskin hasta los más modernos conservacionistas y restauradores.

Y, al final, la mayoría de Ayuntamientos (repito, los que se lo plantean) optan por unas soluciones ambiguas en las que priva solamente el color, de tal forma que con decir que el color de las cubiertas será de un color terroso; se soluciona todo. Y aquí es donde empieza a surgir la variedad y mezcolanza. De entrada, los propietarios, en general, se suelen decidir por lo más económico y, así, se introduce la teja de hormigón. Con la vaga premisa del color ferroso las tejas de hormigón ofrecen una gama de texturas y colores distintos como distintos pueden ser los colores terrosos y, como es natural, el propietario elige la teja que a él le gusta, con independencia de la que haya colocado el vecino, como si de alicatar la cocina se tratase.

Así pues, nos encontramos que en muchos pueblos donde sus cubiertas tradicionales son de losa de piedra, se está produciendo una transición a la teja de hormigón. Los resultados, en mi opinión, no permiten asegurar que exista una armonía entre los dos tipos de cubiertas pues, por mucho que se intente, la teja de hormigón destaca como material moderno y choca con el resto de materiales de los edificios tradicionales, dando un aspecto nuevo y urbano. Por supuesto que no menciono la uralita pues este ya es otro tema aparte que no ofrece más discusión que ir pensando en su sustitución progresiva, pues ya ha cumplido su misión.

Y en este punto es donde quiero hacer hincapié y reivindicar la teja árabe. Si realmente pretendemos que nuestros núcleos rurales sigan manteniendo su aspecto tradicional el cual, sin duda y básicamente, se refleja en los materiales con los que están construidos los edificios, convendremos en que, por mucho que se quiera imitar, los materiales de diseño moderno siempre serán modernos y no "casarán" con los antiguos.

Teja árabe.

Sin embargo, un material como la teja árabe, de tradición milenaria y utilizado masivamente en España y, por tanto, en Aragón, siempre aportará calidad y tradición a cualquier construcción porque, por su forma y textura, sintoniza perfectamente con el resto de los materiales antiguos y, aunque también admita variedad en los tonos terrosos, el aspecto de un núcleo rural no perderá nunca su encanto rústico y tradicional, como ocurre con los núcleos que antes se han citado. Todo ello sin perjuicio de que, siempre que sea posible, se procure mantener los tejados de losa de piedra actuales e, incluso, en nuevas construcciones.

Resumiendo, considero que lo ideal sería continuar construyendo tejados de losa de piedra pero cuando, por las razones expuestas, no se opte por ellos, sería un criterio cabal y coherente con el mantenimiento de los materiales y ambientes tradicionales, establecer la teja árabe como material alternativo a la losa de piedra y que los Ayuntamientos, como administración pública responsable de la ordenación de la edificación en sus ámbitos municipales, deberían considerar esta propuesta por el bien del patrimonio arquitectónico rural. De esta forma se evitará que las cubiertas de los edificios se transformen en urbanas, rompiendo con la estética, la tradición secular y el ambiente rural que han proporcionado siempre los materiales antiguos y, de esta forma y poco a poco, se podrá lograr que las cubiertas retornen a su origen más afín en la tradición.

En bastantes pueblos (demasiados) será difícil que vuelvan a adquirir un ambiente tradicional pues han sido numerosas las intervenciones de todo tipo, por lo que su situación se puede considerar irreversible, al menos económicamente. En otros tantos todavía se está a tiempo de ordenar estas situaciones y otras más (no son sólo las cubiertas) que están produciendo una lamentable y progresiva perdida de la arquitectura popular y, en consecuencia, una infravaloración de lo edificado y, por extensión, de todo el pueblo, en unos tiempos y en un territorio que interesa como nunca la puesta en valor de este patrimonio con el desarrollo de actividades compatibles con el medio, como única alternativa turística necesaria que complemente la precaria actividad agrícola que el futuro nos puede deparar.

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Actualización: Lunes, 5/2/2001
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