Revista SERRABLO Edición Nº 117 Septiembre 2000 - Acerca del turismo en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Sumario

Editorial

José Garcés Romeo

Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).

José María Establés Elduque

Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés".

Ana Puyol Loscertales

Religiosidad popular en el Serrablo tradicional.

Enrique Satué Oliván

Justo Ramón Casasús.

Fernando Solsona

Pedro Ramón y Cajal (1854-1950).

Fernando Solsona

Acerca del turismo en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Raúl Lardiés Bosque

Trashumancia de los Valles de Serrablo y Nocito a la Tierra Llana.

Mª. Pilar Fuertes Casaús

Sobre el tejado.

Leonardo Puértolas Coli

Huesca: Los Abarca, señores de Serué

Santiago Broto Aparicio

La ciudad de Dios.

Federico Díez Arranz

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Acerca del turismo en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Raúl Lardiés Bosque
Geógrafo

Con este título comienza una serie de artículos dedicados al clima, población y actividades económicas del valle de Tena y ribera de Biescas. Estos artículos pertenecen a la tesis de licenciatura del autor (El impacto del turismo en el valle de Tena. Contribución al desarrollo integral de una zona de montaña), que fue defendida en el Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza en diciembre de 1995 y obtuvo la calificación de "Sobresaliente Cum Laude". La zona de estudio comprende los municipios de Sallent de Gállego, Panticosa, Hoz de Jaca, Biescas y Yésero.

[Siguiente entrega]

1. El clima como recurso turístico en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Entre los elementos que integran el soporte fisico de un espacio, el clima puede considerarse uno de los más importantes, puesto que influye directa e indirectamente en varios aspectos de la vida humana. Tratándose del turismo, el clima es una variable importante, ya que según BESANCENOT (1991) puede intervenir de las siguientes formas en el uso del territorio:

  1. ejerciendo un poder de atracción o repulsión.
  2. favoreciendo o entorpeciendo la práctica de determinadas actividades deportivas, culturales, recreativas, etc.
  3. reservando condiciones desigualmente favorables a la urbanización y al equipamiento de los centros turísticos, aunque en nuestro caso la escala de trabajo no permita caracterizar grandes diferencias espaciales (por ejemplo, la construcción de piscinas cubiertas o no, limpieza de carreteras debido a la caída de nieves, inclinación de tejados, la mayor o menor reparación de pinturas por el desgaste causado por el mal tiempo, etc.).

Por todo ello, el conocimiento del clima se convierte en necesario para comprender, especializar y planificar mejor las actividades turísticas, consiguiendo su mejor escalonamiento tanto temporal (estacional) como en el territorio, con el fin de que estas actividades generen riqueza y se integren correctamente en el medio socioeconómico de la montalia. En concreto, el clima del valle de Tena condiciona la práctica de las dos principales modalidades de turismo que se desarrollan en este espacio: las de invierno en relación a la nieve, y las de verano gracias a la benignidad del clima y las temperaturas frescas, en comparación con el lugar de origen de los turistas (generalmente urbano).

Sin embargo, el clima es la condición previa para que el turismo se dé, pero no argumento suficiente; por tanto, el "buen tiempo" de verano no basta por sí solo para la atracción turística. Como apunta CAZES (1987), en la práctica turística interviene menos la atracción y bondad del clima, que otros factores socioeconómicos y, en definitiva, humanos. En el valle de Tena como en cualquier otro lugar, el clima no tiene una especial aptitud para atraer o repeler por sí solo a veraneantes o "invernistas", sin la conjunción de otros factores. En relación al turismo de invierno (esquí), su éxito se debe no sólo a la existencia de un ideal climático, sino también al dominio de un sistema cultural caracterizado por unas formas de pensar y unos determinados valores sociales en alza. Eso hace que la motivación principal de la estancia deje de ser climática o meramente deportiva y se convierta en social (necesidad ficticia de lucir el bronceado, por ejemplo).

Independientemente de estas cuestiones, a continuación vamos a caracterizar climáticamente el valle de Tena y la ribera de Biescas, haciendo referencia a las temperaturas y precipitaciones y sus variaciones espaciales y temporales. Aunque un estudio climático más completo debería hacer referencia también a variables como el viento, la humedad, o las horas de insolación, la carestía de información hace imposible el tratamiento de otras variables que no sean estas dos.

El método de análisis climático.

El análisis realizado ha sido posible gracias a la interpretación estadística de los datos medios mensuales observados en las estaciones meteorológicas de la zona [1] , tras el vaciado de las fichas climáticas correspondientes a los Resúmenes Mensuales del Instituto Nacional del Meteorología en el Centro Meteorológico Zonal del Ebro en Zaragoza. El período de estudio abarca desde 1978 hasta 1993 (ambos años incluidos), aunque esta serie se completa en lo posible (de 1950 hasta 1977) con datos del trabajo realizado anteriormente por CUADRAT (1983).

La recopilación de los datos climáticos fue una tarea difícil, debido a que muchas series aparecían incompletas, a lo que hay que añadir la desigualdad en la distribución de las estaciones de medición. En la zona de estudio hay una importante superficie por encima de los 1.660 m. que no dispone de ninguna estación (el 63,98 % de toda la zona de estudio [2] está a más de 1.600 m.) ya que la más elevada es la de Baños de Panticosa. En conjunto, la falta de homogeneidad temporal en las series climáticas y la existencia de series de datos incompletas, fueron las principales dificultades con las que nos encontramos.

Características climáticas.

En general, las zonas de montaña se caracterizan por las importantes variaciones de los elementos climáticos, impuestas por la diversidad de altitudes, pendientes y exposiciones. La zona que ahora analizamos tampoco escapa a esta afirmación, puesto que en ella se da gran variedad de situaciones térmicas y pluviales (CASAS y FONTBOTÉ, 1945). En consecuencia, las enormes variaciones de los elementos climáticos en el valle de Tena suponen una gran dificultad para establecer una homogeneidad climática.

A pesar de ello, todo el Alto Aragón occidental se halla incluido en una zona más amplia que constituye la transición entre dos tipos de clima bien definidos: el atlántico y el mediterráneo en su modalidad continental. Dicha circunstancia da lugar a que el límite entre ambos tipos de clima no tenga una frontera estable dentro de la zona, ya que cualquiera de las dos influencias puede ser más importante un año que otro (CREUS-NOVAU, 1978). No obstante, existe mayor continentalidad en casi todo el valle de Tena en comparación con el del Aragón, manifestado, por ejemplo, en la persistencia de los fríos primaverales en Sallent, que son superiores a los de puntos vecinos de otros valles con la misma altitud.

La topografía accidentada del valle influye mucho en la gran variedad climática, dadas las modificaciones que ésta impone a las masas de aire. Por ejemplo, entre los 930 mm. anuales de precipitación de Escuer (a 800 m. de altitud) y los 1.589 mm. del balneario de Panticosa (a 1.660 m.), o entre los 6,00 C. de temperatura media anual del mismo balneario y los 11,20 C. de Biescas (a 875 m. de altitud), hay toda una gama de situaciones de difícil expresión que dan lugar a un paisaje de lo más variado.

1) Temperaturas.

La situación de variabilidad de situaciones climáticas queda patente en las temperaturas, generalmente inferiores en la parte más septentrional del valle que en la más meridional. Considerado todo el área de estudio se puede apreciar que en Biescas, a una altitud de 875 m., la temperatura media anual es de 11,2º C.; a 1.460 m. en Escarrilla es de 7,6º C, y a 1.660 m. de altitud en el balneario es de 6,0º C. La diferencia altitudinal está marcada desde Biescas con la temperatura media más alta, hasta Baños de Panticosa con la más baja. Aunque en principio la diferencia anual de seis grados entre un punto y otro no sea mucha supone, por ejemplo, que las temperaturas estivales sean menos bajas en la ribera de Biescas, y que la caída de nieve sea mayor en la parte alta del valle. En general, el clima se define en la parte alta de la zona de estudio como de alta montaña, al estar caracterizado por la innivación, las bajas temperaturas invernales y las relativamente bajas veraniegas.

Sin embargo, las condiciones de alta montaña desaparecen al sur de las Sierras Interiores de Telera y Tendeñera, como atestiguan los fuertes descensos térmicos y el incremento de las temperaturas máximas. Distinguiendo esas dos grandes zonas en el ámbito del estudio, la más meridional goza de temperaturas anuales más suaves (1l-l0º C.) que la septentrional (8-9º C. de media). Así, las diferentes condiciones climáticas entre la parte meridional, más cálida y seca, y la septentrional, donde la mayor abundancia de precipitaciones y la altitud condicionan un ambiente más fresco y húmedo, dan lugar a distintos conjuntos espaciales, originando notables transformaciones del medio natural y del paisaje.

En cuanto a los inviernos, la diferencia de las temperaturas mínimas absolutas obtenidas entre los años 1978 y 1993 (medias mensuales y anuales) es variable de unas estaciones a otras, aunque en términos generales suelen estar (en los meses más fríos) entre los -6 y 12º, mientras que en verano van de los 2 a los casi 7º C. Incluso se puede dar el caso de encontrar en pleno mes de enero temperaturas mínimas absolutas de -l5º C. o incluso inferiores, o en pleno mes de agosto mínimas de 1 y 2º C. Por ejemplo, en cuanto a las medias de las temperaturas mínimas, los días al año en que se registra una temperatura inferior a -5º C. en cuatro escalones altitudinales distintos son los siguientes: en el balneario 67 días/año, en Sallent 42, en Lasarra 35, en Búbal 26 y en Biescas 19.

Los veranos son, térmicamente hablando, de corta duración y bastante templados. En general, la masa montañosa proporciona un frescor estival muy perceptible a partir de los 1.000 m. de altitud. Aunque se disfruta de magníficos días soleados, la montaña modera el rigor del termómetro y el verano queda prácticamente reducido a los meses de julio y agosto, para dar paso, por lo general a partir de los 1.400 m., a un tipo de verano mucho más corto, ceñido a unos pocos días de julio, o incluso escasamente perceptible a partir de los 1.600 m., como es el caso de en el balneario de Panticosa. Como ejemplo, la media de las máximas rara vez supera los 25º C, aunque las máximas del mes de julio, dependiendo de la altura, pueden variar entre los 28 y 29º C. en altas cumbres como en el balneario; en el otro extremo tenemos a Biescas con 35,3º C. y Escuer con 34,6º C.

2) Precipitaciones.

Puesto que el valle de Tena se halla en la zona de transición entre el clima atlántico y el mediterráneo continental, su régimen pluviométrico es una mezcla entre el tipo oceánico, con máximos de pluviosidad invernal y mínimos en julio, y el de tipo continental influido por el de tipo mediterráneo (submediterráneo) con máximos en primavera y otro secundario en enero-febrero, y mínimos en julio. Este último tipo se da más hacia la parte extremo-oriental del Alto Aragón, si bien domina en el valle de Tena, pese a que se encuentra no demasiado al este en la parte aragonesa de la cadena montañosa.

La entrada de los vientos del NW de carácter oceánico produce precipitaciones relativamente regulares durante la época invernal y primaveral (de diciembre a mayo del 22 al 25% del total anual); por el contrario, en verano, las lluvias son más escasas, y proceden de movimientos conectivos y de borrascas atlánticas esporádicas. En conjunto, los meses de mayores lluvias son diciembre y enero seguidos de octubre y noviembre, para después ser la primavera (meses de abril y mayo) cuando se recoge el resto de precipitaciones importantes. No obstante, en algunos años también puede marcarse un máximo de lluvias en invierno, al que le sigue un máximo secundario en primavera, a diferencia de lo que suele ocurrir en el resto del Pirineo, que es el otoño la estación que ocupa el segundo lugar en cuanto a la época más lluviosa.

Como con las temperaturas, la característica principal de toda esta zona es que las unidades de relieve imponen una distribución espacial de las precipitaciones muy desigual, debido a que las Sierras Interiores de Telera y Tendeñera constituyen un gran murallón que dificulta la penetración de la influencia atlántica procedente del NW hacia el sur. La disposición longitudinal abierta a occidente que tiene el valle y la zona de estudio en general, facilita la penetración de la humedad atlántica, frenada finalmente en su extremo oriental por la divisoria de Cotefablo (del río Gállego y del Ara) en dirección Norte-Sur. Por ello, si se establece relación entre la altitud y las precipitaciones, es posible hablar de un régimen más intenso de precipitaciones que en el resto del espacio pirenaico en su vertiente sur.

En general, los valores pluviométricos más bajos se registran en la parte más meridional de la ribera de Biescas (estaciones de Escuer y Biescas), debido a su escasa altitud y allanamiento, pero con la repentina elevación del relieve se traducen en la elevación igualmente de la precipitación hasta enlazar con los valores propios del Pirineo axil. De ahí que las precipitaciones varíen anualmente entre los 900 y los 1.000 mm. en las zonas más bajas, y los más de 2.000 mm. en las de mayor altitud. En el balneario es donde se registran las más altas, con una media de 1.589 mm. de precipitación al año; en segundo lugar está Lasarra con 1.473 mm., seguidos de Búbal y El Pueyo con 1.384 y 1.337 mm. respectivamente; finalmente, Escuer, Yésero y Biescas en la parte meridional dan valores de 930, 1.141 y 1.175 mm. respectivamente.

Para finalizar, decir que el clima, junto con el relieve, son dos factores de decisiva importancia en la actividad humana debido a la influencia que ejercen sobre las biocenosis establecidas en el territorio. Por ello, todo lo que se puede englobar bajo el nombre de paisaje (vegetación, bosques, y hasta las vistas panorámicas como globalizadoras de lo anterior) depende del clima, que es el que otorga una fisonomía al valle y condiciona muchas actividades humanas (incluidas las turísticas).

Documentacion:

- BESANCENOT, J.P.: Clima y turismo. Masson, Barcelona. 1991.
- CASAS TORRES, J. Mª.; FONTBOTÉ MUSOLAS, J. Mª.: El Valle de Tena. Rasgos fisiográficos y economía regional. , Pirineos . , nº.2. 1945. pp. 37-107.
- CAZES, G.: La géographie du tourisme: réflexiones sur les objetifs et les pratiques en France. , Annales de Géographie t. XCVI.. , nº.537. 1987. pp. 595-600.
- CREUS-NOVAU, J.: La transición climática altoaragonesa. , Estudios Geográficos . , nº.153. 1978. pp. 495-517.
- CUADRAT PARTS, J. Mª.: El clima del Pirineo Central. Ensayo de aplicación al turismo de montaña. 1983. Resumen Tesis Doctoral. Universidad de Zaragoza.


[1] Las estaciones consultadas para la medición de las temperaturas y las precipitaciones han sido las de Lasarra, Sallent de Gállego, Escarrilla, Baños de Panticosa (balneario), El Pueyo de Jaca, Poblado de Búbal, Aso de Sobremonte, Yésero, Biescas II y Escuer.

[2] Ese 63,98 % corresponde a 316,3 Km² de los 494,2 Km² que tiene el área de estudio.

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Actualización: Domingo, 28/10/2001
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