Revista SERRABLO Edición Nº 117 Septiembre 2000 - Pedro Ramón y Cajal (1854-1950).

Sumario

Editorial

José Garcés Romeo

Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).

José María Establés Elduque

Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés".

Ana Puyol Loscertales

Religiosidad popular en el Serrablo tradicional.

Enrique Satué Oliván

Justo Ramón Casasús.

Fernando Solsona

Pedro Ramón y Cajal (1854-1950).

Fernando Solsona

Acerca del turismo en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Raúl Lardiés Bosque

Trashumancia de los Valles de Serrablo y Nocito a la Tierra Llana.

Mª. Pilar Fuertes Casaús

Sobre el tejado.

Leonardo Puértolas Coli

Huesca: Los Abarca, señores de Serué

Santiago Broto Aparicio

La ciudad de Dios.

Federico Díez Arranz

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Pedro Ramón y Cajal (1854-1950).

Fernando Solsona

Pedro Ramón y Cajal ha sido uno de los mayores sabios y uno de los mejores médicos que ha dado Aragón en su historia. Sólo su paradigmática humildad y la luz cegadora del astro de primera magnitud que fue su hermano le han impedido ser debidamente apreciado, en toda su grandeza, por los menos afortunados. Hoy, al medio siglo de su muerte, a la avanzada edad de 96 años, su figura se agiganta al considerar sus decisivas contribuciones a la biología animal y a la histología del sistema nervioso, a la ginecología y a la patología regional aragonesa.

I

Nació en Larrés (Huesca), el 23 de octubre de 1854. Era hijo de Justo Ramón Casasús, hombre de una pieza, que de modesto barbero llegó a ser profesor de Trabajos Anatómicos de la Facultad de Medicina de Zaragoza y uno de los cirujanos más afamados de Aragón. Vivió su infancia en Larrés, Valpalmas, Luna y Ayerbe. Estudió bachillerato en Huesca, acompañando a su hermano Santiago (dos años mayor que él con quien estuvo muy unido siempre) en sus aventuras y travesuras, algunas de tal calibre que, después de 135 años, todavía se recuerdan por tradición oral.

Pedro Ramón y Cajal.

Un fracaso escolar y el miedo a su padre motivaron que huyese hacia Burdeos, donde embarcó para Argentina y Uruguay. Allí hizo de todo, soldado, héroe de la Pampa, peluquero, vaquero, barquero, repartidor de pan, peón de albañil, hasta de secretario del coronel Timoteo Aparicio, cabecilla indígena, a quien le robó caballo y revólver; fue capturado y salvó su vida milagrosamente, por intercesión de la Virgen del Pilar. Regresa a España, en 1878, a Santander y Bilbao. Llegando el tren a Zaragoza, al atisbar el templo del Pilar, en una parada de pocos minutos, en el apeadero de la Química, sugiere a sus compañeros de viaje bajar a tierra y rezar una oración a la Virgen; no es escuchado, haciéndolo él solo; al momento una terrible explosión dejó sin vida a todos sus compañeros de departamento.

II

Estudió Medicina en Zaragoza, que terminó, con sobresaliente, en tres años, siendo alumno interno pensionado. Ejerció entre 1881 y 1888, en La Almolda y Fuendejalón, hecho afortunado para la medicina española, pues allí llevó a cabo la identificación de las fiebres ondulantes, endémicas en Aragón, con las fiebres de Malta, pues hasta entonces se confundían con la fiebre tifoidea, el paludismo, la tuberculosis y el reumatismo. En 1890 gana la plaza de director de Trabajos anatómicos de la Facultad de Medicina de Zaragoza. En 1890 se doctora con la tesis "Investigación de histología comparada en diferentes vertebrados", que marcaría su línea de trabajo y que tanto ayudaría en la verificación de la obra universal de su hermano.

En 1894 obtuvo, por oposición, la cátedra de Histología de Cádiz, donde permaneció hasta 1899, desarrollando magnífica obra de investigación y granjeándose el cariño y la devoción de los gaditanos. Dicho año se trasladó a Zaragoza para ocupar la cátedra de Obstetricia y Ginecología hasta su jubilación en 1925, aunque siguió ejerciendo la medicina. Al cumplir los 95 años, solicitó su baja en el Colegio de Médicos, siendo nombrado colegiado de honor.

La Real Academia de Medicina de Zaragoza lo eligió académico en 1893. Causó baja al año siguiente por marchar a Cádiz. Reingresó en la misma en 1913; en 1914 pronunció su discurso de ingreso "Las fiebres de Malta en Aragón", pieza magistral que resumía investigaciones personales fundamentales en la historia de la Medicina. En 1950 fue nombrado su presidente de honor.

Fue médico total: internista, cirujano, ginecólogo, anatomopatólogo y hasta radioterapeuta; operaba, asistía partos, analizaba sangres y tumores y hasta colocaba radium con singular pericia. Dirigió, con Ricardo Royo y Ricardo Lozano, la revista "La clínica moderna". Fue presidente del Colegio de Médicos entre 1907 y 1911. En sus 68 años de ejercicio profesional en Zaragoza y provincia fue siempre modelo de cordialidad y respeto con enfermos y compañeros.

III

La obra de investigación histológica, que había realizado en Zaragoza entre 1890 y 1894, la prosiguió en Cádiz entre 1894 y 1899. Con primoroso método los dos hermanos trabajaron en paralelo. Pedro estudiaba en vertebrados inferiores (anfibios, reptiles, peces y aves) el mismo problema que Santiago investigaba en mamíferos. Esta labor motivó, al menos, nueve publicaciones sobre histología comparada de los centros visuales en diferentes especies, el premio Martínez Molina de 1902, altos honores internacionales y el respeto de toda la Europa científica de entonces.

A su regreso a Zaragoza, aplicó su talento investigador a la histopatología y clínica ginecológicas, dando lugar a no menos de tres docenas de artículos. Pero, acaso, el capítulo más decisivo de su importante obra fue el que dedicó a la patología regional aragonesa. Identificó las fiebres de Malta, describió las formas clínicas hemorrágica y nerviosa de la misma, admitió muy precozmente el contagio interhumano, señaló las posibles falacias de algunas pruebas de laboratorio; sus publicaciones de 1904 y 1914 son fundamentales en la historia de la medicina. Su trabajo sobre variabilidad de la morbosidad en nuestra región que su dilatada experiencia y capacidad había observado a lo largo de medio siglo (desaparición de algunas enfermedades, entre ellas el paludismo, tan frecuente en Alfajarín, La Puebla y Montañana al comienzo de su ejercicio profesional, la disminución del asma esencial y de la gota, el aumento del cáncer digestivo, de la litiasis biliar y de la diabetes, las modificaciones comarcales en las cifras de tuberculosis) es una pequeña joya de la bibliografía médica mundial.

IV

Como su hermano, tuvo gran preocupación por la psicología experimental, el hipnotismo y las ciencias metapsíquicas; su biblioteca de estos temas, que se conserva hoy gracias al celo de su nieto el Dr. Pedro Ramón y Cajal Abelló, era magnífica; también lo era la sección dedicada a historia y literatura. Fue aficionado al cine y, al igual que su hermano, amante y cultivador de las tertulias.

Larrés, calle de Ramón y Cajal. Dibujo de Pedro Frías

Por sus trabajos de anatomía comparada, fue nombrado, en 1907, presidente de la Sociedad Española de Historia Natural y se le otorgaron las altas distinciones de la Academia de Ciencias de Bolonia (1907) y de la Imperial de San Petesburgo (1913). Años más tarde, por su labor médica recibió el nombramiento de correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina. Ayuntamiento de Zaragoza y Diputación Provincial le concedieron la Medalla de Oro.

Fue reacio a distinciones y homenajes. "Los honores que he logrado han sido muy grandes; ser español, ser aragonés ser médico y ser hermano de Santiago": en esta frase, escrita con motivo del magno homenaje que le rindió la ciudad cuando cumplió 96 años (dos meses antes de su muerte, ocurrida el 10 de diciembre del 950), se compendian varias de las virtudes que atesoraba el alma grande de Don Pedro: acendrado patriotismo, no inferior al de su hermano, aragonesismo de la mejor ley, vocación, humildad, serenidad, señorío, admiración y cariño por la familia. Por otra parte, eran bien conocidas su generosidad, su tolerancia, el amor a los animales (erizos y lagartos corrían sueltos por su casa de la calle de Costa), su afabilidad y su profunda religiosidad (acaso la única diferencia con Santiago), que revelaban la recia arquitectura de su carácter.

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Actualización: Lunes, 5/2/2001
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