Revista SERRABLO Edición Nº 117 Septiembre 2000 - Religiosidad popular en el Serrablo tradicional.

Sumario

Editorial

José Garcés Romeo

Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).

José María Establés Elduque

Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés".

Ana Puyol Loscertales

Religiosidad popular en el Serrablo tradicional.

Enrique Satué Oliván

Justo Ramón Casasús.

Fernando Solsona

Pedro Ramón y Cajal (1854-1950).

Fernando Solsona

Acerca del turismo en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Raúl Lardiés Bosque

Trashumancia de los Valles de Serrablo y Nocito a la Tierra Llana.

Mª. Pilar Fuertes Casaús

Sobre el tejado.

Leonardo Puértolas Coli

Huesca: Los Abarca, señores de Serué

Santiago Broto Aparicio

La ciudad de Dios.

Federico Díez Arranz

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Religiosidad popular en el Serrablo tradicional.

Enrique Satué Oliván

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Ambito de intercesión de los titulares que promueven romerías.

En un ambiente socioeconómico autárquico, el santo local o el familiar «autoabastecía favores»; sin embargo, a partir esencialmente del siglo XVII –siglo religioso y calamitoso por excelencia– fueron especializando la característica de su intercesión e incrementaron su radio de captación. De cualquier forma, la autosuficiencia santoral del conjunto de la montaña era un principio incuestionable que evidenciaba la dualidad ideológica «montaña-tierra baja», hecho que no pasaría desapercibido a los hagiógrafos del siglo XVIII[1] .

La especialización coincidía generalmente con los santuarios que generaban macrorromerías; es decir, en Serrablo: Santa Elena, Santa Orosia y San Úrbez. Cuando el mal no era superado dentro del ámbito autárquico local, se acudía a los grandes santuarios especializados; por eso, el área de influencia tradicional de éstos era superada con creces a la hora de atraer endemoniados y peticionarios de agua[2] .

El eco de los favores de un santuario a veces se hacía tan grande que superaba los niveles populares para ascender hasta las más altas cotas sociales –incluso hasta la realeza, como ha sucedido modernamente con Santa Elena y Santa Orosia–[3] .

El factor común sobre el que todos los titulares velaban era la protección y mantenimiento de la célula social básica de la montaña la casa; así, Orencio Bergua, en su novenario dieciochesco a Santa Orosia, cita como primera intercesión temporal de la santa el mediar en la continuidad de aquélla[4] .

Si el desmantelamiento de la sociedad rural tradicional de Serrablo ha supuesto la reducción estrepitosa de romeros, en unos casos, y desaparición de romerías, en otros; se puede decir que el número de peticionarios de intercesión a santos y santuarios se ha reducido muchísimo más, pudiéndose ligar a las generaciones menos aculturizadas del Serrablo rural, puesto que en las romerías actuales prima lo lúdico y festivo. Coincidiendo plenamente con el trabajo de William A. Christiam, la mayoría de los santos han sido despojados de su utilidad por los avances tecnológicos[5] ; hoy el romero invoca preferentemente a Cristo y a María –fuerzas universales no especializadas, no vinculadas a la sociocultura montañesa, hoy desarticulada–.

Guerras y desgracias provocadas por la Naturaleza.

Según la tradición popular recogida por los hagiógrafos, tanto Santa Elena como Santa Orosia mediaron en dos contiendas que afectaron a Serrablo en distinta época. Aunque con tres siglos de distancia, la invasión de los luteranos a través del valle de Tena, promovida por Antonio Pérez, y la guerra civil española tenían en común para el montañés el tratarse de dos guerras de substrato religioso o ideológico; de allí la especial atención que prestaban los titulares de sus macrosantuarios, guardianes de los principios y valores del serrablés.

Antonio Pérez (Grabado)

Tras su huida a Francia en 1591, Antonio Pérez maquinó desde el Bearn la invasión de Aragón en connivencia con los franceses. Pondrían en práctica la operación Martín de Lanuza, señor de Biescas y valedor de Pérez desde su llegada a Zaragoza, huido del Rey, en 1590. Este suceso movilizó a las gentes de Serrablo y valle de Tena, y que sólo afectó durante los primeros días del mes de febrero de 1592[6] , fue de tal intensidad y trascendencia para el montañés que éste implicó rápidamente a sus dos grandes «santas fronterizas» –Santa Elena y Santa Orosia–, generándose numerosas leyendas en torno al tema, fijándose hasta la actualidad el topónimo Barranco d'os luterans[7] , e incluso promoviéndose una romería conmemorativa a Santa Elena que ha durado hasta hoy (la del 7 de febrero).

En el siglo XX, la guerra civil marca, según creen los habitantes del valle de Tena, otro momento crucial para la zona; en él Santa Elena intercedería por los montañeses no dejando pasar a las fuerzas republicanas hacia su valle[8] .

Queda claro, pues, que la acción del titular de un santuario se desencadena ante una agresión preferentemente cuando afecta al ámbito tradicional de captación de sus romeros.

Si en el siglo XVI la invasión llegó hasta el sur de la Tierra de Biescas, afectando a la órbita geográfica de Santa Elena y Santa Orosia; para los habitantes del valle de Tena, durante septiembre y octubre de 1936, la llave geográfica de su invasión pasaba inexorablemente por el congosto de Santa Elena, y lógicamente, en exclusividad, por el personaje sobrenatural que lo custodiaba –dicha santa–[9] .

Sin embargo, una vez consumadas las victorias frente al invasor, las pequeñas comunidades en un acto de autoafirmación solían atribuir dichos triunfos al titular de su ermita local, y no tanto al del macrosantuario. Así, en la invasión luterana del XVI, según creencia de los habitantes del pueblo de Barbenuta (tierra de Biescas), ésta sería sofocada gracias a la Virgen de Palarriecho, pequeña ermita situada a las afueras de éste[10] .

Los efectos de la meteorología, directos o indirectos, han constituido la causa más corriente de requerimiento colectivo a los titulares de santuarios.

Las tormentas, por su espontaneidad, no generaban romerías, aunque se invocaba a sus titulares; especialmente a Santa Orosia, de la que se sacaban estampas enmarcadas orientándolas hacia el foco generador de la tormenta, se tenían campanas puestas bajo su advocación, o en Yebra se sacaba su reliquia al atrio de la parroquial. Para este fenómeno meteorológico gozaban de gran requerimiento los titulares de santuarios ubicados en cimas por las que llegaban rápidas variaciones climáticas. Así, en el monte Erata –2.005 m. y estratégico en la meteorología de Serrablo septentrional– se ubicaba la ermita de San Benito, por la que accedían las tormentas al pueblo de Otal hecho que motivaba que sus vecinos colocasen botellas de agua bendecida bajo las piedras de los alrededores, para así evitar la entrada de aquéllas[11] . Algo similar ocurría en San Pedro, ermita que da nombre a la sierra de la margen izquierda del Basa, frente a Sardas; en dicho núcleo se decía que las peores tormentas de la zona acudían por esta sierra, siendo detenidas por el santo. Santa Bárbara, valedora universal frente a las tormentas, era pospuesta en la zona a la patrona Santa Orosia, aunque de forma cerrada para los miembros de la cofradía de Grasa, ceñida al Serrablo meridional; la santa era una garantía absoluta en el tema para los cofrades, como se recuerda en la zona.

Volteo de campanas

En la desviación de tormentas, una vez más, el elemento cristiano se fundía con el pagano, ya que el método más común era el volteo de las campanas de la iglesia, dedicadas generalmente a Santa Bárbara o Santa Orosia[12] ; el ruido como elemento universal ahuyentador, el santo y otros elementos no cristianos se aglutinaría solidariamente en torno a un fin protector ante las fuerzas de la Naturaleza, dirigidas malignamente por elementos satánicos como las brujas. Esta era la creencia que existía en Cillas (Sobrepuerto), donde se decía que una mujer de una casa concreta, que era bruja, volaba guiando las tormentas hacia los campos de sus casas rivales; hecho que sucedió hasta que un día el tañido de las campanas de la iglesia motivó su caída desde las alturas[13] .

El ritual de alejar tormentas estaba constituido por una amalgama de actos que variaban poco a lo largo de Serrablo. Se iniciaba «tocando a nuble» con las campanas dedicadas a Santa Orosia y a Santa Bárbara, con lo cual las santas «especializadas» transferían su poder a aquéllas; la acción mecánica se culminaba posicionando la boca de la campana hacia el cielo.

Esta fórmula general se acompañaba de otros actos, algunos puramente cristianos, como sacar reliquias a la lonja –de San Valentín en Javierre del Obispo; de San Esteban, en Orós Alto, etc.–; otros tenían una composición ecléctica: sacar a las ventanas el ramo de San Juan –Avenilla– quemarlo –Otal– lanzar al aire piedras recogidas en Semana Santa a la «hora de Resurrección» –Ainielle– encender un cirio guardado desde Semana Santa –Lárrede– o bendecido en el santuario de Santa Orosia –Allué–, colocar en las ventanas tallos del pedro o ramo bendecido para colocarlo por los campos en el día del Domingo de Ramos o el día de San Pedro –Isún–.

El mundo pastoril –más marginado, menos aculturizado, y más retentivo de ancestrales ritos– permitía aflorar más abiertamente componentes precristianas; así, al igual que indica Violant i Simorra para el resto del Pirineo[14] , los pastores de Serrablo guardaban en sus refugios hachas pulimentadas del Bronce, con la creencia de que constituirían un elemento protector durante las tormentas[15] .

Las sequías calamitosas sí que generaban romerías, su tremenda repercusión invalidaba generalmente a los santuarios locales y aunaba y estructuraba a los montañeses, generando abundantes normativas romeras; siempre interrelacionadas con las plagas y pestes, en el siglo XVII originarían abundantes votos.

En Serrablo, por su trascendencia generatriz en el terreno religioso, cabe destacar las plagas de langosta del siglo XVII, que en la década de los 80 incidieron con mucha virulencia, tanto en el Prepirineo como en Tierra baja. Alavés, el principal hagiógrafo de Santa Orosia, les presta notable atención en la esfera de su interacción con el culto a la santa[16] ; aparecen también como generatrices del voto a Nuestra Señora del Solano[17] , y un extraordinario documento epigráfico –dintel de casa Don José de Laguarta– recalca su desastrosa trascendencia en la zona. Afectaron a Aragón durante siete años, y llegaron a la montaña atravesando las sierras exteriores por la abertura que en ellas practican el Gállego y el Guatizalema y el Alcanadre[18] . En Serrablo la plaga afectó con especial virulencia en 1687, aunque los términos de Javarrella, Ipiés y Lasieso –más accesibles desde Tierra baja por la ribera del Gállego– ya habían sido afectados en 1685, originando cuatro años de miseria y el voto colectivo de la zona a la Virgen del Solano que aglutinó a 39 casas de los citados términos[19] . Geográficamente, la incidencia de la plaga también llegó a Sobrarbe, coincidiendo además allí en ser el año 1687 el más calamitoso, como lo demuestra la estrofa decimonovena de los gozos a la Virgen de Bruis, patrona de la subcomarca de La Fueva[20] .

Plagas, pestes, sequías y requerimiento sobrenatural debieron de ser un fenómeno tan decisivo en determinados momentos para la casa de la montaña que son numerosos los edificios que conmemoran dichos acontecimientos en alguno de sus elementos arquitectónicos; es el caso ya citado del dintel de Laguarta, o de una cadiera o banco de hogar en Javierre del Obispo[21] .


[1] ALAVÉS y LA SALA,Salvador A.: Compendio de la vida (...) de Santa Orosia. Zaragoza. 1702. Libro II, cap IX dice: «No se conoce que los montañeses hayan tenido que ir al llano o a Huesca o a otros sitios a valerse de otros santos pues con Sta. Orosia tienen suficiente».

[2] Padre MARTÓN: Sumaria investigación (...) del célebre Santuario de Santa Elena (...) Zaragoza. 1749. p. 83. Mientras que en las romerías convencionales acudían a Santa Elena romeros del valle de Tena y del Serrablo septentrional, cuando el peregrinaje estaba motivado por una curación deseada el ámbito se extendía hasta el Bearn francés.

[3]

A finales del siglo XIX, la reina regente Mª Cristina visitó el monasterio de Santa Elena. A comienzos del presente siglo su hijo aceptó ser prior mayor de la cofradía de Santa Orosia de Jaca.

[4] BERGUA,Orencio: Espiritual novenario a la gloriosa (...) Santa Orosia. Zaragoza. 1726. p. 13.

[5] CHRISTIAM,William A.: De los Santos a María (...). Madrid. 1976. p. 79. Temas de Antropología española.

[6] BIARGE,Aurelio: Los Austrias. Siglo XVI. en AA.VV.: Alto Aragón, su historia, cultura y arte. Sabiñánigo. 1977. tomo II p. 56 y Ss.

[7]

El doctor don Sebastián ISABAL, cura de Biescas en 1749, en el prólogo al libro de Martón habla del Barranco des luterans, situado «a media hora de la villa ácia la parte de Francia, y camino del Real Santuario de nuestra Patrona Sta. Elena», y llamado así «por la multitud de hereges, que allí despachó al otro mundo su religioso y christiano esfuerzo» –el de los habitantes de Biescas–. (En la actualidad el topónimo sigue vivo: 42º 39' - 3º 23' de la hoja 177 del 1/50.000). Según tradición recreativa recogida en Biescas, los habitantes del valle de Tena se llaman tensinos en base a que cuando luchaban en este barranco frente a los luteranos los de Biescas les animaban para que aguantasen: «¡tensinos!».

[8] URQUIJO,Alfonso: El presente. en AA.VV.: Alto Aragón, su historia, cultura y arte. Sabinánigo. 1977. tomo II p. 160 y Ss.

[9]

Cuando la Guerra, Sta. Elena no dejó pasar a los rojos para arriba –hacia el valle de Tena–. Informante: Carmen Lacasa Bandrés, nacida en Sallent en 1912.

[10] LEANTE,R.: Culto de María en la diócesis de Jaca. 1889. p. 402.

[11] SATUÉ,E.: Una romería en el cielo de Serrablo. ,Revista Serrablo, nº.28.1978. pp. 4-7. Según información recogida en Biescas la importancia estratégica del monte de Erata en la climatología de la zona venía marcada por el refrán: «Si ves a boira en Erata no tiendas a pallata»

[12] SATUÉ,E.: Las romerías de Santa Orosia. DGA Zaragoza. 1985. IV.3.2. Recoje una relación de campanas bajo la advocación de Santa Orosia en la zona.

[13]

Se decía que la mujer era de casa María Pueyo de Cortillas. Informante: Custodio López Buisán, nacido en Cortillas en 1906.

[14] VIOLANT i SIMORRA,Ramón: El Pirineo Español. Madrid. 1949. p. 404.

[15]

En 1977 el autor del trabajo localizó un hacha pulimentada, utilizada para dicho fin, en un refugio pastoril de la Sierra de Bonés, vertiente a San Vicente (42º 21'- 3º 14'). En la actualidad se encuentra en el Museo etnológico de Serrablo.

[16] ALAVÉS y LA SALA,Salvador A.: op. cit. Zaragoza. 1702. cap. VII p. 309. Libro II

[17] LEANTE,R.: op. cit. p. 398 y Ss.

[18]

Según información proporcionada por don Antonio DURAN GUDIOL, canónigo archivero de la catedral de Huesca, en un libro de actas de dicho templo, de 1680, existe un auténtico tratado explicativo de las costumbres de la langosta y de las técnicas para combatirla en aquella época.

[19]

En el Ave María de la Virgen del Solano, cantada en la actualidad y compuesta en 1983 por R. Otín Arruebo, principal mantenedor del voto; en su tercera estrofa se lee: «De la terrible langosta / tú nos libraste una vez / De las plagas de estos tiempos / libradnos Madre también».

[20] ORÚS,Mariano; BALLARÍN,Daniel: Historia y novena de la Virgen de Bruis. Palo. 1955. p. 44.

[21]

En la cadiera de casa Oliván de Javierre del Obispo se lee en bajo relieve: «(...?) bre para mandar murieron de pes (...) H murio Josef hizieronse a 27 de maio de 1671 (escudo de la casa) el mismo año se casaron Antonio Olivan i Ana (...?) murieron de hambre y peste en el ano 1562».

Continuará...

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