Revista SERRABLO Edición Nº 117 Septiembre 2000 - Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).

Sumario

Editorial

José Garcés Romeo

Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).

José María Establés Elduque

Un fragmento del Museo de Dibujo "Castillo de Larrés".

Ana Puyol Loscertales

Religiosidad popular en el Serrablo tradicional.

Enrique Satué Oliván

Justo Ramón Casasús.

Fernando Solsona

Pedro Ramón y Cajal (1854-1950).

Fernando Solsona

Acerca del turismo en el valle de Tena y ribera de Biescas.

Raúl Lardiés Bosque

Trashumancia de los Valles de Serrablo y Nocito a la Tierra Llana.

Mª. Pilar Fuertes Casaús

Sobre el tejado.

Leonardo Puértolas Coli

Huesca: Los Abarca, señores de Serué

Santiago Broto Aparicio

La ciudad de Dios.

Federico Díez Arranz

Noticias.


Amigos de Serrablo
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Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958).

José María Establés Elduque

[Anterior entrega]

...VIII GALLETAS DE MUSTO... III GALLETAS DE VINO...

El vino tenía en los Siglos Medievales, y en los de la Edad Moderna una importancia –incluso servía como moneda de cambio, preferible a cualquier otra–, función y significado muy distintos de los que posee en la actualidad. Llevando las cosas al terreno del denominado Lenguaje de Claves [1] , se podría decir que forma parte indistinta de los opuestos en cada situación; por ello se hace especialmente visible tanto en los momentos de esfuerzo –siega y trilla–, como en los de postración vino de enfermo; tan celebrado en los libros de farmacopea de las boticas de los monasterios (Silos; Nájera...)–; del mismo modo se aprecia su inexcusable presencia tanto en las celebraciones litúrgicas como en las mundanas. El frío y la escasez de alimentos que aportasen calorías, durante los largos periodos que seguían a las fiestas de los meses de invierno, hacían necesario el almacenaje de vino. La preocupación por que no faltase, antes de que llegase el invierno [2] , se puede detectar con nitidez –directamente, o entre líneas– en numerosos diplomas [3] .

Todo este planteamiento conllevaba un modo particular de hacer y proceder, dentro del terreno de la agricultura: los Monasterios reciben numerosas donaciones en forma de viñas, que son bien recibidas, e incluso aumentan sus posesiones en este tipo de cultivo –forma de acumular capital–, mediante numerosas y continuas compras de campos. En este sentido no parece raro que el primer documento de Fanlo del que se conserva el texto completo –anterior a 1036–, ya mencionado, se refiera ya a la compra, por el Abad Sancho, de un campo en Vilás; que paga con los excedentes de trigo y mosto. En la concesión del Presbítero Bradilo, de 1036, ya figuran las viñas [4] .

Las oscilaciones climáticas en las Comarcas del Pirineo y, Prepirineo, así como en el area de Serrablo [5] han sido grandes a lo largo de la historia, hasta el punto de que los límites del cultivo de la vid se han desplazado hasta treinta km., en dirección norte-sur. En un momento de cambio favorable, en el que el invierno era benigno –Enero de 1083–, Sancho Ramírez autorizó al Abad Jimeno a poblar de viñas el término de la Villa de Ipiés, y el de la Pardina de Leresé "...sicut meliores potueritis eas facere..." [6] .

...ET II SOLIDOS PRO PESCATO

Según se desprende de la lectura del Diccionario de Madoz, el insustituible informante acerca de la situación de los Pueblos de Aragón a mediados del siglo XIX, el aprovechamiento de las escasas especies de peces y cangrejos de los distintos ríos y pequeños afluentes, era un hecho generalizado. En el epígrafe Ipiés puede leerse que se pescan –se supone que en el Gállego– "truchas y barbos de esquisita calidad". En la Val de Serrablo son muy pocas las poblaciones en las que se hace mención a la pesca, como Secorún, al contrario de lo que sucede con la caza, pero precisamente el hecho de citar una tan al este, viene claramente a indicar la existencia de especies comestibles en el Guarga. El pescado en salazón entraba por algunas fronteras, pero solamente se podía adquirir en Jaca [7] . La costumbre ancestral de conservar el pescado en aceite, o en manteca, era cara, por lo que estaba muy poco extendida [8] .

En la Alta Edad Media, el pescado era un alimento infrecuente en las alejadas aldeas de las montañas, sobre todo en las que regía una economía precaria. Muy distinto era el caso de los grandes monasterios, en los que comer carne y pescado resultaba un hecho cotidiano. En la Documentación de San Juan de la Peña, se registran frecuentes donaciones de bienes en vida –de individuos "en necesidad", o que no pueden valerse por si mismos, "...sin ayuda y cuando me hice viejo caí en la pobreza..." en las que consta que el Monasterio los cuidará vestirá y alimentará hasta el final de sus días. La más interesante, ya de los primeros años de la última centuria de la Edad Media –1406–, es la de Sancho Martínez –que ya ejercía de portero–; un curioso personaje que debía de poseer bastantes propiedades a tenor de lo que se dice va a recibir, teniendo en cuenta que continúa la crisis económica originada por los sucesos de la anterior centuria, ¡Nada menos que de los representantes de tres departamentos administrativos (con perdón) del Monasterio! –clavero; comunalero; y limosnero–: pan; vino; carne; "pescado", y 6 rovos de trigo [9] .

En los diplomas del Cartulario de Fanlo se hacen algunas menciones relativas al pescado "pescato", un producto caro, siendo la más antigua de hacia 1064 [10] .

GANADERÍA Y BESTIAS DE TRABAJO

La situación, condiciones climáticas y altitudes de los territorios de los dos Valles estudiados, al contrario de lo que acontece en la Tierra de Biescas, Sobrepuerto o Valle de Tena, no permiten apenas la existencia de pastos de calidad para ganado mayor; salvo rarísimas excepciones, como la Pardina de San Just –buenos pastos, visitados con frecuencia en la actualidad, por el rebaño de la familia que reside en Abenilla–. La lectura e interpretación documental –únicamente en una ocasión se hace mención de un cubilar [11] en el Cartulario de San Andrés de Fanlo (1136 "...in cubilares in monti de Avennella ")– y la tradición oral confirman que la explotación de la ganadería bovina es relativamente reciente.

Lo que si abundaba en ambos Valles –y se ha perpetuado hasta los tiempos actuales; pasando por encima de la presión ejercida por el teoricismo y pragmatismo económicos, que han desmantelado sistemas compatibles en aras de un modo de vida, que de acuerdo a como preveía el Lenguaje de Claves, también ha aportado paro y bolsas de pobreza– eran los pequeños rebaños de ovejas (1144: "ovellas"; "ovellas maiores"), carneros (S. XI: "et 11 carneros"; 1138: "et carnero") y cabras (S. XI "caprias maiores"); animales fáciles de mantener, y de los que se obtenían crías (S. XI; fin.: "agnellas feminas.... agnos maskilos"; "capritas et capritos") alimentos –leche para hacer queso–, vestido –pieles y lana–, parte de los cuales eran destinados al comercio de trueque.

Los bueyes (S. XI. Bos: "...in uno bove") eran destinados a tirar del aladro, emparejados con el yugo (1144: "uno iuvo de boves"), y al acarreo. Las mulas y mulos (S. XI: "una mula"; 1134: "Et illo meo mulo castagno") se usaban para el mismo menester, o para llevar carga (S. XI, fin.: "...et 1 mulo et 1 mulo, ambos de azemila") pero además podían servir de vehículo, por su mayor rapidez de movimientos y versatilidad. El caballo era un lujo –y moneda de cambio similar a la de oro– al que muy pocos podían acceder.

Todos estos animales han sido parte indisoluble del modo, y de la concepción peculiar de la vida de las gentes de estos Valles hasta el presente siglo. Las gallinas, gallos y capones, parecen haber entrado de forma gradual a partir del siglo XV, cuando la caza furtiva comienza a ser más controlada, por las familias titulares de los Señoríos, siendo mencionados en los documentos del Pleito de San Úrbez (Ss. XVI y XVII).

Lucien Briet hace frecuentes menciones, de pasada, de las bestias de carga, en su conocida obra Bellezas del Alto Aragón, a la par que proporciona curiosisimos datos acerca de las pantagruélicas comidas de las grandes celebraciones, en las que abundan la caza –perdices–, el carnero, y las truchas. Nada parecía escapar a su fino sentido de la observación. En uno de sus viajes –1907– realizó una pequeña incursión por la Val de Serrablo, en el curso de la cual se cruzó con un pastor que conducía un rebaño de carneros, cerca de Secorún, lo que le pareció tan sorprendente que no vaciló en anotarlo en su diario.


[1] SANCHEZ BARRIO,J.M.: Universo Polar. Madrid. 1995.

[2] GÓMEZ DE VALENZUELA,M.: La vida cotidiana en el valle de Tena. Zaragoza. 1991.

[3]

Doc. de San Juan de la Peña; San Andrés de Fanlo; Alquézar etc.

[4] CANELLAS,A.: Colección diplomática de San Andrés de Fanlo (955-1270) 1964.

[5] PFLAUMBAUM,H.: Landnutzungs Potential und Erosionsfolgen in der Sierra Zone am Oberem Gallego (Spanien). 1981. Tesis (rama de ciencias) para el acceso a la capacitación de profesor de secundaria. Instituto de Ciencias de la Educación de Hamburgo.

[6] CANELLAS,A.: Colección diplomática ...

[7] UBIETO ARTETA,ANTONIO: Jaca: Documentos municipales (981-1263) en Textos medievales 43 Valencia. 1975.
- GÓMEZ DE VALENZUELA,M.: La vida cotidiana en el valle de Tena. Zaragoza. 1991. En 1532 se vendía en Sallent, sin duda procedente del otro lado de la frontera, "pescado seco" (Merluza, Congrio, y Sardinas).

[8] El aceite se traía tradicionalmente de Sobrarbe, a través del Puerto de Sarrablo (Documentos de Casa el Señor de Laguarta).

[9] LAPEÑA PAÚL,M.I.: El monasterio de San Juan de la Peña en la edad media (Desde sus orígenes hasta 1410) 1989.

[10] CANELLAS,A.: Colección diplomática ...

[11]

N.P.: Las fechas y nombres en cursiva se refieren siempre a documentos del cartulario de San Andrés de Fanlo, lo que justifica la ausencia de notas en este capítulo.

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Actualización: Lunes, 23/4/2001
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