Revista SERRABLO Edición Nº 109 Septiembre 1998 - De Gillué a Orús

Sumario

Editorial
José Garcés Romeo

Vocabulario de Sobrepuerto
José María Satué Sanromán

De Gillué a Orús
Manuel Benito Moliner

Movimiento obrero en Sabiñánigo
José Carlos Castán Ara

Aurín en los caminos del Aurín
Domingo J. Buesa Conde

El castillo de los moros o el santuario de San Julián de Asprilla
Federico Díez Arranz

Hombre y utensilio
L. Araujo

Nuestra señora de Pallariecho
Rafael Leante y García

El glaciar del Gállego y los erráticos de Susin
Anchel Belmonte Ribas

Un paso adelante
Manuel Baquero Briz

Mil años de historia de los valles de Serrablo y Fanlo (958-1958)
José María Estables Elduque

XXV Salón Internacional de Fotografía
José Antonio Duce

El reloj del campanario de Larrés
José Garces Romeo

Noticias


Amigos de Serrablo
Al llegar a Gillué un cartel nos advierte que podemos ser mordidos por los perros
Gillué tiene una arquitectura popular interesante aunque muchos elementos han sido expoliados
Fablo tiene un aspecto fantasmagórico con sus casas semiderruidas y la torre, que no acaba de caerse, mirando con esos ojos tristes que un día albergaron campanas
En pie quedan sus dos casas la Alta y la Baja de buena factura y habitadas
...la zona tuvo muchos antecedentes monásticos en época visigótica: baste recordar los eremitorios y monasterios en torno a Oturia (Santa Orosia)
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De Gillué a Orús

Manuel Benito Moliner

Muchos son los pueblos que nos quedan por recorrer en este abrupto territorio que denominamos Viejo Serrablo, por eso volvemos para emprender un par de excursiones. Una vez en la carretera de La Guarguera que une Lanave con Boltaña, superado el Molino de Escartín que sirvió para dar luz a muchos de estos pueblos mediante una empresa eléctrica que llevaba el curioso nombre de Sociedad La Favorita del Guarga, encontraremos a la izquierda el indicador para Gillué. La pista en este tramo no está mal, se ven a los lados algunos coches franceses, probablemente cazadores. Al llegar a Gillué un cartel nos advierte que podemos ser mordidos por los perros, lo cual es rigurosamente cierto pues algunos propietarios de casas, que deben ser franceses a juzgar por las matrículas de sus autos, los sueltan para no dar opción a bajar del coche.
Resulta chocante que le avisen a uno de que le pueden morder como si lo normal fuera precisamente eso. Hubo una época en que los ciclistas que montaban aquellos antiguos velocípedos hartos de ser mordidos y perseguidos por los perros de las aldeas se armaron con una pequeña pistola que a partir de entonces se llamó mataperros. Nosotros sólo llevamos galletas y para estos me parece que no van a servir.
Gillué tiene una arquitectura popular interesante aunque muchos elementos han sido expoliados. La casa de los Villacampa, linaje que se extiende por todo Serrablo, tiene una torre defensiva del XVI, siglo de guerras y alteraciones sociales que propició torres defensivas por todas nuestras montañas, la puerta estaba bien defendida por matacán y las paredes presentan aspilleras para fusil, esta casa debió pasar a otra familia: Latorre y los Villacampa construirían una nueva, de Iusepe Villacampa, con una portada interesante, allí hubo tienda pues como casa Tendero se le conoce, también se fortificó en parte. Creo que todos los herederos debieron llevar el nombre de José, como tradición familiar, el último propietario antes de la despoblación también se llamó José Villacampa. Estos Villacampa proliferaron mucho en Gillué pues en la casa del Molinero campeó su escudo.
La iglesia de San Miguel es obra popular del siglo XVII, está en el centro del pueblo y la torre parece ser más reciente. Fue anexa de la de Villacampa pero Gillué con más posibilidades de crecimiento pronto se independizó llegando a censar 15 familias en 1900. A oriente sobre una cresta caliza a 1.400 m., queda Urbán con una ermita mariana del XVII, allí hubo un pueblo cuyas tierras, una vez amortado, se repartieron entre Gillué y Cañardo. La romería la hacían el Primero de Mayo. El topónimo Urbán se me antoja de origen romano y pudo ser el nombre antiguo de este territorio, el castillo y poblado medieval que levantarían los cristianos para controlar la zona tomó el viejo nombre que seguiría en vigor. Hoy es un apellido muy extendido por nuestra provincia.
Salimos de Gillué remontando por la pista que sube paralela al riachuelo de igual nombre, atravesamos un bosque y cruzamos por un puente arcaizante de buena factura y bien conservado, parece obra del XVII, no olvidemos que este camino comunicaba antaño la Jacetania con Sobrarbe y Ribagorza. Hoy la pista está muy peligrosa con profundas rodadas, barro en las solanas y hielo en los opacos. Hay que tener precaución para ver la senda que nos llevará a Fablo tras un corto paseo. Fablo tiene un aspecto fantasmagórico con sus casas semiderruidas y la torre, que no acaba de caerse, mirando con esos ojos tristes que un día albergaron campanas. Son ya las once y media de la mañana y el sol apenas alcanza esta umbría que albergó una docena de casas con bellas portadas del XVIII, destaca casa Oncíns y el bello minipoblado de casetas en las eras. Estamos a 1.216 m.
Fablo para no ser menos que su vecino Gillué tiene en sus montes otro despoblado medieval: Fragén, con una iglesia que fue románica sufriendo muchas modificaciones hasta arruinarse. Los vecinos subían en romería para la Virgen del Pilar, fiesta mayor del pueblo.
Todos estos nombres de pueblos se formaron con la lengua latina, ya vimos como Urbán podía ser romano, derivando de un propietario (Urbo), Gillué tuvo un primer poseedor Gil o Gilio, Fragén viene de fraxinus: fresno y Fablo de fagulus: haya.
A poniente nos quedan las tierras de Fragén primero y luego las de La Aunosa, que también fueron pueblo convertido más tarde en pardina o lugar de un sólo fuego. Cruzamos un nuevo barranco, todos los que pasamos bajan muy crecidos estos últimos días de 1996, y alcanzamos el Collado de Fablo a 1.235 m., estamos en la divisoria de aguas del Basa y del Guarga, aunque siempre dentro de los términos del viejo municipio de Serrablo, que concluyeron muy cerca de Yebra. Bajamos cruzando el recién nacido río Basa y luego el barranco de Petralba que tomó el nombre de Otro pueblo desaparecido. Espín aparece sobre un colladito, sus cuatro casas: Lucas, Espiérrez, Sánchez y la Baja, se arruinaron hace muchos años. La iglesia dedicada a San Ginés, patrón del pueblo, también se ha hundido. En las cercanías aparecen algunas nuevas construcciones de recreo que no encajan muy bien en el paisaje. Espín conoció tiempos mejores y sus montes cubiertos de pino, roble, enebro, boj y romero estuvieron poblados con cuatro núcleos de corto vecindario: La Aunosa u Honosa, Petralba y Arbisa. De la iglesia de esta última población se guarda una piedra en la iglesia de Yebra.
Seguimos bajando hasta el cauce del barranco de Arbisa, allí la pista vuelve a empinarse por un bosque hasta llegar al Collado de La Paqueta, descendemos nuevamente hasta llegar a Orús, bonita fisonomía la que ofrece este exiguo caserío con su iglesia restaurada en 1980 gracias a Amigos del Serrablo y a los vecinos. Mucha caballería debió de transitar por aquí porque Orús también tuvo su herrería, con delegación en Espín, ambos talleres están hoy arruinados. En pie quedan sus dos casas la Alta y la Baja de buena factura y habitadas. La iglesia es románica con el crismón tan desgastado que apenas se aprecia, en el siglo XIV se pintaron sus muros y en el XVI se le añadió una capilla y la torre. Las pinturas que representan escenas de la vida de san Juan Bautista, están a buen recaudo en Jaca.
San Juan es el patrono de Orús y antaño subían con gentes de Yebra, Sobás y San Julián en la procesión que partía de este último pueblo todos los 15 de agosto en dirección a Ballarán. Ballarán fue una antigua población -su nombre se originó en la voz villar como Basarán, Ballenas, El Villero, y los innumerables Villar que quedan en nuestra provincia- cuyos propietarios Ato Garcés y su mujer Blasquita fundaron una iglesia en la primera mitad del siglo XI, la pusieron bajo la advocación de la Virgen y la convirtieron en panteón familiar, práctica que ha llegado a tiempos contemporáneos. Para asegurarse del cuidado de la iglesia y sepulturas la donaron a San Juan de la Peña con otras propiedades, como San Julián de Basa, a cambio de que allí se instalara una comunidad de benedictinos pinatenses.
Parece claro que la zona tuvo muchos antecedentes monásticos en época visigótica: baste recordar los eremitorios y monasterios en torno a Oturia (Santa Orosia), incluso advocaciones como san Ginés (Espín), San Julián (de Basa), santa Leocadia (hispano-romana)... Ballarán metido en la profundidad de estos valles acabó deshabitado y sus tierras engrosaron los términos de San Julián. Al otro lado (S) de la Sierra del Portillo ocurrió lo mismo con otro despoblado llamado Sierravilla, cuyas tierras pasaron a Cerésola. Obsérvese la semejanza entre ese antiguo topónimo y la voz Serrablo, podría ser que este se hubiera originado en aquél. Del santuario de la Virgen de Ballarán sólo queda un edificio anodino del XVII, su retablo y algunas tallas y pinturas fueron legalmente compradas por coleccionistas.
Y aquí acaba la excursión y los términos del viejo municipio de Serrablo, mientras tomo ya el asfalto camino de Yebra recuerdo una vieja copla que resume nuestra andadura:

Gillué se queda en un raso, FabIo en una cantera, Espín está en un paco y Orús entra en la ribera
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Actualización: jueves 15 de octubre de 1998
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