Revista SERRABLO Edición Nº 106 diciembre 1997 - Por el viejo Serrablo(I)

Sumario

Editorial
José Garcés Romeo

Vocabulario de Sobrepuerto
José María Satué Sanromán

Sabiñánigo. Serrablo. 1931-1938. Comportamiento político, conflictividad social
José Carlos Castán Ara

Un día de boda en Casbas
Domingo J. Buesa Conde

Por el viejo Serrablo(I)
Manuel Benito Moliner

Los Rodrigo, Señores de los lugares de Bescós y Villacampa
Santiago Broto Aparicio

Las mujeres de Acción Católica de Sabiñánigo
Federico Díez Arranz

Demos gracias a San Pelay
Federico Díez Arranz

El monasterio de San Pelay de Gavín
Antonio Durán Gudiol

Encuentros en Ainielle
Ricardo Mur Saura

Algunos comentarios sobre un libro
José Garcés Romeo

Noticias


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Por el viejo Serrablo(I)

Manuel Benito Moliner

Hay que especificar lo de Viejo Serrablo. Hoy El Serrablo, sin más, es una comarca altoaragonesa articulada en torno a Sabiñánigo. Sin embargo lo que yo llamo aquí viejo Serrablo es un antiguo valle, un municipio hoy casi despoblado que por cuestiones que no vienen al caso, acabó denominando a toda esa demarcación. Paradojas de la vida: un topónimo condenado casi a desaparecer se ha convertido en el denominador de una pujante comarca.

El Valle de Serrablo se encuentra surcado p or el río Guarga, en las faldas solaneras de las sierras de Portiello, Picardiello, Canciás y Galardón. Las dos primeras separan las cuencas del Basa y del Guarga, las dos últimas separan el Guarga del Ara. Esto quiere expresar la voz serrablo: territorio abrupto con múltiples barranqueras que bordean montículos, algunos escarpados. Su difícil orografía y la altitud siempre por encima de los mil metros, hacen sus tierras poco productivas y mal comunicadas. Fuer on explotadas en la Alta Edad Media siguiendo los parámetros romanos de fundación: casa con tierras y ganado, un sólo heredero y todos los que nacieran allí pasaban a ser instrumentum vocale o tionaje. Estas normas se flexibilizaron en la Baja Edad Media para permitir nuevos accesos a las propiedades, propugnados sobre todo por los señores que querían explotar sus tierras de forma más exhaustiva con el fin de obtener más beneficios.

La endogamia es patente en este valle y las casa s más fuertes de cada pueblo llevaron el apellido Villacampa con sospechosa frecuencia. Rica familia que tuvo su casal más importante en Laguarta con elementos activos en la vida de la comarca y del reino. Serrablo fue un topónimo con tendencia a la expansión y no sólo incluyó las poblaciones de la solana del Guarga, también incluyó la vertiente Sur del río -con las cabeceras de los ríos Alcanadre e Isuala- separada del Valle de Nocito por la Sierra de Ainet o.

Se distinguían pues en este viejo municipio de Serrablo tres partes, una integrada por pueblos del Valle de Basa: Orús, Fanlillo y Ballarán (hoy sólo queda una ermita en ruinas) a poniente de Orús, Espín con sus pardinas de Arbisa, Petralba y La Aunosa y por último Sobás a menos de dos kilómetros de Yebra, cabecera de su valle. La segunda es la solana de las serranías que vierten aguas al Guarga: Bescós, Villacampa, Fenillosa, Cerésola con la pardina Saliellas, Fablo, Gillué, Cañardo y Laguarta.

Por último la vertiente Sur del Guarga delimitada por la Sierra de Aineto con el propio Aineto y las pardinas de La Torre, Bail, Santa María de Perula y Serraún; la cabecera del Alcanadre con Matidero y su Honor (Bibán, Binueste y Alastrué); la cabecera del Isuala con Las Torrollualas (del Obico y de La Plana), también se suelen incluir aquí las pardinas de Montalbán y Albás; en esta vertiente estaba Secorún que por su ubicación central ostentaba la capitalidad del valle o municipio.

Así fueron básicamente los límites y los contenidos del Viejo Serrablo, aunque sufrieron algunas modificaciones: mediado este siglo se le agregaron poblaciones del Valle de Nocito para acabar integrado en el pujante núcleo de Sabiñánigo.

Va siendo hora de que nos pongamos en viaje para visitar estas tierras. En sus inicios es fácil: tomamos la carretera de Sabiñánigo y al bajar Monrepós nos desviamos a l a derecha por La Guarguera, hacia Boltaña. Pasados varios kilómetros aparecerá ante nosotros el desvío a la izquierda para Cerésola. Aquí hay que prestar atención si queremos dar rápidamente con la ermita semirupestre de San Urbez, bello paraje que no podemos obviar y que ninguna publicación se digna ubicar dada su cercanía con la carretera. Nos metemos unos 100 mt por la pista hasta que descubramos a la izquierda una ancha senda que nos llevará al santuario.

Se trata de una de las escalas que hizo el santo-mito en su periplo. Probablemente fue siempre majada pastoril santificada con la leyenda del santo pastor, téngase en cuenta que también hubo monjes pastores y que era esta una tarea poco apetecida, por ello la leyenda y el oficio de san Urbez fue aprovechado por nuestros monasterios para animar a los monjes a practicar el oficio. Esta majada y las tierras que la rodean debió continuar como propiedad monacal, conocida como pardina de Saliellas, ha sta la compra por un particular con fines ganaderos tras la desamortización. La casa de Juan Domingo de Cerésola se procuró la propiedad de la ermita a la que aquel pueblo le tenía especial devoción. Precisamente esa es la única casa que sigue habitada y el día en que la Iglesia conmemora a san Urbez -15 de diciembre, ahora el domingo más cercano a esa fecha- acude con otros romeros de la zona y los emigrados a Sabiñánigo, Huesca, Zaragoza y Barcelona a celebrar su fiesta. Casa Juan Domin go da la caridad de vino y torta -previamente bendecidos- y ofrece la comida que es la típica de fiesta: legumbres o carne a la pastora, pollo y conejo.

La ermita actual la edificó la casa propietaria, poco después de comprar este sitio - 1889 -, abandonando el ruinoso emplazamiento anterior. Es de reducidas dimensiones y en su interior se guardan las mesas para el día de la fiesta. La majada de enfrente, también bajo la roca tiene una ventana con cruz grabada en el dintel con fines mági cos -no dejar entrar el mal en el establo-, entre ambas construcciones queda una pila que recoge el agua, gota a gota que se desliza por la roca, suponemos será la antigua Fuensanta que no falta en ningún santuario de este tipo.

Seguimos viaje y pronto divisamos Cerésola, un señor amablemente nos saluda, no es difícil saber de qué casa es, casa que se encuentra en buen estado y además es un buen modelo de arquitectura de la zona. Hay detalles interesantes en otras viviendas semiderruidas y la iglesia ubicada en la parte más alta es románica, fue restaurada por Amigos del Serrablo y unas pinturas góticas que adornaban sus muros fueron trasladadas a Jaca. Cerésola llegó a tener 14 casas, alcanzando 67 habitantes en 1857.

Volvemos a la carretera, se ven abundantes cuadrillas de cazadores con sus atuendos paramilitares, la caza por nuestras montañas cada vez se asemeja más a unas maniobras militares. A quien esto escribe, con varios disparos a escasos metros p ara que me saliera de la zona sin más explicaciones, le dan miedo los cazadores y aunque en teoría tengo la misma potestad que ellos para usar el monte, procuro no ejercerla en su presencia, pues nunca hay nadie con otra arma en la mano que haga valer mis derechos.

Nuestras montañas se han convertido en un territorio dominado por la intimidación y las armas, es la ley del más fuerte. Las escopetas se hacen las dueñas los días de caza y el resto algunos propietarios que compraron un puebl o y unos comunales y con eso se han adueñado de los caminos públicos, las calles públicas y las aguas públicas. La administración lleva décadas sin hacer absolutamente nada por recuperar lo que pertenece al conjunto de los administrados.

Se imaginan que por el hecho de que un señor compre una casa en el Coso Bajo de Huesca, al día siguiente ponga una verja o una cadena prohibiendo el paso al resto de ciudadanos. La autoridad quitaría la verja, detendría al individuo y como mínimo le impondría una multa. En el campo los propietarios de fincas hacen lo que les da la gana, son ellos los que prohiben el paso por los caminos públicos sin que nadie diga nada. Es cierto que no todos, por ejemplo en La Solana hay una verja que franquea el paso para que el ganado no se escape, pero permite el paso de visitantes, igual ocurre en la pardina Ordolés o en Pallaruelo de Monclús o en la Sierra de Salinas de Jaca.

Sin embargo no pude llegar a Morcat p orque un ganadero echó un hilo eléctrico por montes y caminos -incluido el público-, no pude ir a Matidero porque el camino estaba cortado con verja y candado y tampoco podemos (porque esto nos atañe a todos) ir a Bastarás porque los que lo compraron se adueñaron de lo privado y de lo público: cuevas, calles, accesos.

Guárdense de escopetas y de vallas amenazantes que en el campo se está muy solo y cuando la justicia (con minúsculas y en bastardilla) consiente estas apropiaciones indebidas por algo será.

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Actualización: 22/01/2000
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