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Sumario Editorial La arquitectura popular en las distintas áreas de Serrablo Vocabulario de Sobrepuerto Sabiñánigo. Serrablo. 1931-1938. Los Abarca: Señores de Gavín y de Serué Diccionario Etimológico de toponimia serrablesa Veterinaria popular en una pequeña area de Serrablo El cañamo Actividad fronteriza en el pirineo aragonés Patrimonio Pastorada de Santa Orosia 97 |
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El castillo de Candanchú a mediados del siglo XVI
Pablo Desportes Bielsa
La intensa relación existente entre el norte de Aragón y la zona del Bearne francés no es algo de este siglo. Desde siempre ambos territorios han mantenido estrechos lazos económicos y sociales, realizándose un continuo intercambio de bienes y personas, de los cuales el mejor ejemplo es la localidad de Canfranc, nacida al amparo de Sancho Ramírez a finales del siglo XI [1], y cuyas escasas posibilidades agrícolas se vieron pronto compensadas por el intenso comercio realizado
entre ambos lados del Pirineo. Junto al desarrollo de actividades ganaderas, la participación en dichas relaciones comerciales fue la principal fuente de subsistencia de sus habitantes, y así era ya visto en el siglo XVI : "... que todos los más de Canfranc son mercaderes y arrieros que tienen sus tractos en Bearne y en Francia,...; ...en Canfranc hay muchos que son mercaderes y tractan en Francia y Bearne, y hay otros que no pueden tanto, que son traxineros y traxinan para otros, assí a
Bearne y Francia como a Aragón, y ganan sus jornales" [2]. Pero este tráfico no sólo se realizaba a través de Canfranc. Gómez de Valenzuela reproduce un documento de 1455 que destaca cómo los vecinos de la val de Tena, "e los vecinos e habitantes en las señyorías de França, d 'Anglaterra, Compte de Fox e de Begorra", y las gentes de la señoría de Gavín y de los valles de Broto, Basa, Serrablo y Cortillas, pasaban y trajinaban a lo largo del valle del Gállego [3]. Junto a estos
dos pasos fronterizos, el de Somport y el de Portalet, existía un tercero importante en el Pirineo occidental aragonés. Se trataba del puerto del Palo, en la val de Hecho, sin duda el más importante desde la época romana hasta ser desplazado a finales del siglo XI por el de Somport [4]. Por tanto, una relación intensa canalizada a través de tres pasos fronterizos fundamentalmente, que sin embargo se vio frecuentemente obstaculizada por decisiones políticas de ambas monarquías, la
francesa y la hispana. Las tensas relaciones tradicionalmente existentes entre ambas provocaron frecuentes interrupciones en el tráfico comercial y crearon un sentimiento, totalmente artificial, de enfrentamiento entre ambas zonas del Pirineo. Por lo que a la época que tratamos respecta, ya desde la Baja Edad Media, como ha destacado I. Falcón, "los ataques a la frontera pirenáica defendida desde Jaca son contínuos" [5]. Así, en 1471 se produjo un ataque gascón que motivó
que el Consejo Real de Aragón fortaleciese la defensa de los Pirineos. Una decisión que no resultaría inútil ya que en 1473, de nuevo, los príncipes de Viana y de Foix, encabezando una revuelta contra su padre, iniciaron una invasión por el Somport, tomando entre otros lugares el castillo de Candanchú [6]. El reinado de los Reyes Católicos y de Carlos I no implicaron una mejoría en las relaciones con Francia. Todo lo contrario. La creciente proyección europea de la monarquía hispánica generó un
creciente conflicto de intereses entre ambas monarquías que se vio reflejado en la frontera pirenaica. En 1503, por ejemplo, un ejército de 4.000 "basquos" atacó el Pirineo central [7]; en 1510 "vinieron cinco mil hombres o más" por el Somport; y a mediados del siglo XVI, Juan de Aragués, infanzón de Acumuer, lo exponía claramente al quejarse por "haverse pasado en estos anyos próxime passados haviendo como a ubido tanta guerra con Francia". Es en estas
circunstancias en las que se comprende la presencia de una línea de castillos, torres y fortalezas repartidas a lo largo de la frontera pirenaica. Uno de ellos fue el castillo de Candanchú, o de "Candaljub" como se denominaba en el siglo XVI, del cual ya se tienen noticias en 1471 [8]. La razón fundamental de su existencia era la defensa del que era, para las gentes de la época, el paso fronterizo más importante que había entre Aragón y las tierras francesas, y así lo
reflejaba su nombre: Somport (Summo Portu [9]). Dicha importancia radicaba esencialmente en dos aspectos: en el comercial y en el militar. Respecto al primero, ya aludimos más arriba cómo desde finales del siglo XI el Somport absorbió buena parte del tráfico de bienes y personas existentes entre ambas vertientes el Pirineo. Ello implicó que su aduana fuera una de las que más ingresos reportara a la Diputación del Reino: "... quel principal paso despanya a francia es el puerto de
Campfranch, del qual puerto redunda de provecho más de treynta mil ducados al General de Aragón". En lo referente a su importancia militar, Pedro Pérez del Fago, infanzón de Jaca, opinaba que "el paso del puerto de Santa Cristina, que está cerca del dicho castillo, es el más importante de toda la montaña porque no hay en toda la frontera de Aragón otro passo por donde pueda entrar exército ni artillería a este reyno sino por él y a causa desto se hizo el castillo" [10]. Un
tercer factor que daba preferencia al Somport respecto al resto de los pasos era el mayor tiempo que permanecía abierto a lo largo del año. Así lo explicaba Pedro Sánchez, vecino de Villanúa: "el puerto de Canfranc es muy importante y principal porque en Ybierno todos los otros se cierran sino éste, que no puede estar cerrado sino tres días... que el alcayde de Candaljub es obligado de abrirlo a su costa". La documentación es más bien parca respecto a la localización del "castillo y fortaleza de Candaljub". Estas son las referencias geográficas que aparecen: "este castillo está un quarto de legua de la raya de Francia, en lo más alto y desierto de los montes pirineos; cerca del monasterio de Santa Cristina de Summo Portu, en los confines dél, en la frontera de Francia;... está y confruenta con el principado de Bearne y con términos de la villa de Campfranc:... dentro de la jurisdición de la ciudad de Jaca".
También se indica que estaba a cinco o seis leguas de Acumuer, a dos tiros de ballesta del monasterio de Santa Cristina y a nueve o diez leguas de Olorón. De acuerdo con estas alusiones y con la información aportada por Madoz [11], es probable que la fortificación estuviera situada donde se encuentran actualmente las ruinas del Castellar, a la altura del kilómetro 188 de la N-330. Los términos que aparecen en la documentación, como "castillo" o "fortaleza", podrían inducir a pensar que se trataba de
una construcción de grandes dimensiones, pero posiblemente no se tratara más que de una torre de dos o tres pisos, similar a la antigua torre de Santa Elena descrita por Gómez de Valenzuela [12], o a la que actualmente se conserva en lo alto de un montículo cercano al pueblo de Lárrede. El hospital-monasterio de Santa Cristina era, junto con la fortificación, la construcción más importante que existía por aquel entonces en el Somport. Fundado durante el reinado de Pedro
I (1094-1104), se expandió y consolidó gracias a la intervención de Alfonso I y del vizconde Gastón IV y su esposa Talesa, quienes fundaron otros hospitales en el Bearne que adscribieron al de Santa Cristina (Gabás, Mifaget y Aubertin) [13], El monasterio, que llegó a alcanzar gran importancia, llegando a extender su influencia hacia Navarra, vivía en parte de la agricultura, pero sobre todo de la ganadería, del cambio de moneda y de la participación en rentas fiscales (principalmente de aduanas),
y tenía entre sus misiones principales la acogida de los viajeros. Estaba habitado por una comunidad de agustinos [14] que en 1569, debido a una incursión francesa, tuvieron que trasladarse a Jaca. Regresaron en 1592, pero en 1593, tras una visita apostólica, fueron trasladados a Montearagón, y en 1607 fue suprimido definitivamente el priorato y traspasado a la Seo de Zaragoza [15]. Por su parte, el castillo de Candanchú era posesión del monarca, el cual lo cedía a un vasallo que lo
regía a cambio de un salario y unos beneficios, con la obligación de devolverlo en el momento que el monarca lo considerara oportuno. Este sistema es símilar al sistema de honores y tenencias [16] que predominó en el Aragón de la Alta Edad Media mediante el cual el rey, sin perder inicialmente su soberanía sobre los territorios cedidos, se aseguraba la ayuda de sus vasallos nobles en la lucha contra los musulmanes [17]. Dichos vasallos debían "mantener activo el castillo,
administrar sus territorios jurisdiccionales, formar parte con sus hombres del ejército real en operaciones ofensivas y defensivas" [18]. De igual manera, el castillo de Candanchú permanecía como propiedad del rey, quien nombraba y cesaba a los señores del mismo. Pedro Íñiguez, alcaide a mediados del siglo XVI, así lo reconocía: "...que tenia y tiene el castillo y fortaleza a toda fidelidad y servicio de su Magestad, para librarla a quien su Magestad mandasse, alçandole el pleyto y
omenaje". Pero el escaso control que debía ejercer la monarquía sobre los tenentes del castillo y el hecho de que estos tuvieran poder para nombrar un sustituto [19], favoreció un proceso de patrimonialización del mismo, de manera similar a la evolución experimentada a lo largo del siglo XI por las tenencias concedidas por los reyes aragoneses. Así, a comienzos del siglo XVI la fortaleza estaba regida por Jaime Borau, infanzón de Canfranc, pasando posteriormente a su hijo Gaspar, que fue
alcaide de 1528 a 1540. En dicho año nombró sucesor suyo a su cuñado Pedro Íñiguez, infanzón de Jaca, el cual sin embargo se vio envuelto en un pleito por la sucesión con Juan Aragués menor, infanzón de Acumuer, que también aspiraba al cargo. Para ser alcaide del castillo de Candanchú se exigían varios requisitos. Uno de ellos era la condición de hidalguía. En el pleito que se entabló entre Íñiguez y Aragués, uno de los temas más discutidos era la condición de
hidalguía de uno y otro. Especialmente dudosa era la condición del segundo, de Aragués, respecto a lo cual Íñiguez afirmaba que "clara y manifiestamente consta y parece que Juan de Aragués menor no es hidalgo ni lo puede ser; pues su padre no lo es, y assi es incapaz para tener dicha fortaleza". Es difícil comprobar la veracidad de tal afirmación. Los Aragués, siendo naturales de Acumuer y manteniendo posesiones allí, estaban avecindados en la ciudad de Jaca, pudiendo por lo tanto
estar insaculados en las bolsas de los oficios del concejo [20]. Pero Jerónimo Losilla, escribano que acompañó al Gobernador a realizar la insaculación de los oficios de Jaca, tras afirmar que "en los officios de Jaca hay una bolsa propia y particular de los hidalgos, en la cual no se puede insacular sino sólamente los que son hidalgos", añadía que en ella no se encontraban los Aragués. Según el mismo, Juan Aragués mayor, como "hombre de condición", había estado insaculado en
el brazo de Universidades de los oficios del reino y había llegado a ser diputado. Todo ello, sin embargo, se contrapone con la noticia aportada por Lafarga, según la cual, en la lista de caballeros que asistieron a las Cortes de 1626 se encontraban Juan y Diego Matías de Aragués, de Acumuer [21] . Menos duda había respecto a la hidalguía de Pedro Íñiguez. Según Bartolomé de Les, presbítero canónigo del monasterio de Santa Cristina, era hijo de Pedro Íñiguez, un hidalgo, cristiano viejo
"de todos los lados, nascido y descendiente de casa muy antigua de hijosdalgo de Campfranc", y de Francisca Vaquer, procedente también de una antigua casa hidalga de Jaca. Continuará
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